Subjetividades en pugna: el lugar del sujeto contemporáneo en los entornos virtuales de la cibercultura*
Por Juan Carlos Amador Baquiro**
Presentación
En su obra ampliamente difundida, denominada Cibercultura, la cultura de la sociedad digital, dada a conocer en 2007, Pierre Levy afirma que progresivamente el ciberespacio se ha constituido en un entorno propicio para el despliegue de inteligencias colectivas, las cuales, por sus condiciones de funcionamiento y legitimación, van afectando los ritmos en los cambios tecnosociales, lo que a su vez, impulsa la participación de lo sujetos en el ciberespacio, haciendo que esos diversos canales de participación que van operando en los flujos de la información y de las redes, en lugar de estabilizar y producir órdenes jerárquicos y hegemónicos, alteran los órdenes dominantes y tienden a la desestabilización. Entonces, la inteligencia colectiva, que a juicio de algunos críticos , ha sido entendida como una masa amorfa, objeto de consumo y del control mediante el ciberespacio, en la perspectiva de Levy, es más bien, un movimiento que demarca nuevos ritmos desestabilizadores y que configura nuevas formas de ser y existir en el mundo, esto es, un proceso capaz de propiciar en los sujetos introspecciones concientes e inconcientes, experiencias –simbólicas y materiales-, y formas de representación y presencia, que están constituyendo nuevas subjetividades.
A partir de este referente, es importante señalar que mientras que para algunos, la actual revolución tecnológica, principalmente materializada en la cibernética, la comunicación y la biotecnología, no son más que la continuidad de la hegemonía occidental representada por el proyecto civilizatorio e imperialista de la modernidad, para otros, la creciente masificación del uso y apropiación del ciberespacio, el desordenamiento cultural que surge de su actividad, la producción de referentes simbólicos articulados al consumo y la comunicación, y la circulación de proyectos que aparecen como alternativa al agotamiento de los mecanismos de participación convencionales, constituyen un golpe sustancial al proyecto moderno basado en la lógica binaria sujeto/objeto, sensibilidad/razón, Estado/ciudadano, el cual aparece hoy como el principal objeto de análisis de los Estudios críticos ciberculturales, un campo de reciente figuración, que ha surgido como parte de un importante interés por establecer cuál es el lugar de los sujetos dentro de un escenario atravesado sensiblemente por lo cultural, y que por sus particularidades y complejidades, demanda abordajes interdisciplinares y críticos para ser estudiado e interpelado.
El interés de esta reflexión es ahondar en los procesos que dan cuenta de las subjetivaciones que se están produciendo en los sujetos, al generar vínculos, cada vez más estrechos, con los entornos virtuales del ciberespacio, y avanzar en la identificación, no sólo de los usos y apropiaciones de los dispositivos técnicos que surgen del intento de los sujetos por introducirse e incluirse en este movimiento, sino de establecer algunos puntos de referencia que puedan hacer visible esa constitución de subjetividades, que si bien es cierto, en la perspectiva de Michel Foucault (1991), han sido parte de la expresión de una historia de fabricaciones en los que ciertos regímenes de saber y poder han instaurado órdenes sociales y culturales, y por consiguiente, sujetos –normalizados, clasificados, regulados-, en medio de agotamientos, rupturas y conflictos, aún no es claro si las subjetividades que se están produciendo en medio de este nuevo fenómeno, son parte de la continuidad de ese control, o la manifestación de un proceso de autoconstitución de sujetos, en donde el control del cuerpo viviente –biopoder-, se desborda, y por el contrario, tiende a producir un incremento de las líneas de fuga.
Para avanzar en el deslizamiento de estas consideraciones iniciales, el texto presenta en la primera parte, un breve acercamiento teórico y metodológico a la categoría subjetivación como base para analizar la constitución de los sujetos contemporáneos vinculados a las tecnologías info-comunicativas y las tecnologías digitales; en la segunda parte, describe los Estudios críticos ciberculturales, asumidos como un campo de pensamiento, sumamente pertinente, el cual, sin duda, constituye un escenario de reflexión necesario para identificar los principales rasgos de este fenómeno tecnocultural y el lugar del sujeto en éste; finalmente, se proponen las categorías socialidades y sensibilidades, como expresiones de esas nuevas subjetividades en pugna. Este último planteamiento intenta dar mayor precisión a lo que habitualmente ha sido planteado en algunas investigaciones sobre subjetividades y tecnologías como estructuración y determinación, no obstante, es necesario advertir, que es una exploración inicial. Habrá que observar los resultados de las investigaciones que actualmente avanzan en esta dirección.
