LA ORESTÍADA
Una propuesta de dramaturgia, por Paco Tejedo
Ni aún permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar
puede el hombre escapar a la sentencia de su destino.
Esquilo
¿PORQUÉ UNA TRAGEDIA PARA UN PÚBLICOJOVEN?
(Reflexión sobre mi versión de La Orestíada)
En la dramaturgia de la Orestíada (el texto definitivo que vamos a emplear en la puesta en escena), he empleado como criterio fundamental, realizar una síntesis que recogiera la mayoría de elementos míticos, éticos y psicológicos que ponen de manifiesto que la finalidad de la Orestíada no es el hundimiento de la persona humana ante lo irremediable, sino la reconciliación, el arreglo por medio de soluciones dialogadas y pactadas que no dejan opción al empleo de la fuerza, la agresión y la violencia física o psicológica.
A nadie se le escapa que nuestro alumnado de ESO, Bachiller o Módulos opta, en la mayoría de sus conflictos, por soluciones menos racionales que el diálogo o el pacto de no agresión mutua. Hay conflictos escolares que son auténticas tragedias. ¿De quién depende que la solución sea una reconciliación final, un terrible desastre o un permanente e irremediable conflicto sin solución posible como sucede en muchas de las tragedias griegas? ¿Es el protagonista escolar, el héroe trágico del aula, responsable del mal que lo aniquila o del mal con que intenta aniquilar a sus colegas de Instituto?
¿Por qué muchos conflictos escolares acaban de forma tan trágica?
La idea de que la tragedia acaba necesariamente mal, y por eso es tragedia, no resiste el más mínimo análisis crítico. Sabemos que son muchas las obras de los trágicos griegos en que la situación conflictiva inicial y su tormentoso desarrollo argumental son el camino que conduce a la paz: así sucede en el final de Las Euménides, en Prometeo Liberado –supuesto final de la Trilogía de Prometeo–, supuesto final la Trilogía de Prometeo, en Las Danaidas, supuesto final de la trilogía que empieza por Las Suplicantes.Las tres anteriores pertenecen a Esquilo.
Pero Sófocles propone planteamientos semejantes en Electra, Filoctetes y Edipo en Colono; y Eurípides llega a más, puesto que sus finales de Alcestis, Helena o Ión son auténticos happy end de comedia. Eso no impide que gran número de tragedias acabe de forma catastrófica. En ambos casos no dejamos de estar ante una tragedia.
Contestando a la pregunta que da título a esta reflexión, desearíamos, por el bien de la comunidad escolar, que los conflictos escolares no alcanzaran los niveles de delitos de sangre –como sucede en Agamenón y en Las Coéforas– y que la solución fuera similar a la propuesta por Esquilo en Las Eunénides: cese de hostilidades, cese de persecuciones físicas y psicológicas, y declarar abiertamente la paz, como prueba de madurez democrática.
Esquilo en su tragedia apuesta por el diálogo para romper una cadena de venganzas y rencores que parece no terminar nunca. Es la mejor solución que podemos desear.
El segundo criterio, el lingúístico, me ha obligado a dejar “el léxico culto” en el nivel de comprensión media del alumno de 1º de Bachiller, pero sin “renunciar a los giros poéticos” y evitar de ese modo una traición al lenguaje de Esquilo. Ya es bastante difícil la comprensión de una tragedia, como para complicarle la vida al público con un léxico fuera de su alcance. Como resulta inevitable no renunciar a determinadas expresiones, he recurrido a las notas a pie de página para solucionar posibles dudas de comprensión, sobre todo en alumnos de la ESO.
El tercer criterio se refiere a los añadidos incorporados al texto, que explican de forma breve, a veces con una sola palabra, quién es un dios o héroe mitológico, a qué contexto se refiere una expresión, qué significa tal acción. El público griego conocía perfectamente todos estos datos, pero el espectador actual los desconoce en su mayoría. Estas breves explicaciones añadidas solucionan un grave problema de comprensión al espectador que no ha leído la obra (el espectador no tiene una nota a pie de página como el lector) y hacen que el texto recitado se entienda de oídas sin necesidad de grandes conocimientos de la mitología griega.
