MARIO KAPLUN, BIOGRAFÍA

Mario Kaplún nació en Argentina en 1923. De antepasados judíos rusos, pasó su niñez y juventud en Buenos Aires, y su vida adulta, con algunos intervalos, en Uruguay. Su padre, Lázaro, fue un artesano grabador de metales. Su madre, Paula, intentó ser maestra: "Diversas circunstancias frustraron su vocación, pero la inoculó en Mario, su hijo mayor”.

Así, a los diecisiete años, Mario se recibió de maestro. Su condición docente quedó en evidencia desde el inicio de su carrera profesional, aunque nunca ejerciera formalmente como tal. El profesorado de Psicología y Filosofía, en cambio, nunca lo terminó, y a la Comunicación se acercó desde la praxis, más concretamente: desde el radioteatro.

Su primera experiencia radial, propiamente, ocurrió hacia el año ’40, cuando los responsables de Platea Club permitieron que Mario usara el programa para convocar jóvenes a los foros del Club del Libre Debate que él organizaba en una sala del periódico Crítica. En ese contexto Mario conoció a su futura esposa, Ana Hirsz.

A los diecinueve, en el marco de un servicio radial llamado "Escuela del Aire", emitió su primer programa educativo, a través de una cadena estatal -Radio del Estado- y otra privada de alcance nacional -Red Splendid-; era un ciclo sobre historia argentina en formato de radioteatro. Su vinculación temprana a un servicio radiofónico con tal nombre ("Escuela del Aire") denotaba ya su interés en la educación de tipo no-formal que pudiera ser ampliada con la potencia de un medio masivo.

Cuando el gobierno argentino cerró la Escuela del Aire, que entonces había pasado a ser Radioescuela Argentina, Kaplún fue contratado por una emisora comercial. Pero en 1951, en pleno gobierno peronista, comenzó a sufrir el control. Aunque era una censura "muy fuerte y estricta", a Mario no le tocó tan directamente porque en ese momento se dedicaba a obras musicales. "Pero un día fue a cobrar a Argentores y le dijeron: ‘Mire, salga por esa puerta porque allí está Evita Perón obligando a todo el mundo a afiliarse’. Entonces se fue por la puerta que le indicó el amigo, y dejamos definitivamente la Argentina", recuerda Ana.[7] A pesar de una oferta laboral interesante en Chile, la pareja eligió el Uruguay como destino.

En 1952, con su esposa y su hijo Daniel, Mario se radicó en Montevideo. Se incorporó en Radio Carve con Buenas Noticias. También en este caso el nombre del programa es significativo: "Mario no era el profesional neutro que daba informaciones periodísticas, sino el maestro que ayudaba a vivir, transmitía entusiasmo, ponía corazón y buscaba buenas noticias. De hecho, tocaba la campana ante una noticia positiva".

Esta etapa de la vida de Mario coincidió con experiencias de religiosidad profundas que lo marcaron para siempre como comunicador y como hombre. Pasaran de un judaísmo heredado a un cristianismo asumido con convicción y reflexión". Comenzaron por encontrarse con el padre Justo Assiaín.

El sentido de búsqueda religiosa llevó a Mario y Ana en 1958 a Francia, a vivir en la comunidad no-violenta El Arca, dirigida por Lanza del Vasto, el "mensajero de la paz" de Gandhi en Europa. Pasaron casi un año en esta comunidad sin luz eléctrica, que tenía por misión propagar la paz en el mundo, pero al saber que esperaban el segundo hijo decidieron regresar.

Al llegar a Uruguay buscaron profundizar en el cristianismo; se vincularon al Centro Pedro Fabro y esto fue determinante de muchas de las experiencias de vida -profesional y religiosa- que seguirían. Allí se dictaban cursos dialógicos, abiertos al intercambio de reflexiones.

Empezó a trabajar en la TV uruguaya con ideas que traía de la Argentina pero en 1968 el país entró en una etapa muy difícil. "El presidente Pacheco Areco implantó las medidas de excepción, la suspensión de las garantías constitucionales y la censura de prensa... En ese contexto, ya no era posible seguir haciendo un programa de libre opinión".[26] Mario dejó la televisión y volvió a la radio.

Entre 1978 y 1985 Mario Kaplún y su esposa Ana vivieron en situación de exilio en Venezuela. Eligieron ese país por tener una oportunidad laboral concreta en la Universidad de Trabajadores de América Latina (Utal). Su amigo uruguayo, Jorge Luis Ornstein, propuso a Mario dirigir el Centro de Comunicación que acababan de armar en el seno de esa institución. Aceptó y asumió entonces la tarea de coordinar cursos de comunicación para dirigentes sindicales. En esta etapa tomó la docencia como uno de los ejes más importantes de su desarrollo.

Junto con la democracia, en 1985 Mario Kaplún regresó a Uruguay. Dedicó sus últimos trece años de vida por entero a la investigación, gestión académica y docencia, en una suerte de retorno a sus orígenes más fundantes desde el punto de vista formativo: la pedagogía. Su participación en la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación, que la Universidad de la República acababa de inaugurar, fue clave

Mario Kaplún murió el 10 de noviembre de 1998. Había estado en España poco tiempo antes; sabía que tenía una enfermedad seria y quiso viajar para ver a su hijo mayor

Para introducirnos de fondo en uno de los temas que aborda Mario Kaplun durante en su vida. El autor refiere al concepto "comunicación" retomando sus dimensiones más primarias: parte de su raíz latina -"communis"- y propone recuperar el sentido más original, el que implica intercambio, diálogo, reciprocidad.

Kaplún postula que la Universidad debe generar conocimiento mediante su proyección en el medio social, y en tal sentido propone aplicar modelos de enseñanza/aprendizaje multidisciplinarios que reúnan aprendizaje y acción en una interacción fluida entre la comunidad y los universitarios.

