(Un comentario de una pareja que se casa en el 2008)
Hemos visto el video detenidamente y creo que discrepamos en prácticamente todo. La incompatibilidad que intenta demostrar el señor Freire entre el amor romántico y el amor matrimonial me parece bastante triste, sobre todo si pienso que su conclusión deriva de su propia experiencia. Su opinión está fomentada en la experiencia de matrimonios por conveniencia en los que prima la selección por intereses. ¿Dónde dejamos el romanticismo? ¿Dónde está la incompatibilidad entre el jurar querer y el querer? Porque te garantizo que nosotros lo vamos a jurar el 13 de Junio ante nuestros seres queridos y lo sentimos.
Por otro lado, ¿qué hay de malo en demostrar el amor romántico ante tus hijos? Mis padres lo han hecho siempre y lo hacen ahora y creo que no hemos tenido ningún desajuste mental, todo lo contrario.
(Otro comentario-respuesta, de otra pareja que se casaron en 1988)
La verdad es que estoy muy de acuerdo con María. Ese video propició una de nuestras conversaciones conyugales más divertidas. Creo que Friere no encuentra los términos adecuados para enfrentar esas dos realidades. Lo que el llama amor romántico debería llamarlo enamoramiento, que no es amor es un arrebatamiento, una emoción. Además creo que quizá lo que describe del amor matrimonial puede reflejar la estabilidad matrimonial en un momento vital cercano a la ancianidad. Sin querer pinta el amor conyugal un poco aburrido. Nosotros vemos que el matrimonio es un complejo entramado de emociones, sentimientos… El arrobamiento vuelve a surgir después de momentos de crisis con intensidad y con nueva profundidad.
Evita el aburrimiento tener presente el proyecto vital. El buscar la felicidad del otro hoy y ahora. El perdonar sin condiciones a diario y el pedir perdón. Hay que mirarse bien al otro, en “La vida es bella” dicen “saber mirar es saber amar”. Con el tiempo hasta se pueden prever las debilidades del otro que se atasca en algunas curvas y subidas del cotidiano devenir. Cuando se quiere desde hace tiempo te hace gracia incluso lo que antes te sacaba de quicio. Y es que uno se de cuenta de que eso de cambiar es difícil. …la cabra siempre tira al monte.
En nuestro caso pensé que al casarnos tendríamos tiempo para hablar pero… seguimos sin habérnoslo dicho todo. Creo que el matrimonio es un diálogo (donación de intimidad) que se prolonga en el tiempo. Y cuando hablo de diálogo no hablo sólo de conversación relajada y civilizada (la vida achucha), hablo de controversia, de desajustes, de iniciativas diversas, de malentendidos que hay que resolver... El que dialoga cuenta su manera de aceptar y modificar la realidad cotidiana.