Decía al principio que este texto es una síntesis. El texto completo de Esquilo no se lee en menos de seis horas; el que tienes aquí en tus manos se lee en poco más de una hora. Pero todas las anécdotas y hechos importantes los podrás encontrar en esta versión que he realizado con todo respeto.
ESQUILO: VIDA Y OBRA
Esquilo nació en Eleusis en 525 a.C. Era hijo de un distinguido hacendado llamado Euforión. Siendo muy joven participó en los concursos de los poetas trágicos, quizá en 28, de los que se dice que fue vencedor en casi la mitad (pero sólo 3 victorias están documentadas). En su madurez se trasladó a Siracusa (Sicilia) a la corte de Hierón, tirano de la ciudad, seguramente llevado por la abundancia de artistas que en dicho lugar se daban cita. Allí, tal vez representara por segunda vez Los Persas, obra que le había valido un premio en Atenas en el 472 a.C. Regresa a Atenas para concursar en el 468 a.C. pero el concurso lo ganó un joven de 28 años, el nuevo genio de la tragedia, Sófocles. Pero esto no echó atrás a Esquilo que volvió a triunfar al año siguiente, 467 a.C. con Los Siete contra Tebas y en el 458 con La Orestíada. Poco después regresa a Sicilia, y muere en Gela en el 456/55a.C. Su tumba se convirtió en santuario visitado por todos los trágicos del momento. Esquilo escribió un número de tragedias que oscila entre 60 y 90, pero lamentablemente sólo nos han llegado siete de ellas: Los Persas, Los siete contra Tebas, Las suplicantes, Prometeo encadenado y la trilogía completa de La Orestíada: Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides.
ARGUMENTO DE LAORESTÍADA
Primera parte: Agamenón
Los reyes hermanos Menelao y Agamenón preparan un ejército de 100.000 hombres para ir sobre Troya y recuperar a Helena raptada por el príncipe Paris. Pero Agamenón se ve obligado a sacrificar a su hija Ifigenia para que los vientos sean favorables y las naves puedan partir hacia Troya.
Diez años más tarde, Agamenón regresa victorioso, pero su esposa Clitemnestra, ayudada por su amante Egisto ese mismo día lo asesina en el baño y venga la muerte de su hija Ifigenia y la de unos parientes de Egisto que asesinó el padre de Agamenón.
Segunda parte: Las Coéforas
Empieza con la oración fúnebre de Orestes, ante la tumba de su padre de su padre Agamenón, al que ha venido a vengar por consejo del dios Apolo. En la tumba se encuentra con su hermana Electra que también viene a realizar ofrendas fúnebres. Ambos preparan una trampa para poder asesinar al nuevo rey consorte Egisto y sobre todo a su madre Clitemnestra. Tras estas muertes. Orestes, se ve obligado a huir a Delfos, acosado por las Erinias o Furias que son las divinidades encargadas de atormentar a los asesinos.
Tercera parte. Las Euménides
Orestes llega al templo de Apolo en Delfos y allí es capturado por las Erinias , pero el propio dios Apolo viene en su ayuda, lo libera y le ordena ir a Atenas para que la diosa Atenea lo limpie de sus crímenes. Pero las Furias no están dispuestos a que los crímenes se queden sin venganza y acuden también a Atenas
Para evitar que los crímenes y sus venganzas que son nuevos crímenes, se repitan hasta el infinito, la diosa Atenea crea un tribunal de justicia que debe decidir el caso.
Este primer tribunal democrático absuelve a Orestes y al mismo tiempo cambia de misión a las Erinias, que ya no se dedicarán a perseguir a los asesinos sino a hacer felices a los matrimonios que las honren. Las Erinias ya no se llamarán Erinias, sino Euménides, benévolas, bienhechoras.