Subjetividades en pugna: las nuevas formas de subjetivación en los entornos de la cibercultura
La sociedad contemporánea se ha instalado de manera abierta en narrativas como la mundialización, la internacionalización, la aldea global, la sociedad del conocimiento, entre otras formas enunciativas, que sin duda, muestran cómo las sociedades tienen la pretensión, e incluso, la necesidad de incorporarse a un movimiento masivo que incluye nuevas formas de comunicación, nuevas modalidades de consumo y la producción de información y conocimientos, las cuales han terminado por modificar las relaciones sociales y las condiciones culturales de las comunidades locales, en donde la descentración del yo y el nosotros, conduce a nuevas formas de subjetividad, al parecer, subrepticiamente trastocadas por los medios info-comunicativos y las tecnologías digitales.me gustaría que ampliaras el sentido de lo subrepticio -Jaime Rodriguez 7/28/08 8:37 AM En consecuencia, es importante identificar qué implica la subjetivación como categoría social, cultural e histórica, cómo desglosarla en medio de la condición histórica y cultural del individuo, y cuáles son sus principales mecanismos de producción en medio del carácter conflictivo y asimétrico de la sociedad contemporánea.
La obra de Michel Foucaul muestra como a lo largo de los siglos XVII y XX, las sociedades que promovieron, o que fueron incorporadas, al proyecto moderno, entraron en un proceso de legitimación social mediante tres momentos conocidos como el panoptismo, las tecnologías disciplinarias y la sociedad de control, esta última, más adelante, convertida en biopolítica. Este modelo que no pretende ser una nueva epistemología, una nueva forma de hacer estudios históricos, ni un campo asociado al análisis del discurso, propone la arqueología y la genealogía1, como los métodos con los que se analiza de manera articulada el sujeto, la sociedad y la cultura, en abierta oposición a las teorías en donde los sistemas determinan y explican los comportamientos humanos.
Estos estudios, que con frecuencia acuden a la identificación de los rasgos constitutivos de los sujetos que van siendo nombrados y clasificados en medio de discursos de verdad y prácticas discursivas, muestran en un primer momento, que el posicionamiento de discursos de verdad y formas de saber que se autoproclaman ciencia, van introduciendo progresivamente ciertas prácticas como la internación, el aislamiento y la observación, mecanismos que claramente empiezan a demarcar la normalidad de la anormalidad bajo una lógica binaria cuerdo/loco, criminal/buen muchacho, sano/enfermo, organizando así un nuevo orden social y cultural.
Luego, ya instalado en la pregunta por el poder y por la conformación de instituciones que diseñan toda una serie de mecanismos para realizar el tránsito de la tortura a la vigilancia, Foucault construirá el entronque de su genealogía, un método, que inspirado en Nietzsche, dará cuenta de la singularidad de los sucesos producidos en ciertas condiciones históricas, en abierta oposición a los modelos historiográficos y a los esencialismos de las leyes universales, que por lo general, basados en los acontecimientos, terminaron impulsando el análisis social a partir de la determinación de los sujetos y las organizaciones sociales. Por tanto, en este segundo Foucault, lo más importante será descubrir las condiciones, los límites y las formaciones discursivas institucionalizadas, matizadas por el lugar del poder en los juegos enunciativos de la verdad y de los órdenes sociales.
Ya en los trabajos sobre el poder disciplinario, Foucault plantea que gobernar es estructurar un campo de acción sobre los otros y que el despliegue del disciplinamiento ya no estaba en la servidumbre sino en el control de la voluntad y de la libertad. En este sentido, el cuerpo viviente, además de objeto de la dominación y la regulación, empleará el mecanismo de la autorregulación, a través de instrumentos que ligarán al individuo a sí mismo y a otros mediante la productividad y el sometimiento a órdenes “renovados”. Estos órdenes, provenientes del Estado, las instituciones y las empresas privadas promotoras del consumo, se encargarán de interpretar las relaciones de verdad, poder, sexo e individualidad que produce el sujeto, a manera de control del cuerpo viviente. La administración de estos órdenes establecerán nuevas formas de dependencia y de legitimidad social, el gobierno y la vinculación del sujeto a nuevas organizaciones sociales incursionan como “nuevos consensos”, desde donde se matizarán las formas enunciativas, las formas de verdad y las prácticas cotidianas, ahora, como biopoder.
En el último periodo de su obra, Foucault se dedica a comprender los procesos de subjetivación del sujeto que ha emergido del saber y el poder como parte de un conjunto de continuidades, luchas, resistencias y fisuras que lo han colocado, no sólo en el lugar de la regulación por parte de otros, sino en el control de sus propias enunciaciones. Sin embargo, el sujeto, ya no en el sentido de la sujeción, sino en el de la conciencia, parece, logra construir unas tecnologías propias –self-, experiencia de sí, le llamará Foucault, que emerge de esa proclividad al control que por mucho tiempo han ejercido las tecnologías disciplinarias mediante el castigo, la vigilancia, y luego, el biopoder.
