I.- HISTORIA 

1.1.- Clístenes y el comienzo de la democracia: 

1.1.1.- Surgimiento y evolución de la πόλις:

Para poder comprender la realidad histórica que vivió Clístenes, se hace necesario hacer un exiguo recorrido desde el origen de la polis hasta el comienzo de la Democracia. Así pues, para comprender las modificaciones de las formas políticas que llevaron al surgimiento de la democracia en Atenas resulta fundamental explicar el nacimiento y desarrollo de la polis, en la época arcaica.

Se hace muy difícil rastrear el origen de la polis por diferentes factores: no se puede hablar de un nacimiento de ese tipo de organización simultáneo en toda Grecia, tampoco se puede pensar que todas las polis evolucionaron de la misma manera y la documentación de la época es muy escasa.

La mayoría de estudiosos coinciden en que hubo en algunas partes de Grecia un aumento demográfico que desbordó el sistema parental de los oikos. Se produjo, entonces, una unión en torno a la aldea por parte de las diferentes familias (genos). El siguiente paso fue la agrupación de las aldeas pertenecientes a diferentes tribus (phylé). La integración del marco urbano y el rural en una sola comunidad de ciudadanos fue la base sobre la que se asentó la nueva organización sociopolítica, la polis griega.

También es difícil mencionar un momento histórico en que se puede hablar de polis. Unos sitúan en el siglo VIII, incluso antes, el momento en que se configuró este nuevo sistema político. Para otros, una de las pruebas más contundentes para fechar el origen de la polis es la colonización, iniciada en el siglo VIII, ya que las colonias, salvo ciertos emporia, son desde un principio polis, que imitan las instituciones de sus metrópolis, prueba de la existencia de la polis desde los comienzos del período de la colonización.

Ahora cabe explicar los diferentes modelos de organización política de las polis griegas.

            - La polis monárquica es la más antigua. Para muchos el régimen monárquico se extingue al aparecer la polis, por lo que es imposible hablar de polis monárquica. La tradición mantenía el cargo de rey o basileus para una magistratura de carácter religioso o para denominar un cargo militar, aunque pronto desaparecerá.

            - La polis aristocrática, cuyo origen aún es discutido. Para unos la caída de la monarquía fue consecuencia de una revolución política de las aristocracias locales, igual que la sustitución de éstas por los regímenes tiránicos. Según otros, el paso a la aristocracia no fue violento en la mayoría de los casos, sino consecuencia de la paulatina acumulación de poder de los propietarios de tierras durante el período anterior. Los grupos que poseían el poder de las tierras eran los que también tenían el poder militar. La duración de este tipo de organización es de dos siglos, desde el VII al VI.

            - Las tiranías. La tiranía no era más que una degeneración de la monarquía. Según Aristóteles, la diferencia entre un tirano y un monarca no se basaba en la naturaleza de su poder, sino en la forma de ejercerlo: el monarca lo hace con la ley, mientras que el tirano lo ejerce en beneficio propio. Así pues, la tiranía es una monarquía que ejerce un poder despótico sobre la comunidad política. Los tiranos pertenecen a las familias aristocráticas que en la generación anterior habían terminado con las monarquías. Los regímenes de tiranos se establecieron en el siglo VII y fueron predominantes en casi todas las polis de Grecia y el Egeo. La configuración de este nuevo tipo de poder se dio principalmente con el descontento popular con los gobiernos aristocráticos, que generó una inestabilidad política aprovechada por los tiranos que contaban con el apoyo de los demos.

1.1.2.- Camino hacia la Democracia en Atenas: de Dracón a Clístenes:

Hacia el año 683 a.C. la tradición sitúa la desaparición de la antigua monarquía ateniense, cuyo poder se había debilitado en beneficio de la aristocracia, y su sustitución por los tres arcontes. La creciente crisis política a lo largo del s.VII a.C. respondió, sobre todo, a la delicada situación económica del campesinado, que sufría el problema de la esclavitud por deudas.

La sucesiva actuación legislativa de Dracón (621 a.C.) y de Solón (594 a.C.) produjo un cierto equilibrio social y fomentó en las primeras décadas del s.VI a.C. el comercio y la industria, atrayendo a numerosos artesanos de otras ciudades griegas hacia Atenas. Al aumentar la capacidad económica de la clase media ateniense, fundamentalmente gracias al comercio marítimo, volvió a acentuarse la inestabilidad política, materializándose en una división de la población que enfrentaba a los aristócratas grandes propietarios con los pequeños campesinos y los habitantes de la costa, a los que eventualmente podían unirse los artesanos y mercaderes de las zonas urbanas de Atenas y del Pireo.

Gracias al apoyo que le prestaron estos grupos populares, hacia el año 560 a.C. Pisístrato instauró la tiranía en Atenas y favoreció al campesinado realizando la reforma agraria que distribuyó una serie de tierras confiscadas a la nobleza. La política conservadora y conciliadora de Pisístrato proporcionó a los atenienses un largo período de prosperidad. Cierto es que mantuvo vigentes las leyes de Solón y acometió numerosas obras públicas (fuentes, templos, pórticos) que dieron trabajo e ingresos a muchos ciudadanos, mejoró la ley y el valor de la moneda ateniense, reorganizó las principales festividades, en particular las Panateneas. A su muerte (527 a.C.) le sucedieron sus hijos Hipias e Hiparco, que continuaron la política paterna. El asesinato de Hiparco (514 a.C.) por Harmodio y Aristogitón, los llamados Tiranicidas, glorificados en el s.V a.C. por los amantes de la democracia, endureció el régimen tiránico de su hermano. Finalmente, con la ayuda de un ejército espartano mandado por el rey Cleomenes, Clístenes y la mayor parte del pueblo ateniense asediaron a Hipias en la Acrópolis y pactaron su expulsión del Ática.

Derribada la tiranía, a Clístenes (510 a.C.) no le fue fácil la reforma política destinada a preparar la igualdad de los atenienses.