UN POCO DE CULTURILLA CLÁSICA (Busca las respuestas en el mapa)
1. En esa ciudad estaba el templo más famoso de Apolo…………………………………… _ _ _ _ _ _
2. Desde ese monte se enciende la antorcha que anuncia la victoria sobre Troya………. _ _ _
3. La isla da nombre a una famosa estatua “La Niké o Victoria de ………………………… _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
4. En una obra de esquilo, siete capitanes atacan las puertas de la ciudad de ………… . _ _ _ _ _
5. Quizá el teatro más visitado del mundo sea el de ………………………………………… _ _ _ _ _ _ _ _
6. Los Juegos Olímpicos no reciben su nombre del Monte Olimpo, sino de la ciudad de _ _ _ _ _ _ _
7. Ya en aquela época eran famosos el vino y las pasas de………………………………. _ _ _ _ _ _ _
8. En ese monte, según los griegos, habitaban los dioses………………………………….. _ _ _ _ _ _
9. En una carrera de poco más de 40 Km., desde Atenas llegas a…………………………. _ _ _ _ _ _ _
10. El nombre de ese monte significa ahora conjunto de poetas ………………………….. _ _ _ _ _ _ _
11. En este monte los espartanos se deshacían de los recién nacidos con taras físicas.. _ _ _ _ _ _ _
12. La luz de la antorcha victoriosa también paso por este golfo…………………………... _ _ _ _ _ _ _ _
13. La palabra “lesbiana” se debe a que la famosa poetisa Safo con un grupo de
mujeres se refugió en la isla de……………………………………………………………. _ _ _ _ _ _
14. Une todos estos puntos y tendrás el recorrido de la luz de las antorchas desde Troya a Argos: Monte Ida, isla de Lemnos, monte Atos, isla Eubea, llanura del Asopo (en Tebas), monte Citerón, Golfo Sarónico, Monte Aracne
Propuesta de dramaturgia
A continuación os presento una propuesta de dramaturgia para La Orestíada de Esquilo que he preparado para nuestro grupo de teatro escolar TEAMUS. Esta dramaturgia me ha servido para elaborar el texto definitivo que he empleado para la puesta en escena que veréis los que podáis asistir a la representación. Aunque este es un proceso más largo, como podréis ver en mi blog Katharsis los que queráis profundizar en estas cuestiones, aquí os resumo los criterios de redacción que hemos seguido:
Nota:
He cotejado para la trilogía completa la edición de José Alsina (Cátedra) y la de Ángel Mª Garibay (Porrúa) y, para mi sorpresa, no ofrecen grandes diferencias de fondo –el sentido del párrafo o de la frase– pero sí en la forma (expresiones, giros y léxico entre la versión del español y del argentino).
Para Agamenón he tenido en cuenta también la versión de Carmen Vilela (Festivales de teatro grecolatino);
y para Las Coéforas la versión de Francisco Expósito y Francisco Palencia (Ediciones Clásicas).
Sobre Esquilo y su obra podéis encontrar más información en cultura clásica.com , o en esta página.
1.- AGAMENÓN
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Entran los reyes Menelao y Agamenón por laterales opuestos. Se sitúan al fondo dominando toda la escena. Párodos: entrada del Coro que representa al ejército griego que ha de ir a luchar contra la ciudad de Troya.
Coro.- Nos ha mandado llamar / el noble Menelao
que lleva en sus sienes / la corona de Esparta.
Paris miró, sedujo, / raptó a su esposa Helena,
pero el rey ha jurado / tomar justa venganza.
¡Ay de la esposa infiel / que traiciona su lecho
y se va con su amante / a una ciudad lejana! 1
¡Ay de Paris traidor, / que lleva la ruina
a la ciudad de Troya / y la muerte a su casa!
Irritan a los dioses / los míseros mortales
que pisan sin respeto / las promesas sagradas.
Fue Zeus quien lanzó / una red irrompible:
ni jóvenes ni viejos / se librarán de la trampa.
A su vez, el rey de Micenas, / el noble Agamenón
se afana 2 en preparar / la expedición armada:
recluta a los soldados, / desde el norte hasta el sur,
en chozas y palacios, / en valles y montañas.
Talan bosques enteros / y sin que nadie lo sepa,
construyen unas mil naves, / de la noche a la mañana.
