III.- DIOSES, MITOS Y RITOS
3.1.- Los grandes dioses de Atenas:
1.- Orígenes de la religión griega:
Se puede afirmar que toda religión surge de las múltiples interpretaciones que los hombres hacen de las diversas manifestaciones de la naturaleza, cuyas causas desconocen. Esto es particularmente característico en la religión griega. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ésta no surge de una unidad cerrada, sino que trata de una síntesis de las creencias de las distintas estirpes que con el paso del tiempo dieron origen al pueblo griego.
Los primitivos pobladores que en un principio habitaban lo que hoy se conoce como Grecia tenían unas creencias de carácter “ctónico” (terrestre); es decir, adoraban a unos entes que podían tener influencia, sobre todo, dado el carácter campesino de estas gentes, en la fertilidad de la tierra; de ahí la tendencia fundamentalmente matriarcal de esta religión.
En cambio, el pueblo indoeuropeo que llegó a Grecia tras diferentes migraciones creía en divinidades “celestes”, y era de marcado carácter patriarcal.
De la fusión de estos pueblos distintos y de sus distintas creencias nació, no sin conflictos (en ocasiones difíciles de rastrear), la religión griega, que podemos considerar como plenamente consolidada ya en época micénica (2ª mitad del 2º milenio a.C.). A pesar de todo, a lo largo de la historia, la religión griega experimentó diversos influjos, aunque normalmente no profundos, de las creencias de los pueblos con los que los griegos estuvieron en contacto: Hititas, babilonios, fenicios, egipcios, persas, etc.
Todo este conglomerado heredado de creencias se expresó y canalizó a través de los mitos, cuyo significado es todo aquello que se cuenta, aunque sea imposible su constatación objetiva en la realidad, sea verdad o no.
En este aspecto, no hay que olvidar que los mitos eran, sino totalmente de invención, sí de tratamiento libre. Es decir, la religión griega no era dogmática (ni siquiera existían sacerdotes profesionales), no había “verdades” que todos debían aceptar ciegamente, sino que cada uno podía interpretar y recrear los mitos (y por ende las creencias que llevan aparejadas) según su propia opinión y personalidad. Esto se manifiesta claramente en la inexistencia en Grecia de “Libros sagrados”, infalibles, como puede ser el caso de la Biblia. En este sentido, es aplicable la frese de Heródoto según la cual “los poetas dieron sus dioses a los griegos”, tomándola en el sentido de que los poetas expresaron literariamente (con todo lo que ello implica) las creencias religiosas de su pueblo.
El hombre griego, pues, tenía la idea de que existían unos dioses inmortales, que estaban en posesión de una fuerza sobrenatural y que, además, eran antropomorfos. Esta concepción quedó vinculada a una serie de personajes que estaban ligados genealógicamente (Zeus, Hera, Atenea, Apolo…), figuras que consolidaron los grandes poetas como Homero y Hesíodo (en su obra Teogonía).
2.- El Panteón Olímpico clásico:
En época clásica, la familia olímpica formaba el núcleo del panteón griego, aun cuando cada ciudad introducía sus variantes primando a unos u otros y asociando a dioses locales. A cada uno de estos dioses se le atribuían unas funciones, es decir, un campo en el que ejercía su tutela y poder y un ámbito desde el que actuaba.
Por estar relacionados de una forma u otra con la ciudad de Atenas, nos centraremos en los llamados “dioses olímpicos”.
Según la tradición, los dioses olímpicos eran doce: Zeus, Hera, Atenea, Hefesto, Ares, Afrodita, Apolo, Ártemis, Deméter, Hestia, Poseidón y Hermes. A menudo aparece Dioniso en vez de Hestia en las listas antiguas. Estos eran los dioses que moraban en el monte Olimpo. Además, se hará mención a Hades, que habitaba en los infiernos.
