NOMBRE DEL CURSO:

 

LITERATURA, ESTADO Y POLITICA EN LA NOVELA NEGRA NORTEAMERICANA.

 

PROGRAMA: Seis clases. Frecuencia semanal.

 

CLASE UNO: introducción a la novela negra. Su importancia para pensar las relaciones entre el Estado y la literatura. ¿dónde yace lo político en la literatura?.

 

CLASE DOS: orígenes de la novela negra 1. Historia interna: innovaciones estéticas en relación al policial clásico. Principios distintivos del policial clásico. Autonomía de la literatura policial norteamericana.

 

CLASE TRES: orígenes de la novela negra 2. Historia externa: el contexto de la ciudades americanas en los años 20’ y 30’. La sociedad de masas. Transición conflictiva del estado liberal al estado de bienestar. El triunfo de la organización y la administración.

 

CLASE CUATRO: la literatura de Hammett. Hammett, creador del genero. La estructura de sus relatos. Sus personajes. La vinculación de los aparatos del estado y el capital. El papel del dinero: novelas capitalistas. La moral detectivesca. El detective como político.

 

CLASE CINCO: la literatura de Chandler. Continuidades y rupturas en relación a Hammett. La construcción estética y política de Marlowe. El moralismo de Marlowe. Algunos otros autores del genero: Cain, Horace Mccoy, Burnnett, Macdonald.

 

CLASE SEIS: la literatura como invención alternativa de una realidad. La importancia de la novela negra para pensar los cruces entre lo político y el estado en la sociedad contemporánea. Alcances críticos de sus postulados estéticos y políticos. Soledad y política. Conclusión final. 

 

BIBLIOGRAFÍA GENERAL:

 

Novelas de Hammett:

Cosecha roja, Alianza.

La maldición de los Dain, Alianza.

El halcón maltes, Alianza.

La llave de cristal, Alianza.

El hombre delgado, Alianza.

 

Novelas de Chandler:

El sueño eterno, Emece.

Adiós muñeca, Emece.

La dama del lago, Emece.

La ventana siniestra, Emece.

La hermana menor, Emece.

El largo adiós, Emece.

Play back, Emece.

 

JUSTIFICACIÓN DEL CURSO

 

Nos gustaría trabajar aquí las relaciones entre la literatura y el estado, o cómo la literatura postula la realidad de lo estatal, que es sin duda la forma conceptual en la que se ha concentrado el pensamiento político moderno. Sabemos que Weber definió a la política como la acción orientada a dirigir o participar en el estado. Pues bien, para realizar esta propuesta, que es demasiado amplía y compleja, nos concentraremos en un tipo particular de literatura, la denominada novela negra. Sin duda, ella es una de las más altas expresiones de la literatura política del siglo XX. Claro, que debemos entender la literatura política, no como la trasmisión o el reflejo de una ideología concreta al estilo Gorki, sino como la invención de una realidad en la que la maquinaria política estatal y su producción de verdad ocupan un sitio nodal. La novela negra es una forma novedosa de relato literario que permite vislumbrar desde un ángulo original las tensas relaciones entre lo político y el poder estatal; además su nacimiento y desarrollo se dio en el país políticamente hegemónico en el siglo XX, un hecho no menor que posibilita por otra parte, ingresar de manera inmejorable, por el revés del postulado ideológico de la democracia en América, al corazón del poder mundial.

Dicho esto, nos adentraremos brevemente en las razones que dieron origen a la novela negra o hard-boiled. Trabajaremos en una historia interna y otra externa del género por así decirlo. En la primera, la historia interna, seguiremos libremente algunas coordenadas que dejo Ricardo Piglia. Pues bien, la novela negra surge a partir del policial clásico creado por Poe, desarrollado luego por los ingleses y concluido magistralmente por Borges en el cuento La muerte y la brújula. El clásico relato de enigma tenía como regla principal el poder de la inteligencia desplegada por el detective para resolver un crimen o un robo. Un misterio insondable, un crimen en un cuarto cerrado, es dilucidado por la capacidad analítica, lógico-matemática, de un detective aficionado que, de ese modo, vuelve a equilibrar el orden burgués alterado. El Isidro Parodi de Borges y Bioy lleva al extremo esta regla al resolver los enigmas desde la cárcel donde se encuentra detenido. En estos relatos, el criterio de verdad es la racionalidad inductiva, y lo central es el enigma a resolver no el sujeto que realiza el acto delictivo, que perfectamente puede ser cualquiera. El delincuente es elegido con el fin de dar eficacia literaria al cuento o la novela. El detective, como dijimos, es por lo general un aficionado que resuelve los casos por puro placer; es un burgués que colabora con la policía, siempre ineficaz. En suma, esta del lado del bien, del orden.