El todopoderoso / y hospitalario Zeus
guía a los dos hermanos, / que a marchas forzadas
ultiman el plan previsto: / almacenan los víveres,
envenenan las flechas, / reparan las lanzas,
abrillantan los cascos, / prueban nuevos escudos
tensan los arcos, / y afilan las espadas.
Ha llegado el momento / en que los reyes hermanos
Belicosos 3 se disponen / para la batalla.
Como buitres airados / que no han podido proteger
a sus indefensos polluelos / extienden sus alas
y gritan con potente graznido: ¡A LA GUERRA, A LA GUERRA, A LA GUERRA!
Las cosas están como están / pero acabarán como están predestinadas.
El coro se despliega en distintas formaciones militares.
ESCENA 2ª: EL SACRIFICIO DE IFIGENIA
(Se deshace la formación y el ejército se sienta o se tumba mirando el mar).
Menelao.- Llevamos meses con las naves varadas.
Agamenón.- Ni un mísero soplo de viento es capaz de mover las velas ....
Menelao.- Y cuando sopla, sopla un viento contrario
Agamenón.- Pero... un águila se nos ha aparecido a cada uno de los dos reyes hermanos. Una era negra; la otra, negra, pero con la cola blanca. Despedazaron a una liebre a punto de parir, que vio frustrada su última huída hacia la madriguera.
Coro.- ¡Ayúdanos Zeus, ayúdanos, y que triunfe la justicia!
Menelao.- El adivino del ejército, intérprete infalible 4 de los sueños reconoció que...
Adivino.- las águilas son los dos reyes hermanos que con este poderoso ejército, fatalmente destruirán Troya.
Coro.- ¡Victoria, victoria, victoria!
Adivino.- (Los detiene con un gesto) Pero... pero Ártemis, la diosa virgen y compasiva, la diosa cazadora, odia a las águilas que mataron a la liebre antes del parto.
Coro.- ¡Ayúdanos Zeus, ayúdanos, y que triunfe la justicia!
Adivino.- La dulce diosa cazadora no perdona que Agamenón fanfarroneara diciendo que la superaba en el manejo del arco y no sólo ha detenido la brisa favorable, sino que hará soplar potentes vientos contrarios, para impedir que las naves puedan partir del puerto, hasta que... hasta que la sangre de una virgen de su familia tiña de púrpura las olas. Ártemis habló por mi boca. (Sale de escena)
Agamenón.- Cruel destino acarrea el no obedecer, pero igualmente cruel es matar a mi hija Ifigenia, matar a mi hija Ifigenia, mi hija, adorno de mi casa, y manchar mis manos de padre con la sangre de una virgen inmolada.
Coro.- ¡Que la muerte de mi hija Ifigenia sea para bien!
Agamenón.- Pero no puedo abandonar mi deber como rey, como rey –antes que padre soy rey– y dejar que las naves no lleguen a su destino.
Coro.- ¡Que la muerte de mi hija Ifigenia sea para bien!
Agamenón.- Los soldados se impacientan y los víveres para alimentarlos han empezado a escasear
Coro.- ¡Que la muerte de mi hija Ifigenia sea para bien!
Agamenón.- Lícito es desear con todas mis fuerzas que se vierta la sangre de una virgen para que cesen los vientos contrarios y las tormentas y las naves puedan al fin partir.
Coro.- ¡Que la muerte de mi hija Ifigenia sea para bien!
1.- Ante lo que Debe Suceder, agachó la cerviz / y una extraña ráfaga exhaló de su pecho: / un pensamiento impuro, impío, sacrílego, que cambió su mente.
Desde entonces se atrevió a todo, / porque a los hombres los excita una infausta demencia, una increíble locura que les hace perder el rumbo. Así perdidas ya las riendas de una situación insostenible, preso de esa locura se decidió a sacrificar a su hija Ifigenia.
2.- Ni súplicas, ni gritos implorando compasión, / ni llamadas a su madre, ni lágrimas, ni miradas asustadas, ni su edad virginal / tuvieron en cuenta los caudillos, ansiosos de combate. Atada, la levantaron como una cabritilla / y la pusieron encima del altar amordazándole la boca para ahogar su voz de maldición para la casa. Y Agamenón, preso de la locura levantó el puñal.