- Zeus : es llamado “padre de dioses y hombres”. Es el más importante, y con él están emparentados los demás dioses. Tiene el poder del mundo, aunque simbólicamente lo comparte con sus hermanos Poseidón y Hades. Propiamente es el dios del cielo y tiene en su poder el rayo, el trueno y el relámpago, así como la lluvia, etc. Es el protector de los juramentos, de las leyes de la hospitalidad y de la justicia. De su unión con diosas nacieron otros muchos dioses, y con mujeres mortales muchos semidioses y héroes.
Su santuario más importante era el de Olimpia, donde todos los estados griegos podían competir en los juegos que se celebraban en su honor cada 4 años (“los Juegos Olímpicos”). En el s.V a.C. se construyó allí un templo suntuoso que albergaba una estatua de oro y marfil del dios sentado en su trono, obra del escultor Fidias; obra que se convirtió en una de las Siete Maravillas del mundo.
- Poseidón : hermano de Zeus, es el dios del mar, simbolizado por el tridente. Así mismo puede provocar terremotos. Se le representa como un dios violento y frecuentemente poco amigo de los hombres.
Cuenta la mitología griega que Poseidón rivalizó con la diosa Atenea por el patrocinio de la ciudad de Atenas. Éste, clavando su tridente en la Acrópolis, regaló a la ciudad una fuente de agua marina, que estuvo a punto de inundar la ciudad; en cambio, Atenea regaló a los ciudadanos un olivo. Fue la diosa la elegida por tan ingenioso regalo, no sólo por las aceitunas que da como fruto, sino por el resultado de su prensa, “el aceite”, producto tan apreciado por los griegos, que hacía junto con el vino diferenciarse de los “incivilizados” βάρβαροι.
Pero Poseidón no se quedó sin patrocinio alguno, sino que Corinto, ciudad del istmo que constituye el puente hacia el Ática, fue dominio religioso suyo, como demuestra el santuario allí levantado en su honor. También se nota su importancia en el Ática reflejada por el templo del Cabo Sunion dedicado a él.
- Hades : hermano de Zeus, es el dios del mundo subterráneo, y, por tanto, del Infierno y guardián de los muertos. Se le representa sombrío y triste. Como poseedor de todo lo que hay bajo tierra (incluidas las riquezas) tiene el sobrenombre de Plutón (“el rico”).
Su esposa, Perséfone, es la hija de Deméter, que fue raptada por Hades en una ocasión en que ella recogía flores en un prado. A esto hacen referencia los Misterios de Eleusis.
- Hera : hermana y esposa de Zeus. Es la protectora del matrimonio, y representa los derechos de la mujer como esposa, aunque en Homero aparece irritable y poco simpática (cosa comprensible dadas las continuas infidelidades de su marido). Su símbolo es el pavo real.
Tuvo varios hijos con Zeus; pero, como represalia a la concepción de Atenea por Zeus, Hera tuvo a Hefesto sin la intervención de padre.
- Deméter : también hermana de Zeus. Es la diosa de los cereales y de la fertilidad de la tierra. A ella están consagrados los “misterios de Eleusis”.
- Hestia : hermana también de Zeus. Es la personificación del fuego del hogar. Carece de mitos propios, aunque era muy venerada en todas las casas y templos.
- Atenea : es hija de Zeus, nacida revestida con toda su armadura de su cabeza tras tragarse a Metis. Es protectora de Atenas y diosa de la guerra en su aspecto técnico. También es la diosa de las artes, de la artesanía en general y de la cultura. Es, por tanto, una de las diosas más importante de Grecia. También es llamada Πάρθενος (“Virgen”).
Es la diosa protectora de la ciudad de Atenas, a ella está dedicado el monumento más importante de la Acrópolis, el “Partenón”, obra de Fidias en época de Pericles, y frente a él se hallaba una gran estatua de la diosa, que, como cuenta Pausanias, era visible desde los barcos, cuando se llegaba al puerto del Pireo.
Atenea no sólo luchó al lado de los atenienses en sus batallas, sino que acompañó además a muchos héroes griegos en sus aventuras, como a Ulises en la Odisea de Homero.
