La espiral
Carlos Acuña
I Capitulo
Alucinaciones
1:05 PM
Son 5 minutos de cordura, 5 minutos que no disfruto; durante ese pequeño instante sólo me retuerzo del dolor; al tratar de volver en mi, todo comienza. Las alucinaciones son diferentes, una ataca detrás de la otra, ellas tienen un plan y lo ejecutan de tal manera que se alimenta sin destruirse entre sí; ellas son las verdaderas asesinas.
Una de mis alucinaciones trata de asesinarme, otra de alimentarme más de lo debido y otras tantas, son muy pasivas. La que quiere asesinarme, no comparte mi forma de ser, es muy agresiva, se sirve de eso para tratar de que me suicide.
La idea de internarme me ha dado vueltas por la cabeza muchas veces, pero una de mis alucinaciones encontró mi plan y la pasé muy mal, ella se unió con la asesina y crearon una guerra interna, que destruyó uno de mis oídos.
1:39 PM
Voy bajando poco a poco y mientras entro en puertas diferentes, cada una de mis alucinaciones siempre está para abrírmelas y ocasionar una herida en algún punto débil.
Cada miedo que tengo es atacado sin piedad, cada signo de amor, cada pedazo de compasión; este juego interno no tiene una salida. Cada vez la espiral comienza nuevamente, las puertas y la inclinación del lugar reinician el viaje.
Por alguna razón, comparto una de las habitaciones de dos alucinaciones, una pasiva
y la otra no tanto, cada una de ellas quiere el control, pelean sin tregua; el perjudicado, el campo de batalla y las trincheras inmensas con soldados agresivos; todo está en mí.
1:57 PM
Trato de escribir muy rápido y así tener tiempo de esconder mis notas; es muy perjudicial estar paranoico de uno mismo; la persecución interna mientras bajo, mientras cada puerta se cierra, todo se une para que una alucinación peor haga su aparición.
3:33 PM
Cada alucinación hace de mí un mundo alucinado y alucinante al mismo tiempo, de tal forma que las drogas en mi cuerpo son simples deformaciones que perforan el ritual que las caracterizaciones hacen de los rasgos angulosos, tallados por el dolor. El dolor es una costumbre tan parcialmente dictada por una de mis alucinaciones, que miente para que su mentira me dé la respuesta para la realidad que no puedo conquistar.
La realidad, mi realidad de 5 minutos, se sobreexpone a una inmensurable caída al vacío de la espiral interminable.
3:51PM
Sin recurrir a los recuerdos, la pasión inicia la estática locura de prestar atención a lo que no se tienen en versiones peculiares de la realidad.
Veo con mucha claridad sobre el vidrio esmerilado de las pupilas arrancadas de
cada página de mis cuadernos de notas, la espectacular ficción que encierra mi cabeza, una ficción que recurre a ser real y penetra en mis heridas para sacarme cada vez más del abismo que envuelve el presente. Todo, justamente, frente a la inexistente y precaria condición de mis alucinaciones
Sin cesar de viajar, una de mis alucinaciones se perfila como el clásico fantasma de navidad, como el viernes de Robinsón y como una llaga que tarda en sanar. Ella es la misma que accede sin remordimientos a emprender el viaje de vuelta a un pasado más que cimentado por lo cotidiano, está harto de ser sólo pasado y necesita una parte de la ficción que perfora un pedazo de mis vidrios rotos para rechazar a la nada que no sabe.
Ninguna hora sirve, nada es lo que no sé
El miedo al desconcierto encierra en si mismo la causalidad del error; los cambios dañados por la cúspide sobrepasan el dolor que los 5 minutos logran encarnar. ¿Era realmente necesario sintetizar cada momento de sufrimiento? Yo no era nada, pero al nombrarme me convertía en algo que excede la nada y se convierte en algo que no se sabe como nombrarse y es allí donde Beckett me insulta y pregunta ¿Serás tú, o el preciso silencio? ¿Seré yo, allí mismo? nunca lo sabré, en el silencio nadie sabe, pero sin duda sigue.
Veo cada mano como una consecución de algo podrido que no me sirve, cada pierna
como muñones que a fuerza fueron arrancados; veo pasos que sin duda no son de mis pies; tengo la reseña de mi cabeza, mas no la usurera partida de sellar el abismo de mis ojos, sin embargo, las alucinaciones de a poco arrancaron las pupilas y las expusieron a la precariedad colectiva que nadie quiere y que llega justo a la hora en que la muerte invade una de mis alucinaciones haciendo que ésta se ahorque.
Sigo con la vertiente infinita de bajar siquiera a un lugar, las puertas, las habitaciones, cada una de ellas, sin ventanas y, sin la necia seriedad de enrarecer a lo que ahora se suele nombrar, como algo de mera formalidad.
Ninguna nota
Presiono al indicador de la fuerza que no existe y calculo lo que por siquiera me puede ayudar; menciono lo que no es real; escucho y grabo el silencio de mis palpitaciones; las sugerencias de una de mis alucinaciones caduca en la alacena podrida de la mentira que, justo a la hora de la cena, llega para seccionar una verdad que nunca se disfrazó de ella misma y que nunca contribuyó para que la imaginaria razón que suelo tener sobrepase los escandalosos picos que escalan cada número que tienen mis dedos. Cada número concurre en distraerme, en dispararme, en ignorar lo que ahora mismo las letras del inconsciente pueden ejecutar cada vez que a ellas les de la gana. ¿Letras? Todo el abecedario tiene nombre de alucinación, todo viene a mi mundo en forma de puñal y traspasando mi espalda, introduciéndose en mis pulmones, inunda a mi respiración que deja de respirar.
La sección que nunca conocí
Llega la hora en que la espiral suelta su sueño patético y alucina, alucina a una de mis alucinaciones y hace de la matanza interna un juego del que yo no soy partícipe, sólo soy la mesa para asentarlo, un invitado mal educado y una gota de sudor en el ojo podrido de algún vagabundo.
La sección que no conozco me lleva de vuelta hacia el inició del fin, justo a la hora descrita en el principio, esa es la bitácora de los 5 minutos de este día. ¡Qué hermoso es solapar con los dedos, con la mano, con los ojos que no tengo, la peculiar ignorancia de mi lógica!
Lo que no conozco se convierte en una sección aparentemente ilustrada por las agujas del tic tac imaginario; el reloj marca cada segundo como una hora, ampliando el instante en que cada alucinación me traga internamente; ya no tengo los 5 minutos de cordura; si los segundos son horas, ¿qué queda de mi tiempo? Sin esperar a que alguien, que no sabe ni siquiera que hace, me conteste, emprendo el recorrido de la sección que parece eterna y que, de alguna manera, introduce una nueva forma de ver a mis alucinaciones, una nueva cualidad, donde el conjunto de actividades programadas en la agenda que no existe, se desgrana paulatinamente.
Una parte de la sección que no existe, es, sin duda, la más aterradora, los sueños de
cada personaje de drama de alguna de mis alucinaciones, me llegan en momentos en donde los pasos a seguir suelen tener algún conocimiento que podría postergar los segundos a días y así, hasta que un segundo se convierta en la eternidad que mis alucinaciones buscan desesperadamente.
Luego de sortear personajes, empieza una parte de la sección que no existe, donde yo alucino mi propia vida y, a corto plazo, el plano que las venas hicieron con la sangre de mi cerebro, engendra una nueva parte de la sección que no existe y que ahora tiene un sótano.
Ya no hay respuestas, me retiro de la sección y encuentro un lindo agujero donde la espiral tenía otra entrada y allí comienza mi caída nuevamente. Al bajar, las angostas indumentarias de mi vestido desglosaron el ardor del asfalto en mis rodillas, comenzando el virus que pronto señaló la nueva entrada a una nueva alucinación, la de las heridas múltiples.
La alucinación era algo lóbrega, muy fatalista y sangrienta. Cada pedazo de mi ser era una ventana ingenua que exponía, en el mejor de los casos, un instante a seguir, sólo eso era, un experimento al mejor estilo de ensayo-error. Luego de variadas entradas en mi piel, se acerca a los músculos, luego a los huesos, aplastándolos por fragmentos que salían disparados por las heridas abiertas. Tristemente la calma no existe dentro del interior que la espiral guarda celosamente. Entrando de nuevo en el estado de desolación que el viajar me
regala, recupero cada gota de sangre derramada y sigo el viaje, desconociendo a mi alucinación y a su mortífera morada.
Regreso al principio
Ignorando los días, las horas y todo lo acontecido, la peste intenta distraer el retorno de cada generoso recuerdo que agota su cauce y me conduce directamente al principio desde donde empecé a bajar hace ya no sé cuanto.
Una fase se neutraliza por la poca cantidad de emociones bajo el agua de cada momento, en donde las agonías suelen interesarse y rendirse. El eterno tiempo contiene al dolor y lo incrementa cuando él quiere, hace y deshace a su mayor gusto y me calla la boca que no tengo para que tal vez mi refugio de días se perfile como una evidencia a medias.
Entiendo el monólogo de mis alucinaciones y mi ser, mas no recupero la cordura que los 5 minutos me regalaban; ahora el principio ignora mis aberraciones de simpatía y conduce con todo su poder una parte de lo que no tengo, separándome en dos fracciones.
Uno de mis fragmentos no puede huir, se recluye en el lugar menos lúgubre y es allí donde las alucinaciones lo hacen festín. Cada alucinación perfila su plan de matanza y lo ejecuta al pie de la letra, formando su sombrío propósito. Mis alucinaciones, o los segmentos que consumen esa parte de mí, construyen un árbol, para que ellas mueran en él,
haciendo que sus podridas raíces se instalen en cada miembro, órgano y en lo poco que no me queda, aumentando la tortura cerebral con un suplicio que llega con ecos a todas las fibras de esa parte de mi ser. Cada vena se suicida junto con la otra; los órganos toman té y se envenenan de tormento; cada músculo, los que quedan, emprende su fermentada coalición de estancamiento que los extingue en un líquido rancio que las alucinaciones toman como un jugo cualquiera. Ese pedazo de mi ser se ha reducido, sencillamente, a un algo, un pedazo de nada.
Desde el otro extremo de la espiral veo como, particularmente, esta pieza de mí se salva sólo por un poco de lo que la otra parte me dejó; aventajado por tener pocas alucinaciones sobrevivo del festín y sobresalgo de estar descuartizado internamente. En el principio de la espiral, desde el otro extremo, alucino las escorias de los ecos sordos que mi fragmento anterior ignoró, soluciono su peste y la mía, me ataca en pequeñas proporciones.
El principio es el retorno al tramo homicida de la espiral, ella es la que liquida todo lo que a ella le de la gana; las alucinaciones son parte de ella y yo sólo el espectador, sin ojos, el que no se opone, ni sabe el porqué de su muerte interna.
Los cambios han ocurrido en momentos de suma estupidez y las alucinaciones aprovechan cada paso mal dado, para extirparme al horizonte de un tajo y al ras de la esperanza el mañana que no tengo. Sigo estancado en el inicio y especulo cada punto suspensivo que la hoja me regala para alarmarme por los que vendrán; la espiral se
convierte en un laberinto imposible de sortear, cada alucinación es una pared y cada equivocación una guillotina. El menor movimiento en falso y ésta parte de mi ni siquiera dará para otra línea.
Vagando por la espiral
Nada tiene sentido, el inicio y parte del fin se unen siempre a la espiral y me hacen partícipe de ella; vagando por los pasillos que no existen, concurre cada alucinación, iniciando el evento perjudicial que el agasajo inventa en ratos donde ellas me atacan.
Las partes de la espiral, son pequeñas hazañas logradas por el absurdo de la demora, son imágenes expresionistas que indagan en las agendas que cada alucinación controla.
Las vertientes de cada cuesta agujeran un hemisferio proponiendo un eje que no demora en ceder. Una de las alianzas que me ha perjudicado es la de los temores con la infraestructura interna de muchas alucinaciones. La alianza encuadra a su favor la composición que la espiral encuentra elemental, ella misma encierra lo que ahora ahoga a las ganas de los miedos y diluye en las paredes internas de las alucinaciones una muerte segura.
Es totalmente enredado y secuencial vagar con mis alucinaciones; no ha hecho que aprenda, no ha hecho que entienda nada o es la nada la que no tiene mucho que enseñarme
en horas donde, los todos acumulan cada algo que la música muerta le regala.
Durante el viaje escucho cada punto de las letras, cada signo y así empieza otra vez el ciclo que representa estar y no estar; ya no sé si la espiral es real. El reloj que hace tic tac imaginariamente desaparece mientras mis 5 minutos, que ya ni siquiera son esos, llegan en el momento justo donde mis alucinaciones me dan el tour en la espiral.
