ARTÍCULO DE OPINIÓN
El cambio climático y el cambio en la isla
Fernando Sabaté Bel y José María Fernández Palacios (*)
El segundo informe de Naciones Unidas acerca del cambio climático, elaborado por más de tres mil científicos que trabajan para el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y que acaba de hacerse público en Bruselas, no deja margen para la duda: nuestro planeta está gravemente enfermo. Son muchas las enfermedades que padece (cambio climático, deforestación, desertificación, contaminación, pérdida de biodiversidad, lluvia ácida, sobreexplotación de recursos renovables, etc.) y varias de ellas profundamente relacionadas. De entre estas enfermedades hay una que ha conseguido capitalizar el interés de la comunidad internacional, el cambio climático.
Como todos sabemos, el principal factor desencadenante de este cambio climático, es la acumulación en la atmósfera de gases invernaderos, fundamentalmente CO2, aunque también otros como metano, óxidos de nitrógeno o CFCs. Y la principal fuente de CO2 es la quema de combustibles fósiles, esto es carbón, petróleo y gas natural. Quien a estas alturas siga dudando de la existencia de tal cambio o de que seamos los humanos los responsables del mismo, es sencillamente un ignorante o su opinión es interesada.
El segundo informe de la ONU pronostica, entre otras consecuencias, que la incesante quema de combustibles fósiles, de incendios y de talas que ha producido el cambio climático, desencadenará la desaparición de hasta un 30% de las especies existentes si prosigue al ritmo actual, que más de mil millones de personas quedarán sin disponibilidad de agua dulce por las sequías y el deshielo de los glaciares (sólo los glaciares que están desapareciendo en el Himalaya suministran el agua dulce a un 40 por ciento de la humanidad), o que el incremento de la temperatura (entre 2 y 4º C para fin de siglo) aumentará hasta 60 centímetros el nivel del mar, lo que borrará del mapa a más de dos mil atolones, muchos de ellos habitados, como en Maldivas, Indonesia o en el Pacífico.
Se anticipa la devastación de la gran barrera de Coral australiana, con toda su biodiversidad, se pondrá en peligro el funcionamiento de la corriente de El Golfo, que hace de Europa un lugar habitable pese a su latitud, el aumento del número y fuerza de huracanes, ciclones y tornados (la cola del Delta nos dejó muy claro la vulnerabilidad de Canarias ante estos nuevos fenómenos climáticos hasta ahora desconocidos), la redistribución hacia las zonas templadas y en altura de muchas especies tropicales, entre ellas los agentes que causan enfermedades tropicales y sus vectores, o la intensificación de sequías, olas de calor e inundaciones.
En Tenerife, la producción de energía eléctrica se basa casi exclusivamente en la quema de fuel, y aunque en el pasado reciente la electricidad producida por la energía eólica llegó a suponer un 4 por ciento de la demanda, la política de seguir quemando fuel para cubrir la creciente demanda energética de una sociedad que crece sin parar, ha rebajado la aportación de las energías limpias apenas al 1 por ciento.
Dicho de otra forma: la inversión en energías limpias crece a un ritmo más lento que la demanda de electricidad. Además de la quema de combustibles fósiles para la producción de electricidad, en la aportación tinerfeña al calentamiento global hay que incluir otro sumando muy importante, la gasolina y gasoil que queman nuestros vehículos, que como todos sabemos por las veces que nos hemos quedado atrapados en atascos mañaneros, o en la locura de encontrar un aparcamiento, suponen una cantidad muy considerable (cerca de medio millón) para el tamaño de la isla, cantidad que sigue creciendo desenfrenadamente. Es decir, no sólo no es un problema lejano a nosotros, sino que los tinerfeños somos contribuyentes netos al cambio climático que experimenta el Planeta.
Los actuales gobernantes lejos de enfrentarse al problema del cambio climático, apostando por transportes colectivos que funcionen de verdad, por carriles bici, por penalizar el uso de los vehículos no completamente ocupados, por gravar la adquisición de nuevos vehículos o por apostar decididamente por energías limpias (eólica, fotovoltaica, solar térmica, etc.) en un paraíso para ello como es Tenerife, han apostado por el gas natural, y con él por una dependencia exterior cada vez mayor de recursos energéticos, para luchar contra el cambio climático, o al menos eso dicen. Como si el gas natural no emitiera CO2 a la atmósfera, o no fuera un combustible fósil.
Y para ello nada mejor que construir un gran puerto industrial en Granadilla (uno de los últimos lugares vírgenes de la costa meridional tinerfeña), donde instalar la planta regasificadora. Desde Alternativa Sí se puede por Tenerife creemos firmemente en que el cambio climático es una razón más para el indispensable cambio en la Isla, un cambio que apueste por otro modelo energético basado fundamentalmente en el ahorro, en la peatonalización de las ciudades, en la promoción del transporte colectivo frente al individual y en el desarrollo decidido de las energías renovables.
Tengan los lectores la seguridad de que la alternativa política y social que representamos no va a permitir el destrozo del litoral de Granadilla ni que se siga con las decisiones políticas erradas que contribuyen a la muerte lenta, pero inexorable, de nuestro querido Planeta Tierra, el único que tenemos.
* Candidatos al Cabildo por Alternativa Sí Se Puede por Tenerife