- Apolo : es también uno de los dioses más importantes. Hijo de Zeus y Leto y hermano gemelo de Ártemis, nacidos ambos en la isla griega de Delos. Es llamado también Febo (“el de la luz”). Es el dios de la música y de las artes, así como el de la luz, la medicina y del arte de la adivinación; de ahí que hubiera un oráculo dedicado a él en Delfos, ombligo del mundo para los griegos y gran centro religioso de peregrinación. El arte siempre lo representa como un hermoso mancebo imberbe, con cabello largo, normalmente trenzado, sosteniendo una lira (su símbolo) o una rama sagrada de laurel.
- Ártemis : hermana gemela de Apolo. Es la soberana de los montes y diosa de las fieras salvajes, aunque se la representa como cazadora. Al igual que Atenea es la diosa de la virginidad, aunque también protege los partos. Sus relaciones con los hombres son tormentosas y abundan en crueles castigos por haber intentado forzarla o espiarla, como vemos en el mito de Acteón.
Sus símbolos son el arco y el carcaj repleto de flechas.
Esta diosa fue también muy venerada no sólo en Atenas y la península del Ática, sino también el todo el territorio griego.
- Hefesto : hijo Hera, aunque ésta al poco de nacer por su cojera y su fealdad lo arrojó fuera del Olimpo al Océano, donde Tetis lo rescató. Es el dios del fuego y del trabajo. Aunque es un dios, se le representa feo y cojo.
Hefesto es relacionado con el fuego y los oficios de herrería y metalurgia, y era fama que tenía su fragua bajo volcanes como el Etna en Sicilia. Su templo en el Ágora ateniense estaba próximo a los alfares y contenía estatuas de él y de Atenea.
- Dioniso : hijo de Zeus y Sémele, aunque nació del muslo de Zeus tras convertir en cenizas a ésta. Es el dios del vino, y, por tanto, también, de la alegría; pero asimismo provoca los sentimientos más irracionales del hombre. Llegó a ser muy importante en Grecia, y a él están dedicadas principalmente las representaciones teatrales. Es llamado también Baco. En cierto modo provoca, también, la inspiración poética y la orgiástica. Está en conexión con el culto a la fertilidad y, como tal, es representado con un falo en las procesiones dedicadas a él (Faloforías). Es acompañado por las ménades o bacantes y por sátiros.
- Ares : dios de la guerra en su aspecto más brutal e irracional, y también de la muerte violenta. Gozaba de poca simpatía entre los griegos. Era hijo de Zeus y Hera.
Ares fue descubierto in fraganti por Hefesto, mientras yacía con Afrodita en el lecho, de lo cual, llamados por el propio Hefesto, se burlaron los demás olímpicos.
Es representado armado con casco, lanza y escudo.
- Hermes : hijo de Zeus y Maya. Es el mensajero de los dioses. Es protector de la gimnasia y, en parte, de la música. Es el dios del comercio, de los viajes y, en cierto modo, protector de los ladrones. Sólo Hermes podía acceder libremente al Olimpo, a la Tierra y a los Infiernos, y escoltaba a los difuntos hasta donde aguardaba el barquero Caronte, que por una pequeña moneda (un óbolo) pasaba al alma del difunto al otro lado de la laguna Estigia, para llevarlo al Hades (Hermes psicopompos).
Se le suele representar con ropas de viajero y un sombrero para el sol; a veces el sombrero y las botas llevan alas; y suele llevar un caduceo y una talega con dinero.
- Afrodita : hija de Zeus y Dione en unas versiones, y de Urano en otras (la versión más popular y aceptada), después de que Cronos, padre de Zeus, cortara los genitales con una gran hoz a su padre Urano y los arrojara al mar, naciendo de la espuma creada por el semen la diosa en la costa de la isla de Chipre; es a lo que alude su nombre “nacida de la espuma”. Es la diosa del amor, de la belleza y de la fecundidad.