(Muerta Ifigenia, el mar, entra en movimiento con vientos favorables y las naves pueden partir)
Vigía.- (En lo alto de la torre) Un año llevo ya de guardia, noche tras noche, tumbado como un perro, en la azotea de palacio. He llegado a conocer como la palma de mi mano la bóveda celeste, las constelaciones y los astros, príncipes luminosos que brillan en el cielo y traen a los hombres inviernos y veranos, las salidas y los ocasos del sol. Ahora aguardo la señal de la antorcha que ha de transmitir la noticia de la toma de Troya. Así lo ordena una mujer, osada 5 como un hombre. ¡Ojalá brille en la oscuridad el fuego portador de buenas nuevas y me libere de esta guardia interminable! ¡Ahí está! ¡Salud, antorcha, que anuncias luz de pleno día en medio de la noche! Voy a dar la señal a la esposa de Agamenón para que salte presto de la cama, en la que también estará Egisto, su amante, para que dé la bienvenida a esta luz, si en verdad cayó Troya como anuncia el resplandor de la antorcha. (Sale de escena)
(Entran a escena Clitemnestra . Poco después entran el Corifeo -el que guía, el jefe del coro- y el Coro)
Corifeo.- Vengo, Clitemnestra, por respeto a tu poder, pues es justo honrar a la esposa del rey cuando el trono del marido está vacío. 6 Veo que estás haciendo sacrificios ¿Es que has tenido buenas noticias?
Clitemnestra.- Feliz amanecer: los argivos 7 han conquistado la ciudad de Príamo.
Corifeo.- ¿Qué dices? No puedo creerlo.
Clitemnestra.- Troya es de los argivos.
Corifeo.- ¿Es seguro? ¿Tienes alguna prueba?
Clitemnestra.- Por supuesto.
Corifeo.- ¿Cuándo ha sido arrasada la ciudad?
Clitemnestra.- Esta misma noche.
Corifeo.- ¿Y quien ha podido traer tan rápidamente la noticia?
Clitemnestra.- El fuego de las antorchas: de Troya llegó su luz al monte Atos, de Atos pasó a Eubea; de allí al vigilante de Macisto que da la señal a los guardias de Mesapio. Y así la luz pasó por la llanura del Asopo, los riscos del Citerón, hasta llegar al golfo Sarónico. De allí da un brinco y llega hasta la cima del Aracne,8 monte cercano a la ciudad, y seguidamente irrumpe en este palacio de los Atridas. En el día de hoy los aqueos son los dueños de Troya. Ahora sólo falta que respeten a los dioses de los vencidos y que el ejército no se dedique a saquear sus templos. Lo que oyes son palabras de mujer, pero que triunfe el bien y que lo veamos.
Corifeo.- En lo que se refiere a los dioses y templos troyanos, has hablado, mujer, con la inteligencia y la prudencia de un hombre. Pero en lo tocante a la noticia de la victoria debo decir que es propio de mujeres alegrarse fácilmente antes de la evidencia.
Coro.- ¡Con qué facilidad se exalta el corazón crédulo de una mujer!
Corifeo.- Las mujeres se dejan persuadir con demasiada rapidez y la noticia que difunde una mujer tiene corta vida. 9
Clitemnestra.- Pronto sabremos quién tiene razón. * Veo venir un heraldo que trae noticias de viva voz que aumentarán nuestra alegría. * No quiero admitir algo distinto. *
Heraldo.- ¡Amada tierra de mi patria argiva! Recibid a nuestro rey con mirada risueña, con el honor y respeto debidos, después de tanto tiempo; pues viene el soberano Agamenón. Ha destruido Troya con la ayuda de Zeus vengador y ha arrasado su tierra.
Clitemnestra.- Cuando el resplandor de la antorcha me trajo en la noche la primera noticia de la destrucción de Troya grité de alegría y alguien me reprochó: ¡Con qué facilidad se exalta el corazón crédulo de una mujer! Me tomaba por loca y por crédula. Ahora me apresuro a recibir con todos los honores a mi esposo. ¡Que regrese lo más pronto posible; que a su vuelta encontrará en palacio una mujer fiel, que no conoce el placer de otro hombre! 10 Y que no haga caso de vergonzosas murmuraciones de censura que corren por los pasillos de palacio!