Propone pensar la educación desde la óptica de la comunicación -refiere a una "educación comunicante"-, articulando las teorías del aprendizaje a los procesos y modelos comunicacionales. Retoma el pensamiento de Freinet e insiste en el carácter social del saber. Propone estrategias de uso de los medios masivos en favor de la educación de adultos, y en especial de grupos marginales.

Mario Kaplun fue inspirado por diferentes pensadores de la época.

El teólogo, pensador y humanista Juan Luis Segundo, que a partir del Concilio Vaticano II propuso una teología basada en la libertad del hombre -el hombre como creador de sí mismo y co-creador del mundo-, y que desde esa perspectiva se enfrentada a la teología meramente intelectual.

Este teólogo desarrolló su propuesta inspirándose en San Pablo, quien adaptaba la fe cristiana a los lugares donde predicaba. Sobre esas bases Segundo proponía pensar y preguntarse sobre la realidad que acontecía, en una apertura activa al mundo.

Mas tarde, Segundo continuó su actividad de estudio trabajando con grupos de adultos que se reunían semanalmente para reflexionar sobre temas puntuales. En el ámbito de uno de ellos Mario estudio el cristianismo más profundamente y dudó mucho más, en especial de las actitudes dogmáticas de las iglesias. Cuando más tarde Mario tuvo que dejar el país, formó un grupo en el exterior y continuó estudiando a partir de los textos de Juan Luis.

Además de estos grupos, el núcleo ideológico fundamental que inspiró el trabajo desarrollado por Kaplún fue Paulo Freire. Las ideas de Freire sobre la educación liberadora o transformadora iluminaron como antorchas los programas radiales y televisivos que Mario y sus colegas empezaban a realizar, así como las actividades de comunicación popular que iniciaron más tarde. Tomar en cuenta estas teorías implicaba crear un mecanismo de trabajo distinto, basado más en preguntas que en respuestas: el énfasis de la comunicación estaba puesto en el proceso mismo, y no en los contenidos o en los efectos.

Por otra parte, favoreció este sistema dialógico y grupal de trabajo la preponderancia de los regímenes militares de América Latina. En esas circunstancias, la única posibilidad que tenían de hablar claro era en los grupos, y a los grupos no se podía ir con conferencias, sino con dinámicas dialógicas. Consideraban que cada debía ser activo; necesitaban crear líderes.

Célestin Freinet constituyó también una fuente de inspiración pedagógica temprana para Mario. Este cuestionó en la década del ’20 el modelo de enseñanza memorística y mecánica, mediante el desarrollo de una pedagogía que tomaba en cuenta la realidad socio-económica y cultural del educando y promovía el aprendizaje como construcción colectiva. Freinet introdujo la realización de un periódico como herramienta de motivación en el aula.

Cabe señalar que hacia el final de su carrera como educador y comunicador, Mario verificaría su afinidad con las corrientes pedagógicas constructivistas, y más concretamente con el psicólogo suizo Jean Piaget y su idea de aprendizaje como proceso autónomo de descubrimiento personal; con el psicopedagogo estadounidense Jerome Bruner que, inspirado a su vez en Piaget, promovió la idea de aprendizaje como proceso que se construye mediante la exploración y la praxis; y con el psicólogo y lingüista ruso Lev Vygotsky, que profundizó el concepto de aprendizaje como proceso social en tanto el sujeto aprende en la interacción con los otros

Partiendo de estos núcleos de inspiración fundamentales, Mario empezó a sistematizar la educación desde los medios, manteniendo siempre como uno de los ejes fundamentales de su desarrollo la búsqueda religiosa. (Conviene aclarar que "religión" en el caso de Mario Kaplún no es la religión del dogma o el templo, sino de la acción, de la vida).

El cruce entre la búsqueda religiosa de Mario y su desarrollo práctico como comunicador se estableció de manera más visible cuando a finales de los ‘50 le propusieron armar un programa radial en un espacio asignado para rezar la misa. Le propusieron ofrecer un panorama de lo que estaba sucediendo con el catolicismo en el mundo. De esta forma Mario ofrecería un ámbito para que la gente pudiera motivarse y decidir por sí misma. Poco después, Kaplún hizo en Canal 10 Cristianos sin censura, un programa periodístico sobre temas cotidianos.

En el ’62 Kaplún empezó a producir y conducir programas de debate periodístico que alcanzaron verdaderos éxitos de audiencia. Estrenó en Canal 12 Sala de audiencias, un programa sobre temas de actualidad sociales y políticos.

En 1968 el país entró en una etapa muy difícil. "El presidente Pacheco Areco implantó las medidas de excepción, la suspensión de las garantías constitucionales y la censura de prensa. En ese contexto, ya no era posible seguir haciendo un programa de libre opinión por lo que Mario dejó la televisión y volvió a la radio.

Mientras tanto, después de una gira por América Latina con la misión de crear la Asociación Católica Latinoamericana para la Radiodifusión y la Televisión, Mario se lanzo con series de radiodramas educativos y, a través de este tipo de formato, podía vehiculizar contenidos serios.

A finales de los ‘60 Mario Kaplún pudo realizar series de programas radiales para toda América Latina. Empezó por El Padre Vicente;  hizo además, Tierra de Muchos. Ambas fueron sus más exitosas propuestas de radio educativa. Cada programa planteaba una pregunta interesante sobre la vida y en repetidas ocasiones el personaje -el cura- tomaba una posición absolutamente fuera de lo tradicional. Se trataban temas cotidianos y profundos en el lenguaje vivencial propio del radioteatro.

Todo era bajado al registro sencillo del radioteatro. A nivel popular y sin solemnidades. Mario creyó en la posibilidad de insertar programas educativos en los circuitos regulares de los medios masivos. Los ochenta programas unitarios fueron emitidos no sólo en América Latina, sino también en Filipinas y Estados Unidos, y fueron traducidos al portugués, al quechua y al aymara.