Cada paso se llena de la pesadez que sumerge a la vista y concentra a cada pie entre comillas de enormes proporciones; el Geodon en capsulas llega tarde; las exacerbaciones agudas son cada vez más frecuentes. Durante el desplazamiento los vómitos, las diarreas y un nuevo ataque, me hacen presa fácil de mis alucinaciones.
Vago en la espiral, vago con ellas y maldicen a cada esperanza, incluyéndolas en el espejo que sobrevive y que multiplica la agonía de estar sin los paréntesis que la síntesis del informe excluido, hace. Nada ha cambiado desde que entré en la espiral, vago en ella desde el principio, sección tras sección me degrado lentamente y sin la otra parte de mí, el dolor se adueña de todo.
Desde que las interrogantes llegan en la primera línea de la mañana, no he podido responderme; el daño y el deterioro de todo lo que concluyen no ser cierto, invaden a mis alucinaciones y las convierten en personas sin nombres, que sólo viven en lo no tengo.
La vena reventada
Cada posición ejecutada bajo el mando de las alucinaciones, es la alucinación magistral y la posición perfecta, de allí que los restos de mí ser encallaron en el lago de la decadencia. Toda la pérdida que ellas querían que yo sintiera, era propia, era verdadera, ese tipo de ruina que suele estar cerca del corazón, el tipo de desgracia que se acumula, que se destapa y que despierta esa estúpida idea que todo es sencillamente repugnante y que nada tiene de cierto, lo peor es que yo me lo creo.
La oposición a todo esto, es la rueda que da vuelta, es el tic tac que nunca suena, son los 5 minutos que ya no tengo; cada segundo de esos minutos son ejecutados desde la matanza y son ellos mismos los que crean la estructura olvidada. Todo se remonta a la nada y en la nada no se; todo sucede de repente y el árbol seco, tétrico, comienza la estructura menor; las opciones que no quiero, juegan al mendigo y perforan ese instante que no quiero, en el que todas mis alucinaciones vienen y estropean cada idea que surge, cada iniciativa de bienestar, todo, todo por mi error, todo es mi culpa.
Desde dentro, las alucinaciones convierten a las provincias de mis orillas en las ciudades perfectas para los laberintos que ellas crean, esos laberintos infranqueables que destrozan mis alternativas y hacen que pierda cada línea de los párrafos que no he escrito. He entendido que dentro está el error y cada acento está mal ubicado; los preludios de
salida inician el viaje y la espiral comienza a dar vueltas. Durante el recorrido, las alucinaciones se excitan y me inyectan en cada vena la emergencia de la suspicaz herida del no saber, del desconcierto, de la pregunta no respondida.
Las alucinaciones obstruyen el paso de la sangre y copulan en las provincias de mis orillas, haciendo ciudades inertes, creadas para la muerte de cada arteria y allí, en ese momento, despierto en otro lado de la espiral. Sin vena, sin brazo, con la muerte pendiendo de un soplo, calculo los segundos para que otra alucinación perfecta venga y desate el sufrimiento de cada pedazo que no me queda en el momento en que la segunda oportunidad de estar sin estar, sumerge a la fortuna y desenchufa la fase vital que desencanta al horizonte e inicia el ocaso del mañana.
La vena reventada es la nota que no puedo escribir, es la observación que no es registro y sin cuaderno, sin asiento, sin hora, el paso de las alucinaciones no sucedió; desde que desperté, la espiral sigue dando vuelta y conduzco a mis migajas a encontrar un lugar donde pueda morir realmente. He entendido que no hay solución, la muerte no es la salida; los espacios amurallados llenan la forma que extiende al desasosiego
5:53 PM
Las letras llenas de desencanto inician la base no formal, las notas vuelven y la cláusula del no saber se encuentra perdida. De vuelta a la hoja, las letras van encontrando todo lo que con poca claridad queda, la espiral resalta, engancha y restriega cada gota para
que al lavar, la sangre quede estancada en mis entrañas. Las alucinaciones vuelven, sus agresiones abren el paso formulando una vía de sangre, una ruta de muerte.
7:11 PM
Los pasos siguen dando esa etapa de sensaciones que las alucinaciones me regalan en momento en que la esquina de cada borde ignora y reduce los resultados a pequeñas cenizas de decepción y violaciones.
Pesa cada amarre y cada residuo, cada marca, cada descanso; las ambiciones que entran y salen ignoran a los pasos de las horas, desconocen al destierro y a los 5 minutos que ya ni siquiera puedo nombrar.
Desde dentro, mi estructura reniega la realidad, quiero estar mucho más cerca de lo que no he estado nunca, quisiera que de pronto me asalte la muerte y pueda hablar con ella de la forma más perjudicial posible; hoy es el día en que las estipulaciones conquistan a cada miedo, a cada estupor y los hacen suyos, los llenan de esa pequeña dicha de empezar desde el enorme inicio, traduciendo todo en un vulgar agujero que no tiene entrada ni salida, que no tiene una fuente, que, sin lugar a dudas, amanece en el alba del desconcierto.
Desde fuera, la pálida actitud de no ver, despierta sensaciones olvidadas desde la primera nota, en la primera hora, en mis primeros instantes, donde todo parecía ser sólo un mal sueño y se convirtió en la vida que no tengo.
Tanto afuera y dentro, nada tiene de especial, las alucinaciones atacan y desarticulan a la enorme cantidad de miseria que he acumulado en cada línea de los párrafos que alguna vez he escrito; los alardes de anhelo se vomitan unos a otros y, en el rincón de la desesperanza, las perturbaciones, las insensibilidades, acuden para cobijarse de la gracia que riega la miseria de mis actos.
Las señales que de pronto suenan, vienen desde el interior que el dentro acumula, vienen desde el exterior que el interior oculta, vienen y no ayudan a desencantar al espejo mutilado por las frustraciones que segrega cada alucinación en su mejor momento.
9:51 PM
Cada ojo alza al dormido tiempo; la noche que no pasa concurre en una alacena que los bichos ignoran; la ayuda de los indicadores resuena a podrido, rechina a oxidado y chilla a descripciones que dan paso a las puntas que cortan los puntiagudos lazos de cada instante. Todas y cada unas de mis percepciones acerca de lo que me podría ocurrir ni siquiera existía, nada era real.
La espiral, es la alucinación mayor, ella es totalmente negra, con puntos, con tramas, con hoyos, cuevas y demás; las detalladas inscripciones en cada pared falsa eran en idiomas diferentes y sobresalientes; el piso rustico, fino, liso, delgado, uniforme, contrastante y total mente peculiar a una hendija; los elevados picos que por alguna razón siempre cambiaban de tono, siempre en movimiento, siempre alucinados, se volvían en mi contra.
Cada trama era otra alucinación, los puntos se unían y se transformaban en desvariados inquilinos; el piso, sus detalles, las inscripciones, el techo, los picos, los tonos, todo era una percepción diferente.
Las sensaciones o seudo – sensaciones, se glorificaban en nombre de la muerte en vano, de la muerte a secas, mientras que cada conmoción era desigual, insistía en serlo y allí, durante esa confusión de ideas, los causes se desbordaban, los muelles explotaban y las presiones vueltas balsas ignoraban flotar.
Detallar y darle forma a la espiral, no es posible, los detalles no alcanzarían, además, yo no la he recorrido toda, la manera de hacerlo era desenchufarme el cerebro que de pronto, jugaba a ser falso y mentía en instantes, en que la nada, se convertía en una alucinación.
Las transformaciones, eran absurdas, el envoltorio de sacudidas rellenaba las definiciones y forzaba al comprimido a estar suelto, a volverse polvo inventado e inseguro; que extraño era entrar, salir, volver, iniciar todo, todo por nada, todo para una inadmisible paradoja que no se conectaba a los detalles que podrían decirme en cierta medida, ¿dónde? y ¿por qué? de cada transformación.
La evolución de los tonos perpetraba al escotoma en episodios alucinatorios separados y generalizados al mismo instante, cada función esta mal hecha, cada paso se
sobre expone y caduca en resultar afectado por algún insecto que de pronto comenzaron a salir en la espiral.
Los entomólogos, me recuerdan al pasado, sin embargo, ¿Que habría de cierto en decirme que podría nombrar a cada familia de insecto que encontraba en la espiral, si nada era real?, los que más abundaban eran los gorgojos. Ahora cada bicho era una alucinación, una variante que se vuelve demasiado obvia como para ignorarla. La relación de los insectos y las alucinaciones, tenía que tener una similitud, una que no podría ser real, ella misma de seguro se vuelve fantasía y me atacara cuando se le antoje. Ahora, hay otra diversión despreciable que cada paso no puede dejar de nombrar y detallar como ruin y catastrófico.
II Capitulo
Gorgojos
Una vez que las líneas empiezan nunca terminan. Mientras cada etapa suena superada, cada fase terminada y recluida en lo peor, las crueles intenciones hacen de rencor y retuercen todo lo que no tengo, las lágrimas vienen de regreso y correr es imposible. Estar atado a la peste hace que las líneas blancas sean una rutina.
Los insectos vienen por cada ranura, que ahora son el infierno, con alucinaciones incluidas; imaginar que cada gorgojo se reduce hasta convertirse en una simple estructura que recuerda a cada inicio y a la nada.
Viejas señas hacen de trauma y se convierten en la tos de pulmones ajenos; los gestos que Latreille nombra, son guiños encontrados en cada trompa que mastica la comida ficticia.
Los gorgojos me hablan; cada uno sueña, cada uno hace una peste interior que singularmente lleva mi nombre. Ahora, la muestra es enorme y la estadística de detalles se retuerce lentamente. En las entrañas los insectos llevan un pedazo de espiral, un trozo que basta para que todo tenga que reiniciarse nuevamente.
9:55 PM
Durante el tiempo previo a la nota anterior, la catástrofe pensó en estrangular a cada gorgojo para que las alucinaciones de sus cuerpos fuera la epidemia de esta parte. La epidemia completa. Una estructura enorme de daños abismales.
9:59 PM
Si por alguna razón puedo escaparme de mi, regresaré el tiempo y volveré a perderme en el respiro que el corazón deshace muy rápidamente.
¿Escapar? ¿De qué puedo huir si todo es mio? Los beneficios del estado intranquilo son los mismos que el tiempo desarrolla poco a poco, son los mismos de aquella enfermedad que ahora ataca a cada insecto.
11:00 PM
La muerte, como evento, se debe a los sucesos mencionados anteriormente, por otro lado, como resultado de la incapacidad orgánica de sostener la homeostasis. El ácido que transita por la vena reventada se degrada y la réplica de células es cada vez más costosa.
Una característica clave de los gorgojos es que son, en definitiva, una de las plagas más perjudiciales que me han atacado. Las voces aumentan y cada bicho tiene un tono diferente, una visión desigual y un matiz totalmente fuera de lo común. La sorpresa que flagela a los órganos que me quedan, danza con los insectos y calcula las líneas no escritas para responsabilizarme indirectamente.
El absurdo punto
Bajo cada influencia las notas indagan y afectan a los insectos para que acomoden la
tortura. Los cuadros vuelven a estar en blanco; las acotaciones y los epitafios resultan resaltantes en los hoyos que todavía imagino.
Durante el tiempo que no he tenido, el absurdo regresa para recordarme la iniciación del caos. Los pormenores y los datos son pie de páginas, son esa escueta que, sin vacilar, anota y desatina al corazón dormido y desnudo.
Los puntos suspensivos cambian para vacilar; revolucionan todo el interior que las pequeñas letras no dicen. El retorcer y las hilachas son exactamente lo que ahora se me viene como escándalo.
La tortura y los bichos, el absurdo y las notas; cada peldaño, cada frase, cientos de alucinaciones y la cantidad exacta de vertientes que nunca quise se devuelven en el lugar más alto que los paréntesis marcan. ¿Es verdad la mentira de las notas? Pretender que el horizonte me ofrecerá una esperanza que no sea el marrón de la mierda o el rojo de la sangre, es hacerme ilógicamente un demente dentro de los 5 minutos que quiero.
No pasa nada desde la última versión; las pesadillas son monumentales, mi delirio aumenta tan aceleradamente que “psicosis” puede ser el nombre exacto para mis “síntomas positivos”.
Síntomas, cada conjunto de ellos me da el indicio que las horas muertas arrastran
lentamente por los pasillos y paredes de la espiral; las ideas se desvanecen con la presión y la apatía. Una nueva fase se desarrolla dentro de mí, un nuevo reencuentro con el inicio que tiene final desde que el cero comenzó su andar lento.
Toda palabra y signo hacen del absurdo punto, una verdad que se demora en explotar; la tardanza es despreciable y los gorgojos lo saben. Ellos son pacientes, la espera para atacar es su plan macabro.