Corifeo.- Oíste sus palabras. Son muy claras, si se saben interpretar. Dime ahora, mensajero: Menelao, rey amigo de esta tierra ¿regresa sano y salvo con vosotros?
Heraldo.- Desaparecieron él y su nave. Esa es la verdad.
Coro.- ¿Qué dicen los marineros de los otros barcos, lo dan por vivo o por muerto?
Heraldo.- Nadie sabe nada seguro.
Corifeo.- Dime, ¿fue la ira de los dioses la que envió una tormenta contra la flota? ¿Cómo sucedió?
Heraldo.- En medio de la noche sobrevino una terrible tempestad. Se levantaron vientos de Tracia que enfurecidos destrozaron los barcos. Por la mañana, cuando brilló el sol, vimos todo el mar Egeo sembrado de cadáveres de guerreros aqueos y restos de sus barcos. Nosotros y nuestras naves no sufrimos daños. ¡Ojalá haya sucedido lo mejor y Menelao, con la ayuda de Zeus, pueda regresar a su casa sano y salvo! Mas olvidemos ahora las desgracias y demos la bienvenida a Agamenón.
ESCENA 4ª: AGAMENÓN LLEGA A PALACIO
(Entra Agamenón, con Casandra y un séquito de esclavas)
Coro.- ¡Rey Agamenón, rey Agamenón, rey Agamenón, conquistador de Troya, ¿cómo mostrarte el debido respeto / sin extralimitarme / ni quedarme corto? Hay muchos hombres que estiman más las apariencias que la realidad. Ante el fracasado, están dispuestos a fingir que sienten pena, sin que su corazón esté afectado en absoluto. Ante el vencedor aparentan alegrarse mostrando falsas sonrisas, cuando en el fondo únicamente sienten envidia.
Agamenón.- Es de justicia que en primer lugar salude a la ciudad de Argos y a los dioses de nuestro país, cómplices de mi regreso y de las acciones que ejecuté en la enemiga ciudad de Troya. Los dioses, sin atender alegatos, 11 decidieron unánimes su destrucción. Mi pueblo en armas, un león carnicero, escondido en el vientre de un caballo, saltó las murallas, destrozó el corazón de la ciudad y lamió sangre de reyes hasta saciarse. En cuanto a tu advertencia, la he oído y la tendré presente. (Aparece Clitemnestra) Ahora entraré en palacio y rendiré honores a los dioses que me enviaron lejos y han propiciado mi regreso.
Clitemnestra.- Ciudadanos de Argos, venerables ancianos aquí presentes: No me avergüenzo de mostrar ante vosotros el apasionado amor que siento por mi marido. Es terrible para una mujer quedarse sola en una casa oyendo innumerables desgracias sobre su marido que ha marchado a la guerra. Ahora, esposo querido, mi rey, devastador de Troya, entra en palacio. He ordenado cubrir con alfombras el suelo que has de pisar hasta el interior donde haremos una ofrenda a los dioses familiares.
Agamenón.- No me trates con tanta molicie,12 como si fuera una mujer, ni me agasajes, rodilla en tierra, ni a mi paso extiendas tapices de púrpura que generen envidia. Los tapices son para los dioses y yo soy un simple mortal, y realmente me daría miedo caminar sobre ellos.
Clitemnestra.- ¿Qué crees que hubiera hecho Paris, de haber obtenido él, y no tú, la victoria?
Agamenón.- Estoy seguro de que hubiera caminado sobre los tapices.
Clitemnestra.- Entonces no temas las censuras de los hombres.
Agamenón.- Pero la opinión del pueblo tiene mucha fuerza.