Existen diferentes opiniones con respecto al papel de Clístenes en el desarrollo de la democracia en Atenas. Hay quien afirma que la llamada ‘revolución’ clisteneana no instauró la ‘demokratia’ en Atenas, pero si sentó las bases institucionales de un futuro funcionamiento democrático de la polis ateniense. Otros sostienen que la democracia ateniense existía antes de Pericles y que, desde un principio, contenía muchos de sus rasgos característicos. Heródoto habla de la época de Clístenes como isegoría o libertad de expresión, mientras que Aristóteles se refiere a la isonomía o igualdad de oportunidades políticas.

El período posterior a la expulsión de Hipias, el último tirano, es confuso. Heródoto afirma que la caída de la tiranía debe ser atribuida a la familia de los Alcmeónidas, pero también existe una participación política y militar activa por parte de Esparta. Los Alcmeónidas habían tenido una política antitiránica constante y esperaban los frutos de su esfuerzo opositor de años, pero para llegar al poder necesitaban más apoyo del que poseían. Uno de los eupátridas era Clístenes, quien aprovechó la confusa situación política y puso de su lado a grupos de las clases bajas que habían visto mejorar su situación con Pisístrato y que ahora temían a un gobierno aristocrático que los perjudicara nuevamente. Tuvo una oposición clara liderada por un líder oligárquico llamado Iságoras quien recurrió a la ayuda de Esparta en su lucha contra Clístenes, pero no tuvo éxito.

Con una atmósfera todavía plagada de oposición oligárquica, Clístenes elaboró por fin un planteamiento inspirado en la isonomía, la igualdad legal. Y en este sentido, si la posesión de la tierra había sido tradicionalmente el requisito imprescindible para acceder a la ciudadanía, Clístenes resolvió el latente problema del ansiado reparto de tierras con una nueva concepción de las tribus y de su adscripción, haciendo prevalecer el criterio territorial sobre el gentilicio.

Favorable a la democracia, Clístenes asumió el poder y estableció una nueva constitución, en el año 507, que sustituyó a la de Solón. Las reformas de Clístenes fueron ingeniosas, complejas y de largo alcance y estaban pensadas principalmente para desarticular la influencia de los clanes aristocráticos y para evitar la reaparición de la tiranía.

   - Los habitantes del Ática estaban tradicionalmente divididos en cuatro tribus, cada una con su propia estructura interna de pirámide. Esta división era conflictiva porque traía problemas regionales entre los habitantes de la polis. Clístenes hizo una división que no tenía en cuenta ni la riqueza ni su linaje de sangre, repartió el Ática en cien demos[1], que a su vez formaban diez tribus o phylai[2] y cada una de éstas trítties[3], tercios, cuyos integrantes eran iguales ante la ley y pertenecían a zonas muy diferentes de la ciudad (cada demo tenía habitantes de la llanura central, del litoral y del campo), para evitar así el predominio de una tribu originaria de un territorio determinado. Cada demo tenía un demarco y una Asamblea. Esta división hizo desaparecer la importancia del sentimiento local como fuerza política y suponía la idea de que el Ática respondiese con mayor facilidad a la llamada de unidad nacional. Atenas no sólo era una verdadera democracia, sino que estaba bien organizada contra las disensiones internas.  

- Además de esa división, Clístenes reformó el antiguo Consejo de los Cuatrocientos (Boulé), instituido por Solón, y aumentó su número a quinientos, cincuenta de cada una de las diez nuevas tribus. En cada tribu se designaban, por sorteo entre las tres primeras clases censales, cincuenta buleutai, teniendo cada demos un número proporcional a su población ciudadana. Las funciones fueron ampliadas, transformándose en el organismo administrativo superior del Estado. El Consejo se reúne pocas veces en pleno y, para su funcionamiento normal, se halla dividido diez pritanías, formada cada una por los cincuenta buleutai de una misma tribu. El año se dividía en diez periodos de 35 o 36 días, de modo que cada pritanía seccionaba[4], por riguroso turno, durante el periodo que le correspondía. Esta forma de proceder hace del Consejo una institución que funciona permanentemente. Los pritáneos disponen de un edificio aparte, en el que comen por cuenta del Estado, y cada día eligen un nuevo presidente, llamado epistátes. Garantizaba así el reparto equitativo del ejercicio del poder, al establecer mandatos de diez períodos en el año para conseguir el relevo sucesivo de los 50 representantes de cada tribu. El Consejo era la autoridad administrativa suprema del Estado, era deliberativo y tenía la iniciativa de la configuración de las leyes. De esa manera, el Consejo se convirtió en un organismo representante del pueblo, pero la Asamblea, que decidía las cuestiones importantes, controlaba y moderaba su poder. 

- Asamblea del pueblo (Ekklesia): Compuesta por todos los ciudadanos atenienses, fue en lo sucesivo el verdadero poder supremo del Estado. La Asamblea se convocaba tres o cuatro veces al mes, bajo la presidencia del epistátes. La Ekklesia controlaba y dirigía la actividad de los Quinientos; era la depositaria de la soberanía colectiva de Atenas.

- Arcontado: El poder de los arcontes sufre limitaciones importantes. El tesoro deja de depender del primer arconte y pasa a ser controlado por el colegio de diez tesoreros elegidos anualmente, uno por cada phylé. Los asuntos militares pasan a ser de la incumbencia de colegio de los estrategas, cuyos diez miembros eran elegidos del mismo  modo que los tesoreros; cada estratega mandaba a los guerreros de su tribu. El arconte polemarca conservaba únicamente el privilegio honorífico de presidir el consejo de guerra y el derecho a mandar el ala derecha del ejército durante el combate.

- Areópago: conservó su función judicial en asuntos criminales, pero los asuntos de alta traición pasaron a la Ekklesia.

