I.- Historia. Temas de Cultura para las P.A.U.

I.- HISTORIA

1.1.- Instituciones de la Democracia ateniense: Asamblea, Consejo, arcontes, prítanos, sistema judicial:

Tras la desaparición de la antigua monarquía ateniense (principios del s.VII a.C.) y la sucesiva actuación legislativa de Dracón (s.VII a.C.) y de Solón (s.VI a.C.), se produjo un cierto equilibrio social, que fomentó el comercio y la industria, aumentando la capacidad económica de la clase media ateniense.

Por otra parte, gracias al apoyo de los grupos populares, sobre todo de la clase media, Pisístrato instauró la tiranía en Atenas y favoreció al campesinado realizando una reforma agraria. Llevó a cabo, también, numerosas obras públicas, que dieron trabajo e ingresos a muchos ciudadanos, mejoró la ley y el valor de la moneda.

A su muerte, le sucedieron sus hijos, Hiparco e Hipias, quien, a la muerte del primero, endureció el régimen tiránico. Pero éste fue expulsado por Clístenes con el apoyo de la mayor parte del pueblo ateniense y del ejército espartano.

Derribada la tiranía, Clístenes (510 a.C.) elaboró un planteamiento social inspirado en la isonomía (igualdad legal). Estableció una nueva constitución, que sustituyó a la de Solón e hizo ingeniosas y complejas reformas, como el reparto del Ática en cien δῆμοι (demos), que formaban diez tribus o φύλαι y cada una de éstas en tres τριττύες (tritías): costa, montaña y llanura central. Además, hizo reformas en los diversos órganos de gobierno.

La comprensión, pues, de los mecanismos de las instituciones que rigen la democracia ateniense en los siglos V y IV se verá facilitada si se tiene en cuenta que prácticamente todos los órganos de gobierno, junto con las actividades jurídicas y militares, están abiertos a todos los ciudadanos atenienses.

Los órganos de gobierno eran la Ἐκκλησία (Asamblea), la Βουλή (Consejo) y el Ἄρειος Πάγος (Areópago).

El Consejo (Βουλή): estaba formada, a partir de Clístenes, por 500 miembros, βουλευταί. Estos 500 ciudadanos, todos mayores de 30 años, eran elegidos por sorteo, anualmente, a razón de 50 por cada una de las 10 tribus. Sólo se podía ser consejero, βουλευτής, un máximo de dos veces en la vida. Los consejeros de cada tribu se alojaban en un edificio circular sitiado en el ágora durante una décima parte del año: Pritanía, de ahí el nombre de prítanos (πρυτάνεις). Éstos se encargaban de preparar el orden del día de las sesiones diarias del pleno de la Bulé en el βουλευτήριον, y de las cuatro asambleas ordinarioas de cada pritanía. La Bulé ejercía un poder de control sobre los asuntos que llegaban a la Asamblea y se encargaba de coordinar y supervisar toda actividad política, religiosa, económica y jurídica.

La Asamblea ( κκλησία): Era la reunión de todos los ciudadanos mayores de 20 años en posesión de plenos derechos. Se reunía, por término medio, cada nueve días, aunque también había reuniones extraordinarias. Para que hubiera quórum se precisaba una asistencia mínima de 6.000 ciudadanos. Como máximo órgano de decisión y discusión, los acuerdos de la Asamblea se tomaban mediante voto a mano alzada. Para la ejecución de los decretos acordados (ψηφίσματα) contaba con el auxilio de la Bulé. La Asamblea Popular sólo podía debatir los asuntos que la Bulé le preparaba de antemano, pero a su vez podía ordenar a los buleutas que le presentaran un determinado asunto para la reunión siguiente.

El Areópago (Ἄρειος Πάγος): Era en parte consejo político y en parte tribunal judicial. Formaban parte del mismo, con carácter vitalicio, todos los ex-arcontes. Su enorme importancia político-judicial fue decayendo. A partir de Efialtes, la mayor parte de sus prerrogativas pasaron a la Bulé y a los tribunales ordinarios.