Clitemnestra.- Hazme caso, vas a salir ganando. (Le señala la alfombra)
Agamenón.- Ya que te empeñas, entraré en palacio, y ojalá no despierte la envidia de los dioses cuando pise la alfombra roja. Esta mujer Troyana que viene conmigo es Casandra, la adivina, y debe ser tratada con bondad. Ella, flor escogida de entre muchas riquezas, es el premio con el que me obsequió el ejército por mi victoria en Troya. En fin entraré a palacio pisando la alfombra púrpura. (Sale de escena)
Clitemnestra.- ¿Ella es el premio recibido del ejército por matar sin compasión a miles de troyanos? ¿Premio... para qué? ¿Para su lecho? ¡No tuvo bastante con matar a mi hija con sus propias manos que ahora se trae una amante! ¡Zeus, Zeus todopoderoso, atiende mis plegarias, y todo aquello que he maquinado 13 hace tiempo en mi mente, haz que se cumpla! (Inicia la salida de escena) 14
Corifeo.- Un fatal presentimiento revolotea sobre mi corazón. Mi canción es como una funesta 15 profecía y mi alma asustada ni se atreve a conjurar los malos presagios que adivino en las palabras de esta mujer. ¡Ojalá que lo que temo sea mentira y no se cumpla nunca!
Clitemnestra ¡Ven dentro! ¡A ti te digo, Casandra! Puesto que Zeus ha determinado que participes con los demás esclavos en las purificaciones y ofrendas junto al altar doméstico, entra conmigo a palacio. Recibirás buen trato, como aquí acostumbramos a dar a los siervos.
Corifeo.- Síguela. En tu situación es lo mejor que puede decirte. Obedécele.
Clitemnestra.- Acaba de abandonar su ciudad, recién conquistada, y no está acostumbrada, como una yegua salvaje, a soportar la brida sin echar espuma de sangre por la boca, llena de rabia. No voy a rebajarme; no seguiré hablándole. (Clitemnestra sale de escena y entra a palacio)
Corifeo.- A mi me da pena. No puedo enfadarme con ella. Entra en palacio, pobre muchacha, cede ante lo inevitable y acepta tu nuevo destino de esclava.
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ESCENA 5ª: EL VATICINIO O PROFECÍA DE CASANDRA
Casandra.- ¡Ay, ay, ay! ¡Apolo!
Corifeo.- Invoca con lamentos a un dios que no acepta cantos fúnebres.
Casandra.- Ay, ay, ay! ¡Apolo, mi destructor!
Corifeo.- Tengo la impresión de que va a profetizar sus propios males.
Casandra.- ¡Ay, Apolo! ¿A dónde, a dónde me has traído? ¿A qué casa?
Coro.- A la de los Atridas. 16
Casandra.- ¡Ay, ay! ¡A una casa que odian los dioses; a una casa, testigo de muchos crímenes, asesina de la propia familia; a un suelo que rezuma sangre!
Corifeo.- La extranjera parece tener buen olfato. (El Coro avanza hacia proscenio)
Casandra.- ¡Horrible es el crimen que se está tramando en esta casa!
Corifeo.- No comprendo este vaticinio, esta profecía.
Casandra.- Te hablo de un baño que mata a traición.
Corifeo.- Yo no se interpretar el vaticinio, mas lo que estoy oyendo me suena a una desgracia.
Casandra.- ¡Ay, ay, qué infausto 17 destino el mío! Estoy gritando mi propia muerte añadida a la otra.
Corifeo.- ¿De dónde sacas esos violentos augurios 18, esas vanas desgracias?
Casandra.- Apolo, dios de los vaticinios me asignó esta tarea. Aunque nadie me cree cuando hago profecías.
Corifeo.- Pues a nosotros sí que nos parecen creíbles tus vaticinios.
Casandra.- ¡Ay , ay! De nuevo veo desgracias. El jefe de las naves, el destructor de Troya, no sabe qué odiosa perra lo ha recibido lamiéndolo servil como si se alegrara; no sabe qué ruina oculta bajo sus palabras. No importa que no me creáis. Afirmo que vas a presenciar la muerte de Agamenón.
Coro.- ¡No pronuncies palabras de malos augurios, desgraciada! ¡No digas blasfemias!
Casandra.- Mientras tú me maldices, ellos preparan los puñales.