La experiencia de sí es aquello que el sujeto está dispuesto a elaborar como rechazo, aceptación, e incluso, modificación de sí mismo. Es una forma de constituirse a sí mismo mediante el diseño e implementación de prácticas, técnicas y tecnologías que configuran una estilística de su propia existencia. El lugar ético del sujeto desplaza el lugar epistémico de éste, la experiencia, en este sentido, puede operar como la acción en la que se captura al sujeto y se le incorpora a determinados regímenes de saber y de poder, o puede ubicarlo en una ontología situada, que afianzada en su condición simbólica y producción cultural, da paso a quiebres y mixturas entre órdenes reinantes y escenarios proclives a la insurrección, incluso, al autogobierno.
Foucault (1988) considera que los procedimientos que fabrica la sociedad para el cumplimiento de determinados fines, los cuales, regularmente están prescritos, pueden operar, no sólo mediante la sujeción, sino a través de relaciones de autodominio o de autoconomiento, lo que indica que es evidente la aparición de un conjunto de tensiones entre la constitución del sujeto en su historia y su propia interioridad con dichas tecnologías. Estas tecnologías, según el filósofo francés
“…permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad” Foucault (1988:48)
De este modo, la pregunta por la subjetivación, no sólo conlleva a la indagación por los mecanismos, que desde el exterior, controlan y debilitan la voluntad del sujeto para el despliegue de prácticas orientadas por intereses estratégicos, que quizás hoy se expliciten con cierta contundencia en el consumo de bienes simbólicos y el control a través de la simulación y los códigos informáticos del ciberespacio como nueva anatomía de las prácticas biopolíticas (Tirado, et al, 2008:34-50).
Se trata más bien de explorar si la producción de subjetividades que está surgiendo en medio de un conjunto de experiencias individuales y colectivas, en donde los sujetos establecen otro tipo de relaciones con los otros en escenarios virtuales como las ofrecidas por las plataformas de la Web 2.0, promueven proyectos –individuales, sociales y políticos-, mediante la actividad de redes sociales que pueden operar incluso como movimientos sociales, experimentan nuevos afectos y afinidades, produciendo nuevas elaboraciones entre lo estético y lo digital; y si generan nuevos mecanismos que producen aprendizajes bajo nuevas modalidades –cognitivas y sociales-, privilegiando las redes sociales y las comunidades on line. Así, es posible considerar que estas nuevas formas de agenciar el acontecimiento, constatan el surgimiento de unas tecnologías propias – en la perspectiva del último Foucault-, capaces de establecer otros modos de subjetividad, tendientes a la autoconciencia y a la ruptura de órdenes sociales hegemónicos.
Pese a la condición de subalternidad en que se ha colocado a Latinoamérica, como parte de un proceso histórico en el que el saber y el poder han operado mediante el control ejercido por la relación intrínseca modernidad- colonialidad, existen múltiples planteamiento teóricos y experiencias locales, que desde América latina, han situado este fenómeno como un factor de agencia social y política, inclusión y oportunidad para modificar la condición de inferioridad introducida por el posicionamiento universal de enunciados como tercer mundo, periferia, premodernos, subdesarrollados.
En medio de las carencias del mundo urbano latinoamericano, la exclusión naturalizada del campesino, el indígena y el obrero, y las recurrentes alusiones al atraso de la escuela formal, lo cierto es que el uso masivo de televisión cerrada, teléfonos móviles, reproductores personales de música y video, video juegos e Internet, bajo las modalidades de la Web 2.0, constituyen una compleja reconfiguración de la condición de los sujetos, en donde traslapes y mixturas entre lo tradicional y lo nuevo, lo popular y lo reservado, y lo local y lo global, demarcan nuevas formas de ser y actuar en el mundo.
Es posible coincidir con varios expertos en el tema sobre la naturaleza desordenada y desbordada en que el fenómeno irrumpe en la vida de las personas. El rasgo más afectado en el ser humano es la condición histórica, simbólica y social de su propia subjetividad. Como se señaló atrás, en la perspectiva de Foucault (1991), la subjetividad procede de una historia de fabricaciones, en donde saber y poder, han cruzado las formas de actuación y han dispuesto ciertas tecnologías en el sujeto, la sociedad y la cultura, de tal manera que el yo opera como posibilidad de autoconstitución en medio de tensiones, de donde pueden surgir líneas de fuga, produciendo así, desplazamientos y multiplicidad de posicionamientos que se van vinculando a otros seres humanos, e incluso, a materialidades y símbolos.
