Alfabetización y uso de marcadores sociales
Felipe Zayas
Se amplía el concepto de alfabetización
El significado que hoy le damos al término “alfabetización” implica un conjunto de de competencias muy complejas. En la actualidad, entendemos por alfabetización el uso de los textos escritos (como lectores y como escritores) para satisfacer diversas finalidades: alcanzar determinados objetivos personales, participar en la sociedad, desarrollar los conocimientos, etc. La diversidad de finalidades de la lectura y de la escritura es la razón por la que el Marco Común Europeo para la Enseñanza de las Lenguas sitúa el aprendizaje de las habilidades y estrategias lingüístico-comunicativas en diversos ámbitos sociales:
El ámbito público, que se refiere a la interacción social en contextos empresariales, administrativos, culturales, asociativos, de la comunicación de masas, etc.
El ámbito personal, que comprende las relaciones familiares y las prácticas sociales individuales.
El ámbito profesional, que abarca todo lo relativo a las actividades y las relaciones de una persona en el ejercicio de su profesión.
El ámbito educativo, que hace referencia al contexto de aprendizaje o formación (generalmente, las instituciones educativas), donde se adquieren conocimientos o destrezas específicas.
Pues bien, en la actualidad, cuando hablamos de lectura y de escritura en esta diversidad de ámbitos sociales debemos incluir necesariamente las nuevas prácticas discursivas que Internet promueve. Internet está significando una modificación de las prácticas discursivas en los diversos ámbitos de la vida social: diversificación de las situaciones de lectura y de escritura, cambios en formas de los textos, pautas nuevas para leer y para escribir, etc
Estas nuevas prácticas discursivas que se llevan a cabo en Internet y las nuevas formas textuales que generan han de ser objeto de enseñanza y de aprendizaje en el contexto educativo, si convenimos en que estos nuevos usos de los textos escritos requieren el aprendizaje de unas competencias específicas. En definitiva, el concepto de alfabetización se ensancha para incluir las habilidades y estrategias para leer y escribir en Internet.
Diapositiva 2: Alfabetización
Para poder determinar estas nuevas competencias, sería necesario un análisis detallado de los nuevos medios –los foros, los blogs, las enciclopedias digitales elaboradas de forma colaborativa, las bibliotecas virtuales, las webs de instituciones, etc.-, de los nuevos géneros, de las transformaciones experimentadas por los medios de comunicación tradicionales al convertirse en prensa digital, etc.
El análisis de las características de los nuevos medios de comunicación y de los nuevos géneros textuales nos llevaría a hablar de competencias como las siguientes:
Saber juzgar la utilidad de una web para los propios objetivos, así como valorar su fiabilidad.
Saber establecer los objetivos de lectura para poder trazar los propios itinerarios por el hipertexto, es decir, por una clase de texto que está compuesto por fragmentos vinculados entre sí mediante hiperenlaces.
Saber identificar en las webs los espacios destinados a la participación de los lectores (foros, comentarios a las noticias, posibilidad de imprimir los textos, etc.) así como las normas que regulan esta participación.
Conocer y usar las normas de cortesía que se han de observar en los foros, comentarios en los blogs, etc.
Citar adecuadamente las fuentes utilizadas y enlazarlas.
Saber combinar un estilo espontáneo e informal con el respeto a las normas de corrección.
Tener en cuenta algunos requisitos básicos para la legibilidad de los textos (recursos tipográficos, estructura cdel contenido, uso de hiperenlaces…)
…
Pero además de este tipo de competencias, que tienen que ver con la lectura y la escritura en los nuevos medios de comunicación, ser competentes como lectores en la Red implica saber cómo comportarse en un contexto caracterizado por la sobreinformación.
Diapositiva 3: Sobrecarga de información
¿Qué hacer ante la enorme masa de información que contiene Internet y que crece a una velocidad de vértigo?
¿Cómo llegar hasta los datos que necesitamos?
¿Cómo hacer que sea accesible para nuevas necesidades?
“Tenerlo todo: no tener nada”, titula José Antonio Millán un apartado de su trabajo “La lectura y la sociedad del conocimiento”1 Este es el riesgo que nos acecha si nos enfrentamos a tal volumen de información sin contar con una alfabetización adecuada para las nuevas necesidades de la era digital.