En muchos relatos, Eros, el dios del deseo sexual, es hijo suyo y de Ares; aunque su marido es el feo y cojo Hefesto.
Se le representa como una doncella joven, hermosa y, generalmente, desnuda. Fue, también, junto con Atenea una diosa muy venerada entre las jovencitas de la Hélade.
Afrodita tuvo amantes mortales e inmortales. Por ejemplo, de Hermes y de Afrodita, cuenta el mito, nació el hermoso joven Hermafrodito, de quien se prendó la náyade Salmacis, cuando el muchacho se bañaba en un manantial. Tal fue la violencia de su deseo, que mientras se amaban, Salmacis se apretó a él con tanta fuerza que sus cuerpos se fundieron en uno solo. Por eso el arte representa a Hermafrodito como una mujer con genitales masculinos.
2.2.- Las grandes fiestas atenienses: Panateneas y Grandes Dionisias:
1.- Las Panateneas:
Una de las principales fiestas religiosas de Atenas y de la región del Ática, en general, era la fiesta de las “Panateneas”, en honor de la diosa defensora de la ciudad.
Existían, en primer lugar, las “Panateneas” o las “pequeñas Panateneas”, que se celebraban cada año en pleno verano, a partir del día 28 del mes de Hecatombeón. Pero desde el 566 a.C. también tenían lugar cada cuatro años las “Grandes Panateneas”, en las que participaba toda el Ática y que estaban precedidas por unos juegos.
Los juegos panatenaicos eran sólo uno de los grandes eventos deportivos de carácter religioso que tenían lugar en Grecia. También estaban los juegos píticos de Delfos, los ístmicos de Corinto, los nemeos de Nemea y los olímpicos de Olimpia. Éstos eran panhelénicos, mientras que los panatenaicos eran exclusivos de la población ática. Todos estos juegos estaban reservados a los varones.
En Atenas, las competiciones comenzaban 5 días antes de las Panateneas con la ceremonia de prestación de juramento tanto por los participantes como por los jueces; a continuación venían los certámenes de poesía y música. Los torneos musicales tenían lugar en el Odeón, el teatro cubierto situado junto al de Dioniso. Los dos principales instrumentos eran la flauta doble o aulós y la cítara; aunque era la cítara el instrumento que más prestigio y premios reportaba. Debió haber al menos seis eventos musicales, cuatro para hombres y dos o más para jóvenes y niños.
En cuanto a las pruebas atléticas, en un principio, fueron concebidas como una forma de adiestramiento para la guerra. Los participantes se dividían en tres grupos en función de su edad: “imberbes” (entre 12 y 16 años), “jóvenes” (16 a 20) y “mayores” (más de 20). Las dos primeras categorías competían durante el segundo día del festival, pero probablemente sólo en cinco disciplinas: carrera de velocidad, pentatlón, pugilato, lucha y pancracio.
A la mañana siguiente todos los que iban a tomar parte en las competiciones deportivas para hombres marchaban en procesión al ágora; se ofrecían sacrificios y se elevaban plegarias, tanto públicas como privadas.
Los juegos para adultos comenzaban con la carrera en el estadio (stadion), una prueba de velocidad de 184 m. La seguían las pruebas de larga distancia, de 20 ó 24 estadios (3.680 ó 4.416 m.). La tercera prueba de pista, el hippios, era una carrera de medio fondo de seis estadios (algo más de 1.000 m.). Los atletas competían desnudos. Los vencedores recibían en premio el costoso aceite de oliva producido en la Academia.
El pentatlón era una prueba combinada formada por lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina, salto de longitud, carrera de velocidad y lucha.
En la lucha (palaio) el objetivo era tirar al contrincante al suelo. El combate era continuo hasta que uno de los dos conseguía derribar al otro tres veces.
El pancracio (pankration), combinación de lucha y pugilato, duraba hasta que uno de los contrincantes se diera por vencido. Se permitía casi todo, sólo estaba prohibido morder y arrancar partes del cuerpo.