Estas formas de subjetividad sufren alteraciones muy importantes en medio de los encuentros y desencuentros entre los mundos de vida2 de los sujetos y la presencia de la comunicación que surge de sus diversas interacciones con medios info-comunicativos y tecnologías digitales, no como instrumento o canal para interpretar cierta información, sino como presencia, imaginación e inter-creación. Martín Barbero (2004:4) afirmará “…la tecnología remite hoy no a unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras…”. De este modo, la tecnología, en sus múltiples usos y reconfiguraciones, deslocaliza los saberes, modifica el estatuto cognitivo del saber como conocimiento institucionalizado y replantea las figuras de razón, lo que a juicio de Martín Barbero (2004), es la confirmación de un emborronamiento de las fronteras entre razón e imaginación, saber e información, naturaleza y artificio, arte y ciencia, saber experto y experiencia profana.
La producción de nuevos lenguajes, entendidos como escrituras y lecturas multimodales, el acento en la imagen, la reorganización de los factores que constituyen la información y el conocimiento, el uso de múltiples fuentes, la intercreación de textos y obras a varias manos, el surgimiento de software libre, la mezcla entre lo digital y lo estético, indican, sin duda, que se están produciendo unos cambios en la vida de los sujetos, especialmente, en niños y jóvenes, que rebasan la alfabetización convencional, posicionan las representaciones simbólicas, incorporan formas de hacer comunidad de otras maneras y abre otros trayectos o canales de aprendizaje, pasando de una organización mental cognitiva sensorio-racional a una sensorio-motora (Martín-Barbero, 2004).
Las discusiones contemporáneas sobre las transformaciones que se producen en estos encuentros y desencuentros están siendo discutidas principalmente por dos campos de pensamiento en construcción. De una parte, el campo Educación- comunicación- cultura, cuyo centro está en la identificación de las relaciones entre estas tres categorías con un especial interés por la indagación del fenómeno en los mundos de vida infantiles y juveniles. La segunda línea de análisis tiene que ver con lo que algunos han denominado Estudios críticos ciberculturales, un campo con muchas novedades que se ha ocupado de observar la producción subjetiva de los sujetos y de las comunidades a través de los vínculos que producen con el ciberespacio y los atributos de la Web 2.0. Cada una contiene discusiones propias, elaboraciones teórico-metodológicas particulares y experiencias muy ilustrativas que pueden contribuir al debate sobre el lugar que este fenómeno ocupa en la producción de subjetividades en los sujetos contemporáneos. Sin embargo, para efectos de esta reflexión, se hará un acercamiento al segundo campo, el cual, de algún modo, recoge algunos rasgos constitutivos del primero.
Los Estudios críticos ciberculturales, como campo de reciente figuración en Latinoamérica, coloca a Pierre Levy (1999), Arturo Escobar (2005) y Martín Barbero (2005) como parte de un grupo de intelectuales que vienen considerando que es necesario comprender la cibercultura como un cambio tecno-social ligado a una serie de transformaciones de la sensibilidad, las relaciones sociales, la ritualidad, las narrativas culturales y las instituciones políticas, que están emergiendo en diversas condiciones y singularidades. En términos de Rocío Rueda (2008), estas variables deben ser observadas en dinámicas que muestran nuevas relaciones entre movimientos, colectivos sociales y tecnologías de la información y la comunicación, y en la existencia e interrelación entre los saberes locales y la acción política que no circula de manera exclusiva por las instituciones tradicionales sino por formas de comunicación en red –digitales, móviles e internet-, que se vuelven objeto de análisis transdisciplinar.
Al igual que el campo de la Educación-comunicación-cultura, los Estudios ciberculturales rechazan las perspectivas originadas en las ciencias sociales, basadas en el estructuralismo y el funcionalismo, en donde las tecnologías son asumidas como herramientas e instrumentos neutrales, a manera de ciencia aplicada, y orientadas, por lo general, hacia la implementación de prácticas en donde el hombre controla variables, mejora su calidad de vida y reafirma su camino hacia el progreso. Uno de los aspectos que recientemente están abordando estos trabajos es el de la relación entre las dinámicas del capitalismo contemporáneo y las tecnologías de la información y la comunicación, relaciones en las que se configuran subjetividades individuales y colectivas y prácticas sociales que circulan como parte de los mecanismos de control, pero también como posibles formas de resistencia de las sociedades. “En América Latina el movimiento net-art cada vez tiene más fuerza, no sólo en la red sino en diversos espacios, intervenciones urbanas y de interacción colectiva” (Rueda, 2008:11)
En oposición, algunas perspectivas latinoamericanas, se han centrado en las diferencias entre los “info-ricos” y los “info-pobres”, la existencia de brechas digitales, las implicaciones y condiciones de la alfabetización digital; otros, han venido explorando cómo se desarrollan estos procesos en los contextos locales, comunitarios y urbano-rurales a través de lo que han denominado informática social (1999) e informática comunitaria (2000). En una exploración realizada a mediados de los noventa a través de un documento llamado “Bienvenidos a Cyberia” (1998), y en un trabajo más reciente denominado “Más allá del tercer mundo” (2005), Arturo Escobar ha señalado que situarse en los Estudios ciberculturales, no sólo implica entender cómo se producen las apropiaciones de las mediaciones tecnológicas en espacios institucionalizados o no formales, o analizar la tendencia a la incorporación e importación de las tecnologías en el tercer mundo. Se trata más bien de identificar la dialéctica entre los más y los menos favorecidos en términos del acceso, no sólo para posicionar perspectivas desarrollistas del fenómeno, sino para observar cómo se dan las creaciones desde abajo, es decir, cuáles son las formas de reapropiación, rediseño tecnológico que se da en contextos donde se ha instalado la subalternidad desde la narrativa de la intramodernidad, lo que indica, analizar también, de qué modo pueden operar allí los movimientos sociales.