La tétrica escena se repite con frecuencia y los vómitos comienzan; esperar que el tic tac maldito suene de una vez y que al concluir su diálogo quede intacta la concurrida irritación de mi estómago es la causa de muchos acontecimientos fuera y dentro de mi ser.
El instante peculiar que se retuerce cada vez que le da la gana es la mayor preocupación en muchas líneas.
Imaginariamente coloco comas, acentúo palabras, elaboro párrafos, sin que mi mano se mueva ni por un segundo; este pequeño desahogo es el absurdo punto que quiero describirme, es lo que, absolutamente, necesito.
Paréntesis desiguales
Llueve dentro, llueve fuera; llueve por completo en la espiral. Los gorgojos
insatisfechos por la psicosis de atacarme, enfrentan al agua como si ésta fuera una alucinación previa a lo antes mencionado. La afrontan de tal manera que el agua elude no tocarlos y yo, empapado, con bichos por todo mi cuerpo, empiezo la alabanza de estar y no estar.
Bajo la lluvia, las gotas puntean la figura desgastada de este nivel; las vueltas vienen en cuadros que derraman cada imitación que se tuerce y que no mantiene el paso que el banquete de mi carne les ofrece.
Más allá de la triste vista existen las vías directas que interrumpen el tránsito de las endorfinas y que por ende, inyectan la locura en mi ser. Los paréntesis son las señales que las conducen. Cada carácter es un nuevo número. El fuego del agua es sofocante, ésta hierve y empieza a quemarme la carne, cuando el horror llega a mis ojos, despierto bajo el agua, con insectos por todos lados, a punto de morir.
Durante esta nueva alucinación dentro de la ya existente, un error introdujo mensajes de desconsuelo al avatar de desventajas que retienen a la alegría de este lugar.
La desigualdad de las pausas, ésas que ya no menciono y que las notas suelen olvidar tan fácilmente, introducen nuevas estampas, hechos y casos inimaginables e imposible de detallar. Las uniones vacilan en navegar, lo que va y viene ni siquiera piensa en titubear, los insectos ponen los incisos y los manejan para que todo explote de pronto.
A la alegría escondida, la encontró uno de los tantos bichos. Poco a poco la devoró. Sin poder dar muchos pasos y pisando a mis acompañantes, trato de llegar a un lugar seco, uno en el que pueda pensar.
Justo en el momento en que estoy abatido y sin fuerzas para seguir, el agua inicia un nuevo ataque. El llamado a huir llega tarde. Los paréntesis desiguales son puestos de cada lado y no puedo moverme, el agua llena de gorgojos se introduce por mis orificios nasales. En el interior nada se mueve, nada sucede y, por segundos, la paz reina. Sin embargo otra vez el movimiento que me destrozará mi nariz empieza lentamente, la sangre llega y el color vino gotea por todo mi cuerpo.
Al cerrar los ojos y pensar en que nada pasa, todo se contiene; al abrirlos, los paréntesis desiguales están al principio del segundo nivel y los gorgojos todavía intentan atacarme utilizando las pausas del subtítulo.
Subtítulos inseguros
Las líneas están bajo las sombras de las notas, todas ellas, llenas de lo que yo mismo he visto como inadecuado. Las sombras cambian de acuerdo a luz. Nada existe en la espiral. La luz y las sombras también son alucinaciones, ellas, repletas de insectos, elaboran el plan para ejecutarme. Los recuerdos encharcados con el presente inconforme, renacen junto con los árboles tétricos que imagino para distraerme; hasta ahora, mi plan de no
preocuparme no ha funcionado, las desventajas del lugar indican la fatalidad que desde hace tiempo los 5 minutos no me quitan.
¿Preferir, encontrar, esconder? Busco respuesta bajo las iniciales de mi desaparecido nombre.
Las ideas perdidas y las pausas encontradas, son enmarcadas en despreciables imágenes que no me ayudan a encontrar lo que no busco. Inicialmente el fin desentrañaba el prefijo que desdibujaba los agujeros qué la búsqueda insaciable no cubría, una indagación que conseguía lo que realmente no me resultaba fácil de creer. Abrir y cerrar los ojos tampoco funcionaba; los bichos seguían su recorrido fatal.
Vigilar y seguir las cadenas de estancamientos que de pronto perseguían a mis ganas deshechas, eran una de las maneras fatales de pasar los segundos, que rayaban en siglos, desde que la noche encumbrada hacía de pedestal para mi estancia.
Los subtítulos no dilucidaban a los prefijos y las indicaciones vertían en sus bolsillos una carencia de energías que nada tenía que ver con eternidad. Creo que los epígrafes vestidos de párrafos se unen con los insectos y llenan cada entre líneas que no veo. Ellos me atacan sin darme cuenta. Ellos son los seres, los malvados.
Por un momento perdí la razón y entré en el pánico de correr sin mover las piernas,
mis síntomas catatónicos son exactamente igual al de los psicóticos y al de los síntomas negativos que Schneider anuncia. Hoy empiezo a escuchar voces y los subtítulos inseguros acusan a los gorgojos y a las alucinaciones y a la espiral; yo pensaría en acusar a mis endorfinas o a mi dopamina, la falta de ellas es la que me mantiene en el limbo de ideas y de un delirio acondicionado a las palabras sonoras.
¿Voces? No tengo oídos, y escuchar es imposible. Otra alucinación, otro subtitulo inseguro, otro error que no me deja salir de la espiral.
1:11 AM
Todo se reduce a la funesta canción que las voces ajustadas desconocen. Los síntomas cognitivos de mi estado empobrecen a las ideas nuevas. Mi discapacidad social llega hasta distraerme de las voces e ignorar su llamado.
1:51 AM
La lectura pasa a ser otro vicio que ya no tengo, los gorgojos son los únicos que puedo leer hoy.
1:59 AM
La amenaza de masacres internas llega. Las pausas no son suficientes y las horas suprimen vorazmente todo lo que se encuentra a su paso. Sigo el viaje; el camino cambia constantemente; nada tiene que ver con otra cosa que no sea mi interior, nada se anula sin
que alguno de mis sentidos sufra. Al verificar el estado los sensores sensibles éstas son rayadas por las patas de los bichos.
La seguridad, mi seguridad, ha mutado junto con los gorgojos, ellos cada vez son de mayor tamaño; el viaje se hace imposible. La locura de continuar hace imprescindible la valentía maltrecha y malsana.
Los elementos apropiados llegan; los elementos inapropiados llegan; la siniestra hechura deshace mi anhelo, destruye la esperanza y el afán de encontrar un lugar donde esté cómodo para pensar hacer blanco para los dardos.
La jerarquización de mis ideas es sumisa a todo lo que el viaje me entrega poco a poco. Las desventajas y ventajas no existen; nada existe; todo es una mentira; todo me lo he inventado y así, durante mi mentira y mi ilusión, muchos insectos empiezan a descuartizar esa idea firme que de pronto ya no la tengo, la olvido para entrar en el estado de persecución interna que, desde el final, juega conmigo a que nada tiene principio y que un siempre existe sólo en mi cabeza.
Me engaño al recurrir a mis viejos conocimientos; junto con mi enfermedad (si es que tengo una) las nauseas son la verdad de todas las notas, verdad que me entrega vómitos y jugos gástricos, bañando a los insectos que cada vez parecen perros de presas, envolviéndome como serpientes y destrozándome como un trozo de papel.
¿En las horas en qué no se hace nada, en qué se piensa? Los estatutos, las emisoras, la libertad, ellos se subordinan a la demencia de los gestos ridiculizados por los gorgojos. La exacerbación no me lleva a nada; ese pequeño instante en que me uno con lo demás recaigo en las penas de las letras perdidas; letras que no me ayudan en el viaje y que no me dicen qué hacer con los insectos.
El instante perfecto
Duda el tiempo; reposa el otoño; la sal sigue en las llagas; nada es para siempre; envejezco con las lágrimas invisibles.
Las ideas dispares que paulatinamente se diluyen por algún exterior, mencionan y señalan los momentos en que la irracionalidad de mi persona franquea su trampa. Las emociones no ayudan; el abatimiento asquea; todo el tiempo del mundo concurre delante de mí. Los intervalos gradualmente devoran a los conceptos; las pesadillas vuelven; los parpadeantes vestigios hacen de catapulta para los dardos; las alucinaciones chocan con los bichos y los enajenan; las visiones son fuertes ganchos, muchas de ellas ruedan hacía mi interior y estrangulan a mis ganas.
El dialecto con que conduzco todo este monólogo, se hace incapaz a cada rato, se hace polvo y se hace inútil. Sin la tregua de muchas concepciones, los insectos se organizan en grupos. Las ventanas de mis pensamientos radican en ignorar, continuar, hacia
la nada que cada vez parece perpetua. Un logro que nunca quise obtener, fue el de tener razón; los maniquíes, las vidrieras, son raras alucinaciones pasajeras.
La espiral es perfecta; perfectamente puede ejecutarme y yo, cabalmente no puedo pensar en otra muerte. Una pista se me avecina; la justificación sale de contexto y absolutamente todo tiene un sentido contrario. Un sentido más allá de la forma ejecutable que los insectos dan a entender.
Los grupos cuentan sus instrumentos de aniquilación, cada uno afila sus armas. Poco a poco hacen tropas de asalto. Sin miedo, exhalo e inhalo, lentamente. Las masacres ocurren con el silencio. Todas y cada una de ellas. La espera es la pausa maestra, es la única que puede estrangular sin moverse; ella te despedaza con tan sólo pensarlo.
Palmo a palmo, las manías juegan a inyectarse, juegan a no estar. Mis ganas no juegan; lleno de voracidades tampoco juego.
El espacio cada vez es más pequeño y los 5 minutos no componen su transmisión. ¿Será que ya no cuento con ellos?
El instante perfecto llega; las tropas se enfilan hacia mí. Nadie puede ayudarme. Otra nota del inconsciente. Ajeno del espacio desconozco a mi vista y los 5 minutos por fin llegan. Ellos son el instante perfecto.
Una de tantas líneas
Las costras invaden a cada gorgojo y lo protegen de la sal; las heridas y sus justificaciones; las notas y todo lo demás.
El concentrado de vómito hace efecto en el peor momento; las lágrimas salen y todo queda reducido a un mismo acto; el esplendor del descontento sobrepasa a mi sed y a mis ganas por arrancarme lo que por ahora carcome cada vía que no tengo.
Nada es verdad; las alucinaciones convertidas en insectos han inyectado su veneno. Lo de antes ya no vale. El bienestar queda en ascuas. Nada es posible, las posibilidades suelen entenderse en complicaciones y cada bicho lo sabe.
El cambio viene con las líneas. Las notas resuenan a podrido y tergiversan el trato indigno que recibo.
Un suspiro me arranca el aliento y lo transforma en el bicho más extraño que pudo pensar Kafka. Los bichos se parecen a Samsa y la anestesia que cae de pronto, desconoce a su propietario. Absolutamente nada puede cambiar cada pétalo de inocencia.
Mi enorme ingenuidad me ha llevado a pensar que nada pasa y que de pronto, estaré en otro sitio, sin bichos, sin alucinaciones, sin espiral, sin mí. Sin embargo, también he
pensado que nada sucederá, moriré con todo y nada será lo que encuentren. El absurdo pretender hacer teatro y esperar a Godot no sería lo mejor. El muchacho entre los bichos no existe y tanto ir y venir, esperar y no hacerlo, tener y no tener, ejecutar y procurar no ejecutar, sería la muerte que nunca llega y que no me va reconocer, puesto que las patatas y las zanahorias no son nabos.
Cada línea perfecciona su accionar y hace de los prefacios un enorme instante que nunca termina y que nunca comienza.
Unas líneas más, unas de tantas que estarán por venir, son la madre y los hijos son los engendros, que mal paridos, lloran lágrimas de mi sangre, sangre que ya no coagula y que la mejor parte murió páginas atrás, tras una lucha sin tregua que nunca tuvo con una alucinación asesina que no existe.
Una de tantas líneas llega al final que el principio no confecciona. El aire falso circula, tan suave, que se convierte en un amorfo solitario que ya ni nombre puede tener. El aire y las líneas. El aire muere en mis pulmones cargados de insectos y cada estrofa del himno que no canto, ignora su necesidad y hace que una de tantas líneas se vuelva nada.
Los números impares
Desde el comienzo nunca me agradaron los números pares, los huecos en su
superficie hacen que su nombre se parezca a los insectos, hacen y no hacen nada para que yo los cuente como seguros.
Todos vienen en impares y son los mismos desde el comienzo hasta el final. Vienen en cantidades que nadie puede contar, son la base de la espiral y ni Pitágoras puede con ellos.
Los números son geniales contribuyentes de los bichos, ellos hacen de ganancia para la historia que nunca ha empezado. El absurdo del impar, es llevarme entre sus brazos.
¿Qué es lo que existe? ¡Nada! La nada es sin duda la cláusula que tengo que superar para que los gorgojos me digan donde queda la salida y así sacarme a las alucinaciones de encima.
Lo singular de los números no coexiste en ningún lugar. ¿Lugar? ¿Cómo se llama?
¿Desde cuándo estoy aquí? ¿Qué año es? Todo tiene que ver con números, las matemáticas están en todas partes. Los impares saltan de los árboles imaginarios y juegan a la cuerda floja con mi esperanza. Todo en un mismo acto; todo desde lejos, hasta acercarse con el lente macro, que hace de lupa para el grandioso mundo que, raramente, sólo existe en mi interior.
Lo extraño de estar con números impares, es que yo, yo los cuento; todos los
enumero de mayor a menor, como si fuera un metódico tan fríamente estresado que su desorden me produce la caspa que ahora mismo padezco.
El regreso de las cantidades es perjudicial para el calor. Nada tiene coherencia. La espiral es alucinación; las alucinaciones son personajes extraños y los gorgojos, ellos son asesinos silenciosos. El tiempo que los gorgojos comparten con los números es el mismo que los 5 minutos me restriegan en la cara.
¿Desde cuándo los números me persiguen en la espiral? ¿Desde qué época?
Llevo años y parecen horas. Un día es un siglo. La eternidad es sinónima y hermana de mí padecer. Tolerar lo que ella me trae, es rendirme a las agujas del tic tac maldito. Es soportar que el sentido inconcluso que traigo pegado a los zapatos.
La ventana de mi capacidad hace agua en horas donde los gorgojos van desapareciendo, casi no los veo y eso, ¡eso me preocupa! ¿Qué planea la espiral? Los números impares los dejo a un lado y los gorgojos de otro. ¿Ahora qué viene?
III Capitulo
La bomba de uranio
3:01 AM
Nada ha cambiado, todo sigue igual; todo se completa, nada queda; algo se prepara, es enorme; hay muchas alucinaciones agrupadas, con ellas los gorgojos y a su lado, la muerte.
3:35 AM
¡Curie ayúdame! Sin sonidos, sin olores, sin colores, todo se reduce a una misma visión, la reunión.
3:57 AM
La tensión aumenta y mi incapacidad por llegar al lugar donde los gritos nacen, se incrementa de tal forma, que los sustitutos de los números impares llegan en montones y reemplazan la estancia, convirtiendo este pedazo de la espiral, en otro nuevo; ahora la espiral es otra y las etapas ya no se completan tan fácilmente.
El pensar y sus ideas ya no son necesarios, la tercera parte ha comenzado y nadie puede detener lo que viene. Los ojos que me ven me asustan y las voces repitiendo lo que leen, me incomodan.
Las notas, los números, los títulos, las secciones, los paréntesis, los subtítulos; nada existe, todo se ha retirado. Y ellos, más que recuerdos, se volvieron cenizas invisibles. La hora señalada es la causa de todo; la madrugada es la peste que viene pronto. El alba tiene
una finalidad y respira como yo, ella me detiene en medio de todo y mendiga un suspiro que no llega.
La misma hora
La persecución se inicia, absolutamente nadie me sigue; algo está apunto de pasarme; nadie me puede ayudar.
La hora se repite; las notas son muy parecidas; los números tienen algo en común y, así mismo, son diferentes. La misma hora es la tilde inconclusa, la misma hora es otra alucinación, otra que no tiene nada que ver con gorgojos, sino con neutrones; otra fase se me viene y esta vez escapar es imposible, por más que quiera, no podré.
La esperanza de antes es la misma que la de ahora, la misma que no tiene nada de mañana, nada de horizonte y nada de belleza. Es lamentable intentar cambiar, es muy lamentable. Preocuparme no me ayuda, no puedo pasar por alto toda la calma y por supuesto ¡la reunión!, ella es igual a la misma hora.
La contradicción de lo imposible
Con lo confuso de lo usual, la carencia marca los cambios y, lo verde encerrado dentro, distribuye la forma que se pierde en la espiral.
¡Qué extraño es lo recorrido; qué extraña es el agua y su habitual carga! la contradicción enmarca todo y lo convierte en lo imposible que se vuelve frecuente a un siempre que ya existe.
El sueño es la parte que ignoro; los sueños se vuelven pasos que me siguen, ya no quiero a mis sueños.
Todos están reunidos; la química y la física, el polonio y el radio, todos, definitivamente, quieren asesinarme.
Yo soy el eje de la espiral; los puntos de los ángulos son simulados por las alucinaciones, ellas me alejan y me acercan y cada vez más, las vueltas me dicen que algo enorme se me viene encima.
La reunión sigue tan firme como antes y nada tiene un porqué. Otra función se acrecienta e introduce una tercera variable, una que se vuelve tridimensional. La monotonía depende de los ángulos de la espiral. Y, sin querer, los números, los gorgojos, las
alucinaciones, son infiltrados en mi interior, para así, de alguna forma extraña, ir reduciendo mi manera de encontrar un resultado a corto plazo.
La reunión se vuelve un símbolo, cada vez es más evidente dentro de esta parte de la espiral. Poco a poco todo va cambiando. Mi viaje continúa; entro en una mina de uranio y a ras de piso, el radio, en pequeñas proporciones, se vuelve mortal para la poca piel que me queda. Las quemaduras incrementan el sufrimiento. Las radiaciones son enormes y la temperatura es más alta que el mismo entorno de la mina.
Al salir, la espiral se convierte en un lugar totalmente nuevo, uno que da más terror que antes. Los neutrones vuelan por todos lados y otro nuevo material aparece; berilio.
Todo tiene color; los rayos caen y el experimento de la espiral tendrá a un sujeto de prueba. Ya no quiero seguir el viaje; mi pánico ha llegado al punto de estrangularme. La electrólisis se nota; el destilado de terror da como resultado una atmósfera totalmente plagada de voces. La reunión sigue y la contradicción de lo imposible llega con el rojo del ambiente y los rayos espectrales que salen del mismo.
Lo que no me queda
La injustificada iniciación ha hecho que el viaje tenga ese sabor de amargura que da el pesado alivio en horas de sumo miedo; ¿Qué tanto es lo que hay que quitar para qué la
tarea de empezar sea justa y de proporciones abismales? La reunión ha seguido como antes, el secreto es la puerta que no puedo abrir; desde lejos, las precauciones de prestar atención son atacadas y desechas; las voces me siguen; la paz nunca llega.
La misma ecuación se repite y los tambores de los números continúan tocando. Nunca se el cambio y eso es lo que me preocupa. La reunión es algo que no puede ocultar la espiral, algo que, de seguro, es un pedazo de leño encendido, un pedazo que nada tiene que ver con lo que no tengo.
Durante momentos la distraída imagen de color en la espiral hizo callar a mi voz. Los instantes que recuerdo, en momentos, son de uso estricto de las alucinaciones; las aberturas continúan y todo, absolutamente todo, tiene que ver con lo que no pasa y lo que no tengo.
Al ejecutar la matanza interna, la espiral y mis alucinaciones no olvidan quitarme cada pétalo de esperanza; la melancolía se vuelve sádica y comienza un ataque de soledad que se convierte en un puñal que me atraviesa de repente. Otra alucinación ha aparecido.
La causa y el saber nada valen, todo se convierte y se transforma; la valoraciones son estampidas que atropellan y sin ellas, los sueños serían de la peor calaña. La música es la prioridad de la reunión; una melodía sin escandalosas voces de adolescentes, sin voces de viejos, sin voces de nadie; los instrumentos tocan el silencio tenue.
Bajo todo el telón, los puntos suspensivos viajan en burbujas y me explotan en los ojos y en la boca. Las aberturas son sensacionales en estos instantes en que la cordura hace de hilo conductor al absurdo.
Es genial acordarse de nada. Gemir y que el título salga de la boca del que te ve y que su voz se te presente como una tesis mal dibujada. Un típico estudiante de arte y una característica sesión de lectura con unas cuantas notas maltrechas por las manos del que no existe.
Lo que no me queda me ataca cuando el sol muerto se ennegrece en la espiral; mis alucinaciones se dan vuelta y nada es lo que exactamente me destierra del vínculo con la unidad.
Lo extraño juega a la realidad relativa y me adopta como un inquilino, en una hoja que se tiñe del perpetuo daño que la reunión me causa.
Sádicos elementos
La tecla etérea hace crujir los tímpanos de lo oídos; la música continúa tocando y el piano maldito aparece en una especie de lluvia ácida; los hongos en forma de humo nacen por toda la espiral. Las repeticiones van y vienen en total libertad que el amorfo aire les regala.
Una peste se inicia en una de mis alucinaciones y las ratas en forma de fantasmas, juegan con los cadáveres de mis sueños. Ellas llevan consigo el mal y la muerte colgados tras sus pelos.
El color del entorno es peculiar y no puede pasar desapercibido, él, y la reunión, son las dos cosas a destacar en esta parte de la espiral. Ellos hacen de trauma para la angustia y fácilmente sofocan todo lo que realmente no existe delante de mi.
Cada elemento dentro de la espiral, congoja a un latir inexistente. La composición es perfecta; los componentes más pesados suelen estar abajo; los aparatos de destrucción están jugando sobre mi cabeza.
Una antítesis despierta al pulso de seguir sin hacer nada y que las notas vuelvan a existir sin las ganas de estancarse en la marea que construyen las partes de los neutrones que no veo.
Vuelvo a escuchar y vuelvo a quedar sordo. Vuelvo a ver y vuelvo a quedar ciego. Vuelvo sin volver. Sigo en la persecución que me ataca sin ser vista. Vuelvo a pensar en tratar de pensar y vuelvo al principio corrompido por las notas que el piano maldito toca.
Los elementos sádicos regresan en el inicio opaco, vuelven en el principio insignificante y gris. Los elementos sádicos hacen girar más rápido a la espiral; sus nuevos
componentes traen a esta estancia nuevas manos y nuevos ojos, nuevas voces y destacados escalones que se tuercen en una sola línea, en un solo párrafo.
Por más que quiero, cada artefacto me envuelve y me deja colgando en una sola pieza sin que el dolor de mis heridas le cause el menor remordimiento.
Desde hace varias hojas vengo sangrando y el recorrido me desconoce a cada paso. La insuficiencia recorta a las llagas convirtiéndolas en una sola, ampliando la lista de tareas que los elementos sádicos me plantean.
3 etapas
Durante el período de reconocimiento la espiral resuelve cada nota como si fuera suya, de allí que nada puede quedar colgando; en este ciclo interminable que suele ir y venir siempre en círculos, se da la paciencia que trae el espacio.
Una pausa es, sin duda, la partición inaudita que las alucinaciones ejecutan, tan magistralmente, que la reunión es parte de ella.
Virtudes y desventajas, son acumuladores incesantes que estropean a todo el que suele estar a su lado; yo estoy de este lado; ojos y voces totalmente desconocidos, ojos que leen cada línea, voces que estupendamente repiten en cada peldaño de letras la función que
el telón deja ver. Cada fase inacabada vuelve a comenzar durante y siempre bajo mis pies; las fases son escalones que como antes y desde el inicio que el fin anuncia, se caen y regresan.
Todo es absurdo, nada pasa; aunque sé que esta estancia es una alucinación, ella me sigue persiguiendo por mi recorrido. La mentira se repite y yo, mientras marcho, me digo que la espiral y las alucinaciones son el trauma de una vena que tal vez algún día se me reviente y pueda despertar rodeado de vendas en un cuartucho cualquiera.
Cuando pronuncio lo anterior el color se satura y el dolor regresa desde el interior; las palabras continúan y la persecución sigue tal cual la dejé hace varios trazos. Al cerrar los ojos, el color sigue acrecentado, la lluvia de lágrimas retorna. La suma reaparece y el complemento indica la era que me persigue.
Las 3 etapas son el lapso inconcluso lleno de lo que realmente no existe y lo que no tengo, mas las hojas anteriores recuentan los 5 minutos que no pasan desapercibidos desde el primer momento hasta que las 3 etapas ya no las quieren.
Gritar, correr, maldecir, ningún verbo me sirve dentro de esta alucinación, imaginé por un instante que alguien me tapaba y que de repente volvía con su dedo a estancarse cerca de donde me quedé en el viaje; que irónica es la sensación de estar y no estar; de saber y de reencuentro con lo más lejano, ése que no acontece por fuera sino dentro de mi.