Pero de todos los proyectos radiofónicos, Jurado No.13 obtuvo el mayor éxito. Dentro de este cilco Mario viajó por América Latina para documentar las diversas realidades del continente; ese registro sería la materia prima del programa.

Jurado No.13 funcionaba de modo tal que el mismo tema se trataba en tres capítulos; se presentaba una cara de la moneda el lunes, otra cara de la moneda el miércoles, y la solución del autor el viernes; y el domingo se podía repasar y escuchar todos los capítulos con la intervención de la gente.

Siempre inspirado en Paulo Freire, Mario introdujo en sus programas la comunicación dialógica participativa. Pensado desde la praxis y elevado luego a la teoría, el método de Jurado No.13 fue una de las claves de su trabajo, no sólo en relación con la praxis comunicacional, sino en relación con la fe. "Mario tuvo la audacia de incorporar el lenguaje caliente del radioteatro a los programas educativos".

Los programas, que se venían haciendo en América Latina desde hacia años, adoptaban un tono discursivo, moralista, vertical, aburrido. Con la producción de El Padre Vicente y Jurado No.13, Mario rompe con esos esquemas convencionales y demuestra que se puede aplicar el pensamiento educativo de Paulo Freire -la educación liberadora- a los programas de radio.

A partir de las experiencias radiofónicas de esos años, Kaplún decidió concentrarse en la creación de pequeños focos de productores que aprendiesen a producir programas con el mismo sistema que aplicaban ellos. Se lanzó a promover un tipo de comunicación dialógica, alternativa a los medios masivos, que tomaba al grupo como célula básica de aprendizaje. Pero no tenían dónde enseñar; a las universidades no les interesaba el tema y no existían aún carreras de Comunicación. Decidieron entonces que en lugar de traer alumnos al encuentro de profesores, llevarían profesores a los sitios donde estaban los posibles alumnos, para que éstos pudiesen aprender en su ambiente.

Además de los métodos de trabajo, en estos talleres enseñaban a armar emisoras. Kaplún no dejó de insistir en la importancia de conocer las comunidades involucradas en los procesos de comunicación, para lograr que los mensajes las reflejasen. Más tarde referiría a este componente de la comunicación como "pre-alimentación.

La preocupación por volver emisores a los receptores de mensajes llevó a Mario a diseñar y aplicar en el ‘77 el método Casete-Foro, un "programa de investigación-acción"[cuyo objetivo principal era hacer del proceso comunicacional un diálogo intergrupal. El modelo permitía al destinatario no sólo recibir el mensaje sino también responder y dialogar, e implicaba además una dimensión de intercambio intergrupal que favorecía la condición de co-emisores de todos los participantes.

Puso en marcha los Talleres Latinoamericanos de Comunicación Popular. En el marco de estos talleres Mario pudo aplicar formalmente el método de Lectura Crítica que venía ensayando desde hacía un tiempo. El método se sustenta en la idea de que, para potenciar nuevos emisores hay que ejercitar la capacidad crítica en ellos, lo que implica enseñarles a decodificar cultural e ideológicamente los mensajes.

Modelos Educativos/Comunicativos.

  1. Modelo Exógeno: Contenidos
  1. Pone énfasis en los contenidos.
  2. Considera al educando como un objeto.
  3. Corresponde a la educación tradicional, basada en la transmisión del conocimiento, de elite instruida a las masas ignorantes.
  4. Comunicación en este modelo:

 M

E R

  1. Comunicación Bancaria. Es la transmisión de la información. El comunicador está en el lugar del saber y transmite un mensaje. La comunicación es un Monólogo.

  1. Esquema

COMUNICADOR

RECEPTOR

Emite

Recibe

Habla

Escucha

Elige los mensajes de contenido

Acepta (lo recibe como información)

Siempre es el que sabe.

Es el que no sabe.

  1. Propone relación verticalista:

E

m

R

  1. Considera que a pesar de las críticas recibidas la concepción comunicativa sigue influyendo en la comunicación actual. En la medida que el comunicador/educador asuma el rol del saber, y considere que los educandos ignoran, la comunicación seguirá siendo vertical, autoritaria y unidireccional.
  1. Modelo Exógeno: Efectos
  1. Pone énfasis en los resultados.
  2. Considera al educando como un objeto.
  3. Se corresponde con la “ingeniería del comportamiento”. Consisten en modelar la conductas de las personas de acuerdo a los objetivos previos.
  4. Comunicación en este modelo:

M

E R

R

  1. En este modelo sigue habiendo un emisor (e) protagonista, dueños de la comunicación, que envía un mensaje (m) a un receptor (R), el cual por consiguiente, continúa reducido a un papel secundario, subordinado, dependiente; pero ahora aparece una respuesta o reacción del receptor, denominada retroalimentación (r).
  2. Se trata de una comunicación de carácter persuasiva, que tiene el objetivo en conseguir efectos. El feedback tiene por objetivo imponer conductas, lograr acatamiento, es sólo la comprobación o confirmación de lo previsto.
  3. El objetivo del feedback o retroalimentación es comprobar la obtención de respuesta buscada y querida por el comunicador.
  4. Dos ejemplos: Publicidad –el feedback está en las buenas ventas de un producto- y el rating- a mayor audiencia más efectiva la comunicación.
  5. Se confunde comunicación con propaganda. Se asigna más importancia a la cantidad que a la calidad –en tanto se cuentas adherentes, lectores, espectadores, sin importar si se entiende el concepto.
  6. Se buscan efectos emocionales, más que contenidos racionales.

  1. Modelo Endógeno: Proceso
  1. Pone énfasis en el proceso de aprendizaje.
  2. Considera al educando un sujeto.
  3. Destaca la importancia del proceso de transformación de la persona y las comunidades.
  4. Tiene por objetivo que el sujeto piense.
  5. No teoriza sobre la comunicación, busca la práctica. No se inscribe directamente en alguna teoría crítica –como puede ser la escuela de Frankfurt.
  6. Propone un modelo de conversación en la comunicación.
  7. No propone escindirse de la información. Considera que nadie se educa solo.
  8. Esquema: “la educación es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”. (Freire)

Acción

Reflexión

Acción

La educación es un proceso permanente en el que el sujeto va descubriendo, elaborando, reinventado, haciendo suyo el conocimiento.

  1. Importa que el sujeto aprende a aprender.
  2. Tres premisas:
  1. Nadie educa a nadie
  2. Nadie se educa sólo
  3. Los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo.

Mario Kaplún

El Viajero

por Gabriel Kaplún, diciembre 1998

Algunos recuerdan los debates que animaba en la televisión uruguaya de los 60. Otros sus programas radiales que recorrieron las emisoras del continente. Sus libros sobre comunicación popular y educativa. Su trabajo con grupos y organizaciones de base. Su compromiso político, pedagógico y cristiano. Su presencia de viajero incansable en cada país de nuestra América Latina. "Tu viejo vive viajando", me decían a veces. Me gusta pensar que ahora sigue viajando, y de ese modo viviendo entre nosotros.

La casa vacía

Aquí estoy, en esta casa donde ya no vive nadie y todo está tan vivo. Todas las habitaciones están vacías, pero una sigue llena de libros y papeles. No se que haré con todos ellos. Manuscritos, mecanografiados, fotocopiados o impresos: en todos está mi padre, leyendo o escribiendo, enseñando y aprendiendo

Otra casa vacía vuelve a mi memoria: la que abandonamos cuando mis padres y mi hermano menor partieron a Venezuela en 1978. Legiones de amigos desfilaban por allí despidiéndose... y llevándose objetos, libros y papeles ofrecidos de brazos abiertos. Del mismo modo -imagino- habrán quedado otros libros y papeles por el camino en 1952, cuando vinieron de Buenos Aires a Montevideo. Pero algunos navegaron con ellos hasta aquí y sobreviven tras más de medio siglo. Como estos dos amarillento anuncios de Radio Splendid de comienzos de los años 40 y que descubro por primera vez, junto con unos apuntes manuscritos más recientes.

El descubrimiento me lleva a recordar otro: un tesoro en tonos sepia encontrado en la casa de mi abuela, fotografías tomadas en la Rusia de sus antepasados, en la Córdoba de su niñez, en el Buenos Aires de su juventud y madurez. En muchas estaba mi abuelo Lázaro, grabador de metales, artesano paciente que apenas llegué a conocer.

Mucho antes de recorrer los veranos de mi infancia con su risa y sus incansables agujas de tejer, mi abuela Paula quiso ser maestra. Eran aquellas maestras-niñas que inventó Sarmiento: el magisterio era una opción de estudios secundarios que, a los 17 años, las dejaba ya prontas para salir a alfabetizar la Argentina. Diversas circunstancias frustraron su vocación, pero la inoculó en Mario, su hijo mayor. Igual que hoy, eran pocos los maestros hombres y había una solitaria escuela normal mixta, a la que aquel adolescente llegaba cada mañana tras una larga hora de viaje en tranvía, levantándose muy temprano para aprovechar el boleto obrero a mitad de precio. A los 17 años, en 1940, el maestro recién recibido descubre que para conseguir un puesto se necesitaban "recomendaciones" que no tenía.

Pero entre tanto, durante los años treinta, la casa de mis abuelos se había poblado de sonidos que salían de una caja de madera llena de válvulas. Hablando de amor o de humor, cantando o contando las guerras -la española, la mundial-, aquellos sonidos fueron decisivos para mi padre.

Días de radio

La pasión por la radio fue, antes que nada, una pasión de oyente. Pasión compartida por miles, en un Buenos Aires donde programas como "Chispazos de tradición" obligaron a los cines de barrio primero a interrumpir sus funciones para transmitirlos y luego a hacerles lugar para sus legendarias "fonoplateas", dando de paso trabajo a cientos de actores y músicos desocupados por la crisis. Uno de estos espacios fue "Platea Club", de Radio Stentor, un programa de "actualidad cultural" cuyo director facilitó el inicio de una experiencia fermental que le propuso un joven Mario Kaplún de 17 o 18 años: el Club del Libre Debate, donde sábado a sábado una multitud de jóvenes discutía sobre todo. Entre las asistentes había una tal Ana Hirsz, que no mucho después lo acompañaría por el resto de su vida.

Entretanto Mario consigue por casualidad su primer trabajo como empleado para todo servicio en un estudio de grabaciones. Grabar en los 40 era en realidad producir discos, o bien precarias grabaciones de uso publicitario con técnicas ya olvidadas, previas a la cinta magnética. Aquel estudio sobrevivía penosamente, hasta que una agencia decide concentrar allí la transmisión de los tres o cuatro radioteatros que, con el auspicio de una conocida marca de jabón, emitía cada tarde en distintas emisoras. No para grabarlos, lo cual era imposible, si no simplemente para evitar las corridas de todo el equipo de actores, directores y guionistas de una emisora a otra. Viendo y oyendo tarde a tarde, Mario empieza a entender un oficio que lo acompañaría toda la vida.

El 1º de setiembre de 1942, al día siguiente de cumplir sus 19 años, Radio del Estado y la Red Argentina de Emisoras Splendid emiten su primer guión: un programa de un ciclo sobre historia argentina, que formaba parte de la programación de la llamada "Escuela del Aire". Para aquella pionera experiencia de radio educativa este maestro sin aula había sido un hallazgo valioso, porque los guionistas comerciales no tenías interés o no se adaptaban y los educadores no conocían el oficio radial. El maestro no volvió a las aulas hasta mucho después, pero la comunicación educativa lo había ganado para siempre.

