Los quinientos millones de la begum fue compuesta originalmente por André Laurie (Paschal Grousset). El editor Hetzel compró el manuscrito y se lo confió a Julio Verne para que lo reescribiera. La obra se publicó en 1879, sólo ocho años después de la guerra franco-prusiana, que se saldó con la victoria de los segundos y la anexión de la Alsacia y la Lorena. De aquí  el antigermanismo presente en el relato y el detalle de hacer que el verdadero protagonista, Marcel Bruckmann, sea alsaciano.

Antes de seguir, creo que se impone un resumen de la novela:

Cuando el doctor François Sarrasin, médico francés, se encuentra en Brighton participando en un congreso sobre higiene, recibe la visita de un notario, quien le comunica que es el único heredero de una begum con la que se casó un antepasado suyo y que esta herencia asciende a quinientos millones de francos.

La noticia del caso se extiende por toda Europa y aparece un nuevo pretendiente: el profesor Schultze, un alemán francófobo. Como los derechos de ambos son legítimos y no se puede determinar quién prevalece, se reparte la fortuna entre ambos.

Mientras que el nuevo millonario francés decide construir en Estados Unidos una ciudad modélica basada en las más recientes técnicas de urbanismo y de higiene: France-Ville; el germano creará no muy lejos de ésta la suya: Stahlstadt, una ciudad-fábrica dedicada al acero y a la construcción de los mejores armas.

Marcel Bruckmann, un joven brillante que está enamorado de la hija del doctor Sarrasin, sospecha que el profesor Schultze trama algo contra France-Ville y, haciéndose pasar por suizo, entra a trabajar en Stahlstadt. Gracias a su talento, va ascendiendo en la escala social de la ciudad hasta convertirse en la mano derecha de Schultze, quien le explicará su proyecto de destruir France-Ville con un gigantesco cañón. Seguidamente le comunica que este conocimiento significa su condena a muerte.

Marcel Bruckmann escapa y llega a France-Ville poco antes de que se vaya a producir la agresión germana; sin embargo, ésta no causa daños ya que ha habido un error de cálculo y el obús (el único que podía lanzarse) va a parar al espacio, donde gravita en torno a la Tierra.

Días más tarde, la bolsa de San Fancisco anuncia que Stahlstadt no está pagando a sus proveedores y que el profesor está en paradero desconocido. Marcel, acompañado por Octave, su íntimo amigo e hijo del doctor Sarrasine, van hasta la Ciudad de Acero para saber qué ha sido de su jerarca. Allí descubren que ha muerto durante el lanzamiento del obús contra France-Ville.

Finalmente, el doctor Sarrasine decide hacerse cargo de Stahlstadt y convertirla en un centro de producción para industrias útiles, dirigido por Marcel, quien se casa con la hija de su mentor.


No creo que estemos, seamos sinceros, ante una gran novela, aunque tiene no pocos méritos:

Traduzco algunos fragmentos dedicados a la descripción y funcionamiento de ambas villas:

Empecemos por la germana:

Es en medio de estos pueblos, al pie mismo de las CoalsButts, inexpugnables montañas carboníferas, que se levanta una masa oscura, colosal, extraña, una aglomeración de edificaciones regulares taladradas por ventanas simétricas, cubiertas por techos rojos, de entre las que sobresale un bosque de chimeneas cilíndricas que vomitan por esas mil bocas contínuos torrentes de vapores fuliginosos. El cielo está velado por una cortina negra a través de la cual pasan a ratos rápidos resplandores rojos. El viento lleva un rugido lejano, parecido al de un trueno o al de un gran oleaje, pero más constante y más grave.

Esta masa es Stahlstadt, la Ciudad del Acero, la ciudad alemana, la propiedad personal de Herr Schultze, el ex-profesor de química de Jena, convertido, por los millones de la Begum, en el mayor empresario metalúrgico y, especialmente, en el mayor constructor de cañones de los dos hemisferios.


Sigamos con la francesa:

(...) Como se ve, se encuentra a orillas del Océano Pacífico y al pie de la cadena secundaria de las Montañas Rocosas, que ha recibido el nombre de Montes de las Cascadas, a veinte leguas al norte de Cabo blanco, Estado de Oregón, América Septentrional. (...)

Los mercados son objeto de una vigilancia incesante y se aplica severas penas a los negociantes que osan especular con la salud pública. Un tendero que vende un huevo pocho, una carne en mal estado, un litro de leche adulterado, es considerado un envenenador. Esta vigilancia sanitaria, tan necesaria y tan delicada, es confiada a hombres experimentados, a verdaderos especialistas preparados a tal efecto.


En fin, cada ciudad es el polo opuesto de la otra:



Fuentes: