Cuentos Absurdos
*Av. la paz
Bajo el abrigo de la noche, bajo las ramas secas y el crujir de las hojas en el suelo, todos vienen a saludarme. La paz se convierte en la guerra que se anuncia desde mis ojos. Por todos lados veo a jóvenes drogándose, ninguno escapa al terrible mal que les depara la paz.
La puesta de sol me trajo y los pasos, por muchos que sean, sigo en el mismo lugar, con drogadictos en todos los vértices y singularmente empiezan a surgir nuevos acompañantes, el sendero se hace enorme y su profundidad, infinita; todo, absolutamente, se convierte en escenas saturadas.
Veo ratas comiendo de un cuerpo, veo cuerpos desconocidos esparcidos por toda la grama, veo... sin duda mis visiones me atacan en el punto exacto. Desconfió de todo, ¿Qué es real?, sigo con mis visiones y estas me llevan a una horca, a la cuerda, un cuello, mi cuello, mis manos colocándome la horca poco a poco.
Sigo el sendero y mi recorrido es imaginado por otra alucinación; los árboles son más frecuentes, tengo que parar, calmarme, inyectarme, sentir; todo acaba al inyectarme, sigo mi viaje y todo resulta mejor así.
*Rattus
El "Bienvenido" me anuncia el inicio; sintonizó emisoras para actualizarme y saber algo más de la ciudad. De pronto, todo se vuelve negro, la calle esta llena de ratas, la enfermedad me arropa, la muerte me muerde; poco apoco mis sentidos se desvanecen. En el suelo, en segundos, Ratas por todos lados; en el suelo, en segundos, la muerte viene a morderme.
El noticiero anuncia que ningún ciudadano tenía que salir de sus casas para evitar contaminarse. Ya es tarde, la lóbrega negrura me envuelve y el noticiero termina, en seguida, música...
* En coma
<Bajo lo genial de lo limpio, bajo lo exacto de la pureza, bajo de todo el rededor falso, mis interrogantes hacen ecos en todo el espaciosos lugar, el blanco me rodea y nada tiene sentido. ¿Quién soy? ¿Por qué estoy en este lugar? ¿Qué es real? ¿Soy un sueño?
Despierto y analizo el sueño; era fatal, estar en tanto espacio sin nada alrededor a sabiendas que no existes y que la mayor pregunta de tu vida no es contestada; solo, sin respuestas a las interrogantes de la mujer que yo mismo soñaba, me pregunto ahora ¿Quién soy? ¿Por qué estoy en este lugar? ¿Qué es real? ¿Soy un sueño?>
"Nadie conoce la respuesta doctor, los pacientes en coma y con más exactitud los de grado 4, lo único que pueden tener es el nada por completo" Doctores del Hospital Central
*El joven secuestrado
Antes del disparo, todo era blanco. Antes del disparo, la cara se animaba con sus mejores gestos. Antes del disparo, el joven secuestrado quería volarse los sesos y luego, el silencio.
Todo comienza antes de que el disparo iniciara. La estancia enorme en el viejo sótano, tapizado desde los 70; la casa cruje y los relojes en cada piso resuenan. Roger entra con el saco de armas seguido de Jhon; el primer piso se ilumina y toda la muerte susurra bajo las puertas. La sala y sus arabescos, con muebles extraños por varios lugares de la habitación, tejen la entrada de Jane que por todo el ruido entra y ayuda con las armas, las colocan en la mesa principal. Las armas eran de adorno, todo buscan sus estancias y estas quedan en la mesa igual que fueran un florero cualquiera.
En el primer piso, Roger prepara la cuerda para suicidarse y Jhon, yace muerto por pastillas en su cama; Jane sale de su cuarto y buscas las armas, baja al sótano y las colocas en orden encima de una mesa. El joven secuestrado tenias una opción, ese día podía morir. Jane escoge un arma y sale del sótano. En minutos, se escucha un disparo.
El joven secuestrado, maniatado en las piernas y herido en una de ellas, casi pudriéndose. Escoge una pistola pequeña, se la lleva directo a la sien, en el mismo instante en que el único sonido es el crujido de puertas y el tic tac maldito de los relojes; el joven se dispara y cae en la pared falsa que contiene a la cara y a sus gestos.