- Promulgó la ley del ostracismo, para evitar futuros tiranos y enfrentamientos entre grupos de intereses distintos. Se necesitaba un número grande de votantes que apoyaran el ostracismo de alguno de los miembros de la comunidad. El nombre del ciudadano ostratizado se escribía en una tablilla cerámica llamada óstrakon. La persona elegida en la votación era expulsada de Atenas por un período de diez años, aunque no perdía sus propiedades ni sus derechos políticos que le eran devueltos pasado dicho tiempo.

- Concedió la ciudadanía ateniense a los extranjeros (metecos) y estableció la isonomía, es decir, la igualdad de derechos.

 

Lo más importante que puede rescatarse de las reformas de Clístenes con respecto a la participación política de la población es que gracias a sus determinaciones casi todos los ciudadanos podían acceder a cargos públicos, ya que anula el origen aristocrático como requisito para acceder a los cargos públicos, si bien la tendencia aristocrática seguía en pie.

 

La sociedad: La organización social ateniense estaba dividida en tres grupos fundamentales, los ciudadanos, los metecos y los esclavos. La separación entre las distintas categorías legales es clara: la distinción entre hombre libre y esclavo, lo mismo que entre ciudadano y no ciudadano, es bien nítida y quedan eliminadas las categorías intermedias.

El ciudadano no lo es por habitar en un lugar determinado (de hecho los metecos y los esclavos participan de la misma residencia). Los ciudadanos eran todos los hombres libres, hijos de padre y madre atenienses que habían cumplido los diecisiete años.

Los metecos eran todos los habitantes del Ática que no tenían derecho a la ciudadanía, en su mayoría extranjeros domiciliados. Muchos de los metecos eran artesanos, pero la mayoría se dedicaba al comercio, que no era bien visto socialmente, pero que pasó a ser una fuente de riqueza para muchos.

En su gran mayoría, los esclavos eran prisioneros de guerra, y estaban sometidos a las tareas que su amo les encargara. Éste podía castigarlos, pero en Atenas estaba prohibido darles muerte. El trato no fue igual para todos los esclavos griegos: les estaba permitido contraer matrimonio y poseer cierto "capital" propio.

En lo que respecta a la educación, en Atenas el tema era objeto los mayores cuidados. Se trataba de que los niños alcanzaran un desarrollo favorable tanto de su cuerpo como de su espíritu. La enseñanza era privada, por lo que las clases aristocráticas eran las mejor educadas. Desde los seis años, los niños asistían a la escuela, donde aprendían diversas actividades como la lectura, la escritura, los versos que relataban las historias de sus antepasados e incluso aprendían el manejo de instrumentos musicales. A los dieciocho años, el joven ingresaba en el ejército y a los veinte años, luego de un juramento, adquiría la plena ciudadanía. La educación para la política estaba reservada exclusivamente los descendientes de las familias aristocráticas, por lo que gran parte de los cargos políticos quedaban reservados a esta clase por una cuestión de formación.

Las reformas de Clístenes y luego las Guerras Médicas allanaron el camino para la verdadera originalidad política griega: la democracia.

 

 

 


1.2.- Principales instituciones de la democracia ateniense: Asamblea, Consejo, arcontes, prítanos, sistema judicial.: 

La comprensión de los mecanismos de las instituciones que rigen la democracia ateniense en los siglos V y IV se verá facilitada si se tiene en cuenta que prácticamente todos los órganos de gobierno, junto con las actividades jurídicas y militares, están abiertos a todos los ciudadanos atenienses.

Los órganos de gobierno eran la  jΕκκλησία (Asamblea), la Βουλή (Consejo) y el  ]Αρειος Πάγος (Areópago).

El Consejo (Βουλή): estaba formada, a partir de Clístenes, por 500 miembros, βουλευταί. Estos 500 ciudadanos, todos mayores de 30 años, eran elegidos por sorteo, anualmente, a razón de 50 por cada una de las 10 tribus. Sólo se podía ser consejero, βουλευτής, un máximo de dos veces en la vida. Los consejeros de cada tribu se alojaban en un edificio circular sitiado en el ágora durante una décima parte del año: Pritanía, de ahí el nombre de prítanos (πρυτάνεις). Éstos se encargaban de preparar el orden del día de las sesiones diarias del pleno de la Bulé en el βουλευτήριον, y de las cuatro asambleas ordinarioas de cada pritanía. La Bulé ejercía un poder de control sobre los asuntos que llegaban a la Asamblea y se encargaba de coordinar y supervisar toda actividad política, religiosa, económica y jurídica.

La Asamblea ( jΕκκλησία): Era la reunión de todos los ciudadanos mayores de 20 años en posesión de plenos derechos. Se reunía, por término medio, cada nueve días, aunque también había reuniones extraordinarias. Para que hubiera quórum se precisaba una asistencia mínima de 6.000 ciudadanos. Como máximo órgano de decisión y discusión, los acuerdos de la Asamblea se tomaban mediante voto a mano alzada. Para la ejecución de los decretos acordados (ψηφίσματα) contaba con el auxilio de la Bulé. La Asamblea Popular sólo podía debatir los asuntos que la Bulé le preparaba de antemano, pero a su vez podía ordenar a los buleutas que le presentaran un determinado asunto para la reunión siguiente.

El Areópago ( ]Αρειος Πάγος): Era en parte consejo político y en parte tribunal judicial. Formaban parte del mismo, con carácter vitalicio, todos los ex-arcontes. Su enorme importancia político-judicial fue decayendo. A partir de Efialtes, la mayor parte de sus prerrogativas pasaron a la Bulé y a los tribunales ordinarios.

 

 Respecto a las magistraturas, éstas solían cubrirse por sorteo entre los ciudadanos presentados por los demos. Los cargos duraban un año, y no eran renovables (excepto los militares, renovables indefinidamente). La elección se realizaba en primavera. Los ciudadanos tomaban posesión de sus cargos en julio.