En ambos estilos de lucha, los contendientes se untaban previamente el cuerpo con aceite y luego lo espolvoreaban con arena fina.
Pero el pugilato era el más peligroso de estos tipos de combate. Los púgiles, con las manos vendadas con tiras de cuero, podían golpearse donde y como quisieran. Únicamente se prohibía hundir los pulgares en los ojos del adversario. Se ganaba por fuera de combate. A veces acababa con la muerte de uno de los dos púgiles; en tales casos se adjudicaba el premio al fallecido, y a su adversario se le prohibía de por vida participar en esos juegos.
Otro tipo de carrera era la carrera con armadura (hoplitodromos). Los participantes tenían que correr con casco, grebas y escudo, pero aparte de eso desnudos.
En el cuarto día de las Panateneas, los juegos se trasladaban extramuros, a un campo apropiado cerca de la costa. Allí tenían lugar distintas competiciones ecuestres. Había carreras de carros con dos (bigae) y cuatro caballos (cuadrigae).
Las competiciones de los primeros cuatro días de las Panateneas estaban abiertas a los forasteros, pero el quinto se dedicaba a pruebas por equipos restringidas a las 10 tribus atenienses. Entre ellas había un concurso de fuerza y belleza masculino.
El quinto día de las Panateneas se celebraba una fiesta nocturna con música, canto y baile. Al alba se ofrecía en la Academia un sacrificio en honor de Atenea y Eros, y el fuego sagrado era llevado en una carrera de antorchas, que salía de la Academia e iba hasta el altar de Atenea en la Acrópolis.
Los preparativos de parte de este festival comenzaban hasta nueve meses antes. La sacerdotisa de Atenea y las arréforas (cuatro muchachas de familia noble) montaban un telar para tejer el nuevo peplo para Atenea, protectora de la ciudad y se sustituía cada año.
Al día siguiente se emprendía una procesión, al despuntar el alba, encabezada por las arréforas, que portaban el peplo, junto con la sacerdotisa y un gran séquito de mujeres que portaban regalos. A continuación iban los oficiantes de los sacrificios y los animales para la hecatombe (100 vacas y algunas ovejas). Detrás iban los metecos, los ganadores de las competiciones, los músicos, etc.
La procesión discurría por la ancha Vía Panatenaica y atravesaba el ágora cantando himnos a Atenea, para subir luego por la colina de la Acrópolis, deteniéndose ante los Propileos, mientras se ofrecían los sacrificios. Pero sólo los nacidos en Atenas les era permitido entrar en la Acrópolis. La procesión continuaba, pasando por delante de la cara septentrional del Partenón y se apiñaba alrededor del gran altar de Atenea, frente al Erecteion. Se le entregaba el peplo a la diosa Atenea y se concluía con unos sacrificios en honor suyo.
El día siguiente se dedicaba a dos eventos: la carrera de los apobates (carros ocupados por un auriga y un guerrero con armadura completa) y las regatas; pero poco se sabe de tal competición.
El día siguiente, el último del festival, se dedicaba a la entrega de premios.
2.- Las Grandes Dionisias:
En el mes de Elafebolión (marzo-abril) se celebraban las “Grandes Dionisias”, a principios de la Primavera, cuando el mar era navegable, por lo que aliados y extranjeros podían acudir a Atenas.
Resulta un tanto sorprendente que uno de los dos grandes festivales de Atenas se dedicara a uno de los últimos dioses incorporados al panteón griego.
Aunque generalmente se le asocia con el vino, también es importante como el dios de la emoción o de la liberación de las emociones . Su culto fue muy popular entre las mujeres (ménades o bacantes).
Este gran festival, que atraía gentes de todo el orbe griego, incluso no griego, conocido, comenzaba con una procesión, donde se conducía a los animales que iban a ser sacrificados; y probablemente tenía lugar el décimo día de este mes. Los jóvenes se disfrazaban de sátiros (esos míticos acompañantes de Dioniso, mitad humanos y mitad animales) y bailaban enmascarados, mientras el coro cantaba. Una vez realizados los sacrificios se celebraban banquetes con la carne, corría el vino y la gente pasaba la noche bailando y cantando borracha por las calles, al son de arpas y flautas. Esta ocasión única para disfrutar de una libertad cercana al éxtasis, lejos del confinamiento habitual, era particularmente bien vista por las mujeres griegas.
A mediados del s. VI a.C. se añadió un nuevo elemento: hasta entonces el festival incluía escenas dramáticas ritualizadas, representadas en público por un coro, pero hacia el 534 a.C. un hombre llamado Tespis mantuvo un diálogo con el coro, utilizando varias máscaras y representando diferentes papeles. Era el nacimiento del teatro griego.
Hacia el 500 a.C., las representaciones duraban casi todo el día y estaban a cargo de dos actores y el coro. Consistían en tres tragedias consecutivas (trilogías) seguidas por un drama satírico. Posteriormente, en el 486 a.C. (entre las dos Guerras Médicas) se añadió una comedia. Estas representaciones alcanzaron una enorme popularidad y la gente acudía en masa.
Este concurso dramático, ya en época clásica, se prolongaban durante cuatro días de los cinco que duraba el festival (durante la guerra del Peloponeso se redujeron a tres) y la sesión se abría con una comedia. Generalmente se admitían tres poetas cómicos y tres trágicos en el concurso. Pero mientras cada cómico sólo representaba una comedia, el trágico presentaba cuatro obras: una Tetralogía (3 obras trágicas más un Drama satírico).
Originariamente las obras se representaban en el ágora, pero en una fecha sin precisar de la primera mitad del s. V a.C. se optó por el espacio situado a los pies de la Acrópolis, donde se formaba un auditorio natural. Poco a poco se introdujeron mejoras hasta convertirlo en el primer teatro del mundo. Se pasó, pues, de unos primeros teatros edificados con madera a los teatros de piedra, como el que se conserva en Epidauro.
El poeta que deseaba entrar en la competencia, lo solicitaba al arconte, quien, si lo aceptaba, le concedía un coro: ponía a su disposición un corego y tres actores. El deber del corego era proveer el adiestramiento, vestidos y pago al coro. La coregía era una de las litugías. Según parece también el Estado pagaba a los actores, quienes eran instruidos por el poeta mismo.
El día antes de la actuación, todos los coregos y sus equipos teatrales desfilaban ante el público. Seguidamente, diez jueces eran elegidos por sorteo, uno por cada tribu, quienes, una vez terminadas las representaciones, dictaminaban un veredicto y nombraban al ganador.
La entrada al teatro costaba dos óbolos, el equivalente a un día de salario de la gente humilde. El público estaba compuesto generalmente por hombres. Parece que las mujeres iban al teatro en el s. IV a. C., pero no está claro en qué momento del s. V a.C. empezó a permitírseles la asistencia. Entre el público se distribuían vino y dulces, y la audiencia comía y bebía durante las representaciones.
3.3.- Misterios y oráculos: Eleusis y Delfos:
Junto a una religión que podríamos denominar oficial, caracterizada por los distintos cultos y festividades que las ciudades otorgaban a los dioses (normalmente cada ciudad tenía un dios o un héroe protector), como fueron los festivales teatrales, las competiciones gimnásticas, … encontramos otra religión paralela de tipo popular en la que participaban las clases más bajas. Evidentemente el pueblo también participaba en el teatro y en el deporte, pero se puede hablar de una serie de cultos en los que dichas clases más bajas participaban de una forma mayoritaria en oposición a otros, considerados aristocráticos.
A) Una de las características de la religión griega es la abundancia de Oráculos, lugares en los que un dios respondía a los hombres sobre preguntas de distinto tipo.
El más importante de estos oráculos fue el de Apolo en Delfos. En él una pitonisa, sentada en un trípode, tras escuchar la pregunta de un consultante, entraba en éxtasis inspirada por Apolo, el cual emitía su respuesta profética a través de ella. Esta respuesta era a su vez interpretada y puesta por escrito (o dicha de palabra) por unos sacerdotes. A cambio de estas respuestas se ofrecían regalos y donativos a Apolo, con lo que se consiguió que Delfos fuera uno de los lugares más bello y rico de la época.
Al principio estas consultas se celebraban una vez al año, a principios de la Primavera. Era cuando Apolo inspiraba a la sacerdotisa. Fuera de ese día estaba castigado, so pena de muerte, acudir al santuario. Luego las consultas fueron una vez al mes y, finalmente, en numerosas ocasiones, con excepción de los meses de invierno, durante los cuales estaba ausente Apolo.
La consulta al oráculo implicaba el previo sacrificio de una cabra. Los consultantes, a continuación, hacían sus preguntas, que eran contestadas por la pitonisa e interpretadas y puestas por escrito por los sacerdotes. Es destacable el hecho de que las respuestas, dadas en versos hexámetros, nunca se equivocaban, a causa de la deliberada ambigüedad de éstas.
La función de pitonisa sólo podía ser desarrollada por una mujer que era elegida entre las de Delfos y debía tener más de 50 años, ser de origen honesto y de vida intachable. Su traje era el de las doncellas. Sin embargo, paradójicamente, sólo a los hombres les era permitido interrogar al oráculo, y habían de prepararse para ello por medio de la oración y ofreciendo sacrificios previamente. Dispuesta la Pitia, mediante tres días de ayuno, y antes de sentarse en el trípode, se bañaba en la fuente Castalia, bebía de sus aguas y masticaba las hojas de laurel.
Delfos tuvo una enorme importancia en Grecia, dado su prestigio, y llegó a ser considerado el centro del mundo. La fama de este Santuario rebasó las fronteras del mundo griego, y ya en la Antigüedad, reyes de estirpe extranjera preguntaron a su oráculo y le obsequiaron con largueza. Cada ciudad griega tenía allí su tesoro, artísticos edificios donde depositaban los objetos votivos y el erario público o particular enviado a Delfos, ya para ofrendarlos a Apolo o para ponerlos bajo su protección.
Sin embargo, fue decayendo poco a poco debido a los avatares políticos, llegando a ser clausurado en época cristiana. Eran famosas las frases escritas en las paredes de su templo, como: “Nada en demasía”, “No se aproxime aquí quien no sea puro”. Viejas sentencias que se relacionan con las leyes morales más que con las sociales. Pero la inscripción apolínea por excelencia es: ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ (“conócete a ti mismo”), que más que una invitación a la introspección era una representación de la diferencia entre dioses y hombres.
B) Por otra parte estaban las Religiones Mistéricas, que se caracterizaban por la relación individual entre dioses y hombres, y la idea de liberación, sea terrena o no. En ellas podían participar tanto hombres como mujeres y esclavos. Se cree que tenían un origen pre-griego. En común tenían la característica de guardar el secreto (de ahí su nombre) del culto celebrado. Entre éstas destacaban: el Orfismo, que tienen relación con Dioniso y con el origen del mundo. En ellas se exponía la leyenda de la muerte de Dioniso (aunque volverá a renacer de su corazón) devorado por los Titanes. Luego éstos fueron abrasados por Zeus, y de sus cenizas nacieron los hombres, cuya naturaleza estaba formada así por una parte divina y otra maléfica. De este modo el hombre debe liberarse de la parte maléfica y purificarse por medio de los ritos órficos, según unos comportamientos morales, que llevan aparejados unos premios o castigos, teniendo que ser superados estos últimos mediante distintas reencarnaciones; el Dionisismo, que está relacionado con la introducción en Grecia del culto a Dioniso, narrada admirablemente por Eurípides en su tragedia Las Bacantes. En ella se cuenta cómo Dioniso, hijo de Zeus y Sémele (una mortal), intenta introducir su culto en Tebas, su ciudad natal. A ello se opone Penteo, su primo y rey de Tebas, argumentando que Dioniso no era un dios y que sus seguidores estaban embebidos por el vino, la orgía, la locura, la danza y la lujuria. Finalmente, Penteo es engañado por Dioniso y llevado a ver a las Bacantes, entre las que estaban su madre y sus tías, donde es destrozado y devorado por éstas, enloquecidas por el dios; y, por último, los Misterios de Eleusis.