Respecto a las magistraturas, éstas solían cubrirse por sorteo entre los ciudadanos presentados por los demos. Los cargos duraban un año, y no eran renovables (excepto los militares, renovables indefinidamente). La elección se realizaba en primavera. Los ciudadanos tomaban posesión de sus cargos en julio.

Para poder entrar en funciones, los candidatos electos debían superar favorablemente un examen (δοκιμασία) ante un tribunal sobre cuestiones que aseguraban su impecable ciudadanía. Los magistrados podían ser cesados y, en el término de 30 días después de haber cesado de su mandato, los magistrados estaban obligados a someterse a un proceso de rendición de cuentas.

Entre todas las magistraturas atenienses destacan por su importancia los arcontes (ἄρχοντες) y los estrategos o generales (στρατηγοί).

Los Arcontes: los nueve arcontes presidían las elecciones y sorteos de todo tipo, si bien hay que distinguir entre las funciones de cada uno de los tres arcontes principales (epónimo, rey y polemarco) y aquellas que correspondían al colegio de los seis tesmótetas:

- El arconte epónimo (ἐπώνυμος): daba su nombre al año y era el máximo responsable de los tribunales judiciales y tenía a su cargo la organización de las fiestas Dionisíacas.

- El arconte rey (βασιλεύς): tenía funciones religiosas, como la dirección de los misterios de Eleusis y podía actuar de asesor en procesos judiciales de impiedad y asesinato.

- El arconte polemarco (πολέμαρχος): organizaba las pompas fúnebres de los caídos en la guerra y se ocupaba de los juicios en que se veían implicados metecos y extranjeros.

- Los seis tesmótetas (θεσμοθέται): velaban por el cumplimiento de las leyes y se encargaban de su fijación por escrito. Señalaban los días de actuación de los tribunales y clasificaban la competencia sobre las distintas causas judiciales, reservándose las concernientes a la seguridad del estado y al poder legislativo. Finalmente, presidían el sorteo para la elección de nuevos arcontes, la δοκιμασία de los magistrados electos y la rendición de cuentas de los estrategos.

Los estrategos: eran diez, elegidos en la Asamblea, a mano alzada entre todos los ciudadanos. Actuaban en las reuniones celebradas en el στρατηγεῖον. Sus funciones les proporcionaban determinados privilegios y se convertían en permanentes gestores oficiosos de la diplomacia. Desde el punto de vista jurídico, intervenían en las causas propiamente militares y en aquellas que incidían en la fuerza militar de la ciudad.

Encontramos, también, otras instituciones políticas y judiciales:

Árbitros públicos y privados: cualquier tipo de conflicto podía ser resuelto por un árbitro público (elegido por un magistrado) o privado (elegido por las partes en conflicto): διαιτητής. Los árbitros eran ciudadanos mayores de 60 años, residentes en Atenas y que no hubieran sido elegidos para otro cargo. El árbitro intentaba la reconciliación entre las partes y, si lo conseguía, dictaba sentencia, y, en caso de no haber solución, pasaba a los tribunales ordinarios.

Jueces (δικασταί): eran 6.000 ciudadanos de plenos derechos, mayores de 30 años, elegidos por sorteo. Estos 6.000 se repartían en 10 secciones (δικαστηρία) integradas por 600 jueces procedentes a partes iguales de cada una de las 10 tribus. Los jueces recibían un salario por cada día de actuación.

Las Liturgías: además de una serie de impuestos indirectos para ciudadanos y metecos (φόρος), los ciudadanos ricos tenían la obligación moral de emplear parte de sus riquezas en beneficio del bien público. Esta obligación estaba perfectamente regulada por las liturgías (λῃτουργίαι), “servicios a la comunidad”, mediante los cuales la polis les imponía correr con determinadas cargas. Entre otras, éstas eran la χορηγία (obligación de correr con todos los gastos de un coro para las representaciones teatrales) y la τριηραρχία (obligación de equipar una nave).

El servicio militar era una obligación para todos los ciudadanos y metecos. A los 18 años, los jóvenes atenienses eran reclutados como “efebos” y recibían educación militar durante dos años. Tras el período de efebía, el ciudadano ateniense ya podía participar plenamente en la Asamblea, donde se decidía en cada caso la amplitud de los reclutamientos para las campañas del ejército. Como cada soldado debía pagar su armamento, la participación en calidad de hoplitas o jinetes mostraba la situación económica de tales ciudadanos. Las tropas ligeras eran elevadas con menor frecuencia. En la marina se daban los mayores contrastes. Corría a cargo de los ciudadanos más ricos el equipamiento de las trirremes (naves de 174 remeros distribuidos en tres filas a cada lado), mientras que los ciudadanos más pobres tuvieron siempre en la flota un medio muy importante de ganarse la vida como tripulantes.


1.2.- Guerras Médicas:

1.2.1.- Antecedentes:

En las costas occidentales de Asia Menor, se encontraban colonias griegas, que se dedicaban principalmente al comercio, logrando desplazar en este aspecto a los fenicios. La prosperidad e independencia de estas ciudades jónicas terminó cuando cayeron una tras otra en manos del rey Creso de Lidia, siendo obligadas a pagar tributo.

La situación empeoró cuando el reino de Lidia cayó en manos del rey persa Ciro, en el 546 a.C, siguiendo las ciudades griegas el mismo destino.

Posteriormente, el rey persa Darío I gobernó las ciudades griegas con tacto y procurando ser tolerante. Sin embargo, como hicieron sus antecesores, siguió la estrategia de dividir y vencer, apoyando el desarrollo comercial de los fenicios, que habían sido anteriormente sometidos a su imperio, y que eran rivales tradicionales de los griegos.

Además de esto, los jonios sufrieron más golpes, como la conquista de su floreciente suburbio de Naucratis en Egipto, la conquista de Bizancio, llave del Mar Negro, y la caída de Síbaris, uno de sus mayores mercados de tejidos y punto de apoyo vital para el comercio.

De estas acciones surgió un resentimiento contra el opresor persa, sentimiento que fue aprovechado por el ambicioso tirano de Mileto, Aristágoras, para movilizar a las ciudades jónicas contra el Imperio Persa, en el año 499 a.C.

Aristágoras pidió ayuda a las metrópolis de la Hélade, pero sólo Atenas, que envió veinte barcos (probablemente la mitad de su flota) y Eretria (en la isla de Eubea), que aportó cinco naves, acudieron en su ayuda, no recibiendo ninguna ayuda de Esparta. El ejército griego se dirigió a Sardes, capital de la satrapía persa de Lidia, y la redujo a cenizas, mientras que la flota recuperaba Bizancio. Darío I, enardecido, mandó a su ejército, que destruyó al ejército griego en Éfeso, y hundió la flota helena en la batalla naval de Lade.

Tras sofocar la rebelión, los persas reconquistaron una tras otra las ciudades jonias, y después de un largo asedio arrasaron Mileto, muriendo la mayor parte de la población en batalla, y siendo esclavizados los supervivientes, y deportados a Mesopotamia.

 

1.2.2.- La Primera Guerra Médica (490 a.C.):

Tras el duro golpe dado a las polis jonias, Darío I se decidió a castigar a aquellos que habían auxiliado a los rebeldes, encargando la dirección de la represalia a su sobrino Artafernes y a un noble llamado Datis.

Mientras tanto, en Atenas algunos hombres ya veían los signos del inminente peligro. El primero de ellos fue Temístocles, elegido arconte el 493 a.C. Temístocles creía que la Hélade no tendría salvación en caso de un ataque persa, si Atenas no desarrollaba antes una poderosa marina.

De esta forma, fortificó el puerto de El Pireo, convirtiéndolo en una poderosa base naval, pero Milcíades se opuso, porque consideraba que los griegos debían defenderse primero por tierra. Los atenienses decidieron poner en sus manos la situación, enfrentando así la invasión persa.

La flota persa se hizo a la mar en el verano de 490 a.C., dirigidos por Artafernes, conquistando las islas Cícladas y posteriormente Eubea, como represalia a su intervención en la revuelta jonia. Posteriormente, el ejercito persa, comandado por Datis, desembarcó en la costa oriental del Ática, en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipias (anterior tirano de Atenas) para ofrecer batalla, por considerarla el mejor lugar para que actuara la caballería persa.

La batalla de Maratón (septiembre de 490 a.C.):

Milcíades, avisado del desembarco persa, increpó a los atenienses a hacerles frente. Enviaron al corredor Filípides a Esparta para solicitar ayuda, recorriendo a caballo 220 km en un día. Los espartanos prometieron enviar ayuda, pero, por razones religiosas, no podrían hacerlo sino hasta seis días después. Milcíades no podía esperar tanto tiempo, y se lanzó al ataque contra los persas con los efectivos con los que contaba. Las cifras de los atenienses fluctuaban probablemente entre los 10.000 ó 15.000 combatientes, y las fuerzas persas con unos 20.000.

Los griegos se acercaron a los persas, quienes respondieron con una lluvia de flechas, eludiendo los griegos éstas al precipitarse contra el enemigo, consiguiendo así forzar la disposición en cerradas formaciones de los persas, que impedían el uso de la caballería.

Esta acción resultó determinante, pues los persas no podían hacer mucho contra las largas lanzas de las fuerzas hoplitas, preparadas para un combate cuerpo a cuerpo, ya que sus arcos no les servían, y los sables, puñales y espadas cortas no podían hacer gran daño a los griegos protegidos con coraza. Los persas ofrecieron, sin embargo, una gran resistencia, consiguiendo romper en un momento el cerco griego, pero reagrupados los flancos helenos, estos últimos los pusieron en fuga hasta el lugar del desembarco, donde se entabló la última parte del combate.

Los atenienses capturaron siete barcos, pero eran insuficientes para cortar la retirada del ejército enemigo, que fue totalmente masacrado. Las tropas persas, derrotadas, regresaron a Asia, pero eso no significaba que estuviera solucionado el problema entre persas y griegos, pues pronto estallaría una nueva guerra.

Filípides, según cuenta la leyenda, fue mandado por Milcíades a recorrer los 48 kilómetros que separaban a Maratón de Atenas para anunciar la victoria griega. Tras anunciar la victoria con la frase "¡Alegraos, atenienses, hemos vencido!", se derrumbó por el esfuerzo y murió.


1.2.3.- La Segunda Guerra Médica (480 a.C.):

El victorioso Milcíades quiso aprovechar el momento de gloria para expandir el poder de Atenas en el Mar Egeo, por lo que poco después de Maratón envió una parte de la flota contra las islas Cícladas, sometidas todavía por los persas. Atacó la isla de Paros, exigiendo a su habitantes el tributo de 100 talentos, y al negarse la ciudad le puso sitio, pero la defensa fue tan ardua que los griegos tuvieron que contentarse con unos pocos saqueos. Este pobre resultado empezó a desilusionarlos con respecto a Milcíades, llegando a verlo, incluso, como un tirano que despreciaba las leyes.

Los enemigos de Milcíades lo acusaron de haber engañado al pueblo y lo sometieron a proceso. Se le declaró culpable, condenándolo a pagar la elevada suma de 50 talentos. Poco después moriría a causa de sus heridas. Sería ahora Temístocles quien tomaría las riendas de Atenas

En el año 481 a.C., los representantes de diferentes poleis, encabezados por Atenas y Esparta, firmaron un pacto militar (συμμαχία) para protegerse de un posible ataque del Imperio Persa. Según este pacto, en caso de invasión correspondería a Esparta la tarea de dirigir el ejército helénico.

Tras la muerte de Darío, su hijo Jerjes subió al poder, ocupándose de reprimir revueltas en Egipto y Babilonia, y preparándose para atacar a los griegos. Antes había enviado embajadores a todas las ciudades griegas para pedirles sumisión. Muchas islas y ciudades aceptaron, pero no Atenas y Esparta.

La batalla de Termópilas (480 a.C):

El poderoso ejército de Jerjes, unos 60.000 ó 70.000 hombres, partió el 480 a.C. Cruzaron el Helesponto, y siguiendo la ruta de la costa se adentraron en la península. Las tropas helenas, que conocían estos movimientos, decidieron detenerlos el máximo tiempo posible en el desfiladero de las Termópilas (que significa Puertas Calientes). En este lugar, el rey espartano Leónidas I situó a unos 300 soldados espartanos y 1.000 más de otras regiones. Jerjes le envió un mensaje increpándolos a entregar las armas, a lo que respondieron negativamente. Tras cinco días de espera, y viendo que su superioridad numérica no hacía huir al enemigo, los persas atacaron. La estrechez del paso les hacía combatir con similar número de efectivos en cada oleada persa, por lo que no les quedó más opción que replegarse después de dos días de batalla.

Pero ocurrió que un traidor, llamado Efíaltes, condujo a Jerjes a través de los bosques para llegar por la retaguardia a la salida de las Termópilas.

La protección del camino había sido encomendada a 1.000 foceos, que tenían excelentes posiciones defensivas, pero se acobardaron ante el avance persa y huyeron. Al conocer la noticia, algunos griegos hicieron ver lo inútil de su situación para evitar una matanza, decidiendo entonces Leónidas dejar partir a los que quisieran marcharse, quedándose él y sus espartanos firmes en sus puestos. Atacados por el frente y la espalda, los espartanos sucumbieron después de hacer pagar a los persas un gran tributo en sangre.

La batalla de Salamina (septiembre de 480 a.C.):

Con el paso de las Termópilas, toda la Grecia central estaba a los pies del rey persa. Tras la derrota de Leónidas, la flota griega abandonó sus posiciones en Eubea y evacuó Atenas, buscando refugio para las mujeres y los niños en las cercanías de la isla de Salamina. Desde ese lugar presenciaron el saqueo e incendio de la Acrópolis por las tropas dirigidas por Mardonio.

A pesar de ello, Temístocles aún tenía un plan: atraer a la flota persa y entablar batalla en Salamina, con una estrategia que lograría vencerles. Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos. Sin embargo, la flota persa no tenía coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia: sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento. Su plan resultó y el caos cundió entre la flota persa, con nefasto resultado: sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre sí, yéndose a pique muchos de ellos. La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa.

1.2.4.- Fin de las Guerras Médicas:

Temístocles quiso llevar la guerra a Asia, enviar allí la flota y sublevar las colonias jónicas contra el rey de Persia, pero Esparta se opuso, por el temor de dejar desprotegido el Peloponeso.

El ejército persa volvió a invadir el Ática en el año 479 a.C. Mardonio ofreció la libertad a los griegos si firmaban la paz, pero el único miembro del consejo de Atenas que votó por esa causa fue condenado a muerte por sus compañeros. De esta forma, los atenienses hubieron de buscar refugio nuevamente en Salamina, siendo incendiada su ciudad por segunda vez.

Al enterarse de que el ejército espartano se dirigía contra ellos, los persas se retiraron hacia el Oeste, hasta Platea. Dirigidos por su regente Pausanias, los espartanos lograron otra estruendosa victoria sobre los persas. Junto a la victoria en Platea, ocurrió poco tiempo después el hundimiento de la flota persa en Mícale, que fue además la señal para el levantamiento de los jonios contra sus opresores. Los persas se retiraron de la Hélade, poniendo así fin a los sueños de Jerjes de conquistar el mundo helénico. De esta forma las Guerras Médicas, que enfrentaron por primera vez a Oriente y a Occidente, llegaron a su fin.


1.3.- Espacio y monumentos de la Atenas clásica:

La posición hegemónica de Atenas en el seno de la Liga Ático-délica fue el telón de fondo de algunas de las más grandes creaciones artísticas de todos los tiempos. Con una concepción de lo humano y de lo divino en consonancia con los tiempos que corrían en Grecia, en concreto, en Atenas.

El deseo de Atenas de seguir ejerciendo su papel panhelénico que pronto desembocaría en un imperialismo agresivo en el interior de la Liga fue el que dictó la política cultural del momento. Pericles entendió que, para lograr sus aspiraciones de grandeza, la ciudad necesitaba proyectar hacia el exterior y hacia el interior su imagen ideológica. Merced a la disponibilidad económica del momento y contando con un amplio círculo de artistas y hombres de la cultura, pudo realizar sus planes. Así se erigieron el Partenón y los demás edificios que embellecieron Atenas. Este programa se centraba en dos puntos: la Acropolis de Atenas y el santuario de Eleusis: en la Acrópolis se construyeron el Partenón y los Propileos, a sus pies se erigió el Odeón, edificio cerrado de forma circular, con varios órdenes de columnas; en el santuario eleusino, edificio de planta cuadrada con varias hileras de columnas, se levantó una nueva sala para los misterios.

Las obras arquitectónicas del Partenón de Atenea duraron doce años (448-437 a.C.). Los arquitectos, Calícrates e Ictino, crearon un original templo dórico, peristilo de 8 por 17 columnas. En el templo del Partenón no existen líneas rectas, ni piezas arquitectónicas exactamente idénticas; la sucesión de basas, fustes, capiteles, elementos del entablamento y techumbre cobraba un ritmo armónico. El Partenón está calculado con minuciosa perspicacia para producir en el espectador efecto de maravillosa perfección. En el interior del templo, Ictino rompió con la distribución espacial canónica haciendo frente a las exigencias culturales y a los imperativos derivados del volumen de la colosal estatua de Atenea. Por otra parte, por razones culturales imponían la presencia de una sala contigua, que estaba destinada a las actividades de las jóvenes atenienses relativas a la preparación del peplo de Atenea en las fiestas. A la arquitectura se unía una minuciosa ornamentación, incluidos los juegos de color (azul, rojo y dorado) en determinados componentes arquitectónicos, que culminaba con la decoración escultórica muy profusa sobre todo en los frontones y frisos. El frontón de la fachada occidental representaba la contienda de Atenea con Poseidón para adjudicarse el derecho de patronato de la ciudad. Las esculturas del frontón oriental, por su parte, representaban el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. En contraste con estas composiciones heroicas se desarrollaba bajo el gran pórtico un friso famoso, con una procesión en la que desfilaban todos los ciudadanos de Atenas: consistía en la celebración de las Panateneas, celebración que congregaba cada año a todo el pueblo de Atenas para llevar un nuevo peplo a la diosa.

Al concluirse la construcción del Partenón empezaron los trabajos de la erección de la nueva entrada monumental a la Acrópolis: los Propileos. Éstos se erigieron con un núcleo central, que constituye la vía de entrada propiamente dicha, precedido de una escalera monumental. Las columnas de las fachadas son dóricas y sin decoración escultórica. Es curioso observar que las columnas del interior del pasadizo pertenecen ya al orden jónico.

Por otra parte, en el marco de la escultura, Fidias creó por encargo de Cimón (460-450 a.C.) una escultura en bronce de proporciones gigantescas (c. 9 m. de altura), que erigió en la Acrópolis, cerca de los Propileos: es la Atenea Promakhos (“la que combate en primera línea”). Su segunda gran obra fue otra figura de Palas Atenea, hecha en bronce y de dimensiones poco mayores del natural, y que estaba situada al aire libre en la Acrópolis. Finalmente, la tercera Atenea era la Parthenos, de marfil y oro y situada dentro del Partenón. Tenía en una mano a la Victoria y con la otra se apoyaba sobre el escudo.

En el marco del programa de Pericles, se erigieron dos edificios con funciones asambleares en Eleusis y Atenas, respectivamente. El primero estaba destinado a los misterios eleusinos: Telestérion. Y el segundo, construido a los pies de la Acrópolis: Odeón, servía para albergar manifestaciones musicales.

Otros dos templos, el de Atenea Niké en la Acrópolis y el de Hefesto en la colina oeste del ágora, fueron proyectados al margen del programa edilicio de Pericles. A un lado de los Propileos se construyó el pequeño templo de estilo jónico dedicado a la Victoria sin alas, Niké Áptera. Con este monumento se quería confirmar que la Victoria ya no volaría ni se movería nunca más de Atenas.