A juicio de los expertos, tres son los aspectos que valdría la pena explorar en este campo; de una parte, la relación entre cibercultura y capitalismo, la cual se centra en indagar el papel del sistema económico en la ordenación de los objetos y procedimientos tecnológicos, aquí se destacarían los temas relacionados con los bienes comunes y la propiedad intelectual en el contexto de la globalización hegemónica y el libre mercado; en segundo lugar, el surgimiento de colectivos en red que constituyen otras formas de acción de los movimientos sociales, en especial, esta línea se pregunta por las nuevas relaciones entre política y cultura, la reconfiguración de los objetos que legitiman las luchas sociales y la recomposición de las relaciones entre lo local y lo global; en la tercera línea de indagación, asuntos como la producción de nuevos lenguajes, la hipertextualidad, la reconfiguración de lo sensible y lo cognitivo generada por la hipermedialidad, las narrativas de la hiperficción y la producción de presencia, son entre otras, parte de las rupturas a los esquemas comunicativos convencionales, que se constituyen en objeto de estudio.
El terreno es bastante prolífico, además de los tres caminos posibles planteados, la cibercultura observada desde los bordes y lo subalterno, implica otras formas de pensar las nuevas escrituras, las nuevas estéticas, los vínculos entre arte y tecnologías digitales, lo que a juicio de Martín Barbero (2004), además de redimensionar el concepto de lo estético, produce nuevos vínculos con la política, los movimiento sociales y con la producción de narrativas que rompen con la representación y que constituyen nuevas poéticas de lo humano, lo técnico y lo natural a través de la producción de presencia (Rodríguez, 2008).
Subjetivaciones contemporáneas: la cuestión de las socialidades y las sensibilidades que emergen de la cibercultura.
Las socialidades: de la socialización a los movimientos sociales
Sin entrar a detallar las particularidades históricas que han conllevado a que la acción de los sujetos, los grupos y los movimiento sociales, hoy tengan nuevas formas de funcionamiento, distantes de las acciones que hace un par de décadas se caracterizaban - ya fuese mediante el uso de los mecanismos legales del Estado, o a través de la legitimación de las vías de hecho-, por la vinculación del individuo a colectivos que operaban mediante la militancia y la definición de estructuras jerárquicas y burocráticas, encargadas de delimitar y regular la relación del ciudadano al Estado, según los referentes jurídico- políticos del momento, o del militante a su partido, de acuerdo con las estructuras organizativas, o del afiliado a su sindicato, conforme a los estatutos de la organización, es innegable, la transición a nuevas formas de socialización, nuevos mecanismos para crear vínculos sociales, y nuevas formas de participación; una transición del vínculo social, que ya no se circunscribe a la lucha de clases o a la toma del poder, sino que propone la apertura a problemas que son parte de la vida cotidiana de las personas y que están visiblemente atravesados por lo cultural (Hoppenhayn, 2005; Lazzarato, 2006).
Las preocupaciones sociales siguen existiendo y siguen estando presentes en la vida de los sujetos, sólo que de otro modo. El sociólogo alemán Ulrich Beck (1997), ha planteado que esta es la época de la sociedad del riesgo, un momento en el la incertidumbre, lo aleatorio y el agotamiento de las certezas, no son más que la expresión de un momento de subpolitización y de confianza en la individualidad social y política del sujeto, como consecuencia de la ilegitimidad histórica de lo institucional. En este sentido, Beck señalará que la sociedad del riesgo es la era de la propia vida, en donde “…los hombres son más capaces de afrontar el futuro que las instituciones sociales y sus representantes…” (Beck, 1997:17), las biografías del bienestar se vuelven biografías del riesgo, se evidencia una pérdida de confianza en la seguridad material futura y la identidad social.
Aunque el encuentro cara a cara sigue ocupando un lugar privilegiado en las formas de socialidad y en la constitución de subjetividades sociales, están surgiendo otros lugares por donde ahora pasa la experiencia, escenarios virtuales que permiten la circulación de ciertas informaciones –oficiales y no oficiales-, el tránsito de opiniones y puntos de vista sobre lo ocurrido y sobre los proyectos de futuro, y el despliegue de narrativas que adoptan la acción colectiva como expresión de la configuración de comunidades de sentido, capaces de posicionar nuevas preocupaciones políticas y sensibilidades acerca del mundo social y cultural, que pueden adquirir incluso, el carácter de capital social (Rodríguez, 2008).