Para poder entrar en funciones, los candidatos electos debían superar favorablemente un examen (δοκιμασία) ante un tribunal sobre cuestiones que aseguraban su impecable ciudadanía. los magistrados podían ser cesados y, en el término de 30 días después de haber cesado de su mandato, los magistrados estaban obligados a someterse a un proceso de rendición de cuentas.

Entre todas las magistraturas atenienses destacan por su importancia los arcontes ( [αρχοντες) y los estrategos o generales (στρατηγοί).

Los Arcontes: los nueve arcontes presidían las elecciones y sorteos de todo tipo, si bien hay que distinguir entre las funciones de cada uno de los tres arcontes principales (epónimo, rey y polemarco) y aquellas que correspondían al colegio de los seis tesmótetas:

- El arconte epónimo ( jεπώνυμος): daba su nombre al año y era el máximo responsable de los tribunales judiciales y tenía a su cargo la organización de las fiestas Dionisíacas.

- El arconte rey (βασιλεύς): tenía funciones religiosas, como la dirección de los misterios de Eleusis y podía actuar de asesor en procesos judiciales de impiedad y asesinato.

- El arconte polemarco (πολέμαρχος): organizaba las pompas fúnebres de los caídos en la guerra y se ocupaba de los juicios en que se veían implicados metecos y extranjeros.

- Los seis tesmótetas (θεσμοθέται): velaban por el cumplimiento de las leyes y se encargaban de su fijación por escrito. Señalaban los días de actuación de los tribunales y clasificaban la competencia sobre las distintas causas judiciales, reservándose las concernientes a la seguridad del estado y al poder legislativo. Finalmente, presidían el sorteo para la elección de nuevos arcontes, la δοκιμασία de los magistrados electos y la rendición de cuentas de los estrategos.

Los estrategos: eran diez, elegidos en la Asamblea, a mano alzada entre todos los ciudadanos. Actuaban en las reuniones celebradas en el στρατηγεον. Sus funciones les proporcionaban determinados privilegios y se convertían en permanentes gestores oficiosos de la diplomacia. Desde el punto de vista jurídico, intervenían en las causas propiamente militares y en aquellas que incidían en la fuerza militar de la ciudad.

Encontramos, también, otras instituciones políticas y judiciales:

Árbitros públicos y privados: cualquier tipo de conflicto podía ser resuelto por un árbitro público (elegido por un magistrado) o privado (elegido por las partes en conflicto): διαιτητής. Los árbitros eran ciudadanos mayores de 60 años, residentes en Atenas y que no hubieran sido elegidos para otro cargo. El árbitro intentaba la reconciliación entre las partes y, si lo conseguía, dictaba sentencia, y, en caso de no haber solución, pasaba a los tribunales ordinarios.

Jueces (δικασταί): eran 6.000 ciudadanos de plenos derechos, mayores de 30 años, elegidos por sorteo. Estos 6.000 se repartían en 10 secciones (δικαστηρία) integradas por 600 jueces procedentes a partes iguales de cada una de las 10 tribus. Los jueces recibían un salario por cada día de actuación.

Las Liturgías: además de una serie de impuestos indirectos para ciudadanos y metecos (φόρος), los ciudadanos ricos tenían la obligación moral de emplear parte de sus riquezas en beneficio del bien público. Esta obligación esteba perfectamente regulada por las liturgías (λh/τουργίαι), “servicios a la comunidad”, mediante los cuales la polis les imponía correr con determinadas cargas. Entre otras, éstas eran la χορηγία (obligación de correr con todos los gastos de un coro para las representaciones teatrales) y la τριηραρχία (obligación de equipar una nave).

El servicio militar era una obligación para todos los ciudadanos y metecos. A los 18 años, los jóvenes atenienses eran reclutados como “efebos” y recibían educación militar durante dos años. Tras el período de efebía, el ciudadano ateniense ya podía participar plenamente en la Asamblea, donde se decidía en cada caso la amplitud de los reclutamientos para las campañas del ejército. Como cada soldado debía pagar su armamento, la participación en calidad de hoplitas o jinetes mostraba la situación económica de tales ciudadanos. Las tropas ligeras eran elevadas con menor frecuencia. En la marina se daban los mayores contrastes. Corría a cargo de los ciudadanos más ricos el equipamiento de las trirremes (naves de 174 remeros distribuidos en tres filas a cada lado), mientras que los ciudadanos más pobres tuvieron siempre en la flota un medio muy importante de ganarse la vida como tripulantes.

 

 

 

1.3.- Guerras Médicas: 

1.3.1.- Antecedentes:

En las costas occidentales de Asia Menor, se encontraban colonias griegas, que se dedicaban principalmente al comercio, logrando desplazar en este aspecto a los fenicios. La prosperidad e independencia de estas ciudades jónicas terminó cuando cayeron una tras otra en manos del rey Creso de Lidia, siendo obligadas a pagar tributo.

La situación empeoró cuando el reino de Lidia cayó en manos del rey persa Ciro, en el 546 adC, siguiendo las ciudades griegas el mismo destino.

Posteriormente, el rey persa Darío I gobernó las ciudades griegas con tacto y procurando ser tolerante. Sin embargo, como hicieron sus antecesores, siguió la estrategia de dividir y vencer, apoyando el desarrollo comercial de los fenicios, que habían sido anteriormente sometidos a su imperio, y que eran rivales tradicionales de los griegos.

Además de esto, los jonios sufrieron más golpes, como la conquista de su floreciente suburbio de Naucratis en Egipto, la conquista de Bizancio, llave del Mar Negro, y la caída de Sibaris, uno de sus mayores mercados de tejidos y punto de apoyo vital para el comercio.

De estas acciones surgió un resentimiento contra el opresor persa, sentimiento que fue aprovechado por el ambicioso tirano de Mileto, Aristágoras, para movilizar a las ciudades jónicas contra el Imperio Persa, en el año 499 adC.