El policial negro si bien comienza como un relato de enigma, va a ir corriendo del centro de la escena al misterio, a través de un procedimiento por el cual logro su autonomía del policial clásico. Chandler refiriéndose a Hammett, quizas el creador del genero negro, lo definió así: “Hammett sacó al crimen del jarrón veneciano y lo arrojó al callejón (...) Hammett le devolvió al crimen a la clase de gente que lo hace por un motivo, no sólo para proporcionar un cadáver; y con los medios a mano (...). llevó al papel a esa gente tal como es, y la hizo hablar y pensar en la lengua que usa habitualmente con esos propósitos.” Sacar el crimen del jarrón veneciano, de mayordomos taciturnos, y arrojarlo a la calle tuvo sus consecuencias en las reglas del relato de enigma que fueron alteradas por los autores del policial americano. Ahora el criterio de verdad surge de la experiencia, el detective va en busca de las pruebas y a menudo se enreda con los sospechosos provocando nuevos crímenes, en todo momento queda claro que la razón analítica no alcanza, hay que salir, moverse y arriesgar el pellejo. En Cosecha roja de Hammett dice el agente en un momento: “ Los planes están bien algunas veces- dije-. Y otras, lo que está bien es simplemente remover las cosas; está bien si eres lo suficientemente duro para sobrevivir y conservas bien abiertos los ojos para poder ver lo que te interesa cuando sale a la superficie.” Los crímenes o robos tienen un motivo o interés bien concreto, por lo general económico o político; resolverlos implica remover las relaciones de poder establecidas. Por último, el detective nos es un aficionado, sino un profesional, alguien que trabaja por dinero, y por ende tiene un vivo deseo de cobrar por sus servicios.

Ahora bien, quitar a las novelas policiales de las mansiones o de los barrios elegantes y arrojarlas al callejón, nos introduce en la historia externa del policial negro. Las ciudades norteamericanas de los años 20’ y 30’ son el escenario. Como se sabe, aquellos años son los del auge y consolidación de la sociedad de masas, y los relatos de la serie negra comienzan siendo un producto más de esa sociedad junto con el cine, la radio y el periodismo comercial. La revista Black mast agrupa a los nuevos escritores “duros”. Es una típica revista de la sociedad de masas que se vende en los kioscos a bajo precio. El periodismo al estilo del ciudadano Hearst, con el privilegio que le otorga a las noticias con sangre, el consabido amarillismo, es nodal en el estilo seco y directo de la novela negra. Por eso Piglia sostiene que “el policial norteamericano se mueve entre el relato periodístico y la novela de enigma”. El naciente gangsterismo producto de la ley seca oficia de contexto propicio para situar la violencia en las novelas.

Ahora, hay dos hechos singulares, que podríamos agregar como síntesis de lo hasta aquí relatado. El primero, es que la literatura negra se encuentra en un momento de transición entre el estado liberal decimonico y el estado de bienestar típico del siglo XX. El policial clásico se despliega en un contexto plenamente liberal. Pero el policial norteamericano hace su aparición en ese momento de conflictivo pasaje, entre las guerras mundiales, los truts y los sindicatos, y la crisis del 30’. La trilogía USA de Dos Passos es un inmenso fresco de esta misma etapa de transición. Época marcada por el fin del ingenuo optimismo liberal, por la perdida de antiguos valores, como sostiene la biógrafa de Hammett Diane Jonson, y por el aplastante triunfo de la organización y la administración. El segundo hecho, que denota el carácter distintivo de la novela Hard-boiled es el modo en que circula la información. Obviamente esta particularidad es fundamental en cualquier policial. En este caso, la información circula a lo largo de la ciudad, por sus zonas elegantes y sobre todo por sus bajos fondos. La teoría política de la ciudad en la novela negra, su estética urbana también, se define en las recorridas del sabueso en busca de información. Los personajes que aparecen son los típicos de la ciudad moderna, en ellos no cabe la línea divisoria entre el bien y el mal o la verdad como revés de la mentira, brindan información de acuerdo a sus intereses, siempre contingentes y cambiantes. En la investigación surgida de la experiencia no se trabaja con el registro de la verdad, al detective no le apetece su develamiento perse y a los policías tampoco, por supuesto. Solo importa anudar informaciones que permitan cumplir el objetivo, estas informaciones pueden coincidir con la verdad o no.