En la perspectiva de Rueda (2008) y Valderrama (2008), la condición de lo público, como espacio o como esfera, empieza a caracterizarse por una nueva inmaterialidad, que regularmente, opera en las redes electrónicas del ciberespacio, específicamente, a través de espacios como Facebook, Hi5 y Myspace. Adicionalmente, las prácticas culturales entran en una redefinición de sus prioridades e intereses. Los estilos de vida, los valores culturales, las identificaciones alrededor de gustos, preferencias, rechazos, y las apuestas de futuro que circulan y que se comparten en la red, son parte de un fenómeno, en el que se evidencia el agotamiento de la participación convencional, generalmente, planteada bajo la lógica de los derechos y deberes del ciudadano liberal, la comunicación vertical propia de las instituciones, y la organización burocrática de las organizaciones de la sociedad civil.
La búsqueda personal que eventualmente puede coincidir con proyectos sociales y culturales ha sido el mecanismo a través del cual, están surgiendo los movimientos sociales por la red. En particular, los movimientos antiglobalización, el movimiento zapatista FZLN en México y el movimiento de los “Sin Tierra” de Brasil, son la expresión de colectivos que se organizan mediante la interconexión, que no renuncian a sus particularidades locales y que producen nuevas formas de cooperación, en donde la singularidad de los lenguajes, el despliegue de diversas formas de participación, y la agencia de prácticas sociales y políticas, dan cuenta de nuevas formas de organización. Al parecer, esa renovación de lenguajes, principalmente caracterizados por la creatividad de lo que se expresa, se constituye en un medio legítimo para convocar, identificar adhesiones y producir otras formas de hacer política, que sin caer en la totalización pretenciosa de la democracia representativa y de la burocratización de las políticas públicas, vía legislativa, es una forma de agencia –in situ-, que incorpora decisión, empoderamiento y tensiones.
Algunos críticos podrían afirmar que los intereses de la mayoría de las personas que utilizan los atributos de la Web 2.0, no necesariamente coinciden con la naturaleza de los movimientos sociales que se han colocado como ejemplo. Tanto Arturo Escobar (1999) como Winner (1987), han señalado que la tecnología como fenómeno cultural inaugura un sinnúmero de rituales y prácticas que pueden operar, ya sea para ejercer y legitimar órdenes sociales y formas de poder, o para instituir reelaboraciones, reapropiaciones y/o modificaciones, que se pueden colocar en pugna con las primeras, y que pueden conllevar a adoptar formas de vida, formas de sociedad y ciertos tipos de relaciones sociales.
La construcción de las relaciones sociales, la forma en como se construyen los vínculos entre unos y otros, los procesos de legitimación que van construyendo y utilizando los sujetos para hacer parte de los acontecimientos de la vida diaria, entre otros, confirman que hoy más que en cualquier otra época, los sujetos socializan apelando, en buena medida, a actividades de información y de comunicación. De este modo, el ciberespacio se constituye en el escenario en el que confluyen individuos, colectivos y redes sociales, colocando los acumulados, saberes y experiencias a disposición de otros. Esa nueva forma de compartir lo individual y lo social tendrá serias implicaciones en la forma de hacer política; en este sentido, lo semiótico y lo informacional redefinirán las prácticas políticas; las agendas de participación, las formas de empoderamiento y la priorización de prácticas confluirán alrededor de nuevos movimientos; movimientos que además de producir nuevas socialidades y nuevas formas de agenciar los intereses individuales y colectivos, dan cuenta de una nueva triada en la configuración de la subjetividades sociales: saber, comunicación y acción, por tanto, experiencia.
Las sensibilidades: el efecto de la presencia en la experiencia estética
Pierre Levy (2005) se ha referido al “ciberarte” como un fenómeno que subyace del gran movimiento de la cibercultura, pero que requiere de un análisis exento de los esencialismos propios de la producción estética ligada a la creación de obras exclusivas de los artistas reconocidos, y por lo general, regidos por movimientos o escuelas específicas. Por el contrario, la relación cada vez más estrecha entre lo artístico y lo digital en los entornos virtuales del ciberespacio, constituye otra de las dimensiones posibles para comprender los procesos de subjetivación en la sociedad contemporánea; relación, que además de novedosa y necesaria para identificar el lugar del afecto y la emoción en la cibercultura, sobresale por la posibilidad que ofrece para que los legos y profanos exploren, interpreten y participen en la producción de la experiencia estética (Gumbrecht, 2005).