Son 3 los espacios que las etapas mencionan; son y no equivalen a mucho más que el fatídico espacio que la espiral, sórdidamente, me hace plantearlo de una u otra forma.
La pregunta
Alguna vez quise responder a la pregunta que me planteaba desde que todo realmente comenzó, sin embargo no entiendo la pregunta, ahora la respuesta no será escuchada y la pregunta desde antes, no será mencionada por los 5 minutos que no retornan
Los rayos gamma son exactamente iguales al color que recorre la estancia donde me encuentro; la reunión ya no está y la lluvia cesó, el silencio es enorme, nada sucede y las alucinaciones no están cerca, tal vez ésta sea una nueva alucinación, una que violenta mi paciencia.
El silencio es la nueva alucinación, la que recorre toda la espiral que no existe y con vierte a toda esta angustia en un solo acto; las preguntas son sinónimos de silencio, mientras que todo lo anterior es antónimo de bienestar.
Cada color y cada rayo viene con el silencio; todo viene y se va con el silencio. El interior cobra vida y ejecuta la infección interna; los tendones, las venas y cada músculo cede ante el contagio; significativamente la suma ocurre en las preguntas mudas del silencio.
Tratar de entender y tratar de estar bien no son palabras pronunciables dentro de la incoherencia consumible que la misma reunión separa de todo lo demás.
El viaje como antes, no lo conozco, el cambio es evidente dentro de los ojos que no tengo, dentro de cada espacio que no me deja armar la espiral. Las preguntas son enumeradas y recogidas por los gorgojos de antes; las preguntas con números impares, son más efectivas y pasan de una vez. Ninguna es respondida.
Una buena parte de lo que no existe se vuelve en contra de lo que realmente existe, dejando un hoyo de desconsuelo que el pus rellena, y allí, justo en ese lugar, las manecillas dan la hora extra que los 5 minutos desarrollan lentamente.
Cada pregunta hace pausa entre lo irreal y lo imaginario, haciendo ecos mis oídos y uniéndose a las voces mudas que el silencio inicia en esta parte de la espiral. Uniéndose también están los estorbos que las respuestas no respondidas se introducen en mi garganta haciéndola explotar en una de mis más valiosas pesadillas.
La pregunta se convierte en palabra sobrante, que los ojos y las voces leen entre líneas muertas que las mismas alucinaciones arman desde su estancia. La pregunta es la muerte de las líneas. La pregunta es rehecha y el silencio lo sabe, también, que no contesta. La pregunta es la fase terminada, el punto muerto que siempre se nombra al finalizar el párrafo que el mismo silencio ignora.
Requiem para todo el regreso
La tercera etapa es sin duda la más significativa desde que la segunda empezó a regresar hacia el eje que la espiral construye. Durante y antes del inicio, el regreso ha significado la marcha que la muerte tiene entre sus valores esenciales; cada regreso ha conocido una pérdida ajena a todo lo que se desarrolla dentro de lo que no existe.
Voy dando vueltas; voy y no voy a ningún lado; la existencia misma de las alucinaciones regresa desde la tercera etapa, a un silencio que pregunta sin contestar, reanudando lo que por momentos los números impares resuelven con los 5 minutos que los elementos sádicos ignoran.
La marcha vacila y sigue. El absurdo se completa y las necesidades se hacen reales dentro de las drogas, dentro de la calma y, por supuesto, en el mismo interior que la reunión, aún extraviada, lleva consigo.
Los borradores y las iniciales, la catástrofe y el caos, una más importante que otra, una más superficial que ninguna, sin embargo, ¡qué significativo avance hace la modesta calma del silencio, que ignora a la pregunta y complace a cada gorgojo, para que en números impares disparen en mi contra y nunca más vuelva a los epígrafes, que son mis más fervientes confidentes! El requiem hace ruido en la melodía cruel del piano, requiebra a los paréntesis y por momentos, es la principal atracción en el lugar que no existe.
Requiem y no pasa nada; regreso y vuelvo a iniciar; todo es sin duda la más eficaz de las barbaries, una que vuelve a las iniciales del apellido perdido que el título oculta tras la muerte de su nombre; tras de todo, los colores aumentan y casualmente, cada rayo se parece al color que la estancia contrapone a lo que me viene.
Industrializar la matanza es significativamente lo que la reunión hace en su perdida estancia. ¿Qué prevalecerá cuando la reunión concluya lo que por momentos parece interminable? ¿Dónde incorporaré a mi persona cuando el caos consuma a todo mi rededor y me convierta en una partícula ligeramente estropeada por la radiación? ¿Cuándo podré salir de lo que no regresa y de lo que inicia? ¿Quién me salvará del requiem? ¿Por qué no puedo regresar al inicio que el requiem elabora?
La ignorancia de respuestas hace que las voces cierren la página y la nota quede inconclusa, hasta la mañana que el horizonte desganado me trae.
La reunión
Luego de varias hojas, todo reaparece; cada miembro de dicha reunión se aparta y el silencio se hace más agudo. Las cansadas líneas se agrupan y convierten el parto de los párrafos en simples inquilinos que se pueden leer a diestra y siniestra. Los puntos suspensivos vuelven y las pausas engrandecen al título. La muerte viene a solas y yo no quiero verla.
La muerte viene en masa; las alucinaciones saben del daño y saben del bienestar; nada esta oculto bajo el viejo techo que se asienta en la base del eje. Los labios resecos de cada habitante reponen el anterior lazo de continuidad que la peste les prestaba, además de hincarse en la incertidumbre de las llagas, de las costras y de la famosa infección que añade la tercera etapa.
El arma de mi aniquilación es la misma que destruye masas y la misma que se hace con uranio. Los instrumentos de mi exterminación fueron creados por la reunión y luego de mucho, me doy cuenta que nada será lo que quede de mi todo; por otra parte, la felicidad se extiende y se acumula justo en el medio de dos incertidumbres; allí donde nace el descontento, justo en ese lugar, puntualizo mi rencor y me declino hacia la dicha para que mis dos incertidumbres sean la verborrea que me salve.
La reunión, ella es la causante; el peligro habita en el aire, el silencio cede ante todas las preguntas. Las voces enmudecen, los oídos revientan, las gargantas se hinchan y cada ojo vuelve a ver en negro, vuelve a desconocer los colores de la espiral.
Todo lo que volví a vivir no fue real. La simulación se me viene encima y las pausas son el cielo perfecto para que se abra y me caiga en pedazos. Antes de que todo termine la espiral vuelve con todos sus anteriores ataques; las alucinaciones son la punta de la lanza y ellas desarticulan el reemplazo y lo convierten en una minoría que se opone a lo que, inicialmente, fue mencionado.
Cada secuencia que, generosamente, los neutrones proponen, se fusionan con un común que los ayuda en la explosión y la onda de choque no bastará para que pueda ocultarme en mis 5 minutos. Esta vez la escapatoria está resguardada por la bomba de uranio, esta vez la espiral me ataca de una forma diferente, a ella, en su interior, le agradan los hongos, y su nube favorita es de esa forma en particular; la espiral me ataca con alucinaciones, gorgojos, números impares, con pausas, epígrafes, títulos, contradicciones, con bomba de uranio y algo novedoso que hasta este punto reclina la balanza hasta que, la incertidumbre más grande, se convierte en el nombre que se repite hasta el cansancio, la reunión.
3:59 AM
Después de la bomba, la espiral seguía en tonos despreciablemente tristes, nada ha cambiado. El silencio y la desesperación se convierten en una de mis alucinaciones más grandes. Luego de que todo se ha reducido a un nada que no existe, las alucinaciones revuelven todo mi interior y se reencuentran en el lugar menos pensado.
5:01 AM
La justificada bruma se convierte en un café cualquiera y las caudalosas e inevitables laderas hacen de pedestal para los sueños olvidados y corrompidos por el eje extraño de la espiral. Mientras todo esto ocurría, la nada se trasformó en algo que todavía, a esta hora extraña, no puedo detallar. La tercera etapa; la bomba de uranio; la devastación; ninguno existe.
IV Capitulo
Caos
Marcho atrás
La calma regresa luego de la lóbrega iniciación; creí que el tiempo se acabaría inmediatamente después de la bomba, sin embargo, él mismo se detuvo para arrancarme esa sensación que se alojo en mi pecho.
Viejas emociones reemplazan a las aniquiladas por la bomba, estoy a salvo y de nuevo, la espiral conspira para arrancarme cada pedazo de piel que ya no me queda. Los extraños huecos que la explosión dejó son, sinceramente, abismales; aún no sé, porque estoy vivo.
Viajo sin el rumbo fijo de las hojas, viajo sin siquiera tener pies, viajo sin existir. Una buena parte del ingenioso juego que los elementos sádicos componen, viene con cada tecla que se compromete al desarrollar una exacta y clara iniciación retrocedida. Esa estricta y desembocada plegaria vuelve al adelantamiento que no funciona sin que la espiral ponga sus vueltas eternas.
Este sistema caótico que llevo dentro, se ve envuelto por fuerzas que no puedo describir, singularmente, estas fuerzas, me atraen y me repelen. Por otro lado, el atractor que también me rodea, hace de esta zona interior, una en la que la espiral juega fácilmente.
Al precipitar mis condiciones, el principio anunciaba una trayectoria ligeramente
predecible, pero una diferencia esencial en el inicio hizo que todo evolucionara de manera totalmente distinta. La sensibilidad a las trayectorias iniciales, hacen que el viaje se relacione con el exponente Lyapunov, que caracteriza el radio de separación de trayectorias imperceptiblemente cercanas a las originales.
El proceso que me ciñe la espiral, es un proceso de movimientos impredecibles, de allí, toda una cantidad de discrepancias que al principio mi interior no dilucidaba. Las enormes divergencias con los resultados, han hecho que la nada sea cercana al todo, en esta etapa de la espiral.
Los elementos que ahora aparecen son más extraños que los anteriores y los Fractales son unos de ellos, estos, simplemente, tienen como objeto la variación y orientación de la espiral a un estado similar al anterior.
Que todo se devuelva y que yo inicie el viaje desde otra trayectoria, sería un evento impredecible.
5:03 AM
No se que día es, estoy desesperado, las vueltas, el viaje, los atractores, las notas, todo el rededor se pronuncia como una hoja de cuchilla que significativamente da puntos y apartes alternos a los que el eje de la espiral propone.
En este momento, en este instante, las omisiones llegan justo en el lapso de tiempo,
cuando la hora se puede leer y los ojos, aquellos que han seguido mi viaje desde que la espiral comenzó, empiezan a cansarse.
5:11 AM
Son tantas las evasivas, son tantas. Son muchas las circunstancias, son muchas. Son todos los olores, todos. Son las claves las que no me dejan escapar. Son las voces las que no me dejan oír. Son todos ustedes los que me leen. Son todos ustedes los que me escuchan. Son los verdaderos asesinos.
5:39 AM
Si algo no comienza no puede terminar; si el fin regresa al principio, nada tiene acceso al final; si todos están, nadie se puede quedar. Si todos son los 5 minutos, no puedo morir en el caos de la cuarta etapa. Si todas las notas vienen, ninguna ha existido y ninguna se irá. Todo es mentira, todo es verdad. El desorden inadecuado obtiene lo que más quiere; las matemáticas tienen su resultado y mi mayor temor, se empieza a dilucidar frente a los ojos de aquellos que construyen la espiral.
5:53 AM
No se exactamente que quiero hacer. No entiendo lo que no me han explicado. Nada es cierto, todo es verdad. La peculiar mentira imita al orden anacrónico y me invita a concederme las más singulares ventajas, sin embargo, dichas delanteras no me ayudarán a la hora en que el caos comience su viaje.
Las interrogantes vienen junto a las respuestas y estas ultimas, se niegan a quitarse su mascara de hielo. Las sombras invaden mi conciente, convirtiéndolo en el inconciente colectivo de aquellos tantos que he dejado atrás.
Otra alucinación se asoma. Otra más quiere atacarme. El caos me empuja hacia esta etapa y lo afronto como quien vuelve a la horca, luego de que la breve esperanza de un huracán, lo llevara de vuelta a su celda, justo cuando todo se calmo, la horca seguía en el mismo sitio, esperando.
El caos espera; sin demora comienza y avanza sin ninguna actividad. Siempre bajo la estricta línea que a puntualizado en esta etapa; la ventanas se cierran y el caos queda encerrado en pequeños espacios que no puedo contar.
La simpleza es la más corrompida arma; la simpleza es en si misma, el arma que el caos maneja para inutilizarme eternamente. Es ahora en este momento cuando padezco de caos interno, cuando padezco de todo lo que me persigue. En esta hora. En este momento. Soy la presa de mis miedos y ellos se unen con el caos y corrompe todo este espacio
Espacio afásico
Una parte significativa de todo lo relacionado con mis alucinaciones, viene dado por el verdadero estado en que las circunstancias me revelaban la ocasión especial que arroja la
espiral. Esta característica propia de las alucinaciones, empieza a desencadenar en el caos que tengo por inquilino en esta etapa, una verdadera catástrofe.