El clima bélico en el que se vio envuelto el mundo griego a partir de 431 a.C. paralizó cualquier manifestación artística de cierta envergadura. No obstante, transcurridos los primeros años y fallecido Pericles, las nuevas circunstancias, transitoriamente favorables a Atenas, supusieron un nuevo despertar de la actividad artística. Coincidiendo con la firma de la Paz de Nicias (421 a.C.), se colocaron en la Acrópolis los cimientos de un edificio nuevo, el Erecteion. El lugar se hallaba vinculado con la divina lucha entre Poseidón y Atenea y con las moradas de los reyes míticos de Atenas, Cécrops y Erecteo. Este templo fue edificado entre el año 421 y el 407 a.C., en mármol y puro estilo jónico. El Erecteion es un santuario triple. En una parte está la cella que guarda las marcas del tridente de Poseidón, cuando se disputó con Atenea el patrocinio de la ciudad; en otra, las dos cámaras del culto de Cécrops y Erecteo. A un lado, como innovación, hay una tribuna sostenida por seis cariátides, en forma de figuras de muchachas. Las cariátides aparecen inmóviles, pero no rígidas y sin dar, desde luego, impresión de insensibilidad. En contrate con el Partenón, templo de formas severas, se alza a una cierta distancia el Erecteion, prodigio de delicadeza.

Por último, habría que hacer referencia, en cuanto a la arquitectura militar de otra iniciativa de Pericles: la reconstrucción del puerto del Pireo y su unión con la ciudad mediante una doble muralla (“Los Muros Largos”). Teniendo que construir completamente de nuevo el barrio del Pireo, adoptó Pericles las teorías ultramodernas de Hipodamos de Mileto, que consistía en proyectar un cuadriculado con vías anchas y un reticulado de vías secundarias menores (“sistema hipodámico”). Los Muros Largos, que iban desde la ciudad de Atenas hasta el puerto de El Pireo, sirvieron en la Guerra del Peloponeso para refugiar a la población del Ática ante las invasiones sistemáticas del ejército espartano.

Fue, pues, Pericles un estratega, político y orador que las letras y las artes, dándole a Atenas un esplendor que no se ha vuelto a repetir a lo largo de su historia, realizando, como se ha visto, grandes obras públicas y mejorando la calidad de vida de sus conciudadanos.


1.4.- Guerra del Peloponeso:

1.4.1.- Orígenes:

A lo largo del período llamado Pentecontecía, en el que Atenas ostentaba el poder de la Liga de Delos, todos los aliados se convirtieron en tributarios de Atenas. No cabe duda de que la riqueza y esplendor de Atenas en todo este período emanaban de la recaudación del phoros exigido a los miembros de la Liga. Atenas reprimió con dureza en el año 439 a.C. las últimas secesiones de ciudades aliadas y practicó en los años siguientes una agresiva política económica sustentada por su fuerza naval: se alió con Corcira contra Corinto y Esparta, atacó Potidea e impuso un bloqueo comercial a Mégara.

1.4.2.- Primera etapa: Guerra de Arquidamo (431-421 a.C.):

Todas estas circunstancias condujeron a la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). La primera fase de este conflicto duró diez años (431-421 a.C.) y se conoce con el nombre de “Guerra de los diez años” o “Guerra de Arquidamo”. Un incidente entre Corinto y Corcira y el ataque de Tebas a Platea, aliada de Atenas, fueron los motivos ocasionales que desencadenaron la lucha. La Liga del Peloponeso poseía superioridad por tierra, pero Atenas, con más de trescientas naves, dominaba el mar y disponía, además, de grandes recursos financieros. El plan de Pericles consistió en evacuar la población del Ática y refugiarse en Atenas y El Pireo, protegidos por los Muros Largos. Se sucedieron así durante varios años las invasiones sistemáticas del Ática, cuyos campos eran devastados por el ejército de la Liga del Peloponeso dirigido por el rey espartano Arquidamo, mientras los atenienses se dedicaban a operar con su flota en las costas del Peloponeso: en el 429 a.C. lograron la rendición de Potidea, tomaron la sublevada Mitilene (Lesbos) y realizaron con éxito una primera expedición a Sicilia (426 a.C.).