Según parece aquellos programas eran bastante retóricos y grandilocuentes y su autor rescata de esos días más bien el aprendizaje de un oficio: escribir dos guiones por semana, dirigir un equipo de actores y técnicos, salir al aire con un mínimo de ensayo, crear una ambientación sonora convincente con efectos artesanales... y todo directamente al aire, sin grabaciones. Las anécdotas de esa época integrarían luego la cultura familiar.

Mi abuela Paula vio frustrada una vez más su vocación. Mi abuelo materno entretanto, para explicar lo que hacía su yerno solía decir "¿Usted vio lo que dicen por la radio? Bueno, todo eso lo escribe él". (Claro que en esa época Mario hizo varias otras cosas, como co-traducir el teatro de Chejov...).

Vamos a la tanda

La Argentina de los 40 y 50 es un país cruzado por golpes y contragolpes militares, marchas y contramarchas peronistas, debates abiertos y censuras veladas, censuras abiertas y debates velados. La censura peronista apunta por el lado ideológico. La de los militares es con frecuencia de tono moralista, llegando a extremos ridículos como cuando les dio por defender la "pureza del lenguaje", obligando al tango a decir "muchacha que me dejaste" en vez de "percanta que me amuraste". El ambiente se torna difícil para el radialista ya casado con la actriz. Junto a su primer hijo de dos años, cruzan el Río de la Plata y se instalan en Montevideo en el 52.

Es el Uruguay batllista, el del segundo Batlle, don Luis, cuya presidencia es a la vez el auge y el fin del "país de las vacas gordas", Suiza de América y campeón mundial de fútbol. Un programa radial como "Buenas noticias", encuentra buena acogida en Radio Carve y entre los oyentes y permite la continuidad de un oficio. Aunque no alcanza para vivir, y la publicidad se transforma entonces en un segundo oficio, que absorbe crecientes horas y llena nuestra casa de productos de auspiciantes, vasos y ceniceros con marcas y logos, regalos útiles e inútiles. Tiempo después esta experiencia le permitiría una lectura crítica informada desde adentro, desde la construcción publicitaria experimentada con éxito... y creciente disgusto.

Aquel país laico, donde Estado e Iglesia se separaron tempranamente, fue sin embargo propicio para el pasaje de mis padres de un judaísmo heredado a un cristianismo asumido con convicción y reflexión. Una vivencia de fe que luego se traduciría, por ejemplo, en una larga amistad personal e intelectual con el teólogo Juan Luis Segundo. Que los llevó también a vivir durante 1958 en el sur de Francia, en la comunidad no-violenta de El Arca, lejos de la luz eléctrica y cerca de la tierra. (En el barco de regreso yo venía como polizonte en el vientre de mi madre...).

A comienzos de los 60 un nuevo electrodoméstico empieza a atraer cada vez más miradas. La de mi padre mezclaba la percepción de sus potencialidad con la desconfianza. Así, durante esos años produjo, con el seudónimo de Mario César, algunos de los programas periodísticos más exitosos de la televisión nacional y no había quien no lo reconociera por la calle. Pero en mi casa no había televisor...

Veinte años después, de algún modo el Club del Libre Debate revivía, ahora en la pantalla chica y con un formato de estructura dramática, la del juicio oral. "Sala de Audiencias" primero y "Las dos campanas después", ponían en discusión a medio Uruguay. Según parece una de las premisas de la conducción era: "mientras me critiquen de ambos lados, estoy bien rumbeado". Pero sobre fines de los 60 la crítica empezó a venir de otro lado y se tradujo una vez más en censura abierta o encubierta... pero cada vez más completa. Mientras morían estudiantes en las calles, el horizonte se ensombrecía y el Uruguay se "integraba" del peor modo a Latinoamericana, bajo la transnacional del terrorismo de Estado.

La patria grande

Pero ya antes que eso los viajes habían comenzado. En primer lugar el que realizaron sus radioteatros (ahora sí, grabados) por todo el continente, en cientos de miles de discos y casetes, en centenares de emisoras y miles de grupos, en español, en quechua, en aymara, en portugués. El Padre Vicente y Jurado 13, entre otros, ganaron una audiencia insólita e incesante: en estos días una emisora boliviana estrena por primer vez una de estas series, 25 años después de producida. Jurado 13 (otra vez el juicio oral, ahora en la ficción periodística) se hizo además sobre la base de lo que luego Mario llamaría "prealimentación": un viaje por siete países latinoamericanos, donde Ana y él relevaron la vida, los sufrimientos y esperanzas que luego traducirían en centenares de programas. En muchos de ellos anda mi voz (personaje infantil o adolescente) y la de mi hermano mayor (cantando y tocando la guitarra), entreverada con la de cien actores uruguayos de primer nivel, que debían hacer un esfuerzo permanente para disimular la pronunciación rioplatense y decir "aiuda" y no "ashuda".

En algún momento mi padre habló y escribió sobre la modestia técnica de aquellos programas multipremiados. Con franqueza, creo que exagera. Aunque es cierto que el estudio de grabaciones no era de última generación y el equipo de producción casi familiar, el cuidado en la realización era absolutamente obsesivo. El rigor con que dirigía las grabaciones resultaba francamente insufrible por momentos, pero, como le pasó luego en muchos otros ámbitos, a la larga todos terminaban agradeciéndolo.

En junio del 73 el silencio cayó sobre todo el país y los canales y radios interrumpieron toda su programación para emitir marchas militares. Jurado 13 aún se escuchó un tiempo en alguna pequeña emisora del interior gracias a los buenos oficios de un obispo que todavía tocaba el acordeón y que, en su época de cura de barrio, había inspirado al Padre Vicente.