Aristágoras pidió ayuda a las metrópolis de la Hélade, pero sólo Atenas, que envió 20 barcos (probablemente la mitad de su flota) y Eretria (en la isla de Eubea), que aportó cinco naves, acudieron en su ayuda, no recibiendo ninguna ayuda de Esparta. El ejército griego se dirigió a Sardes, capital de la satrapía persa de Lidia, y la redujo a cenizas, mientras que la flota recuperaba Bizancio. Darío I, enardecido, mandó a su ejército, que destruyó al ejército griego en Éfeso, y hundió la flota helena en la batalla naval de Lade.

Tras sofocar la rebelión, los persas reconquistaron una tras otra las ciudades jonias, y después de un largo asedio arrasaron Mileto, muriendo la mayor parte de la población en batalla, y siendo esclavizados los supervivientes, y deportados a Mesopotamia.

  

1.3.2.- La Primera Guerra Médica (490 a.C.):

Tras el duro golpe dado a las polis jonias, Darío I se decidió a castigar a aquellos que habían auxiliado a los rebeldes, encargando la dirección de la represalia a su sobrino Artafernes y a un noble llamado Datis.

Mientras tanto, en Atenas algunos hombres ya veían los signos del inminente peligro. El primero de ellos fue Temístocles, elegido arconte el 493 adC. Temístocles creía que la Hélade no tendría salvación en caso de un ataque persa, si Atenas no desarrollaba antes una poderosa marina.

De esta forma, fortificó el puerto de El Pireo, convirtiéndolo en una poderosa base naval, pero Milcíades se opuso, porque consideraba que los griegos debían defenderse primero por tierra. Los atenienses decidieron poner en sus manos la situación, enfrentando así la invasión persa.

La flota persa se hizo a la mar en el verano de 490 adC, dirigidos por Artafernes, conquistando las islas Cícladas y posteriormente Eubea, como represalia a su intervención en la revuelta jonia. Posteriormente, el ejercito persa, comandado por Datis, desembarcó en la costa oriental del Ática, en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipias (anterior tirano de Atenas) para ofrecer batalla, por considerarla el mejor lugar para que actuara la caballería persa.

La batalla de Maratón (septiembre de 490 a.C.): 

Milcíades, avisado del desembarco persa, increpó a los atenienses a hacerles frente. Enviaron al corredor Filípides a Esparta para solicitar ayuda, recorriendo a caballo 220 kilómetros en un día. Los espartanos prometieron enviar ayuda, pero, por razones religiosas, no podrían hacerlo sino hasta seis días después. Milcíades no podía esperar tanto tiempo, y se lanzó al ataque contra los persas con los efectivos con los que contaba. Las cifras de los atenienses fluctuaban probablemente entre los 10.000 ó 15.000 combatientes, y las fuerzas persas con unos 20.000.

Los griegos se acercaron a los persas, quienes respondieron con una lluvia de flechas, eludiendo los griegos éstas al precipitarse contra el enemigo, consiguiendo así forzar la disposición en cerradas formaciones de los persas, que impedían el uso de la caballería.

Esta acción resultó determinante, pues los persas no podían hacer mucho contra las largas lanzas de las fuerzas hoplitas, preparadas para un combate cuerpo a cuerpo, ya que sus arcos no les servían, y los sables, puñales y espadas cortas no podían hacer gran daño a los griegos protegidos con coraza. Los persas ofrecieron, sin embargo, una gran resistencia, consiguiendo romper en un momento el cerco griego, pero reagrupados los flancos helenos, estos últimos los pusieron en fuga hasta el lugar del desembarco, donde se entabló la última parte del combate.

Los atenienses capturaron siete barcos, pero eran insuficientes para cortar la retirada del ejército enemigo, que fue totalmente masacrado. Las tropas persas, derrotadas, regresaron a Asia, pero eso no significaba que estuviera solucionado el problema entre persas y griegos, pues pronto estallaría una nueva guerra.

Filípides, según cuenta la leyenda, fue mandado por Milcíades a recorrer los 48 kilómetros que separaban a Maratón de Atenas para anunciar la victoria griega. Tras anunciar la victoria con la frase "¡Alegraos, atenienses, hemos vencido!", se derrumbó por el esfuerzo y murió.

 

1.3.3.- La Segunda Guerra Médica (480 a.C.):

El victorioso Milcíades quiso aprovechar el momento de gloria para expandir el poder de Atenas en el Mar Egeo, por lo que poco después de Maratón envió una parte de la flota contra las islas Cícladas, sometidas todavía por los persas. Atacó la isla de Paros, exigiendo a su habitantes el tributo de 100 talentos, y al negarse la ciudad le puso sitio, pero la defensa fue tan ardua que los griegos tuvieron que contentarse con unos pocos saqueos. Este pobre resultado empezó a desilusionarlos con respecto a Milcíades, llegando a verlo, incluso, como un tirano que despreciaba las leyes.

Los enemigos de Milcíades lo acusaron de haber engañado al pueblo y lo sometieron a proceso. Se le declaró culpable, condenándolo a pagar la elevada suma de 50 talentos. Poco después moriría a causa de sus heridas. Seria ahora Temístocles quien tomaría las riendas de Atenas

En el año 481 adC, los representantes de diferentes polis, encabezados por Atenas y Esparta, firmaron un pacto militar (συμμαχία) para protegerse de un posible ataque del Imperio Persa. Según este pacto, en caso de invasión correspondería a Esparta la tarea de dirigir el ejército helénico.

Tras la muerte de Darío, su hijo Jerjes subió al poder, ocupándose de reprimir revueltas en Egipto y Babilonia, y preparándose para atacar a los griegos. Antes había enviado embajadores a todas las ciudades griegas para pedirles sumisión. Muchas islas y ciudades aceptaron, pero no Atenas y Esparta.

 La batalla de Termópilas (480 a.C): 

El poderoso ejército de Jerjes, unos 60.000 ó 70.000 hombres, partió el 480 adC. Cruzaron el Helesponto, y siguiendo la ruta de la costa se adentraron en la península. Las tropas helenas, que conocían estos movimientos, decidieron detenerlos el máximo tiempo posible en el desfiladero de las Termópilas (que significa Puertas Calientes). En este lugar, el rey espartano Leónidas I situó a unos 300 soldados espartanos y 1.000 más de otras regiones. Jerjes le envió un mensaje increpándolos a entregar las armas, a lo que respondieron negativamente. Tras cinco días de espera, y viendo que su superioridad numérica no hacía huir al enemigo, los persas atacaron. La estrechez del paso les hacía combatir con similar número de efectivos en cada oleada persa, por lo que no les quedó más opción que replegarse después de dos días de batalla.

Pero ocurrió que un traidor, llamado Efíaltes, condujo a Jerjes a través de los bosques para llegar por la retaguardia a la salida de las Termópilas.

La protección del camino había sido encomendada a 1.000 foceos, que tenían excelentes posiciones defensivas, pero se acobardaron ante el avance persa y huyeron. Al conocer la noticia, algunos griegos hicieron ver lo inútil de su situación para evitar una matanza, decidiendo entonces Leónidas dejar partir a los que quisieran marcharse, quedándose él y sus espartanos firmes en sus puestos. Atacados por el frente y la espalda, los espartanos sucumbieron después de hacer pagar a los persas un gran tributo en sangre.

La batalla de Salamina (septiembre de 480 a.C.): 

Con el paso de las Termópilas, toda la Grecia central estaba a los pies del rey persa. Tras la derrota de Leónidas, la flota griega abandonó sus posiciones en Eubea y evacuó Atenas, buscando refugio para las mujeres y los niños en las cercanías de la isla de Salamina. Desde ese lugar presenciaron el saqueo e incendio de la Acrópolis por las tropas dirigidas por Mardonio.

A pesar de ello, Temístocles aún tenía un plan: atraer a la flota persa y entablar batalla en Salamina, con una estrategia que lograría vencerles. Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos. Sin embargo, la flota persa no tenía coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia: sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento. Su plan resultó y el caos cundió entre la flota persa, con nefasto resultado: sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre sí, yéndose a pique muchos de ellos. La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa.

1.3.4.- Fin de las Guerras Médicas:

Temístocles quiso llevar la guerra a Asia, enviar allí la flota y sublevar las colonias jónicas contra el rey de Persia, pero Esparta se opuso, por el temor de dejar desprotegido el Peloponeso.

El ejército persa volvió a invadir el Ática en el año 479 a.C. Mardonio ofreció la libertad a los griegos si firmaban la paz, pero el único miembro del consejo de Atenas que votó por esa causa fue condenado a muerte por sus compañeros. De esta forma, los atenienses hubieron de buscar refugio nuevamente en Salamina, siendo incendiada su ciudad por segunda vez.

Al enterarse de que el ejército espartano se dirigía contra ellos, los persas se retiraron hacia el Oeste, hasta Platea. Dirigidos por su regente Pausanias, los espartanos lograron otra estruendosa victoria sobre los persas. Junto a la victoria en Platea, ocurrió poco tiempo después el hundimiento de la flota persa en Mícale, que fue además la señal para el levantamiento de los jonios contra sus opresores. Los persas se retiraron de la Hélade, poniendo así fin a los sueños de Jerjes de conquistar el mundo helénico. De esta forma las Guerras Médicas, que enfrentaron por primera vez a Oriente y a Occidente, llegaron a su fin.

 


1.4.- La Liga de Delos. Imperialismo ateniense: 

La Confederación de Delos o Liga de Delos fue una agrupación de los ciudadanos atenienses con los habitantes de las islas del mar Egeo y los griegos de las costas de Asia Menor. Su sede se encontraba en la isla de Delos. Esta organización fue una confederación marítima, creada y controlada en un principio por el estadista ateniense Arístides, en el 477 a.C., al finalizar las Guerras Médicas, con el fin de poder defenderse de posibles y nuevos ataques por parte de los persas. Fue también una consecuencia de la pérdida de la hegemonía por parte de Esparta a quien sucedió Atenas en el mando de las expediciones. Se abría un período de 50 años, desde la fundación de la Liga de Delos (477 a.C.) hasta el inicio de la Guerra del Peloponeso (431 a.C.), llamado Pentecontecía, que se corresponde a la etapa del Imperialismo ateniense, el llamado, también, “Siglo de Pericles”.

Los confederados tenían la obligación de proporcionar hombres, navíos y dinero para las campañas de guerra. Por su parte la ciudad de Atenas se comprometía a organizar y dirigir dichas campañas y a procurar que las demás ciudades no fueran asaltadas ni invadidas por los persas. Las decisiones importantes se tomaban en las reuniones de un consejo en el que había un representante de cada una de las ciudades confederadas; este representante tenía derecho a voz.

Las fuerzas militares de la Confederación conquistaron el mar Egeo y sus costas al mando del ateniense Cimón. Se enfrentaron y vencieron a la marina persa y conquistaron bastantes tierras que después colonizaron, además de abrir rutas seguras por mar hacia el Ponto Euxino o mar Negro. Después de obtener estos éxitos contra los persas, Cimón pensó en una expansión por Egipto, donde estaban sufriendo también una invasión persa. Pero los confederados no vieron con buenos ojos esta incursión militar que sólo podía traer ventajas a Atenas y que les iba a costar a ellos buena parte del tesoro. Tanto la expedición como las campañas contra los persas en Egipto fueron un fracaso, y, finalmente, Atenas tuvo que negociar la paz. El negociador fue el estadista ateniense Calias, y se acordó que los persas dejaran libre el mar Egeo y las costas de Asia Menor, mientras que Atenas debía renunciar a su intervención en la política de Egipto y Chipre. De esta manera llegó a su fin la guerra entre los griegos y los persas.

Después de todos estos acontecimientos Atenas eligió a Pericles como nuevo jefe. Pericles comenzó su gobierno poniendo fin a una política de conquistas. Hizo de Atenas la primera y más importante ciudad griega y consiguió una total hegemonía sobre las demás ciudades de la Confederación de Delos que se fueron transformando de ciudades aliadas en ciudades subyugadas. Era el comienzo de un imperio sometido a Atenas que era quien dirigía la armada, la marina y la diplomacia y que quiso, además, establecer en las ciudades su propio régimen político. En el 454 se hizo trasladar el tesoro de la Confederación a la ciudad de Atenas. Todos estos hechos, unidos al aumento de impuestos, hicieron que las ciudades de la Confederación se rebelaran y empezaran a sentirse enemigas de Atenas, que, además, les impuso su moneda, su sistema de pesos e, incluso, la forma de gobierno.

Continuaron, sin embargo, siendo dominadas por Atenas hasta la derrota de ésta por Esparta en el año 404 a.C., como consecuencia de la guerra del Peloponeso. A partir de este momento, la Confederación se disolvió hasta el año 377 a.C., en que tuvo un renacimiento para protegerse en este caso del poder de Esparta. Sin embargo, Atenas ya era incapaz de imponer su autoridad. La Confederación dejó de existir definitivamente en el 338 a.C., cuando Filipo II de Macedonia derrotó a los atenienses en la batalla de Queronea.

 

 

1.5.- Espacio y monumentos de la Atenas clásica: 

La posición hegemónica de Atenas en el seno de la Liga Ático-délica fue el telón de fondo de algunas de las más grandes creaciones artísticas de todos los tiempos. Con una concepción de lo humano y de lo divino en consonancia con los tiempos que corrían en Grecia, en concreto, en Atenas.

El deseo de Atenas de seguir ejerciendo su papel panhelénico que pronto desembocaría en un imperialismo agresivo en el interior de la Liga fue el que dictó la política cultural del momento. Pericles entendió que, para lograr sus aspiraciones de grandeza, la ciudad necesitaba proyectar hacia el exterior y hacia el interior su imagen ideológica. Merced a la disponibilidad económica del momento y contando con un amplio círculo de artistas y hombres de la cultura, pudo realizar sus planes. Así se erigieron el Partenón y los demás edificios que embellecieron Atenas. Este programa se centraba en dos puntos: la Acropolis de Atenas y el santuario de Eleusis: en la Acrópolis se construyeron el Partenón y los Propileos, a sus pies se erigió el Odeón; en el santuario eleusino se levantó una nueva sala para los misterios.

Las obras arquitectónicas del Partenón de Atenea duraron diez años (448-438 a.C.). Los arquitectos, Calícrates e Ictino, crearon un original templo dórico, peristilo de 8 por 17 columnas. En el templo del Partenón no existen líneas rectas, ni piezas arquitectónicas exactamente idénticas; la sucesión de basas, fustes, capiteles, elementos del entablamento y techumbre cobraba un ritmo armónico. En el interior del templo, Ictino rompió con la distribución espacial canónica haciendo frente a las exigencias culturales y a los imperativos derivados del volumen de la colosal estatua de Atenea. Por otra parte, por razones culturales imponían la presencia de una sala contigua, que estaba destinada a las actividades de las jóvenes atenienses relativas a la preparación del peplo de Atenea en las fiestas. A la arquitectura se unía una minuciosa ornamentación, incluidos los juegos de color (azul, rojo y dorado) en determinados componentes arquitectónicos, que culminaba con la decoración escultórica muy profusa sobre todo en los frontones y frisos.

Al concluirse la construcción del Partenón empezaron los trabajos de la erección de la nueva entrada monumental a la Acrópolis: los Propileos. Éstos se erigieron con un núcleo central, que constituye la vía de entrada propiamente dicha, precedido de una escalera monumental.

En el marco del programa de Pericles, se erigieron dos edificios con funciones asambleares en Eleusis y Atenas, respectivamente. El primero estaba destinado a los misterios eleusinos: Telestérion. Y el segundo, construido a los pies de la Acrópolis: Odeón, servía para albergar manifestaciones musicales.

Otros dos templos, el de Atenea Niké en la Acrópolis y el de Hefesto en la colina oeste del ágora, fueron proyectados al margen del programa edilicio de Pericles.

El clima bélico en el que se vio envuelto el mundo griego a partir de 431 a.C. paralizó cualquier manifestación artística de cierta envergadura. No obstante, transcurridos los primeros años y fallecido Pericles, las nuevas circunstancias, transitoriamente favorables a Atenas, supusieron un nuevo despertar de la actividad artística. Coincidiendo con la firma de la Paz de Nicias (421 a.C.), se colocaron en la Acrópolis los cimientos de un edificio nuevo, el Erecteion. El lugar se hallaba vinculado con la divina lucha entre Poseidón y Atenea y con las moradas de los reyes míticos de Atenas, entre ellos Erecteo.

Por último, habría que hacer referencia, en cuanto a la arquitectura militar de la época de Pericles, a la construcción de los Muros Largos, que protegían la ciudad de Atenas e iban hasta el puerto de El Pireo, que sirvieron en la Guerra del Peloponeso para refugiar a la población del Ática ante las invasiones sistemáticas del ejército espartano.

 

 

1.6.- Guerra del Peloponeso: 

1.6.1.- Orígenes:

A lo largo del período llamado Pentecontecía, en el que Atenas ostentaba el poder de la Liga de Delos, todos los aliados se convirtieron en tributarios de Atenas. No cabe duda de que la riqueza y esplendor de Atenas en todo este período emanaban de la recaudación del phoros exigido a los miembros de la Liga. Atenas reprimió con dureza en el año 439 a.C. las últimas secesiones de ciudades aliadas y practicó en los años siguientes una agresiva política económica sustentada por su fuerza naval: se alió con Corcira contra Corinto y Esparta, atacó Potidea e impuso un bloqueo comercial a Mégara.

1.6.2.- Primera etapa: Guerra Arquidámica (431-421 a.C.):

Todas estas circunstancias condujeron a la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). La primera fase de este conflicto duró diez años (431-421 a.C.) y se conoce con el nombre de “Guerra de los diez años” o “Guerra Arquidámica”. Un incidente entre Corinto y Corcira y el ataque de Tebas a Platea, aliada de Atenas, fueron los motivos ocasionales que desencadenaron la lucha. La Liga del Peloponeso poseía superioridad por tierra, pero Atenas, con más de 300 naves, dominaba el mar y disponía, además, de grandes recursos financieros. El plan de Pericles consistió en evacuar la población del Ática y refugiarse en Atenas y El Pireo, protegidos por los Muros Largos. Se sucedieron así durante varios años las invasiones sistemáticas del Ática, cuyos campos eran devastados por el ejército de la Liga del Peloponeso dirigido por el rey espartano Arquidamo, mientras los atenienses se dedicaban a operar con su flota en las costas del Peloponeso: en el 429 a.C. lograron la rendición de Potidea, tomaron Mitilene (Lesbos) y realizaron con éxito una primera expedición a Sicilia (426 a.C.).

Entretanto, Pericles había muerto a consecuencia de la peste que diezmó Atenas en el año 429 a.C., y la disputa por el poder enfrenta a Nicias y a Cleón. Cleón obtuvo un triunfo momentáneo; pero de inmediato, los espartanos, bajo el mando de Brásidas, invadieron Tracia y tomaron Anfípolis, punto clave porque dominaba las rutas por donde Atenas se abastecía de trigo. Los esfuerzos atenienses por reconquistar la ciudad resultaron baldíos y en uno de los ataques murieron tanto Cleón como Brásidas. En ambos mandos se impuso entonces la opinión favorable al entendimiento, que fructificó en la firma de la llamada Paz de Nicias (421 a.C.), un tratado por cincuenta años que restablecía la situación anterior al año 431 a.C., reforzándola con el establecimiento de una alianza entre Esparta y Atenas.

1.6.3.- Segunda etapa (421-404 a.C.):

La paz de Nicias abrió una etapa de inestabilidad, pues, apenas transcurridos seis años, la guerra se reanudó. La entrada en la política ateniense de Alcibíades, adversario de Nicias y simpatizante de la tendencia belicista, deterioró las relaciones con Esparta. Alcibíades, deseoso de vencer a Esparta y conociendo la importancia de Siracusa (Sicilia), convenció a sus conciudadanos de que era fácil intentar la conquista de Sicilia. En contra del parecer de Nicias, la Asamblea resolvió enviar una expedición para prestar ayuda a Segesta, que luchaba contra Siracusa (415 a.C.). Pero la operación siciliana constituyó un fracaso: tras los primeros éxitos, las ciudades que habían prometido su alianza no se movieron y el ejército ateniense empezó a experimentar dificultades. Alcibíades, acusado de sacrilegio en su patria, excusó volver para someterse a juicio y huyó a Esparta. Finalmente, Siracusa no sólo resistió el asedio ateniense, sino que sus tropas aniquilaron a la flota ateniense en el puerto siracusano y al ejército de tierra en la batalla del río Asinaro (413 a.C.).

El desastre fue inmenso: una parte de los atenienses prisioneros murieron de hambre y miseria, condenados a trabajar en las canteras; otros fueron vendidos como esclavos; Nicias y los generales fueron ejecutados.

El último período del conflicto contempló la paulatina decadencia ateniense (413-404 a.C.). La derrota en Sicilia trajo graves consecuencias para Atenas, pues muchas ciudades de la Liga aprovecharon la ocasión para desertar, dando inicio a la desintegración del imperio marítimo.

El malestar político que por aquel entonces planeaba sobre Atenas se tradujo en un triunfo de la Oligarquía: se instaló el régimen de los Cuatrocientos. La reacción de la flota fondeada en Samos, que hizo llamar a Alcibíades, derrocó la oligarquía, reforzando la Democracia. Alcibíades, pues, fue elegido estratego por la escuadra y regresó triunfalmente a Atenas (407 a.C.). Bajo su impulso los atenienses recobraron la moral. Al año siguiente, alcanzó Atenas su última victoria en la batalla naval de las Arguinusas.

Con la ayuda de Persia, Esparta había fortalecido sus efectivos navales. Y, bajo el mando de lisandro, la flota ateniense fue sorprendida y hundida en Egospótamos (405 a.C.). Atenas, sitiada por tierra, tuvo que rendirse al ejército de Lisandro (404 a.C.). las condiciones impuestas fueron durísimas: demolición de los Muros Largos, disolución de la Liga délica, entrega de la escuadra, reconocimiento de la hegemonía espartana y regreso de los exiliados. Se impuso, además, un gobierno oligárquico, el de los Treinta.



[1] Unidades político-administrativas autónomas formadas por un territorio y sus habitantes, con sus tierras comunales, sus asambleas, sus ingresos, etc... tomando como base las aldeas. Este sistema de separación, sirvió de base para la participación en la Boulé o Consejo de los 500 y las divisiones en la armada. Incluso se cambiaron los apellidos tradicionales por el apellido correspondiente al demos al que pertenecían. 

[2] Cada tribu se forma por tres tritias, una de costa, otra de llanura y otra de interior. 

[3] El Ática se dividió en tres regiones: la franja costera, la zona montañosa del interior, y la llanura central que incluía a la ciudad de Atenas y la zona del Pireo. Cada una de estas regiones se dividió en 10 comarcas denominadas tritias, de modo que el Ática quedo dividida en 30 tritias. 

[4] Fuera cual fuese la phyle que representaban, los cincuenta buleutai ostentaban durante dicho periodo el título de pritanéos o pritanos.