Marx dijo allá por 1863: “Hoy el delito es una rama de la producción capitalista y el criminal un productor”. De esta definición concreta y concisa parte la novela negra, por lo menos en su versión más consagrada, la que aquí nos interesa, la de Hammett y Chandler. Son novelas capitalistas, afirma Piglia. La literatura de Hammett y Chandler expresan en toda su crudeza las relaciones capitalistas, el dinero lo gobierna todo. En otras palabras, los personajes, incluido el detective, se mueven por interés. Al leer sus novelas observamos el triunfo del más brutal materialismo. Los aparatos legales y represivos del estado están maniatados también por el dinero y las relaciones capitalistas. La ley es un apéndice del poder del dinero. En consecuencia, el crimen se va impersonalizando y transformando en una incontrolada fuerza social.

Para ejemplificar estas cuestiones, tomaremos la primera novela de Hammett Cosecha roja. En ella, el detective es contratado por un tal Donald Wilson. Cuando llega el sabueso a Personville para entrevistarse con Wilson, éste es asesinado. El agente visita al padre de Wilson, Elihu Wilson y se entera de su poder, es el zar de la ciudad: es dueño de una gran empresa minera, de los dos diarios de la ciudad, propietario del banco de la ciudad, y accionista en todas las empresas de alguna importancia; además es propietario de un Senador de los Estados Unidos, del Gobernador del Estado y del Alcalde de la ciudad. El problema radica en que Elihu Wilson se vio obligado a contratar a un grupo de matones para reprimir una huelga minera persistente y audaz. Los mafiosos derrotaron a los huelguistas, pero a cambio se quedaron con la ciudad. Ahora, Wilson padre ve debilitado su poder, las organizaciones del crimen lo tienen acorralado. Nuestro sabueso se encargara de limpiar Personville con la reticente anuencia del viejo Elihu. Pues bien, este es el disparador de la novela (Gide y Malraux vieron aquí una alegoría del fascismo), que no hace otra cosa que mostrarnos la sintomática visión materialista que tiene el autor de las relaciones entre el estado y el capital. Es más, el jefe de policía Noonam posee una parte del poder criminal en la ciudad. Noonam emplea su uniforme para realizar negocios y tiene un comportamiento gansteril como el de los otros tres contrabandistas y pistoleros que gobiernan la ciudad.

Personville es una tierra sin ley, o mejor, el lugar donde prima absolutamente el dinero y el interés. El agente de la continental para cumplir su misión empleará los mismos métodos que los delincuentes, su objetivo no es llevarlos ante la justicia, hecho imposible, sino provocar un enfrentamiento a muerte entre ellos que los vaya liquidando uno a uno, y de ese modo limpiar la ciudad. No hay posibilidad para comportamiento ético alguno: “el que pretende vender ética en Personville, verá que se le oxida en el almacén”, dice en un momento el agente. Elige, entonces, la mimetización con la ley que rige la ciudad para lograr el fin buscado.