Al achicarse la patria adoptiva, mi viejo empieza a recorrer la patria grande latinoamericana cada vez con más frecuencia. Largas estadías en el Perú de Velazco Alvarado, otras más breves en Ecuador... Finalmente la opción del exilio parece inevitable y aquella casa siempre llena de gente, por la que pasaron tantos uruguayos y latinoamericanos ilustres o anónimos, se quedó vacía. La familia ya no volvería nunca a vivir en el mismo país, disgregada entre España, Venezuela y Uruguay. Mis hermanos ya no volverían nunca del todo y yo en cambio nunca me fui. Ese desgarro pesó siempre para mis padres en los últimos veinte años.

Pero antes de la partida habían aflorado en Mario ya varias de sus nuevas preocupaciones: por la sistematización de lo que sabía y la facilitación de los aprendizajes de otros; por la investigación de la realidad comunicacional; por la educación para los medios, con su método de lectura crítica. Respecto a este último fuimos en esos años, junto a un grupo de amigos adolescentes, gozosos conejillos de indias. Muchos de nosotros nunca olvidaremos lo cuestionador que resultaba por ejemplo vislumbrar que la publicidad, más que "generar falsas necesidades", como solía

-y aún suele- simplificarse, ofrece con frecuencia dudosos satisfactores a necesidades reales.

También por esos años apareció su preocupación por el uso de las distintas teclas de los ya popularizados grabadores a casete...

Play-Rec

Entre sus últimos trabajos antes de partir de Uruguay en 1978 estuvo la puesta en práctica (luego explicitada y teorizada) del método del Casete-Foro, ese que en Venezuela alguien rebautizaría "Foruco", porque "nos forma, nos une y nos comunica". El Casete Foro ponía su acento en la posibilidad de revertir la unidireccionalidad comunicacional y recuperar el sentido dialógico de la comunicación, frente al paradigma dominante informacional y transmisor. Tanto que en la evaluación de aquella primera experiencia Mario se declaraba insatisfecho respecto a la participación de los agricultores involucrados, porque para él el indicador clave de esa participación no era ni su escucha atenta ni sus intervenciones puntuales, sino sobre todo la cantidad de temas de debate en aquel foro propuestos por ellos en relación a los lanzados desde la coordinación del programa. Utilizar la tecla "record" y no sólo la tecla "play" era un paso necesario, aunque no suficiente.

Esta obsesión por la recuperación de la palabra, por "potenciar emisores", ya no lo abandonaría jamás. Venezuela fue un campo especialmente propicio para ello, sobre todo a partir de su incorporación al CESAP (Centro al Servicio de la Acción Popular), en 1980. A las decenas de cursos y talleres con grupos de base en todo el país se sumaron luego los Talleres Latinoamericanos de Comunicación Popular, por donde pasamos más de cien aprendices de comunicadores de todo el continente. De esa etapa tan fermental quedan, entre otros testimonios, uno de sus libros clave ("El comunicador popular") y muchas semillas dispersas por toda América Latina. En Venezuela en particular hasta hay una "Escuela Andina de Comunicadores Populares Mario Kaplún", con sede en Mérida. Dicen que escrita en una en una pared, hay una frase de aquel libro: "Definir que entendemos por comunicación equivale a decir en qué clase de sociedad queremos vivir". Y tal vez también otra que dice: "Comunicación es una calle ancha y abierta que amo transitar. Se cruza con compromiso y hace esquina con comunidad".

Es de esa época también su creciente contacto con el ambiente académico, cuando las universidades de distintos países comienzan a tenerlo como invitado frecuente. Tal vez por eso fue natural que, a su vuelta a Uruguay tras la reapertura democrática, en 1985, participara activamente en la reestructura de la recién creada carrera de Ciencias de la Comunicación, diseñando y coordinando durante varios años la Opción de Comunicación Educativa.

El aprendiz

Estos últimos trece años en su patria adoptiva fueron tiempos de investigación y docencia activa, de escritura y reflexión, ahora ya decididamente en dos canales simultáneos: el académico y el del trabajo educativo con organizaciones sociales. En el último tiempo ambas dimensiones se conjugaron además en el programa universitario Apex (Aprendizaje y Experiencia), con sede en la popular barriada del Cerro de Montevideo.

A esto se sumó, entre otras cosas, alguna reaparición televisiva, columnas periodísticas y la militancia político-partidaria. Aunque tal vez el Uruguay no supo aprovechar al máximo sus potencialidades y eso reforzó su tendencia a aceptar muchas de las incontables invitaciones que recibía de todas partes.

Estos años significaron también un acento fuerte en su vocación pedagógica original, prefiriendo hablar de una "educación comunicativa" más que de una "comunicación educativa". Con humildad, se puso a estudiar a fondo nuevamente las teorías del aprendizaje y sobre ellas y su relación con la comunicación escribió quizás algunos de sus textos más profundos. Allí subraya el carácter social del aprendizaje y el hecho de que "se conoce lo que se comunica", porque organizar el lenguaje es organizar el pensamiento. Varios de esos textos fueron recogidos por la Unesco, que esperaba todavía publicar alguno más. Se puede leer en ellos el hilo de un pensamiento vivo, siempre en movimiento y capaz de seguir aprendiendo. Por eso tal vez su "mini autobiografía", escrita a pedido de amigos antes de los homenajes recibidos en 1992, se llamaba "Mis (primeros) cincuenta años de aprendiz de comunicador".

Sus últimos trabajos, que quería y no pudo ampliar y profundizar, ponían una mirada lúcida sobre el universo virtual de la informática, sus potencialidades y límites pedagógico-comunicacionales. Desmitificando conceptos como el de interactividad, casi siempre referida a la relación hombre-máquina, y subrayando el de interacción, en tanto relación entre seres humanos. Recordando que la navegación solitaria en las autopistas de la información no pueden remplazar el aprendizaje, esencialmente social. Mis últimas conversaciones con este viejo tan "cascarrabia" y exigente, tan querible e inteligente, giraron, pocos días antes de su muerte el 10 de noviembre pasado, en torno a esos temas y a esos libros que quedaron sin escribir.