La fascinación de la espiral por boicotear todo mi interior es sencillamente desoladora. El espacio en el que ahora me encuentro es mudo, por cuanto, lóbrego y misterioso.
Esta área, desabitada desde hace tiempo, complace al tiempo y desemboca una rutina de despreciables aniquilaciones, todas y cada unas de ellas, producidas por el caos que la espiral emana lentamente, como una alucinación más.
Este espacio tan silencioso, dificulta mi escape al entrelíneas del cual los 5 minutos no me dan; anteriormente me escabullía delante de los ojos de la espiral y gozaba de la gratitud del que escapa del paredón de fusilamiento; esa gratitud que no es suerte, ni mucho menos gracia divina, se extiende mucho más allá de lo que las alucinaciones me hacían llegar.
Ese espacio plagado por el silencio, emergió junto con el caos, justo en el momento, en que las dificultades del espacio interno que la espiral me proporciona, se oponían a mi viaje y justo cuando, creía que las inserciones me darían todo lo que por momentos pensé.
Cada fragmento del espacio, cada silencio, consumía todos los sonidos; mi respirar,
el respirar externo de los pulmones que sin ojos me ven, el sonido de las notas resonando desde hojas atrás; todo era devorado.
El espacio afásico, singularmente tiene esa actitud que poco a poco la espiral me ha mostrado; él sabe , lo sabe muy bien, es por ello que me registra alrededor, configura cada centímetro y devasta a cada instante, para que el tiempo se quede a su lado, como segado por su poder.
Esta pequeña configuración que se amplia hasta que cubre toda esta etapa de la espiral, es la estancia en la que tendré que estar, hasta que el caos me elimine y me convierta en parte del espacio afásico.
Es todo y la nada juega a eso la que desean y ansia la persecución de todos aquellos que recorren el espacio con sus ojos; las distancias entre ellos y yo, cada vez se reducen. y la realidad se convierte en la morada con que la ficción me ha perseguido desde siempre. Es el mismo caos Mozart. El mismo caos que no quiero cerca y que ahora es la causa de todo mi desaliento.
Si el caos me introduce en un tubo y me da vuelta, seré para siempre, el parasito sin ojos, ni piel, que tristemente se fue desangrando y que sin pensar, suele convertirse en el personaje inicial de la cumbre que a nadie afecta. De la peste que a nadie pesa; puede convertirse en desorden del caos.
Atractores
Hoy sueño con que todo se desemboca en el espejo falso de la realidad que me invento justo, a la hora en que el caos viene a visitarme. Todo se desencadena viene y va, desde el centro de la espiral, pasando pos sus múltiples etapas, regresando y viniendo siempre desde que el principio inconcluso.
Nada pasa desde dentro, nada ocurre en el final; todo finaliza en el instante en que los atractores se presentan, dándome sus características esenciales, esas de mezclarse con la espiral, hasta que la acomodan, a su punto más basto.
Las represalias que los atractores vienen a darme son las mismas que las alucinaciones dejaron sentadas, en la primera etapa, y que sin duda, son el blanco de ataque que utilizaran para asesinarme, lentamente por supuesto.
Los atractores saben de mi trayectoria, y aunque no es precisa, ellos saben a que punto llegaré, sin embargo, son ellos mismos los que cambian las trayectorias para liquidarme y reírse.
Soy con exactitud un sistema caótico y soy además, atraído hacia un atractor que divaga con total precisión, al definir mi movimiento dentro de la espiral. En consecuencia a todo lo anterior, mis fobias aumentan y mi divagación dentro de este ciclo extraño que
singularmente, es una alucinación enorme que se llama “La espiral”, converge entre líneas de notas dispares que los atractores reemplazan en letras y párrafos con similitudes exactas a la de una novela psicológica que sin duda plantea mi degradación hasta el punto de extinguirme en alguna nota pendiente. Para extinguirme en algún lado que yo mismo no pueda llegar.
Por esa cantidad de motivos tengo terror a lo próximo que puedo llegar hacer, a lo inmediato que la estática liberación de endorfinas me planteara, en horas de sumo cuidado, para la estupida exoneración, que las alucinaciones tienen con mis 5 minutos. Para la inaudita selección de dolor.
Mi viaje continua, atraído esta vez por los atractores y visualizando lo que ahora en pocas palabras, es la suma de todo lo que las demás etapas han jugado. Soy el resultado de la bomba, del excremento de los gorgojos; soy el resultado de todas mis alucinaciones y ahora mismo me convierto en una extraña forma geométrica, que no tiene tres dimensiones y ni siquiera entra en dos.
Soy el resultado de las drogas y de mi enfermedad; soy el resultado de las notas y de los títulos que sin duda, plantearon las trayectorias que los atractores saben, sin embargo, ni los atractores ni las demás etapas, podían a ver previsto este nuevo movimiento; nadie me puede ayudar; soy producto de las dimensiones; soy el producto de lo no existente; el caos me convierte en un fractal.
Fractales
Soy la figura que no tiene una forma definida; soy la imaginaria razón de mi enfermedad; soy esa capacidad endeble que no presta atención a los cambios; soy un fractal.
Exactamente ahora soy el producto indescriptible que la geometría clásica no puede detallar con exactitud, además, las escalas de observación que vienen con el caos, simulan números que las alucinaciones las convierten en partes importantes de la espiral.
Dentro de la espiral, dentro de mis alucinaciones, dentro de esta etapa, soy muy similar estadísticamente hablando, a cualquiera que me haya seguido por todas las líneas anteriores.
En todas las etapas me he repetido, he salido librado, como inmortal, dentro de todo lo que me sigue. Como intocable por mis perseguidores. Ellos, los que particularmente construyen las notas, son los mismos, que hacen que salga en cada etapa.
A esta altura, la verdad se escapa; mi interior, es el caos que la espiral me brinda; soy auto definidle por un simple algoritmo recursivo. Soy por otra parte, de dimensiones topológica mente auto similar al ente al que la espiral recurre para arroparme con sus alucinaciones.
La espiral recurre al caos, su onda de expansión y de recubrimiento no me avisa sobre la forma en que esta ocupa mi espacio ambiente, el que ella misma ha construido para asesinarme. Estos hechos extraordinarios, construyen esta realidad auto irregular que se asemeja con la constante que la espiral cuenta. Desde una forma básica hasta la complejidad del espacio, en que me han recluido las mismas alucinaciones y ahora, el caos. Esta dinámica de ciclos que a su vez constituyen partes de unos ciclos más complejos que a su vez constituyen el desarrollo de un ciclo mayor, en el que el único asesinado seré yo.
Soy un sistema caótico; todas estas similitudes de ciclos y sus dinámicas evolucionan y construyen lo que ahora mismo es mi estancia.
La dimensión en la que estoy recluida, no se asemeja a nada palpable; las alucinaciones se apegan a esto para liquidarme; mi condición ha cambiado nuevamente. A gran escala o a pequeña escala la espiral atina siempre a un lugar en particular. Ahora mismo, nada puedo hacer para salvarme, ni siquiera puedo medir lo que por ahora poseo como verdugo; mi verdugo, la espiral.
Bajo el castigo que ella misma quiere, voy vacilando en descomponerme y escaparme por huecos falsos que ella misma ha descuidado. Quiero trazar esas líneas que la geometría me propondría y lanzarme hacía el vacío que el inocuo caos tiene sobre mis hombros. Volver, sólo volver a estar con simplemente en el transitar especifico que yo mismo quisiera armar, y dejar tantas trayectorias extrañas. Dejar todo, dejarlo para siempre.
Geometría
Esta obsesión que no tiene fin, viene y se va como la estupidez más grande jamás imaginada por las alucinaciones, sin embargo, Euclides no me ayuda y sus cálculos están incompletos, todas las medidas mal hechas; las curvas, los ángulos, la rectas y demás están recluidas en el error que la misma geometría lleva consigo.
Los axiomas que pretenden destacarme por el resto de los demás, son así mismos reglas que sentencian mi estadía en el ir y venir que la propia espiral propone.
El estudio anterior ejecutado desde mi punto de vista fue descubierto y otra vez, las alucinaciones me convierten en el objeto de estudio particular, que sin duda, no puede escapar de la vista que los mismos perseguidores ponen como iniciación.
Cada definición que pretende ejecutarse bajo los medios que mi conducta posee, divagan por el eje de la espiral manteniendo esa trayectoria inconclusa que la espiral mueve desde su interior.
Esta etapa de la espiral es paralela a las otras y son ellas, las que por su integración, me mantienen cautivo del concepto definido por mis fobias, por mis acciones, por mi persecución interna, por todo y por la nada. Esta pequeña diferencia de igualdades asume en si misma, los cálculos de su plan.
Poco a poco comienzo a sentenciar lo que por dentro ocurre, mi realidad, la misma que desde el inicio persiguen a lo acertado como propio y evidente de un malestar que las digresiones componen como la canción clásica, que el silencio perpetua bajo su seno infinito; esas condiciones iniciales carecen de frecuencia y olvidan a la perfección manteniéndose bajo el perfil que la misma geometría no termina de evaluar. Los números continúan junto con los tres puntos suspensivos y a su lado, esta etapa de la espiral me trae.
Justo allí, en el medio del gran silencio, los espacios se reducen hasta que el claustro se transforma en un compás mal manejo por las manos que pasan cada hoja de anotaciones, por los ojos que leen mis 5 minutos; sin duda, durante este recorrido el caos ha penetrado en todo el rededor y ha llegado hasta el punto de asentamiento eterno; ha llegado para no irse jamás.
La distintas formas de la geometría, subyacen en los teoremas que maneja; claramente soy el conjunto reducido a un objeto de estudio, por ello, mi importancia es sencillamente nula.
Bajo todo esto, el caos me mantiene prisionero, me mantiene con la única visión con que los ciegos ven al mundo, me mantiene alejado de mi interior y de mis pensamientos, justo bajo las narices de mis 5 minutos; sin embargo, como antes, he podido sortear escombros y mandarme una nota invisible con el avatar que yo mismo he armado bajo el mando de la espiral; el caos tiene un propósito y tengo que descubrirlo.
Mi teoría sobre el caos
El absurdo es la coalición perfecta, para que todo tenga un por que. El imaginario estado de perfección es lo que me mantiene cerca de la muerte. Sin embargo la coalición de ideas viene dada por las causas que singularmente, digieren lo ocurrido dentro de todo.
La legitimidad del encierro juega siempre a la mayor encrucijada, dejando de un lado todo lo que anteriormente fui desembocando, como esencialmente imperfecto. Las voces hieren al silencio y lo consumen en el muzac que ellas mismas saben. Las pobres cerraduras que los obstáculos ponen desde el inicio, fueron rotas por el caos que se viene como tornado cerca de miles de monedas imaginadas por las alucinaciones durante todo este trayecto que las figuraciones me han mostrado.
Pasado el tiempo que la misma incertidumbre me ha mostrado, busco como siempre, las liquidaciones que ejecuten los puntos que adornan a las encrucijadas y que, por más que pienso en sus respuestas, no traduzco nada del código que el mismo caos me impone.
Durante más circunstancias, mayor son las consecuencias que las súplicas y las situaciones ejecutan poco a poco, en su estancia, que soy yo. Este caos viene dado por el perfil degollador que el tic tac unido a sus vueltas, pensó desde que los gorgojos se hicieron parte de la segunda etapa y que sin duda, los ojos y las voces a secas ayudan a formar su extensión hasta que la tercera y esta etapa parecen una.
La peste, los paréntesis, los puntos, los espacios a solas y cada objeto que vence las barreras que yo mismo cuando los 5 minutos eran mi salvación pude colocar con tanta facilidad. Este caos ha entrado en la puerta, esta en el borde de aquella escalera que solamente sube y que sin duda, el pasto indaga en las rodillas desechas por el asfalto interior que las palabras, solas no pueden construir. Mi teoría no es exacta, no he podido pensar en ella, solo son borradores que a cuesta de mucho esfuerzo he logrado reunir y que sin duda la espiral deshará con su habitual facilidad.
La esperanza reúne a todas las cosas dejadas atrás y sin duda, la cantidad de imágenes, que las líneas me regalan son la tortura que el caos me hace sentir; estas figuras devastan a la espera y culminan con la ilusión del final, que cada gota diluye.