Esta conducta nos hace recordar el viejo tópico sartreano de ensuciarse las manos para hacer política concreta en la historia y no en un cielo ideal. Y en efecto, toda la discusión acerca de la legitimidad de la violencia, las relaciones entre el humanismo y el terror, que colorearon el itinerario del marxismo en el siglo XX pareciera tener una gran semejanza con la literatura hammetiana. Sin embargo, lejos esta la novela negra de una visión marxista de la relaciones entre el dinero y la ley. No hay jamás una critica ideológica al predominio del capital. Es más, el detective con su acción busca reponer el dominio de Elihu Wilson sobre la ciudad, es decir, el sabueso lucha del lado del empresario contra los advenedizos pistoleros, y no lo hace por que considera a uno moralmente superior de los otros, el viejo y los gansters son de la misma calaña, revés y derecho de una semejante fuente de poder. Pero pareciera que, para el sabueso hay un orden aceptable cuando la corrupción se ejerce dentro del marco “legal” de lo establecido. El detective de la novela negra trabaja siempre en el interior de lo que Foucault llamo ilegalísmo diferencial. En un relato titulado Corksrew, que es un antecedente de Cosecha roja, el agente de la continental viaja a un pueblo fronterizo de Arizona para liquidar a unos traficantes de inmigrantes que estaban con su violencia asolando al pueblo, lo hace contratado por los accionistas de una compañía que busca explotar aquellas tierras y no puede hacerlo por el dominio de los gangsters sobre el territorio.

Por tanto, no se debe buscar la politización del relato policial por el lado de una critica del orden capitalista. La novela negra no es la novela proletaria americana, no es posible encontrar la estructura ideológica de Viñas de la ira de Steinbeck, ni el estilo político de la trilogía USA de Dos Passos. En este sentido, la novela negra es inocente. Pero esa inocencia posibilita la efectividad de lo literario. Chandler fue animado a escribir una novela  proletaria, y contesto con sorna que no le interesaba ese animal, y que Marlowe tenía tanto conciencia política como un caballo.

Piglia sostiene que la novela negra debe leerse como síntoma de la sociedad capitalista, y no como si la hubiera escrito Brecht. Es decir, agregamos nosotros, la literatura de Hammett y Chandler escenifican un mundo materialista donde el dinero colonizo al estado a través de la evidencia experimental del detective. De ello, no se extraen consecuencias criticas, se lo acepta con resignación cínica. La fuerza inconmensurable del dinero permanece como el verdadero enigma irresuelto del policial negro, y quizas de ello se deduzca la visión escéptica del mundo que tienen los investigadores privados. Nadie expreso mejor que el Marlowe de El largo adiós las razones del delito en la sociedad contemporáneo. En ellas, se confirma al mismo tiempo el párrafo de Marx, el enigma del dinero, y la concepción del mundo de los escritores “duros”: “Nosotros no tenemos rufianes, tahúres y gangsters y sindicatos del crimen porque tengamos políticos deshonestos con sus representantes ubicados en la Municipalidad y en las legislaturas. El delito no es una enfermedad, sino un síntoma. La policía es como el médico que receta aspirina para un tumor de cerebro, con la diferencia que la policía lo cura más bien con una cachiporra. Somos un pueblo grande, rudo, rico y salvaje y el delito es el precio que pagamos por ello y el delito organizado es el precio que pagamos por la organización. Lo tendremos durante largo tiempo. El delito organizado no es más que el lado sucio de la lucha por el dólar.

-¿Cuál es el lado limpio? – Nunca lo he visto. Vamos a tomar algo”.

Ahora bien, si sugerimos que en las relaciones entre el capitalismo y los aparatos de estado no se encuentra el aspecto político de la novela negra, sino un síntoma de la sociedad de mercado con su creciente colonización de la esfera pública, podemos preguntarnos si hay un espacio de politicidad en estos tipos de relatos. La respuesta es afirmativa, y puede hallarse, sobre la estructura de la vinculación entre el dinero y la ley, en la práctica del detective. El private eyes busca distinguirse de las reglas sociales gobernadas por el dinero y el interés particular mediante la autonomía de su praxis investigativa. El detective define en el campo concreto de su investigación las reglas de conducta que lo regirán. Estas tienen que mostrarse autónomas de los poderes del dinero, y por supuesto tienen poco que ver con las visiones de los profesionales de la política o las ideologías coherentes y omnicomprensivas. Dicha moral política autónoma se encuentra constantemente amenazada por las mujeres que, con su belleza y sagacidad, tientan al sabueso. Las mujeres son la materialización de la violencia arrolladora del capital, el enigma que siempre las envuelve entronca con la misteriosa fuerza del dinero, la femme fatale es la sociedad burguesa que busca integrar a los solitarios detectives. El memorable final del Halcón maltes es un ejemplo de este combate, Sam Spade se ve tentado por la belleza de una mujer sin escrúpulos que ha matado a su compañero y ha intentado engañarlo en todo momento, sin embargo decide entregarla a la policía, aunque siente una irrestible atracción hacia ella, justificando su elección con un discurso donde destaca la necesidad de mantener su autonomía. En este caso: de no ser integrado por el amor.