Los Misterios de Eleusis. Se celebraban durante nueve días en Septiembre-octubre (Boedromión) en la localidad de Eleusis, cercana a Atenas y protegida por ésta. En ellos, tras una procesión desde Atenas a Eleusis, se celebraba una purificación en el mar por parte de los iniciados y una libación; y, tras diversos actos en la ciudad de Atenas, regresan también en peregrinación a Eleusis. Allí se realizan varios actos votivos hasta el noveno, y último día, en que los iniciados han terminado la ceremonia que cierra el ciclo de los Misterios. Poco más se sabe de estos misterios.
Estos Misterios representan la búsqueda de la Perséfone por su madre, la diosa Deméter, ya que aquella ha sido raptada por Hades:
Estaba la joven cogiendo diversas flores que crecen en la llanura de Nisa en compañía de otras diosas y ninfas, cuando reparó en una flor muy especial, un narciso, y al pretender arrancarlo, la Tierra, confabulada con Hades, se abrió, surgiendo de la grieta Polidegmon, el hijo de Cronos, quien galopando sobre sus caballos inmortales se abalanzó sobre ella y se la llevó sin posible resistencia al inframundo.
Nadie oyó sus gritos salvo Hécate, el rostro oculto de la Luna y Helios, el Sol; hasta que al final llegó a los oídos de la madre un lejano llanto interminable. Sintió entonces Deméter una aguda angustia y sin pensar partió rauda por la tierra y por mar en pos de su hija, mas ninguno de los dioses conocedores del pacto quiso revelarle la verdad. Nueve días anduvo llena de tristeza y con una antorcha vagabundeando en su búsqueda incesante de Perséfone; no durmió, no descansó, no se bañó...
Al décimo día, Hécate, conmovida, le informó sobre lo que oyó y ambas acudieron a Helios, quien les dijo que Zeus se la entregó a Hades, su hermano, para que la desposara. Deméter, llena de furia y dolor, huyó al mundo de los hombres y entre velos llegó al palacio de Eleusis, donde se sentó afligida al borde de un pozo. Allí la acogieron, y en el lugar más profundo del Templo se estableció oculta Deméter, pero no consintió a la tierra germinar.
Los campos se volvieron yermos y Zeus se preocupó por ello. Éste envió a la mensajera Iris a Eleusis, para que rogara a Deméter que depusiera su actitud. Pero ella hizo caso omiso. Después de tal negativa, Zeus mandó a Hermes al Érebo a hablar con Hades para que devolviera a la muchacha. Él le permitió marchar, pero no sin antes hacerle comer de improviso un grano de granada, el fruto de la fecundidad. A continuación, la montó en su carro y la llevó al exterior.
Por fin, madre e hija se abrazaban jubilosas; pero se dan cuenta del engaño: Perséfone ha tomado alimento en el reino subterráneo y tendrá que volver, pues así lo dictan las leyes. Estará dos partes del tiempo en la superficie y un tercio en las profundidades de la tierra, como compañera de Hades.
Después, la diosa desveló sus Misterios a los hombres: santas ceremonias que no es lícito descuidar, ni revelar...
Desde ese momento se celebran cada año en Eleusis en honor de la diosa y sus enseñanzas, primero reservados a la familia real eleusina, de donde surgieron los primeros Hierofantes, y luego a todos aquellos que cumplieran determinados requisitos. Y nueve días durarían las celebraciones en memoria de los que la diosa anduvo errante, y cada día tendría un nombre y una ceremonia especial.