*El Piano
Durante horas estuvo tocando el piano, tocaba sin que nada ni nadie lo interrumpiera y mientras, la casa devoraba al silencio, los muebles se estancaban en lugares fijos.
La señora servía el té y escuchaba el sonido intenso del piano. El señor tomaba té, leía el periódico y escuchaba el piano; los dos, de cara a la enorme chimenea de la sala.
Cuando cae la noche, el piano se detuvo, Frederick se truena los dedos y sube a su habitación se recuesta en su cama y los señores suben y lo atan al espaldar de la misma. Pasan horas y Frederick no puede dormir, el sonido del piano sigue en el, sus dedos no paran de moverse como que ellos son los que producen todas las melodías; el ruido de los dedos en el espaldar no deja dormir a los señores; regresan a la habitación y le amarran los dedos, ya no podrían moverse. Frederick por fin puede dormir.
El día es claro, las cortinas dejan entrar el sol a la sala, todo se ilumina y el piano se puede ver; mientras, los señores desatan a Frederick, este, vuelve al piano, se truena los dedos y empieza a tocar, esta vez, la melodía era más rápida y más triste. Los señores vuelven a sus sillas en la sala, cerca de la chimenea y toman té, mientras, escuchan el sonido del piano.
*Un pequeño instante
Las rayas marcaban el paso; el negro de la noche se disipaba con las luces del auto. Todo se vuelve una maraña de árboles, y allí, justo donde la oscuridad se me revela, me detengo, las manos en el volante; la lluvia en el parabrisas; pensé en quedarme en la oscuridad, en exiliarme con el silencio y buscar un suave aguajero donde pudiera estar para siempre.
Soy la misma en la carretera. Soy la misma. Mis errores me siguen igual que las rayas. Todo, absolutamente todo, es igual. Tengo que acabar con la agonía y permitir que el tiempo continúe.
Salí del carro sin pensarlo mucho, esperaba que un auto pasará y me atropellara y que en ese pequeño instante, mi voz, se disipara.
Un gran estruendo se escucha al final de la carretera, las luces me ciegan por un segundo; el ruido de las ruedas al frenar, me hizo pensar en el fin.
Sigo con las manos en el volante; los truenos y la lluvia continúan cayendo, suspiro y continuo como si nada hubiese pasado.
*Pequeña familia
El invierno era enorme, mi padre nos había convocado ese día a la casa; la cena estaba servida, había algo extraño en su propuesta. Eran las 7 de la noche y mi madre me ayudaba con el vestido, mis hermanos ya estaban listos; era una noche algo peculiar, lo alemanes estaban bombardeando y aniquilando a muchas personas, era la navidad de 1939.
Me llamo Lis… soy la hija mayor de tres hijos; mi padre es dueño de una fabrica de botones, mi casa quedaba en las afueras de la ciudad; la servidumbres también comería con nosotros; mi padre me asustaba, su respiración y sus extrañas miradas, extendía la extrañeza de la cena.
Al sentarnos, rezamos, le pedimos a díos por todos los muertos y por las personas desaparecidas. Al empezar a comer, mis hermanos eran unos bastos y desastrosos, comían como si se la fueran a quitar; mi madre era muy educada, se mantenía firme en su asiento y los hacía enderezarse. Una vez que terminamos la sopa, mis hermanos se quejaron de sueño y de dolor de barriga, quisieron dejar la mesa e ir a sus habitaciones, mi padre los obligo a quedarse y seguir con la cena.
Durante el plato principal, mis hermanos y yo misma empezamos a vomitar, el dolor era enorme, mi padre nos veía con lágrimas en sus ojos, mi madre gritaba y dos de las chicas de la servidumbre habían caído al suelo. El chofer quiso levantarse y callo abatido del dolor. Mi madre educadamente siguió en su asiento retorciéndose del dolor.
Era navidad. La nieve caía lenta, los muertos en la calles eran muchos; sin embargo, en mi casa todos estábamos sufriendo, mi padre nos había envenenado, el no quería que la guerra tocará a nuestra puerta, lo que nunca pudo imaginar, era que su propia guerra aniquilaría a toda su pequeña familia.