IV.- El mundo intelectual Temas de Cultura para las P.A.U.
IV.- EL MUNDO INTELECTUAL
4.1.- La Historiografía:
1.- Definición y orígenes de la Historiografía:
El término “historia” proviene del perfecto griego οἶδα (sé, conozco por haber visto), cuya raíz es *w-, que más el sufijo agente -τωρ tenemos *wιδτωρ > ἵστωρ (el que conoce o sabe). A partir de aquí se forma el sustantivo abstracto ἱστορία: “narración de lo que se ha visto y, por tanto, se conoce”.
A partir de la Ilíada y la Odisea de Homero y de Teogonía y Trabajos y Días de Hesíodo, obras donde el mito hace galán, donde cualquier ciudadano griego encontraba reflejada la historia de su pueblo y un cúmulo de ideales y valores sociales, capaces de satisfacer su exigencia para comprender la relación entre el hombre y el mundo, el hombre y lo suprahumano…
En Mileto, por otra parte, importante centro comercial, confluyeron circunstancias varias que dieron origen al pensamiento racional: es el llamado “paso del μῦθος al λόγος”, a partir del cual se desarrollarán la filosofía, la historiografía… Pero es a partir de la toma de conciencia por parte de los griegos de su propia identidad y del nacimiento y desarrollo de la πόλις, cuando se darán los orígenes de esta ciencia. Al hecho de que el nacimiento de la historiografía se diera en Mileto está unido a la prosa y al dialecto de este territorio griego: el dialecto jónico. Los primeros historiadores, como Hecateo y Heródoto, elaboraron su prosa histórica en dicho dialecto.
Los primeros hombres que describieron los lugares por los que viajaban recibieron el nombre de logógrafos (escritores de relatos), término que utiliza Tucídides para referirse a ciertos predecesores que habían preferido ganarse el favor de su auditorio a la verdad (escritores de relatos).
Como se ha dicho anteriormente, la actividad historiográfica se localiza en Mileto, donde encontramos, entre otros, a Cadmo, primer autor conocido, Dioniso y Hecateo, en cuyas obras los datos geográficos se acumulaban en áridas enumeraciones, aunque es bastante interesante la cantidad de material etnográfico.
2.- Principales autores:
2.1.- Heródoto:
Heródoto nació en el 484 a.C. en la ciudad de Halicarnaso, en la costa de Asia Menor. Sin embargo, siguiendo la tradición logográfica escribió sus Historias en dialecto jónico. Desterrado por el tirano de su ciudad a la isla de Samos durante diez años, Heródoto aprovechó para recorrer la Hélade, Babilonia, la Cólquide, Siria, Macedonia, Libia, Cirene y Egipto. Durante el 447 a.C. y el 443 a.C, marchó a Atenas, donde se relacionó con el círculo intelectual de Pericles; después fue a Turios, y allí murió poco después de comenzar la guerra del Peloponeso, en el año 425 a.C. En Turios escribió su obra dedicada en gran parte a las guerras médicas; dicha obra está dividida en 9 libros, cada uno llamado con el nombre de una Musa. En ellos se narra con objetividad y precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia a principios del siglo V a.C., haciendo especial énfasis en aspectos curiosos de los pueblos y los hombres tanto de los griegos como de los bárbaros, al tiempo que describe la historia, etnografía y geografía de su tiempo.
La composición de su obra es de tipo homérico; hay continuas digresiones, retrocesos, novelas, etc. Su metodología histórica se basa en la observación personal (ὄψις) y en la obtención de datos a partir de fuentes escritas y orales.
La obra de Heródoto es considerada una fuente importantísima por los historiadores debido a su gran veracidad, por ser la primera descripción del mundo antiguo a gran escala y ser a su vez la primera en prosa griega. Por esto Cicerón lo llamó pater Historiae (“el padre de la Historia”).
2.2.- Tucídides:
La obra de Heródoto fue la antecesora necesaria, para que Tucídides escribiera la suya. Le sirvió, por una parte, de modelo, y, por otra, de contraste.