Entretanto, Pericles había muerto a consecuencia de la peste que diezmó Atenas en el año 429 a.C., y la disputa por el poder enfrenta a Nicias, cabeza del partido conservador que propugnaba un acuerdo con Esparta, y a Cleón, demócrata radical partidario de seguir con la guerra. Cleón obtuvo un triunfo momentáneo en Esfacteria; pero de inmediato, los espartanos, bajo el mando del general Brásidas, invadieron Tracia y tomaron Anfípolis, punto clave porque dominaba las rutas por donde Atenas se abastecía de trigo. Los esfuerzos atenienses por reconquistar la ciudad resultaron baldíos y en uno de los ataques murieron tanto Cleón como Brásidas. En ambos mandos se impuso entonces la opinión favorable al entendimiento, que fructificó en la firma de la llamada Paz de Nicias (421 a.C.), un tratado por cincuenta años que restablecía la situación anterior al año 431 a.C., reforzándola con el establecimiento de una alianza entre Esparta y Atenas.

1.4.3.- Segunda etapa (421-404 a.C.):

La paz de Nicias abrió una etapa de inestabilidad, pues, apenas transcurridos seis años, la guerra se reanudó. La entrada en la política ateniense de Alcibíades, adversario de Nicias y simpatizante de la tendencia belicista, deterioró las relaciones con Esparta. Atenas, además, se alió en el año 420 a.C. con algunos de los enemigos tradicionales de Esparta e intimidó y atacó, posteriormente, la isla de Melos con la intención de forzar su ingreso en la Confederación ático-délica.

Alcibíades, deseoso de vencer a Esparta y conociendo la importancia de Siracusa (Sicilia), convenció a sus conciudadanos de que era fácil intentar la conquista de Sicilia. En contra del parecer de Nicias, la Asamblea resolvió enviar una expedición para prestar ayuda a Segesta, que luchaba contra Siracusa (415 a.C.). Pero la operación siciliana constituyó un fracaso: tras los primeros éxitos, las ciudades que habían prometido su alianza no se movieron y el ejército ateniense empezó a experimentar dificultades. Alcibíades, acusado de sacrilegio en su patria, excusó volver para someterse a juicio y huyó a Esparta. Finalmente, Siracusa no sólo resistió el asedio ateniense, sino que sus tropas aniquilaron a la flota ateniense en el puerto siracusano y al ejército de tierra en la batalla del río Asinaro (413 a.C.).

El desastre fue inmenso: una parte de los atenienses prisioneros murieron de hambre y miseria, condenados a trabajar en las canteras; otros fueron vendidos como esclavos; Nicias y los generales fueron ejecutados.

El último período del conflicto contempló la paulatina decadencia ateniense (413-404 a.C.). La derrota en Sicilia trajo graves consecuencias para Atenas, pues muchas ciudades de la Liga aprovecharon la ocasión para desertar, dando inicio a la desintegración del imperio marítimo.

El malestar político que por aquel entonces se vivía en Atenas se tradujo en un triunfo de la Oligarquía: se instaló el régimen de los Cuatrocientos. La reacción de la flota fondeada en Samos, que hizo llamar a Alcibíades, derrocó la oligarquía, reforzando la Democracia. Alcibíades, pues, fue elegido estratego por la escuadra y regresó triunfalmente a Atenas (407 a.C.). Bajo su impulso los atenienses recobraron la moral. Al año siguiente, alcanzó Atenas su última victoria en la batalla naval de las Arguinusas.

Con la ayuda de Persia, Esparta había fortalecido sus efectivos navales. Y, bajo el mando de Lisandro, la flota ateniense fue sorprendida y hundida en Egospótamos (405 a.C.). Atenas, sitiada por tierra, tuvo que rendirse al ejército de Lisandro (404 a.C.). Las condiciones impuestas fueron durísimas: demolición de los Muros Largos, disolución de la Liga délica, entrega de la escuadra, reconocimiento de la hegemonía espartana y regreso de los exiliados. Se impuso, además, un gobierno oligárquico, el de los Treinta.

La guerra del Peloponeso fue, por tanto, un conflicto que afectó en mayor o menor medida a toda Grecia y puso fin a la hegemonía ateniense, pasando el poder de Grecia a manos de Esparta, la vencedora de la larga confrontación entre los griegos. Pero pronto sentirían los propios aliados de Esparta la opresión de la nueva ciudad hegemónica.