Una de estas nuevas necesidades es el conocimiento y utilización de dos recursos que se han convertido en imprescindibles: la suscripción a canales RSS y los marcadores sociales. Estos dos recursos permiten acceder a la información de un modo completamente nuevo y adaptado a las necesidades que surgen con Internet. Por limitaciones del tiempo del que dispongo, solamente me ocuparé en esta exposición del segundo de estos recursos.
El viejo modo de buscar, seleccionar y archivar la información consistía en rastrear la Red, navegando de aquí para allá mediante buscadores y en guardar en la carpeta de “Favoritos” (o “Marcadores”) del navegador las páginas seleccionadas. Pero este procedimiento ya no nos sirve. En vez de emprender la navegación como si fuese la primera vez que alguien las realiza, podemos aprovechar las búsquedas y las adquisiciones que otros ya han hecho y que están a nuestra disposición en servicios de marcadores sociales online como Delicious o Diigo; y, a la inversa, podemos proporcionar a otros nuestros propios favoritos si en vez de archivarlos en nuestro equipo los archivamos en la Red.
Qué son y para qué sirven los marcadores sociales
Pondré un ejemplo: estos días estoy necesitando recopilar sugerencias de lecturas para alumnos de secundaria y reflexiones sobre la lectura en el ámbito escolar. Para ello, rastreo los blogs de profesores que frecuento y comienzo con un post reciente de “A pie de aula”.
Si usase el método tradicional, tendría que abrir una carpeta en favoritos con el rótulo “Lecturas alumnos”, y probablemente una subcarpeta con el rótulo “Diversas propuestas”.
En vez de hacerlo así, al abrir el post de “A pie de aula”, sigo este proceso:
Pulso el botón de Diigo que he instalado en la barra de navegación.
Diapositiva 5: Marcadores sociales
En la ventana que se abre, escribo los tags o etiquetas que me van a servir para recuperar la información.
Diapositiva 6: Este sitio me interesa
Puedo escribir un breve comentario (sobre el tema, el interés…) del documento cuyo enlace voy a guardar como favorito.
Guardo el enlace favorito, ya marcado.
Y, dentro de unos días, cuando me disponga a consultar estos documentos para elaborar mis recomendaciones de lecturas, probablemente haré lo siguiente:
Buscaré e mi nube de tags y elegiré “Lectura”.
Diapositiva 6: Buscar por “Lectura”
Como en los resultados habrá documentos que no necesito, haré un filtrado: pulsaré en el signo “más” de alguna etiqueta relacionada con “lecturas”, como “qué leer”.
Diapositiva 7: Términos relacionados
Examinaré el resultado de los documentos que he obtenido al combinar las dos etiquetas
Hasta aquí he buscado entre mis propios marcadores. Pero resulta que tengo curiosidad por ver si hay algún otro usuario de Diigo que ha archivado los mismos documentos que yo. Y observo que hay una persona que ha marcado también un documento con la etiqueta lectura: así que averiguo cuál es el perfil de esta persona.
Diapositiva 8: Buscar usuarios con intereses comunes
Y veo que compartimos varias etiquetas, entre ellas “lectura” y “literatura”. Quiero saber qué ha archivado con “lectura”, y los tags relacionados me muestran que los intereses de esta profesora, en relación con la lectura, se encaminan hacia las bibliotecas, el plan lector de centro…
Diapositiva 9: Un tag compartido y nuevos caminos que se abren
Examino los favoritos marcados con estas etiquetas y me parecen muy útiles en relación con estos temas.
Estos ejemplos nos sirven para comparar el viejo método –archivar los favoritos en el propio equipo- y el nuevo –archivarlos mediante marcadores sociales:
Diapositiva 10: Tabla comparativa
Cómo se etiqueta: algunos problemas
A diferencia de cómo trabajan los documentalistas, que siguen unas pautas técnicas muy precisas y un lenguaje controlado para describir y catalogar los documentos, los usuarios de internet etiquetamos de un modo libre, espontáneo e intuitivo, sin atenernos a un listado cerrado de categorías ni a descriptores dotados de una forma lingüística precisa e inalterable. Se ha argumentado que el uso espontáneo y libre de las etiquetas es una característica que define los marcadores y que es un valor que no se debe perder. Pero esta práctica no profesional de la descripción de documentos puede ocasionar problemas a la hora de recuperar la información.