A diferencia de otras esferas de la cibercultura, el ciberarte, no solamente ofrece la posibilidad de participar mediante la producción de sentido, sino a través de lo que Levy denomina la coproducción de la obra. El “espectador”, en este caso, es convocado a intervenir en la materialización, edición, exposición y puesta en escena de la obra; es en últimas, la posibilidad de compartir sensibilidades a través de una obra inacabada y abierta, susceptible de ser transformada por varios actores. En este sentido, la obra, ya no queda limitada al momento inicial de la creación detonada por la inspiración, sino que además de renovarse continuamente, es generadora y catalizadora de acontecimientos, a propósito de su existencia y formas de circulación y despliegue.
De otra parte, procesos que dan cuenta de lo que algunos han denominado las nuevas escrituras y nuevas formas de producir literatura, hacen parte de un gran fenómeno que se inscribe en la ruptura que está produciendo la hipermedialidad, una zona de indistinción entre la realidad y la ficción, que además de interpelar el lugar de la unicidad de la voz narrativa, desordena la homogeneidad de la obra a través de procesos intercreativos que desglosan el objeto, lo deslocalizan y lo reelaboran, de modo que la producción de significados, ya no dependerá de un modelo inmodificable, sino por el contrario, será la consolidación de una forma de producción de sentido que emerge de una obra que es susceptible de ser transformada y presentificada (Humbrecht, 2005).
La presencia, referente que se opone al relativismo de la interpretación, es un proceso que se produce preferiblemente en medio de la experiencia estética, y particularmente, en el intersticio de la virtualidad, no en el sentido empírico que caracterizó la idea de fenómeno en el positivismo, sino en una perspectiva que recupera la idea de un sujeto ubicado en un espacio como existencia (Heidegger, 1993)3. Así, la experiencia estética situada en los entornos del ciberespacio, se constituye en un componente capaz de desplegar otras trayectorias para producir el acontecimiento, el cual difiere de las lógicas binarias y relativistas de la metafísica y de la hermenéutica, en tanto posiciona otros mecanismos de acción, en donde el sujeto construye y participa de la creación, la memoria y la difusión de un producto que deviene; Humbrecht advierte al respecto “no hay experiencia estética sin efecto de presencia, y no hay presencia sin que haya sustancia en juego…un efecto de presencia emerge y nos produce momentáneamente tal sensación de intensidad…” (Gumbrecht, 2005: 116)
En el plano de la escritura, es posible admitir que el texto escrito, referente clásico del pensamiento moderno, permita ciertas realidades de carácter estable para que la interpretación sea posible bajo ciertos cánones de verdad y razón. Sin embargo, hay otros fenómenos, producciones y acontecimientos que no poseen esa estabilidad, que en el caso particular de la hipermedialidad y la hipertextualidad están atravesados por lo efímero y lo inestable de la obra. En la perspectiva del profesor Rodríguez, las anticipaciones literarias que se esgrimen de autores como Borges, Cortazar, Joyce, entre otros, caracterizados por una ficción escrita, que además de romper la linealidad y las jerarquías de la narrativa moderna, acceden a la multilinealidad, la fragmentación y el palimpsesto, constatan que los sistemas de escritura electrónicos y la proliferación de presentificaciones estéticas en la cibercultura –que no fueron parte de su tiempo- hoy se erigen como el soporte más propicio para el despliegue de la sensibilidad, el afecto y el advenimiento de cierta substancialidad que empieza a legitimar el tiempo y el espacio del sujeto.
La pugna entre el signo convencional y el natural no se resuelve, por el contrario, se complejiza. Sin embargo, es evidente que los cánones de la escritura lineal se debilitan, surgen producciones divergentes que instauradas en lo semiótico, y escapando incluso, de lo verbal, establecen producciones simbólicas y materiales mediadas por las tecnologías de lo perceptual. De este modo, Pierre Levy, insistirá en que no es la virtualización sino la interactividad, el proceso que con mayor contundencia legitima, no tanto la existencia y el reconocimiento del autor, sino del ingeniero del mundo, una figura que en últimas, es la que impulsa nuevas pragmáticas y nuevos efectos de presencia. En palabras más precisas, Levy afirmará:
“Afortunadamente, sensibilidad, talento, capacidades, esfuerzos individuales de creación, siguen estando a la orden del día. Pero pueden calificar al intérprete, al hacedor, al explorador, al ingeniero de mundos, a cada miembro del equipo de realización, tanto y quizás mejor que a un autor cada vez, menos delimitado” (Levy, 2005:120)
A manera de cierre
Si la subjetivación es un proceso que coloca en el centro a un sujeto, que aunque encarna prácticas y representaciones instaladas histórica e inconcientemente entre el saber y el poder, es capaz de producir una estética de su propia existencia como experiencia de sí, es posible admitir que la emergencia de la cibercultura, asumida como fenómeno cultural más que como determinismo tecnológico, es un lugar que por sus complejidades, tensiones y posibles convergencias, potencia y propicia la creación, el empoderamiento y el vínculo social.