Pero junto a eso recordaré siempre el impacto que supo producir en él el testimonio de uno de su enfermeros, capaz de poner en cuestión mucho de su trabajo de los últimos años en el programa Apex, al mostrarle como la exigencia del "trabajo de comunidad" en el lejano Cerro y a horarios diversos, había terminado siendo para él, estudiante del interior con muy pocos recursos, un obstáculo decisivo en su carrera de Medicina. "Nunca lo había visto desde ese ángulo. Me dio toda una lección", me dijo. Es decir, aún al borde la muerte, estaba dispuesto aprender, a cuestionarse hasta el fondo. Porque si algo lo caracterizaba era esa capacidad de estar siempre aprendiendo. Y por eso mismo enseñarnos tanto.

ALGUNOS DE SUS LIBROS…

  

ENTREVISTA EN YOUTUBE.

Mario Kaplún habla sobre nuevas tecnologías

http://uk.youtube.com/watch?v=zucrwIkexsM

10 CONSEJOS PARA RADIALISTAS APASIONADOS

El primer consejo va para los locutores y locutoras, aburridos y aburridores, que piensan en un público con vocación masoquista:

Quienes alguna vez hemos hecho radio, tuvimos que aprender por experiencia a no olvidar nunca esta sencilla verdad: todo aparato receptor tiene dos perillas, una que sirve para apagarlo y la otra para cambiar de estación. Así, si nuestro programa no logra suscitar su interés, nada más fácil para el oyente que silenciarnos. O reemplazarnos por una cumbia.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 110.

El segundo consejo se dirige a los escritores jóvenes, tan impacientes como inexperientes, que imaginan las musas revoloteando sobre su cabeza y olvidan que la inspiración nace de la transpiración. Y de la vida.

Más de una vez en los cursos a mi cargo me ha tocado trabajar con participantes que demostraban buenas aptitutdes literarias y técnicas, en términos de destreza y captación del oficio, para componer radiodramas: por ejemplo, habilidad y sentido radiofónico para construir sus diálogos. Pero tenían una vida encerrada y fácil, sin contacto con el pueblo, sin sufrimientos ni dilemas hondos. Estos estudiantes no lograron producir buenos radiodramas ni sé si alguna vez lo lograrán. No sentían los temas ni vibraban con ellos. Y en sus guiones, todo era convencional, falso, disociado de la realidad. Así como un actor ha de apelar a su memoria emotiva para vivir un personaje, tanto o más un escritor dramático necesita haber vivido personalmente situaciones conflictivas e intensas para poder crear otras semejantes en sus obras. ¿Hay algún curso donde esto pueda enseñarse, ni en diez semanas ni en cincuenta?

UN TALLER DE RADIODRAMA, Materiales de Trabajo, CIESPAL, Quito, pág. 119.

El tercer consejo es para los comunicadores sordos, para las comunicadoras engreídas, los que nunca preguntan, las que jamás dudan, para quienes están convencidos de la importancia de sus ideas y descuidan lo principal de la comunicación:

Comunicar es una aptitud, una capacidad. Pero es sobre todo una actitud. Supone ponernos en disposición de comunicar, cultivar en nosotros la voluntad de entrar en comunicación con nuestros interlocutores. Nuestro destinatario tiene sus intereses, sus preocupaciones, sus necesidades, sus expectativas. Está esperando que le hablemos de las cosas que le interesan a él, no de las que nos interesan a nosotros. Y sólo si partimos de sus intereses, de sus percepciones, será posible entablar el diálogo con él. Tan importante como preguntarnos qué queremos nosotros decir, es preguntarnos qué esperan nuestros destinatarios escuchar. Y, a partir de ahí, buscar el punto de convergencia, de encuentro. La verdadera comunicación no comienza hablando sino escuchando. La principal condición del buen comunicador es saber escuchar.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 115 y 118.

El cuarto y perspicaz consejo, para los libretistas cuando tienen delante el papel en blanco, cuando comienzan a escribir y no saben cómo hacer para que los diálogos resulten amenos y atractivos:

Aunque esté escribiendo su guión, no olvide nunca que el lenguaje hablado es diferente al escrito. Debemos poner por escrito nuestro texto, pero él está destinado, no a ser leído con la vista como un texto impreso, sino a ser oído. Tiene que sonar con la llaneza, la naturalidad y la espontaneidad del lenguaje hablado. Incluso, a veces, con las imperfecciones del lenguaje hablado. El mejor consejo que puedo darle es: escriba escuchándose. A medida que escriba, lea en voz alta lo que va escribiendo. En ocasiones, incluso, adelántese: pronuncie primero la frase y luego escríbala. Díctese a sí mismo. Escuche cada frase, pruebe cómo suena. Sienta su ritmo oral, sonoro. Si le suena pesada, larga, artificiosa, con vericuetos, con idas y venidas, rehágala, divídala en dos o más frases cortas y directas. El oído le dirá dónde ubicar con más naturalidad el sujeto, el verbo, el predicado.

PRODUCCIÓN DE PROGRAMAS DE RADIO, CIESPAL, Quito 1978, pág. 280.

Un quinto consejo para los panfletarios del mundo y para quienes confundieron aquello de hablar de la vida cotidiana con la monserga de andar repitiendo lo que la gente ya sabe:

Hace pocos años, tuve oportunidad de escuchar por radio un informativo popular dirigido a las barriadas. Llevé la cuenta: el 80% de las noticias transmitidas eran denuncias sobre la acumulación de basura. No pude menos que ponerme en el lugar de esa gente de los barrios populares a la que el programa pretendía llegar y servir. Pensé en esos vecinos que ven basura desde que se levantan hasta que se acuestan, que viven oliendo a basura. ¡Y cuando ponen la radio, ésta les habla otra vez de basura! Lo que sucede en estos casos es que el emisor no tiene claro quién es su destinatario. Esta insistencia en la denuncia tal vez pudiera tener algún sentido si nos estuviéramos dirigiendo acusadoramente a los responsables de los malos servicios públicos, es decir, a las autoridades. Pero, ¿qué valor informativo encierra el repetirle permanentemente a la comunidad que no tiene agua, que no tiene luz, que no tiene pavimentos? ¡Ella ya lo sabe de sobra! Con eso, tal vez no hacemos más que reforzar su sentimiento de desesperanza, de impotencia: "estamos jodidos". Lo que la comunidad necesita es que la ayudemos a comprender con claridad las causas del problema: por qué no hay servicios para ella. Y, sobre todo, que la ayudemos a encontrar altenativas, salidas de solución.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 117.

El sexto consejo, más conceptual, para quienes siguen apostando por una educación bancaria, que difunde conocimientos y no problematiza. Una educación que da todo masticado y ahorra el esfuerzo de pensar por cabeza propia:

La educación de adultos, sea presencial o a través de un medio, será educación en la medida en que se proponga y logre activar las potencialidades de auto y de coaprendizaje que se encuentran presentes en sus destinatarios; que estimule la gestión autónoma de los educandos en su aprender a aprender, en su propio camino hacia el conocimiento: la observación personal, la confrontación y el intercambio, la resolución de problemas, el cotejo de alternativas, la elaboración creativa, el razonamiento crítico. Así concebida, más que una educacióna distancia, sería propio hablar de una autoeducación orientada.

A LA EDUCACIÓN POR LA COMUNICACIÓN, Unesco-Orealc, Chile 1992, pág. 31.

El siguiente consejo es para los siempre serios, para las que nunca se ríen de sí mismas, los Jorge de Burgos, las severas y los sesudos del gris monasterio:

Estamos demasiado acostumbrados a que los programas de radio educativos sean una cosa árida y aburrida. Como esas medicanas de nuestra infancia que, para que "hicieran efecto" y fueran juzgadas confiables por nuestros padres, debían tener necesariamente "gusto a remedio", un sabor amargo y desagradable. Cuando se nos habla de "radio educativa", la imagen que nos surge espontánamente es la de un solitario profesor instalado ante el micrófono y enseñando, con voz y tono de magister, a un invisible alumno, las tradicionales nociones de la clásica escuela elemental. Y hay que convenir en que, desgraciadamente y salvo honrosas excepciones, la mayor parte de la radio educativa que se ha venido haciendo hasta ahora en América Latina ha contribuido a reforzar esa imagen más que a modificarla. Este libro sustenta una concepción muy diferente. Piensa que un programa de radio educativo no tiene por qué ser aburrido. Más: que no debe serlo.

PRODUCCIÓN DE PROGRAMAS DE RADIO, CIESPAL, Quito, 1978, pág. 18.

El octavo consejo, breve y urgente, va para aquellos comunicadores y comunicadoras que no comunican nada porque todo lo abstraen, lo conceptualizan, lo vuelven un discurso incoloro, insaboro e inodoro:

Siempre que sea posible, optemos por el relato como forma privilegiada de comunicación popular: en lugar de hacer una exposición del tema, procuremos convertirlo en una historia. Comunicarse es, sobre todo, contar, "echar el cuento". Los contadores de historias han sido y aún siguen siendo los grandes comunicadores naturales del medio popular.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 175.

El noveno, para los improvisados de siempre, las que entran a cabina sin guión y sin ideas, los que se creen dueños y señores del micrófono, las que no investigan nada porque creen saberlo todo, los que confían en el feed-back y no sospechan el feed-forward:

El esquema clásico "emisor-mensaje-receptor" nos acostumbró a poner al emisor al inicio del proceso comunicativo, como el que determina los contenidos del mismo y las ideas que quiere comunicar; en tanto el destinatario está al final, como receptor, recibiendo el mensaje. La experiencia nos enseña, sin embargo, que si se desea comenzar un real proceso de comunicación en una comunidad, el primer paso debiera consistir en poner al destinatario no al final del esquema, sino también al principio: originando los mensajes, inspirándolos, como fuente de pre-alimentación. La función del comunicador en un proceso así concebido ya no es la que tradicionalmente se entiende por "fuente emisora". Ya no consiste en transmitir sus propias ideas. Su principal cometido es el de recoger las experiencias de la comunidad, seleccionarlas, ordenarlas y organizarlas y, así estructuradas, devolverlas a los destinatarios, de tal modo que éstos puedan hacerlas conscientes, analizarlas y reflexionarlas.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 101.

Y un décimo consejo, el de sentido común. Mario no creía en recetas ni en esquemas rígidos. Es suya esta sabia consigna: el mejor formato es el que se rompe. Estudiamos la técnica, conocemos las leyes y las posibilidades que brinda el medio radiofónico. Después, ponemos a un lado todas las normas y damos permiso a la imaginación:

A veces, en los talleres, me inquietan algunos participantes que plantean: "Entonces, ¿esto se puede hacer? ¿Es lícito, es válido, o no lo es?" Parecen estar necesitando y pidiendo reglas, preceptos. Ante esas preguntas, me acude a la memoria la profunda respuesta de San Pablo a los cristianos de Corinto que le pedían reglas morales, normas de conducta: "Todo es lícito", tuvo la audacia de responder el apóstol, rompiéndoles así seguramente todos sus esquemas. Pero enseguida añdió: "Todo es lícito, pero no todo es conveniente, todo es lícito, pero no todo construye". Análogamente, habría que decir que en comunicación popular no existen reglas fijas ni inmutables. Todo se puede hacer. Lo que hay que ver si la opción que tenemos es la más conveniente y adecuada para ese caso concreto, la más pedagógica y eficaz para esa situación determinada. Y eso nos llama permanentemente a la creatividad.

EL COMUNICADOR POPULAR, Ciespal, Quito 1985, pág. 263.