Diapositiva 11: Problemas al etiquetar
Algunos de los problemas de etiquetado se derivan del hecho de que algunos marcadores sociales, como Delicious, no permiten más que una palabra para cada etiqueta2. Y sin embargo muchos usuarios usan grupos de palabras, por ejemplo “geografía física”. Ante ejemplos como éste se ha debatido si conviene unificar los procedimientos de marcado, como el uso de guión bajo, muy extendido ya entre los usuarios. El mismo criterio sería aplicable, por ejemplo, a “poesía_medieval”, “poesía_renacentista”, “poesía_contemporánea”, etc. Y también a expresiones como “cambio_climático”, “movimientos_migratorios”, “sistema_solar”, “línea_del_tiempo”, “mapas_políticos”, “competencia_lectora”, o a los nombres de escritores, personajes históricos, etc. (García_Lorca, Miguel_Hernández, García_Montero, etc.). ¿Cabe esperar que sea la práctica misma de los usuarios la que vaya imponiendo normas reguladoras?
Los propios servicios resuelven muchos de estos problemas al permitir la búsqueda mediante varias etiquetas, o al identificar las palabras clave en los títulos y en los comentarios de los documentos guardados. Ya hemos visto que Diigo permite etiquetar con varias palabras encerradas entre comillas.
Más importante es tener en cuenta el siguiente hecho: al poner etiquetas, nos movemos entre la clasificación y la descripción. A veces clasificamos. A veces describimos. Y a veces, y esto es lo más útil, clasificamos y describimos. Si un documento se marca como “geografía”, se está clasificando por áreas curriculares. Pero si se escribe “mapas”, se está describiendo un aspecto de su contenido.
Diapositiva 12: Tipos de etiquetas
Las etiqueta típicamente clasificadores son las que responden a la pregunta “qué es”, aplicada al documento u objeto que queremos clasificar: la respuesta se referirá a una clase de herramienta (una determinada aplicación web, como las “presentaciones” o una utilidad, como “CSS”), a un medio de comunicación (“blog”, “portal”, “club lectores”) o a un género de texto (“post”, “minirrelato”, “entrevista”…). También tienen un carácter clasificador aquellas que responden a la pregunta “de qué trata” y tienen un carácter muy general, por ejemplo, las que se refieren a una determinada disciplina o área de conocimiento (“geografía humana”), o a un tema general (“movimientos migratorios”). En cambio, son etiquetas descriptivas las que, como se ha señalado más arriba, se refieren a algún subtema o a algún aspecto concreto del contenido que conviene tomar en cuenta. Siguiendo con los ejemplos anteriores, “natalidad” o “multicultarismo” podrían ser subtemas dentro de un documento cuyo tema general fuera “movimientos migratorios”.
Además de estos tipos de etiquetas, centradas en las características de los documentos, se pueden utilizar otras que se refieren a los objetivos de los usuarios, por ejemplo la finalidad que se le va a dar al documento marcado (“para resumir”, “para materiales 3ºESO). Evidentemente, la utilidad de este tipo de etiqueta queda limitada al uso personal. Pero también puede jugar un papel importante en el marcado de documentos por los miembros de un grupo de trabajo3.
Parece, pues, que lo más útil es combinar la categoría (clasificación de un documento por su tema general, por el área de conocimiento o de la actividad humana al que pertenece, por el género o clase de documento o de herramienta…) con otras palabras clave que aludan a algunos de los contenidos significativos del documento (descripción). A estos tipos de etiquetas, centradas en las características del documento, se pueden añadir otras con información centrada en los propios objetivos o en los de un grupo de trabajo.
Esta diversidad de tipos de etiquetas facilita la búsqueda mediante etiquetas relacionadas. Lo hemos mostrado en el ejemplo que hemos usado antes: la búsqueda inicial por “lectura” se va afina mediante la etiqueta relacionada ”qué leer”.
El uso de los marcadores sociales en el ámbito educativo.
Creemos haber dado razones suficientes en los apartados anteriores para afirmar que el uso de los marcadores sociales forma parte de las competencias que hoy son necesarias para seleccionar, archivar y recuperar información en la caótica biblioteca de Internet.
Su incorporación a las actividades del aula viene aconsejada, no sólo por las posibilidades que ofrece como instrumento de trabajo, sino porque su uso tiene un valor educativo en sí mismo en el marco de una serie de competencias básicas: la competencia en comunicación lingüística, en aprender a aprender, en autonomía e iniciativa personal, etc.