Hasta ahora, la desesperación ha sido lo más recurrente y los conceptos, la suma de todas las preguntas. He llegado a esta teoría, sin simular nada, sin identificar factores, sin destacar características únicas y allí, esta el error, que las vueltas destrozan, como los guiones a los usuarios en las hojas anteriores.
Hoy reemplazo mis ganas de salir del caos y ordenar el desorden de igualdades que el ritmo y la velocidad, equilibran dentro y fuera de la espiral. Hoy no se que pueda hacer y equilibrar es solo mentira, medir es otra. La velocidad y ritmo simples invenciones que no valen la pena mencionar. Hoy no existe; no se que es lo que realmente es la verdad y hasta ahora no se que se extiende dentro y fuera, mencionar como si fuera una causa no probable.
Nombrar como si fuera una voz sin ese sonido inmenso que todos escuchamos pero aquí no hay todos, no existo yo, y por eso todo es una farsa.
Sonidos intensos
Durante todo mi recorrido, cada insignificancia me hacia daño, repercutía dentro y fuera; durante el viaje cada pequeño instante era el ideal para que las alucinaciones aprovecharan y tratarán de asesinarme.
Desde la primera etapa, he tratado de entender que pasa, he tratado de encontrar a mis memorias escondidas, he tratado de deducir todo, sin embargo el caos y su cantidad de sonidos han reducido mis pensamientos a meras indagaciones superficiales y de diminutos intervalos. Estoy muriendo y lo sé. Sépanlo, estoy muriendo.
Sin embargo de que me sirve dilucidarlo si ustedes ya lo saben. Las fobias me han vuelto a contratar para que sea su mejor escudo. Soy el caos y él ni siquiera existe. Soy lo que no consta en las hojas que friccionaron a la sabia de algún árbol, que también, sin recibir nada a cambio, resulto destruido por las complicadas iniciativas de aquellos, que como yo, inventaron sus propios ejecutores. Inventaron el plan perfecto para morir dentro de si mismos.
Vuelvo a los sonidos y ellos vuelven a mi; al parecer no me había percatado de
ellos, más ellos están conmigo desde siempre; soy la sombra que presumo que podría ser y eso hace que los sonidos parezcan más intensos.
Temo de todo; mis fobias vuelven, los sonidos son parte de ellas; tengo miedo de escuchar y de no escuchar; miedo de estar en el viaje que nunca termina; de encender a cada pedazo de inocencia que me derrotara por el camino que mi trayectoria sigue sin parar, miedo de estancarme en algún sonido y que él, me convierta en una imagen olvidada.
Con el temor en todos lados, con los sonidos en todos lados, con las voces, con desesperación, con las alucinaciones, con los números, sin mis 5 minutos, sin mis drogas, sin nada, ya no puedo.
Carezco de fuerzas para otra hoja; no poseo valor para otra línea; por cuanto no tengo inconveniente de terminar con mi viaje, sin parar, sin recordar, sin olvidar de una forma u otra todo lo que ha acontecido en la espiral.
Todo el tiempo del mundo se enciende, en la fase que el caos pone como estandarte. Es el mismo caos el que impone todos los secretos y los sonidos, buscan la forma de que hoy, sea mi último día.
A gritos he pedido que todo se detenga, que el viaje haga una parada eterna y al fin poder saber que ha sucedido con todo. He chillado y dicho basta ya. He suplicado y puesto
en remojo todas las incertidumbres. Todo suena a campana reventada, la nada es el sonido más intenso y el que invade toda está estancia.
Los momentos han fracturado a las mejores puertas, las alucinaciones vuelven y los vómitos con ellas; mis 5 minutos desaparecen simultáneamente mientras el hedor de la muerte se me acerca parcialmente disfrazado por las tantas inconstancias que quiero relatar.
El sonido se repite dentro y fuera del caos. Todos e vuelve una secuencia perpetua, todo continua sin parara hasta que explota y los sonidos intensos se hacen múltiples sonidos intensos; ellos mismos se reemplazan y se juntan sin unirse para seguir tocando sin parar.
Desde sus notas recorren a la muerte lentamente. Recorren en la estancia, me arropan y lo más seguro es que mi nuevo nacimiento será y se decidirá, con mi desinformación.
Ellos bajan el ritmo, y vuelven a subirlo, en una tortura paralela a las más sádicas prácticas existentes en la ficción. Ellos son los chillidos, las voces, los ojos, son el todo que no existe. Y que acaba por vendarme. Ellos son la repetición popular y ofensiva.
La velocidad continua y el viaje se hace algo que no puedo relatar. Cada sonido se identifica como único y compitan con el que quiere ser más fuerte, imaginar que todo se sigue gestando en esta estancia y justo en el interior de mi yo inexistente. Busco la manera
más perfecta de tratar de salir, de escapar de huir; ya no puedo soportarlos más, me siguen, me tocan, me sacuden, me estrujan, me hacen añicos y me reconstruye para que sepa que ellos son el poder absoluto. Ellos vuelven al control y el caos los satura nuevamente.
La falseada irritación versiona una distorsión al mismo estilo que Fígaro se reúne con su talentosa mano y con su asesor más lejano.
Vuelvo a la calma y los sonidos son atenuados por el mismo caos y la misma intensidad vuelve al silencio el mismo es peor que los sonidos. El es el sonido más intenso.
5:59 AM
Dudo de todo lo anterior, dudo y callo. Empiezo desde cero para recordar a cada imagen y a cada ejecutor. Todo quieren matarme; todos no existen, no existo yo, mi estancia no es simple, no es complicada; los lamentos no funcionan, nada funciona, la nada no funciona; el error es perseguible desde el inicio que nunca existió.
Las impresiones regresan con la naturalidad de la violencia y es en otras palabras, una ceremonia más hipócrita que el mismo caos la relaciona conmigo; las ilusiones que cada hora arranca de esta etapa, son las mismas que el tictac maldito cubre sobre los ojos de mis perseguidores más cercanos. Las hojas vuelan por todos lados y estas a su vez son materia inacabada por el armador universal que tampoco existe. Durante mi timidez de
desconcierto, drogado e inacabado para pensar en ojos y voces recurro a todos ellos para poder pretender no relacionar mi muerte con el todo y con la nada.
Todo esta franqueza es por mi confianza hacía las notas hacía ti. Ese mismo que corre los puntos y marca la pausa para seguir con las iniciales del otro párrafo que se corre luego de que los puntos anteriores ya fueron pasados, lentamente por supuesto.
La bruma vuelve a las cicatrices viejas; olvido lo que pienso, olvido todo, siento y nada más eso sucede ahora mismo. Sentir. Ver es inerte, la vaga excitación al balance inicia y culmina con la explicación que los sonidos intensos suelen darme en suma paciencia, junto con todos aquellos elementos sádicos que me requieren tan cerca, como para aplastarme y así, terminar con el desarrollo que el caos interioriza dentro de la espiral.
El impar llega y los fractales suelen demorar la trayectoria con su ya nombrada no dimensión, los atractores son mejores y suelen sentir, suelen vencerlos.
Desde que el caos inicio, creí en deshacerme y librarme de el de una vez; veo que nada de lo que ha hecho la espiral es en vano, todo no acaba, se rearma de una manera tan distinta que yo creo que es diferente y allí, mi error de días, años, meses, horas, segundos, minutos; no se, nada es lo que realmente es; nada no existe. Me he colmado de todas aquellas inconstancias que la misma deformación viene ha asegurarme. Las manos descubren mi ansiado tesoro y lo toman para ellos.
V capitulo
Imágenes
El cansancio me invade, recorre junto conmigo esta etapa; las alucinaciones vienen y van, como seguidas por las causas de los pixeles. Ahora mismo el desenfoque es parte de mi propia profundidad de campo. Y juego con ello para tratar de estrangularme.
No sigo mis pasos anteriores; ya no tengo pasos, ya no tengo esa pequeña calidad que yo solía describir en cada nota.
La no justificación es sinónimos de irraciocinio. Las respuestas son tristemente alcanzadas por secundarias réplicas que no escuchan esa parte que se dice de las verificaciones, constantemente adquiridas por todo lo que anteriormente el caos me hacía sentir.
El caos me sigue; sobrepasó su etapa. Aquí donde las imágenes son exactamente lo que nadie quiere ver, el caos las adsorbe violentamente; no puedo seguir lentamente para que nada estalle. ¿Es posible? Nada es posible, todo se ha escapado y en esta etapa veo a los gorgojos, a todas las alucinaciones y la reunión comienza otra vez.
La incertidumbre de antes es otra. La inseguridad de ahora es la misma que la de antes y se extiende. Todo se acumula, cuando explote yo seré el que muera.
Los cortes que singularizan a cada elemento de toda esta composición, están exactamente en el lugar donde el disparador hizo su trabajo y así, la parte sensibilizada
quedara expuesta correctamente. Todo esto dice de manera puntual que soy yo el elemento sobrante, el pedazo de ruido que todos quieren eliminar. Y en ese preciso momento unas de mis jaquecas vino a estrangularme cada vena. Las contorsiones de mi estomago, y los vómitos subsiguientes hicieron que todo se uniera.
Estoy en el vomito, que es la misma espiral, que es la alucinación mayor y que ahora mismo, se convierte en una imagen que el caos devora frenéticamente. Estoy en la etapa visual que no me comunica nada, no hay ruidos, no hay nada más que singulares proyectos de asesinatos y por supuesto, la reunión, la bomba y todas mis alucinaciones. Estoy con ellos para no perderme de mi propia huida, estoy con ellos pues ¿con quién más puedo estar?
Ya no recuerdo nada, debe ser por toda la imprudencia del mismo vómito, debe ser por las figuras que conforman primeros planos y no logro cambiar absolutamente nada, así lo quiera.
No estoy con nada, he entendido. Ya no se que he entendido, voy y vengo sin querer nada; sin vacilar y vacilando; sin estar y estando; estoy en el todo que la nada y el silencio de cada imagen quiere, hasta que el caos y su inconstancia me adsorban para recluirme en la nada y así desaparecer eternamente en el fin.
No estoy en la etapa que se arma y que el caos consume rápidamente.
El vómito
En el interior de la etapa que todos arman y que el caos la succiona. Allí donde el asco de todos revive a mis jugos gástricos, armo canciones que no suenan. Allí me desangro, allí pierdo mi garganta, la lengua, los dientes y la inaudita conspiración que tenía fijada en contra de la espiral.
Aquí, en esta parte, quiero estrangularme y sacudirme todo este asco que mi propio vomito me produce; vuelvo a vomitar y las imágenes dentro de esta estancia donde todo es absolutamente presencia insustancial, son detestables.
Aquí, justo en este lugar, las drogas están regadas por todas partes. Las voces están dispersas igual que todos los químicos. El caos esta dentro y las imágenes se dejan. Los pedazos de acetatos, y las pieles sensibilizadas pierden su calidad y yo, me pierdo en la gelatina de algún papel.
Allí donde el vómito quiso que estuviera, mis fobias me retuvieron. Resbale y los gases me envenenaba lentamente.
El vómito y todas su características, las bacterias, la mierda, todo muy cerca. Yo con microbios danzando por cada pedazo de mis pensamientos; las visiones y los sonidos continuaban. Las imágenes se repetían en proporciones abismales. Los gritos vienen en
fracciones más duraderos que los anteriores; estoy cerca del final, las pistas están en las migajas de mi propia historia. Todo se esta acabando. Las células tienen el poder para hacerme la mayor devastación posible, me estoy ingiriendo literalmente. La imagen del vómito es lo más repulsivo, la situación es la menos particular y mis 5 minutos que no convienen en ayudarme.
Hoy es el nuevo nacimiento de las fobias, el nuevo nacimiento de las alucinaciones; lo nuevo que se repite en estas imágenes de catarsis singular; no podré escapar me estoy desintegrando, punto a punto; nota a nota; página por página, junto con el caos que no termina de atraparme, no termina de destruirme, no termina de asesinarme.
Luego de no se cuanto tiempo, las manecillas hacen su aparición; el ruido cesa, sigo con las imágenes, ya no estoy dentro del vómito.
La extraña sensación de que todo sea de vómito, es singular; ver la asquerosidad; sentirme devorado; sentir que el abismo se cierra para acercarse y darme los 5 minutos que tanto extraño. Darme la mentira en platos diferentes y mostrarme la ridícula condición en la que las notas se han vuelto en mi contra y que yo mismo sea el que plantee mi muerte, yo mismo sea la muerte.
La extraña sensación me salva; el vómito termina por ser una alucinación más; la rara impresión me devuelve a mi viaje, como desconectado de esta etapa.
5 minutos
Dentro de la calma que la sombra ofrece, se encuentran los peldaños ocultos que las alucinaciones bajan lentamente. Estos escalones, arruinan la placida escasez de bienestar, truncan además, una buena parte recordada anteriormente por la espiral.
Las reservas se agotaron notas atrás, de nada sirve desesperarme, las pisadas de la muerte se sienten tan cerca que no han puesto algún guardián para cuidar sus imágenes negativas.
Mis bases siempre estuvieron fracturadas, el dolor era parte de todo. No hay opción para vencer a la espiral, ella toma todas las ventajas y las convierte en escenarios foscos llenos de vicisitudes.
El enjambre de rayas marca cada visión desde esta parte hasta el interior inconcluso que el mismo inicio propone. Un avatar se abre y otro se cierra. Las ventanas siempre han venido en forma de monstruo devorador.
Todo se vierte; todo se arranca; todo se invierte, todo. Las especulaciones de final concluyen siempre entre cada párrafo que no he escrito.
Mis 5 minutos son sin lugar a dudas, una buena iniciativa de final, un buen plato de
veneno y un punto que liquida cualquier hoja. Sin duda, los números cuentan y yo no sigo su voz; las voces han callado y ahora la tortura es visual, todo es visual. Las fatalidades gesticulan el sabor amargo que sus mismas imágenes atormentan y estrangulan a mis 5 minutos.
Harto de establecer un paralelismo mutuo desde esta parte, me entrego y no quiero luchar más, que la espiral haga conmigo lo que le de la gana. Sin piel, sin manos, sin voz, sin ojos. Ahora mismo eso no me hace falta, mis visiones y todo lo que veo, es un estado superior del inconciente y más allá de todos aquellos ojos que me miran.
5 minutos de cordura ya no existen; 5 minutos al día, los días ya no existen. Las pesadillas han sido parte de la espiral durante todo el tiempo y yo soy una pesadilla que me agobia dentro y fuera como una línea ambigua en un cuadro abstracto.
Las pérdidas, las ganancias. Todas viven dentro de las imágenes, todo se concentra en ellas y yo salgo en las rasgaduras de las puntas envejecidas por las etapas y por las notas. Estoy padeciendo mi propio desastre, estoy junto con esta etapa colgando de algún reemplace que me sugiera un cambio, un extra para morir, un extra que necesariamente, seria ideal. Todos mis cuestionamientos se han unido a las inusuales pausas que las imágenes hacen las estirarse y encogerse. Destruyendo con su acido, a los 5 minutos que ya no existen. El inicio de esta nueva etapa me ha cambiado por completo. No soy el mismo del inicio, no soy.
El inicio y el final
El transitar de pasos tras los míos, viene ha plantearme sonidos en el pasillo de la quietud; todo significa algo, nada es al azar. La espiral controla todo el rededor, todo.
El espacio de los pasos, es el mismo que al respirar. Las imágenes se vuelven lentas, desde dentro hacia fuera. La cúspide me lanza y me vuelve a traer; entro y salgo de eras diferentes; el final se acerca y se aleja; las cosas reposan en un estado muy similar al de la etapa anterior.
En el pasillo de la quietud, donde nada se escapa, donde los sonidos intensos suelen volverse más agudos, donde recaigo por las miradas intensas de las voces y de los terminales totalmente abiertos; allí, en ese lugar, la salvación es ser paranoico.
La paranoia es mi aliada más cercana, confió en ella más que en mis notas, ellas han consumido todo el bienestar que el cuentagotas de los armadores lentamente no me lo sugirieron en la entrada por la cual todo se diluye.
Los armadores son la plaga de esta sección los recortes y las interminables composiciones hacen de cada plano una tortura diferentes en instantes tan minúsculos que no llego a saber de su cambio. El resto rechaza el hueco; la sombra empobrece a los pasos y estos, se unen a las capacidades del temerario miedo.
El miedo viene muy lentamente a desarrollarse en alguna alucinación, la adsorbe y se convierte en su amo. El miedo es un parasito. Poco a poco entro en su rango de devastación y además, vierto la locura de su inconciente en el mio propio, teniendo dos inconciente coagulándose dentro del conciente de los armadores.
Estos tipos, se cuélenla en cada pictograma y hacen de cada nota un retroceso que no implica una coma ni una tilde. Ellos son las plagas que el miedo invoca para que las demás alucinaciones y el caos mismo, vengan para llevarme a donde jamás las notas puedan encontrarme y así, sin ninguna compasión, tomarse por la fuerza algunas de mis acciones y asesinarme, asesinarme.
El inicio es el mismo fin, ningún sentido tiene volver, ellos son los que ponen cada punto y ponen por otra parte, las capacidades más grandes que ninguno puede mencionar y que ningún ojo, ni siquiera el de los mismos armadores, puede ver tan bien como ellos. Son los que racionalmente interrumpen las notas y plantean las pausas inexistentes para que el final se parezca al inicio y todo se repita como el eco mismo del silencio en las imágenes vacías.
El requiem vuelve en el inicio y en el final, nunca se fue, nunca quiso dejarme, nunca sonó como en el inicio ni como en el final. Ahora mismo es tan sádico, que sus notas no suenan, pero puedo verlas en las imágenes que no tienen nada. Puedo verlas sin tener ojos.
En el medio del inicio
En los hoyos que las marcas han hecho, las peculiaridades entran en cúspides fuera de las líneas ya presupuestadas por la espiral; los puntos que siguen son desterrados por las penas ellos y sólo ellos son los que saben del cambio interior en las imágenes.
El tono pesa al final; es él, el que singularmente hace que las mentiras se repitan una tras otra; este nuevo emisario retiene todo tras de si mismo, yo no extiendo nada, no configuro nada y por si fuera poco, yo no hago nada.
Las vertientes del medio vienen por grietas subterráneas que yacen en las arterias de la misma espiral, las imágenes y el caos son las que llevan el cause de esas tantas vertientes que suelen en otros casos ser beneficiosa, pero como es de saberse en el mio es de muerte.
Todos los bloques que acomodan las imágenes son los mismos bloques que desordena el caos, visto desde grandes rasgos, mi ganancia tiene que ver con los bloques ya nombrados, pero como es de saberse, las imágenes, el caos y la poderosa espiral, no me ofrecen ninguna ganancia. Soy el que pierde y al perder, dejo deudas que generalmente me las cobran con la acentuación del dolor, con el aumento de las torturas y ahora mismo, con las imágenes.
Los activos perforan a cada debe, a cada haber y a cada saldo, desintegrando de una
extraña forma el libro que lleva las notas escritas por los armadores y por los tantos ojos que siguen cada peldaño. La exageración cuenta las fases, rehace el presupuesto y evalúa los costos de cada descripción que siguen atados a lo que los guiones quieren.
En el medio, justo en el centro del inicio, la espiral me recuerda que ella controla todo y mis pensamientos hasta ahora, son los de ella. Al cerrar los parpados, el medio reinicia las imágenes y la gestación del caos ingiere parte del inicio y a mi con el. La muerte viene con el medio del inicio, la muerte viene con el inicio.
Tras las lágrimas que algunas imágenes producen por montón, esta la lluvia de números que recorren como una cortina de plagas parte de esta etapa de la espiral. Tras el medio, las pautas revientan el inicio y el hoyo se abre, el final desemboca como los abismos que las etapas suelen controlar poco a poco.
Las notas siguen sonando sin sonar, siguen escribiendo todo. Durante la transición de las imágenes, las notas inician las vertientes que el final necesita para que todo finalmente encuentre el caos necesario, enredando más las imágenes, hasta que yo, solo sea un error.
El final invade el medio del inicio y los transforma de tal manera, que el inicio se acerca al lo que nunca me pude haber imaginado. Las imágenes refuerzan su poder y la espiral las utilizan para que el final se abra eternamente.
El inicio del fin
Bajo la estricta secuencia de pasos y de secuencias, las imágenes invierten todo su preciado tiempo en ejecutar el plan que determine la trayectoria y que finalmente consiga acabar de una vez por todas conmigo. El tiempo recurre en estar con todos menos conmigo.
Salgo del sueño y me encuentro con el lápiz en la mano, las notas son enormes he llenado 40 hojas, he escrito horas y muchas líneas, he hecho todo bajo el inconciente. He estado en el estado en el que no se esta presente, no se cuanto tiempo dure, el final esta cerca lo siento.
Otra hoja y pienso en discurrir cada letra para describir exactamente lo que me sucede. El blanco impacta en mis ojos y comienzo a escuchar fuera de la espiral, fuera de todo el mundo ficticio que me he inventado.
En segundos vomito sobre las notas y la sangre, las nauseas hicieron que no terminara de escribir sin estar influenciado por el caos.
La espiral es el final, dentro de ella moriré y si muero aquí, fuera ni siquiera puedo llegar a pensar.
Todo se nubla y la espiral comienza otro cambio. Esta vez la nota marca el final.
Las bases siguen a las voces y los subsiguientes acontecimientos son dados por las imágenes. Perezco en segundos, instantáneamente luego de que supe que era el caos, exactamente en el momento en el que entendí que me pasaba.
Las operaciones que he creado, siguen en la historia del conciente colectivo de los armadores. Ellos la utilizan paso a paso y mi fin ya esta escrito por mi propia mano.
El llanto y los gritos se escuchan como ecos generales; las ingerencias de mis sentimientos no producen ningún efecto en las imágenes, yo no soy el que guía, la espiral tiene el control y lo maneja perfectamente.
Otra vez reacciono, bajo el olor del vómito y las moscas por doquier, empiezo a describir sin siquiera imaginar que dentro de mi, las imágenes seguía con su trayecto y yo, en una de las partes de la espiral, también imaginaba lo que sucedía en las notas.
Tenía las voces ajenas, los sonidos extraños, las imágenes de muerte; tenía el sonido del lápiz, el pasar de las hojas y por si fuera poco, tengo el eco mudo de mi voz, repitiendo lo que mi mano desea.
Ya no puedo conseguir lo que anhelo, mi mundo feliz se derrumba bajo las bases de las notas; me devoro en instantes y la pistola hace su mágica aparición. Por un lado estoy tratando de esquivar las imágenes y por otro lado el lápiz, el arma. La secuencia es maldita.
El final
Basta de tanta incertidumbre. Basta de lamentarme por el daño y por las huellas que yo mismo he identificado como terribles, basta de todo y sigo en el mismo sitio, con la secuencia en curso. Me veo fuera de mi mismo en las dos posiciones y las notas describiendo cada sesión como si se tratara de una estupida broma de la espiral.
Yo me devoro y la espiral conjuga a las imágenes para que termine su trayecto y marcar por fin, el final de la historia a convenir. El final que no se quiere, el final que no entiendo.
Voy a morir una cuartilla marca el desenlace veintidós líneas y los 5 minutos ya no son necesarios; los tengo y a la vez no. La imagen más cruel es ver a mis dos partes en reverencia absoluta de la enfermedad, en veneración estricta a todo lo que por crisis exacta, la espiral compone.
La liberación llega con el uso de la muerte como solución final. No hay luz al final. Y la masacre interna se produce. Voy por esta sección, rastreando a mis 5 minutos y uno de los hoyos de las hojas me retrocede al momento en que la bomba esta a punto de explotar.
Muero en segundos y el lápiz hace una pausa; las notas han terminado. Mi muerte es la incoherencia que el absurdo no me puede describir. Me muerte interna era el plan.
En la otra sesión, el arma se acerca a mi cien, dejo de un lado el lápiz, cierro todo y presiono a mi dedo para que todo concluya de una vez. Los pedazos de sesos por doquier y reboto en las hojas llenándolas de sangre.
De este lado sin poder hacer nada, seguía la interrogante y como todo paso en segundos me desvanezco como un espejismo, como un sueño y me duele como en una pesadilla.
La espiral era la locura, medito antes de desaparecer eternamente. Yo produje todo y divagaba como producto de mi misma divergencia entre la realidad y el mundo errado que había compuesto.
Nada era sencillo de narrar, me aliviaba que ya no tenía la sensación de persecución, sin embargo, la pregunta exacta era ¿Qué sucedía con mi conciencia si ya no podía pensar?
Mi respuesta eran más preguntas y mientras me desvanecía veo el cuerpo de mis dos partes en secciones diferentes de la espiral y unido a ello veo a las drogas, a las manos, a las voces, veo y escucho.
Todo se sintetiza y en el instante en que creí que ya todo se terminaría, despierto, abro los parpados y estaba vivo; allí, luego de todas las partes anteriores ¡vivo! Sin ninguna explicación lógica, continuaba como antes, sin hablar, sin escuchar.
Estaba sentado con la baba rodando por mi barbilla, contándoles internamente a todos en una sesión de un hospital psiquiátrico, contando sin conciencia de cómo moría en tres partes diferentes y que del otro lado, la voraz espiral continuaba tragando todo a su paso y que los que señalaba eran los próximos en morir.