Tucídides nació hacia el 460 a.C. en Atenas. En la guerra del Peloponeso, Tucídides fue nombrado estratega de la ciudad de Atenas. En el 424 fue condenado al exilio durante 20 años. Este hecho le dio la oportunidad de obtener información bastante completa, procedente de los dos bandos en conflicto, que utilizó para la composión de su Historia de la Guerra del Peloponeso, en la que narra los acontecimientos ocurridos entre el año 431 a.C. y el 411 a.C. Volvió del exilio veinte años después, al terminar la guerra. Fue, seguramente, entonces cuando comenzó a escribir su obra literaria, histórica, sobre los datos que él mismo, durante esos veinte años fuera de Atenas, fue recogiendo. Murió hacia el 396 a.C. sin que le diera tiempo a completar su obra.
La obra de Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, dividida en ocho libros, se podría fragmentar temáticamente en dos: una primera parte, donde se narran los acontecimientos primeros de la primera parte de la Guerra del Peloponeso hasta la Paz de Nicias, y, una segunda parte, cuya narración comprende la segunda parte de la Guerra del Peloponeso hasta la derrota de Atenas en Sicilia (411 a.C.).
Tucídides marca distancias respecto a obras anteriores de la literatura griega por escapar de los mítico, por no buscar agradar a sus lectores, la cual es otra gran diferencia con Heródoto, pues escribe con la intención de ser leído y no oído.
Tucídides se propone la búsqueda de la verdad, criticando la tradición oral sin comprobación; crítica que le hace a Heródoto. Desea, además, exponer la verdad de forma sencilla e imparcial. Es importante, pues, la imparcialidad de Tucídides, como historiador: no manipula nunca los documentos,. Sino que los trata literariamente y elige lo que cree más oportuno de acuerdo con el género literario y con sus propósitos.
En cuanto a su lengua, escribe en dialecto ático, pero encontramos junto a formas tradicionales áticas otras innovadoras, envueltas en construcciones sintácticas y rasgos fonéticos arcaicos, por donde desliza el conocimiento del vocabulario de los tratados hipocráticos, del vocabulario jurídico y de un vocabulario harto psicológico. Es por todo esto, por lo que el escritos afirma escribir para personas formadas e interesadas en el estudio, no en el mero placer acústico.
2.3.- Jenofonte:
Nació en Atenas en el año 428 a.C. Fue discípulo de Sócrates. Más tarde participó en una expedición mercenaria a las órdenes de Ciro el Joven para derrotar al hermano de éste, rey de Persia, con el apoyo de Esparta. Jenofonte tuvo una tendencia filo-espartana, tanto que ayudó al rey lacedemonio Agesilao; esto le costó el destierro de Atenas. Esparta, sin embargo, le otorgó una propiedad en Escilunte, donde vivió hasta la derrota de los lacedemonios en la batalla de Leuctra (371 a.C.), dirigiéndose primero a Corinto y, posteriormente, a Atenas, habiéndose anulado previamente la orden de exilio. Murió alrededor del año 350 a.C. La obra literaria de Jenofonte fue prolífica y de contenido diverso, destacando las obras históricas. Se puede establecer la siguiente clasificación por temática:
a) Obras de carácter histórico-político: Anábasis, que a lo largo de 7 libros narra la fracasada expedición en ayuda del príncipe persa Ciro y el posterior regreso de los mercenarios griegos; Constitución de los lacedemonios, un elogio del sistema espartano; Helénicas, relato histórico como continuación de la obra de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso y que extendió hasta la caída de la hegemonía tebana; Agesialo, un discurso de elogio al rey espartano, a quien presenta como un abanderado del panhelenismo.
b) Obras de carácter filosófico: La Apología de Sócrates reconstruye la defensa del pensador ante los jueces, escrita según algunos autores en respuesta a la Apología compuesta por Platón; las Memorables o Recuerdos de Sócrates, en los que mezclan datos proporcionados a partir de la “literatura socrática” anterior a Jenofonte y los propios recuerdos del autor acerca de Sócrates; el Banquete es también una obra en la que introduce diversas opiniones de Sócrates.
c) Obras didácticas: La Ciropedia, novela histórica compuesta por 8 libros, con Ciro el viejo como protagonista, que contiene numerosas opiniones acerca de la política con una finalidad moral; el Cinegético es un tratado de caza, en el que se insiste en su valor educativo en el desarrollo del carácter y como entrenamiento para la guerra; Sobre la equitación, acerca de la maestría de montar a caballo; Hipárquico, versa sobre los deberes de un oficial de caballería; Hierón, un diálogo acerca de la tiranía entre Hierón el Viejo de Siracusa y Simónides de Ceos; el Económico, un diálogo en el que interviene Sócrates, y en el que se habla de la dirección de la economía doméstica; los Ingresos, donde se sugiere nuevos sistemas para incrementar los recursos públicos.
Podemos decir, para finalizar, que Jenofonte tuvo muchos lectores en la Antigüedad por la sencillez de su lenguaje y la claridad de sus pensamientos. Tuvo un notable y polifacético talento, pero sin el de un genio.
4.2.- La Oratoria y la Retórica:
Orígenes y generalidades:
La oratoria es el arte de hablar con elocuencia en público, mientras que la retórica es la ciencia y el arte de dar al lenguaje escrito o hablado la suficiente eficacia para deleitar, persuadir o conmover.
La afición de los griegos a la oratoria, enriquecida por las especulaciones filosóficas, encuentra el marco adecuado en las nuevas formas socio-políticas que, tras las tiranías, se organizaron como regímenes democráticos. Uno de los fundamentos básicos de la democracia es la παρρησία, es decir, el derecho de todo ciudadano a exponer libremente su opinión en las asambleas, tribunales y otras actividades sociales.
Todos los tratadistas antiguos estaban de acuerdo en que la primera aparición de la retórica como arte se dio en la ciudad siciliana de Siracusa, de donde pasó a Atenas en el 427 a.C., por obra de Gorgias. Independientemente de este hecho, la vida política y social había desarrollado en Atenas una tradición de elocuencia. Había también una elocuencia sólo hablada y en gran parte improvisada. Después, con el doble estímulo de una tradición cultural y una preceptiva de origen siciliano, se organiza la oratoria como arte, y por eso de carácter literario, y por escrito tras su anterior etapa oral.
En la época de Pericles y especialmente durante la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), confluyen en Atenas una gran cantidad de personajes procedentes de todo el mundo helénico. Los Sofistas fueron quienes, fundamentalmente, llevaron a término una verdadera revolución cultural. Había una serie de elementos comunes a todos ellos:
Es a partir de la Sofística cuando la Gramática entra en el mundo de la educación; tenía como finalidad la corrección y propiedad en el uso del lenguaje.
En los discursos de Gorgias se encuentran ya los principales elementos que después aparecerán en tantos y tantos discursos fúnebres y laudatorios, comenzando de este modo a constituirse un corpus de tópicos. Al convertirse la oratoria en un producto artístico, toda la prosa quedó impregnada de elementos retóricos; incluso la poesía y, sobre todo, el teatro se vieron influidos por este nuevo arte.
En Atenas había muchas ocasiones para el desarrollo de la oratoria, sobre todo de la oratoria política. En un régimen democrático, en el que cada ciudadano tenía libertad de palabra e igualdad de derechos, la función de la elocuencia resultaba decisiva, especialmente cuando el pueblo ateniense, muy sensible al encanto de la palabra, había sido educado por las recitaciones de los aedos, las lecturas públicas, las discusiones sofísticas y las representaciones teatrales. Aristóteles clasificó la oratoria en 3 géneros:
Oratoria política o deliberativa
Oratoria judicial o forense
Oratoria de demostrativa o epidíctica
Demóstenes, Lisias e Isócrates fueron, respectivamente, los representantes más destacados en los tres tipos de oratoria.
A.- Oratoria judicial: Lisias:
Los discursos forenses eran escritos por profesionales para que los pronunciaran los propios interesados. A estos profesionales se les denominó logógrafos. El primero en iniciar esta actividad fue Antifonte de Ramnunte, quien parece que dio el esquema que sirvió de base a los posteriores discursos judiciales. Las partes del discurso son las siguientes:
Proemio o introducción (exordium); incluye la captatio benevolentiae.
Narración de las circunstancias y exposición de los hechos (narratio).
Exposición del tema (constitutio causae).
Presentación de los argumentos (confirmatio).
Refutación de los argumentos del adversario (refutatio).
Ampliación y digresión (amplificatio).
Peroración o discurso conclusivo (peroratio).
La oratoria forense alcanza su cima con Lisias. Era meteco, oriundo de Siracusa, nacido en el seno de una familia muy rica. Recibió en Atenas una educación muy cuidada. Era partidario de los sectores democráticos y a los 55 años, para mantenerse, tuvo que dedicarse a la actividad de logógrafo. Se conservan una treintena de discursos de los 233 que escribió (el núm. XII, Contra Eratóstenes, lo pronunció personalmente).
En Lisias se reconoce fácilmente la precisión y sutiliza de su interpretación jurídica, la oportuna selección y valoración de testimonios, la habilidad dialéctica de su argumentación, la capacidad de centrar el punto jurídico de la causa y presentarlo con absoluta claridad. Lo que es más admirable en él es la extraordinaria facultad de crear un personaje y de darle sentimientos, palabras, gestos, etc.… todo perfectamente de acuerdo con la condición real de su cliente. Como lo exige su finalidad, la elocuencia de Lisias se basa en los hechos; se expresa con sencillez, sin adornos: pureza de la lengua ática, sencillez de la frase, claridad de conceptos y exposición de los hechos, período pulido y conciso y estilo llano.
B.- Oratoria política: Demóstenes:
El máximo representante de este género, y también el mayor orador de la antigüedad, fue Demóstenes (384-322 a.C.). A los 18 años aprendió de Iseo, orador y discípulo de Isócrates, los preceptos de elocuencia judicial para obligar a sus tutores a devolverle su patrimonio. Pero tuvo que ganarse la vida como logógrafo. A los 30 años publicó su primer discurso político. Por esta época, Filipo II de Macedonia, en su incontenible expansión, trataba de someter a todos los griegos. Demóstenes militó en las filas de los que querían preservar las tradicionales libertades políticas de las poleis griegas. Desde el año 351 a.C., y durante una década, Demóstenes fue el alma de la oposición a Filipo. En estos años escribió 4 violentas arengas, conocidas por el nombre de Filípicas; con ellas consiguió que los atenienses concertaran alianzas con los tebanos para enfrentarse a Filipo, pero en la batalla de Queronea del 338 fueron aplastados por los ejércitos macedonios. Por sus méritos con la patria se propuso conceder a Demóstenes una corona de oro; su rival político, Esquines, se opuso y en el proceso que se celebró años después (330) y que es bien conocido gracias al magistral discurso Sobre la corona, se le ofreció la oportunidad de dar un repaso a toda su carrera política. Tras la muerte de Alejandro Magno (323) revolucionó al pueblo contra los macedonios. Demóstenes, derrotado y condenado a muerte, prefirió suicidarse con veneno antes que caer en manos de los macedonios.
Los antiguos y modernos lo han considerado como el orador más importante; ninguno le aventajó en la fuerza de su πάθος, la violencia de su invectiva y la vehemencia encendida de la expresión en la que vibran sus sentimientos. Demóstenes conquista y arrebata al oyente no por la seducción de la palabra como tal, sino por atraerlo mediante la persuasión. El estilo de Demóstenes sintoniza muy bien con lo que dice, lo cual no implica que no exista elaboración ni estudio previo; al contrario, a pesar de la impresión de sinceridad y de espontaneidad que deja en el oyente, revela un atento estudio y un gran cuidado. Es un estilo vigoroso y severo.
Pero si todos están de acuerdo en la excelencia del orador, como hombre político ha sido motivo de discrepancias. Unos lo han visto como un hombre fuera de su tiempo, otros lo consideran un político ingenuo. Pero no han tenido en cuenta la realidad histórica que condicionaba la actitud del orador. En el momento en que Atenas desaparece de la historia, Demóstenes entrega al futuro un testimonio de grandeza moral, de coherencia y dignidad, que atrae al menos el respeto de todos.
C.- Oratoria demostrativa: Isócrates:
Este tipo de oratoria está peor representado que los dos anteriores, aunque es muy popular y conocido en el s.V a.C: por su vinculación a las grandes solemnidades públicas. Su mayor cultivador fue Isócrates (436-338). Fue discípulo de importantes sofistas, como Gorgias. Ejerció la logografía durante la primera década del s.IV. Creó una famosa escuela de retórica donde surgió toda una pléyade de grandes personalidades, no sólo literarias, sino también políticas. La actividad de Isócrates debe ser contemplada en la doble faceta de ensayista político y de maestro y teórico de retórica.
Su interés por la política comienza con el Panegírico (380), discurso ficticio para ser recitado en los juegos olímpicos. En él se muestra partidario de que Esparta y Atenas dirijan una gran confederación contra el enemigo común, el imperio persa. En el 357 escribió el Areopagítico, donde retoma el tema del panhelenismo, de la hegemonía de Atenas y de la lucha contra los persas. Ahora bien, como las condiciones externas e internas de Atenas imposibilitaban la empresa, se volvió entonces hacia Macedonia, donde el rey de la cual, Filipo, había consolidado su imperio. Isócrates vio en él el caudillo soñado durante tanto tiempo. Testimonio de esto es el Panatenaico (339), publicado muy poco antes de su muerte, y que constituye algo así como su testamento político.
Fue el padre de una παιδεία más realista y accesible que la de Platón, y más literaria que la de Aristóteles, y que constituyó el núcleo de la enseñanza retórica. El programa teórico de su enseñanza se expone en Contra los sofistas (390), manifiesto de su escuela en contra de sus rivales, de los que se distinguía porque colocaba la elocuencia al servicio de nobles ideales cívicos y políticos, frente a la indiferencia ética y el relativismo sofístico de sus contrarios.
Isócrates fue, quizás, el pensador político más influyente del s.IV, pero sobre todo fue un gran artista de la prosa griega a la que llevó al más alto grado de perfección, siguiendo la tradición de su maestro Gorgias, y la dotó de una estructura con ritmo propio, mezcla de poesía y prosa. Es una prosa auténticamente musical y poética. Considerando la evolución posterior de la retórica, tanto griega como latina, se apreciará en su justa medida la enorme importancia de Isócrates en este campo.
4.3.- El Drama:
1.- El Teatro y los festivales dramáticos:
A) Carácter general:
Los Festivales Dramáticos estaban especialmente relacionados con el culto de Dioniso en Atenas. Había dos festivales: Las Leneas (a finales de Enero: Gamelión) y las Grandes Dionisias (a finales de Marzo: Elafebolión), bajo la dirección del Arconte Basiléus y del Epónimo, respectivamente. Los dramas se representaban en el teatro de Dioniso. Los concursos dramáticos se prolongaban durante tres días y la sesión se abría con una comedia. Generalmente, se admitían tres poetas cómicos y tres trágicos en el concurso. Pero mientras cada cómico sólo representaba una comedia, el trágico presentaba cuatro obras: una Tetralogía (3 obras trágicas más un Drama satírico
B) Representación, auditorios y admisión:
El poeta que deseaba entrar en el certamen, lo solicitaba al arconte, quien, si lo aceptaba, le concedía un coro: ponía a su disposición un corego y tres actores. El deber del corego era proveer el adiestramiento, vestidos y pago al coro. La coregía era una de las litugías. Según parece también el Estado pagaba a los actores, quienes eran instruidos por el poeta mismo.
El derecho de admisión al auditorio, en principio, era ilimitado y su precio solía ser de dos óbolos, pero el Estado daba entrada gratuita a los ciudadanos más pobres. Los asientos delanteros estaban reservados a las grandes personalidades.
C) Edificios teatrales:
En los últimos teatros de piedra, que pronto reemplazaron a los primitivos edificios provisionales de madera, hay cuatro partes principales: el “Théatron” (o auditorio), la “Orquestra” (pista circular destinada al coro), el “Proskenion” (escenario) y ,detrás, se encontraba la “Skené” (construcción de fondo de dos o tres pisos).
D) Máquina teatral:
Entre los recursos escénicos usados deben mencionarse: la “Ekkyklema”, pequeña plataforma sobre ruedas, que representaba los interiores de la casa, la “Mechané”, especie de grúa, mediante la cual las deidades u otros personajes eran levantados sobre el escenario (deus ex machina), el “Theologeion”, alta plataforma, donde solía aparecer un dios trayendo un mensaje y máquinas diversas de truenos y relámpagos.
E) Disfraces de los actores:
En cuanto a los disfraces, solían rellenarse el cuerpo de postizos, y para aumentar su estatura usaban un calzado o botas de suelas muy gruesas (coturnos), una máscara (prósopon) y una peluca. La vestidura normal era el χιτῶν. La tela tenía colores vivos para los personajes magníficos, y colores más sobrios para los humildes, y era negra para las figuras luctuosas o afligidas. Los dioses aparecen con atributos simbólicos.
F) Actores, coros:
El número de actores era de tres (a partir de Sófocles), hombres todos, a veces se usaba un cuarto actor. El coro de la tragedia, que al principio era de doce miembros, aumentó a quince con Sófocles. El de la comedia era de 24. En éstos se incluye al director del coro (corifeo).
2.- La Tragedia:
Cuando hablamos de tragedia griega nos basamos casi exclusivamente en las obras conservadas de los tres grandes trágicos: siete obras de Esquilo, siete de Sófocles y diecisiete más un Drama Satírico de Eurípides.
Las partes de la tragedia son: Prólogo (precede a la llegada del coro), Párodo (canto de entrada del coro), Estásimo (canto del coro cuando está en la orquestra, separa los diversos episodios), Episodio (parte dialogada), Éxodo (última parte y salida del coro).
La base de la lengua de la tragedia es el ático, que se mezcla con elementos lingüísticos de otros dialectos y géneros. De todas formas no hay que olvidar que la lengua de la tragedia es una lengua artística, artificial, no hablada. Sobre el estilo, hay que destacar la evolución de un lenguaje ampuloso hacia un lenguaje más sencillo y cotidiano.
La tragedia griega más antigua que poseemos es de Esquilo, pero antes de él hubo otros predecesores, como Tespis. Sin embargo, de quien conservamos tragedias completas es de Esquilo, Sófocles y Eurípides.
1.- Esquilo (525-455 a.C.):
Esquilo, primer gran poeta trágico, nació en Eleusis (525 a.C.), en el seno de una familia noble. Vivió grandes y trascendentales momentos de la historia de su patria, como las Guerras Médicas. Visitó Siracusa, invitado por el tirano Hierón; y parece que murió en Gela en el año 456/455 a.C.
Su dedicación al teatro fue temprana y una constante en su vida. Alcanzó trece victorias y la primera fue con la obra Los Persas.
Se le atribuyen noventa tragedias, pero sólo conservamos siete. Sus obras están agrupadas en trilogías unidas por la materia que tratan. En sus obras demuestra el más alto sentimiento religioso y patriótico, envuelto en un tono solemne y majestuoso. Además, en el teatro de Esquilo resuena en cada momento la guerra y los horrores y miserias que comporta. Sus personajes son dioses o grandes héroes. Otros aspectos importantes son la representación de las pasiones más nobles, el lenguaje elevado y la magnificencia del espectáculo.
Sus obras conservadas son: Los Persas, Siete contra Tebas, Las Suplicantes, Prometeo Encadenado, y la trilogía La Orestíada, que incluye las obras: Agamenón, Coéforas y Euménides.
2.- Sófocles (496-406):
Sófocles nació en el demo ateniense Colono Hípico. Convive con las Guerras Médicas, con la conformación y consolidación del Imperio ático, con la Guerra del Peloponeso, etc. Fue, pues, Sófocles testigo ocular de los tiempos más espléndidos y de las más bellas gestas de su patria, pero también de los peores días de Atenas.
Fue un apasionado de su patria, Atenas; así lo demuestra su intensa participación en la buena administración. Además, fue un hombre abierto y proclive a la comunicación y relaciones humanas.
Se le atribuyen ciento treinta tragedias aproximadamente, pero sólo quedan siete; obtuvo veinticuatro victorias. Ha sido durante muchos años el trágico griego preferido, pero también el menos comprendido. Sófocles pone al hombre como centro de todo, cree en la importancia del hombre y en su grandeza. Su teatro es un teatro de la soledad del héroe. Con Sófocles comienza un proceso de humanización que culminará con Eurípides. Su obra constituye el más claro exponente del sufrimiento humano, tanto físico como moral. Se le atribuyen las innovaciones dentro del género, como la renuncia a las trilogías y la preferencia por obras sobre personajes individuales, la introducción de los tres actores, elevación del número de coreutas (componentes del coro) de doce a quince.
Sus obras son: Áyax, Traquinias, Antígona, Edipo Rey, Electra, Filoctetes y Edipo en Colono.
3.- Eurípides (485-406):
Eurípides nació en el seno de una familia noble terrateniente de la isla de Salamina hacia el año 485 a.C. Desde muy joven se mostró ya partidario de la lectura y la poesía, así su vocación se iba encaminando. De su vida sentimental se sabe que se casó dos veces y tuvo tres hijos; el más joven de ellos representaría luego algunas de sus obras.
Eurípides se mostró siempre preocupado por las corrientes culturales e ideológicas más avanzadas. Al contrario que sus dos grandes predecesores, no participó en la vida política de la polis ateniense. Vivió, pues, apartado en su biblioteca personal (hecho excepcional) en la isla de Salamina.
Escribió noventa y dos piezas, aunque sólo se conservan diecisiete tragedias más El Cíclope, único drama satírico conservado.
Abierto a todas las influencias que coinciden más o menos con las de los primeros sofistas, su teatro es un reflejo de ideas y problemas nuevos. En sus obras se exponen problemas muy próximos a la realidad. Sus héroes son presa de todas las debilidades humanas, obedeciendo unos a sus pasiones, otros a su interés personal. Así se le ha llamado “el trágico de las pasiones”. También se ha dicho de él que es el filósofo de la escena, donde discute regímenes políticos, la ambición, la guerra y otros problemas de su tiempo: la educación, la virtud, los mitos, los dioses, etc. Sus aportaciones al género dramático son: el desarrollo de la acción, efectos forzados, aumento de los personajes, liberación de la música, etc.
Sus obras son: Alcestis, Medea, Los Heraclidas, Andrómaca, Hipólito, Las Suplicantes, Electra, Las Troyanas, Heracles, Ifigenia entre los Tauros, Hécuba, Helena, Ión, Las Fenicias, Ifigenia en Áulide, Las Bacantes, Orestes. Además el drama satírico El Cíclope y la dudosa Reso.
E) El Drama Satírico:
A la representación de las tres tragedias se unía la de un drama satírico, que debe su nombre a un coro de sátiros, que formaban el séquito de Dioniso. Es una obra burlesca en conexión con las fiestas dionisíacas y las leyendas heroicas y servía para descargar la tensión acumulada por las tres tragedias. Por tanto, los mismos autores trágicos eran los que componían estos dramas. Sólo nos queda El Cíclope de Eurípides y parte de Los rastreadores de Sófocles, y otros fragmentos.
3.- La Comedia:
Su reconocimiento oficial tuvo lugar en Atenas hacia el 486 a.C., fecha en la que el arconte concedió por primera vez un coro para esta forma de drama.
En general, la comedia goza de mucha más libertad que la tragedia y no sigue tanto la tradición. En la comedia el incidente más inesperado es el más divertido. La comedia es, por otro lado, el documento literario más importante de la realidad histórica de su tiempo, además se ocupa de la vida cotidiana y de la gente sencilla.
Al contrario de la tragedia, la comedia resistirá más tiempo, renovándose en la denominada Comedia Nueva (finales del s. IV a.C.), que influirá decisivamente en la comedia latina (Plauto y Terencio).
Los orígenes de la comedia nos resultan más oscuros que los de la tragedia. Para Aristóteles el origen está en aquellos que entonaban los cantos fálicos (“falliká”), derivando su procedencia del séquito (“kómos”) o fiestas populares en honor del dios del vino, Dioniso.
Una comedia suele estar compuesta de dos mitades, señaladas por la división que hace la Parábasis del coro, durante la cual se suspende la acción. Ésta comienza con una despedida de los actores, y entonces el coro, sin máscaras, se dirige al público directamente, expresando opiniones del mismo autor.
La Comedia Ática es la comedia antigua por excelencia, aunque la división en tres etapas (antigua, media y nueva) no sea muy clara.
1.- Aristófanes (c.445-c.338 a.C.) y la Comedia Antigua:
Además de Aristófanes, otros autores cómicos son Crates, Frínico, Ferécrates, Cratino y Éupolis; pero se sabe muy poco de ellos.
Aristófanes nació al pie de la Acrópolis y, probablemente, bebió en su círculo familiar el arte de componer comedias.
De Aristófanes conservamos once comedias. Su obra es eminentemente política (en contra de una política belicista) y tiene como auténtica inspiradora a Atenas. Sus obras tratan temas cotidianos y de su actualidad (la guerra, la educación, la crítica literaria, las reformas políticas y sociales, etc.); pero todo ello visto desde una óptica satírica y burlesca.
Aristófanes sabe adaptar el ático de su tiempo a las más diversas exigencias mediante neologismos, innovaciones, llamativas construcciones sintácticas, bajando a la más cruda vulgaridad o ascendiendo a la más exquisita fineza.
Sus obras conservadas son: Los Acarnienses, Los Caballeros, Las Nubes, La Paz, Las Aves, Las Avispas, Lisístrata, Las Tesmoforias, Las Ranas, Las Asambleístas y Pluto.
2.- La Comedia Media:
En realidad, las dos últimas obras de Aristófanes (Las Asambleístas y Pluto) pertenecen ya a este tipo de comedia, que se caracteriza por temas como, por ejemplo, la comida, el sexo, la parodia de doctrinas filosóficas y temas literarios o mitológicos y de la vida misma. Sus autores más destacados son: Alexis, Eubulo y Anaxándrides. Pero de esta comedia se conserva y se sabe muy poco.
Este tipo de comedia se abriría con la representación de Las Asambleístas hasta la puesta en escena de La Cólera de Menandro, autor que marcará el principio de la Comedia Nueva.
3.- Menandro (342-293 a.C.) y la Comedia Nueva:
En esta época, los escritores se centran más en el ser humano, la vida se hace más aventurera y predominan los temas de amor, aventuras e intrigas. Es una comedia de costumbres burguesas. Por otra parte, el coro pierde su función dramática y sólo sirve para dividir los diferentes actos de las obras.
Los poetas más destacados son Dífilo, Filemón y, sobre todo, Menandro. Éste refleja influencias de los nuevos sistemas filosóficos: epicureismo y estoicismo. Así, sus comedias abordan el estudio de caracteres y se nos muestra como un descubridor de la vida íntima del hombre.
De Menandro apenas se sabe nada, excepto que nació en el seno de una familia noble ateniense en torno al año 342 a.C. y que murió cerca del 293 a.C. Parece ser que también se inició en este arte desde muy joven; así pues, habría ganado su primera victoria con unos veinte años con la obra La Cólera.
De su obra literaria poco es lo que conocemos, unos cuantos títulos y algunos fragmentos. Son El Misántropo, La Samia, La Trasquilada y El Arbitraje, las obras que mejor se nos han conservado.