Por tanto, la politicidad en la novela negra yace en la capacidad del detective para darse una singular visión del mundo que lo vuelve independiente tanto de las distinciones cristianas o victorianas entre el  bien y el mal, como de la lógica pragmática de los sujetos ávidos de ganancias. Se trata de la construcción de otra moral, que nos atrevemos a llamar política por su insistencia en definirse a partir de la experiencia del mundo, y no de grandes relatos proveedores de reglas de conducta.

Ahora, dentro de este marco general, podemos señalar algunos matices entre la literatura de Hammett y la Chandler y también algunos desplazamientos hacia el interior de cada una de sus obras. Los relatos hammetianos de los años 20’ y Cosecha roja nos brindan el punto más alto en la politicidad de la autonomía detectivesca, el agente de la continental parece actuar como el príncipe maquiaveliano, la moralidad de su práctica surge a partir de los fines de la investigación y del contexto en que se realiza. En la otras novelas de Hammett, notoriamente las protagonizadas por Sam Spade y Nick Charles, se acentúa la moralidad del detective frente a un mundo corrompido. Los valores relacionados con la honestidad, el honor y la amistad se ponen en juego en una sociedad utilitaria. Este aspecto va prefigurando al Marlowe de Chandler que va ir acentuando progresivamente el moralismo hasta llegar a El largo adiós donde ocupa el primer plano. Pero, cabe destacar que la moralidad de los sabuesos poco tiene que ver con un recetario de buenas costumbres, ella emerge de su praxis y es en todo caso una forma de oponerse a la vida burguesa.

De todas maneras, nos encontramos ahora ante otro problema: el de la relación entre la soledad y la política. Como sabemos, la política supone la potencia de lo común, la pluralidad humana, o el juego de las diferencias y las equivalencias en la constitución de un pueblo; por tanto, a simple vista, la soledad es anti-política. Y los detectives son esencialmente seres solitarios. La soledad es fundamental para llevar adelante su actividad, ya que, la sociedad en que viven solo se integra y adquiere significación vía el enriquecimiento dinerario. No ser integrado supone la elección de la soledad. ¿Hay política allí? No, si pensamos estrictamente desde la filosofía política. Pero, estamos en el terreno de lo literario. Y lo político en la literatura se observa en la resistencia de los personajes a ser embarcados dentro de las reglas sociales dominantes. En consecuencia, la política de los sabuesos se expresa en su vida solitaria, contracara directa, de su rechazo al dinero y a los ofrecimientos de amor de las hermosísimas mujeres con las que se cruzan. Política y soledad no se oponen en la literatura, sino que se refuerzan, dándoles, de ese modo, a las obras su belleza estética y su sentido critico. La novela negra es autentica literatura por este, entre otros aspectos. Pero además nos brinda un plus: el de permitirnos pensar las relaciones entre el estado y la política en la sociedad contemporánea.

Para terminar, un larga cita de El largo adiós, que ejemplifica este último tramo del trabajo y nos da también un sentido general de la elección política de los detectives. Ahora habla el gran Marlowe, escuchemos: “Por otra parte, lo único que quería era irme y no meterme más en nada, pero ésta era la parte de mi personalidad, a la nunca llevaba el apunte. Porque si alguna vez lo hubiera hecho, me habría quedado en la ciudad donde nací, y habría trabajado en la ferretería y me habría casado con la hija del dueño y tendría cinco hijos. Les leería el suplemento cómico el domingo por la mañana y les daría un coscorrón cuando se saliense de la línea; discutiría con mi esposa sobra la cantidad de dinero mensual que darle para sus gastos y qué programas podrían escuchar por la radio o la TV. Hasta habría podido llegar a ser rico (un rico de ciudad pequeña), con una casa de ocho habitaciones, dos autos en el garaje, pollo todos los domingos, la esposa con una permanente impecable y yo con un cerebro como una bolsa de cemento Pórtland. Elíjalo usted, amigo. Yo me quedo con la gran ciudad, sórdida, sucia, pervertida.”