Diapositiva 13: Valor educativo de los marcadores
Por una parte, el uso de los marcadores sociales contribuye a desarrollar la capacidad de conceptualizar y de establecer relaciones entre conceptos mediante el lenguaje. Clasificar un objeto –en este caso fuentes de información en Internet- significa abstraer aquellas características que lo sitúan dentro de una clase de objeto, junto con otros con los que comparte dichas características. Pero, además, según hemos examinado, una misma fuente de información admite diferentes etiquetas clasificatorias, según la perspectiva desde la que la consideremos: como herramienta, como medio de comunicación, como género de texto, según el área de conocimiento o disciplina, según su tema general… Aprender a usar marcadores sociales implica, en consecuencia, aprender a mirar un objeto desde diferentes puntos de vista con el fin de situarlo dentro de una clase según el criterio elegido.
Pero, además, en el marco en que lo estamos considerando, clasificar es una actividad motivada. Se clasifica con una finalidad: poder recuperar más tarde el documento marcado con la finalidad de hacer algo con él. Por lo tanto, los puntos de vista elegidos como criterios de clasificación estarán determinados por la finalidad con que se archiva el documento. Aprender a usar marcadores sociales implica aprender a actuar de acuerdo con unos objetivos, y a adecuar las acciones a estos fines.
Por otra parte, archivar un documento con unos marcadores sociales tiene una dimensión comunicativa. Se archiva un documento pensando en los usuarios que recurran a Diigo, Delicious o servicios similares en busca de información. Desde este punto de vista, los problemas que se presentan a la hora de etiquetar, examinados más arriba, se han de resolver desde una perspectiva comunicativa, es decir, pensando en cómo los usuarios pueden llegar hasta la información y adoptando las soluciones que faciliten este acceso.
Pero, ¿cuáles podrían ser las propuestas metodológicas concretas para el uso de los marcadores sociales en el contexto escolar?
La finalidad y las características de estas aplicaciones las hacen idóneas para incorporarlas a proyectos de trabajo en grupo centrados en pequeñas investigaciones que requieran la búsqueda, evaluación, archivo y recuperación de la información. Los servicios de marcado social ofrecen la posibilidad de crear grupos de trabajo, cuyos miembros pueden archivar los documentos que puedan necesitar para el trabajo colectivo, tras asignarles etiquetas que habrán sido redactadas de acuerdo con unas pautas que respondan a los objetivos del grupo.
Diapositiva 14: Marcadores en grupos de trabajo
Además, los miembros del grupo de trabajo pueden acceder al listado de etiquetas usadas por todos, y en algunos servicios, como Diigo, pueden comunicarse por medio de un foro.
Otra aplicación muy interesante es la elaboración de antologías de relatos o de poemas en grupo, como la que estamos elaborando entre un grupo de profesores con la intención de intercambiarnos ideas y recursos. Pero pueden ser los alumnos quienes seleccionen los textos y los etiqueten de acuerdo con criterios que se hayan establecido previamente.
Por otro lado, el hecho de que sea posible mostrar los tags en los blogs y wikis abre la posibilidad de que las bibliotecas escolares incorporen los marcadores sociales para poner a disposición de los alumnos orientaciones y recursos por medio de estos medios de comunicación.
Diapositiva 15: Marcadores en grupos de trabajo
Pero, más allá de estas sugerencias, contrasta el interés educativo que estas aplicaciones tienen con las experiencias de aula disponibles. Se trata de un campo todavía por explorar. El profesorado que utiliza marcadores sociales, lo hace generalmente para archivar y compartir informaciones y recursos que podrían servirle para el aula, pero todavía no contamos con ejemplos y experiencias de su incorporación a las actividades de aprendizaje como un aspecto decisivo de la competencia lectora. La finalidad de este artículo tiene es tratar de contribuir a que estas experiencias se lleven a cabo y se difundan.
1 http://jamillancom/lecsoco.htm
2 Diigo, en cambio, permite el uso de varias palabras, que habrán de escribirse entre comillas.
3 Sobre los tipos de etiquetas, ver el post “Investigación online (2): Etiquetado útil de enlaces en del.cio.us y similares”, en Idumm blog (http://www.idumm.org/blog/?p=49, que nos ha orientado en esta parte del trabajo)
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