La constitución de subjetividades en la sociedad contemporánea, ya no está basada en la vigilancia del individuo, la clasificación de los anormales o el disciplinamiento del cuerpo, como ocurrió bajo la organización del proyecto moderno –civilización, progreso y desarrollo- y todo su aparato institucional, visiblemente diseñado para la regulación de los tiempos y los espacios de los sujetos. Las socialidades y las sensibilidades que operan como una nueva pragmática y como efecto de presentificación, es un suceso que como se ha mostrado, altera las regulaciones y deslocaliza el control disciplinario y biopolítico.
Procesos como la toma de decisiones frente a temas de la vida cotidiana, la intercreación, la producción de la experiencia estética, la elaboración y circulación de informaciones, los trayectos y desplazamientos de los productos semióticos y sus múltiples formas de re-creación, la adquisición de nuevos referentes identitarios para vivir otras experiencias en los márgenes de la virtualidad, la generación de nuevas escrituras mediante la hipermedia o el hipertexto, entre otros fenómenos, son la confirmación de un acontecimiento en el que el sujeto regula sus propios tiempos y espacios y se hace visible, no tanto bajo la anatomía biopolítica de su virtualización y la codificación, sino a través de la interactividad. por lo menos comoposibilidad que puede generalizarse -Jaime Rodriguez 7/28/08 2:15 PM
Experiencias en el terreno de las socialidades como la interactividad que surge de los movimientos sociales, los blogs de opinión local y la circulación de publicaciones que están ubicadas especialmente en los márgenes del sistema, es decir, en tendencias no oficiales; o trayectorias muy importantes, que en la dimensión de lo estético han difundido las narrativas digitales a través del hipertexto y la hipermedialidad, constatan que se están produciendo dos fenómenos que coinciden con el planteamiento foucaultiano de una estilística de la propia vida en la que la subjetivación, ya no sólo surgiría de los regímenes de saber y poder, como parte de una historia de fabricaciones de la subejtividad, sino de unas tecnologías del yo, que particularmente el sujeto construirá, en la medida que sus experiencias con el mundo posibiliten el advenimiento de éstas.
Bibliografía
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* Texto presentado como trabajo final del Seminario Cibercultura y Educación, dirigido por el profesor Jaime Alejandro Rodríguez, Énfasis Lenguaje y Educación, Doctorado Institucional en Educación.
** Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Educación, Énfasis Lenguaje y Educación.
1 Estos términos hacen alusión a los dos métodos utilizados por Foucault en los trabajos que comprenden las dos primeras fases de su obra. Particularmente, la arqueología se ubica en aquellos trabajos que describen el análisis de la producción de enunciados que históricamente han ido apareciendo en medio de tensiones, continuidades y rupturas, como mecanismos para nombrar y clasificar sujetos, saberes y órdenes sociales. Ver Historia de la locura en la época clásica, 1961; Las palabras y las cosas, 1966 y la Arqueología del saber, 1969. La genealogía, por su parte, da cuenta de las condiciones y límites de las formaciones discursivas en la institucionalidad. Uno de los aspectos más sobresalientes de este segundo momento es la teoría del poder disciplinario, cuya base reside en el paso del panoptismo a las tecnologías disciplinarias. Ver Vigilar y Castigar, nacimiento de la prisión, 1976. Para una mayor ampliación de la obra del filósofo desde su propia perspectiva. Ver Foucault, 1991.
2 El término es propuesto por el profesor Germán Muñoz en su trabajo doctoral sobre La comunicación en los mudos de vida juveniles. Hacia una ciudadanía comunicativa. Universidad de Manizales - CINDE. Ver Muñoz, 2006.
3 Desde el punto de vista de los conocedores de la obra de Heidegger, hay tres momentos que caracterizan su pensamiento. El primero está vinculado a la discusión sobre el Ser y el estar en el mundo, problema, objeto de discusión del clásico trabajo Ser y Tiempo (1927). El segundo momento es aquel en que Heidegger se ocupa de reflexionar sobre la técnica y la modernidad, a propósito de la gran angustia que invade al mundo en el periodo de entreguerras; en este momento, es tal vez su conferencia sobre La pregunta por la técnica, el documento que revelará sus oposiciones a la concepción occidental de la tecné como progreso y civilización y su llamado a lo oculto, incluso desde el peligro, el horror y el desencanto. Al final de su vida intelectual, en tiempo de posguerra, la reflexión se centrará en la importancia de la serenidad al preguntarse ¿Qué significa pensar? Al parecer, se tratará más bien de soltarse y deshacerse, lo que le ubica, una vez más, en la idea del Ser en el mundo, no como finitud sino como nada. Estas inquietudes pueden detallarse en textos como Carta sobre el Humanismo (1947), Sendas pérdidas (1950) e Introducción a la metafísica (1953).