Corifeo.- ¿Qué hombre prepara esta desgracia?
Casandra.- ¡Qué lejos estás de mis profecías! No entiendes nada. ¡Una hembra audaz es la asesina del macho!
Corifeo.- No entiendo la trama del que va a ejecutarlo.
Casandra.- Pues hablo claramente en griego.
Corifeo.- También la pitonisa en Delfos habla en griego y sus oráculos son ininteligibles.
Casandra.- Ay, ay. Esta leona de dos pies que se acuesta con un lobo en ausencia del noble león, va a matarme, pobre de mí. Afila el cuchillo contra su marido para que pague con su muerte el haberme traído. Mas los dioses no dejarán impune, 19 no dejarán sin castigo nuestra muerte. Algún día vendrá otro vengador, un retoño asesino de su madre que hará pagar la muerte de su padre.
Pero ¿a qué llorar ahora y lamentarme? Después de ver la ciudad de Troya sufrir lo que tuvo que sufrir, entraré y asumiré mi muerte.
Corifeo.- Si realmente conoces tu destino ¿cómo vas tan resuelta al altar como una ternera reclamada por los dioses para el sacrificio?
Casandra.- No hay escapatoria, extranjeros, mi día postrero ha llegado. Nada ganaré con huir. (Sale de escena).
(Clitemnestra acompaña a Agamenón hasta una bañera que acaban de colocar.
Egisto le pasa a Clitemnestra el puñal y una red. Clitemnestra echa la red sobre Agamenón y lo apuñala)
Agamenón..- ¡Ay de mí! ¡Herido estoy de un golpe certero y profundo! (Segunda puñalada)¡Ay, ay! Por segunda vez me hieren. (Tercera puñalada. Clitemnestra y Egisto salen de escena)
Corifeo.- ¡Es el rey quien grita! ¡El crimen se ha consumado!
2 coreutas.- ¡Sí, sí, reunamos al pueblo! ¡Convoquemos a los ciudadanos en palacio!
4 coreutas.- ¡No! ¡Entremos cuanto antes para sorprenderlos con el puñal aún ensangrentado en sus manos!
8 coreutas.- ¡No sé qué decir! ¡Antes de actuar, hay que pensarlo bien!
Más coreutas.- ¿Vamos a ceder / ante quienes son la deshonra del palacio / y ahora nos gobiernan?
Más coreutas.- ¡De ningún modo! ¡Mejor morir! ¡La muerte es más dulce que la tiranía!
Más coreutas.- ¿Acaso por el simple indicio de unos gritos de dolor / vamos a vaticinar que el rey ha muerto?
Todo el Coro.- ¡No hace falta hacer conjeturas, la sangre nos llega hasta los pies!
(Entran Clitemnestra y Egisto llevando en brazos a Casandra, a la que arrojan al suelo junto a Agamenón. El Coro rodea la escena)
Clitemnestra.- Mis palabras de antes fueron las adecuadas a la situación. No me avergonzaré ahora de decir las contrarias. Aquí estoy sobre mi víctima, en el lugar donde lo golpeé. Al caer, arroja un violento chorro de sangre que me salpica de rojo rocío y me hace sentirme tan contenta como el grano de trigo que germina con la lluvia enviada por Zeus.
Corifeo.- Pavor nos causa tu lengua. ¿Cómo puedes hablar con tanta desvergüenza ante el cadáver de tu marido? 20
Clitemnestra.- ¡Nada me importan tus elogios o tus reproches! ¡Éste es Agamenón, mi marido, muerto por obra de esta diestra mano que ha hecho justicia!
Corifeo.- ¿Qué malahierba criada por la tierra, qué amarga bebida sacada del mar, qué droga has tomado para aceptar este crimen? ¿Es que piensas ser una mujer sin patria, odiada por el pueblo?
Clitemnestra.- Ahora me condenas al destierro y al odio de los ciudadanos; pero en su día no te enfrentaste a este hombre que, sin darle la menor importancia, como si se tratara de la muerte de una res o de una tierna oveja, sacrificó a su propia hija, mi pequeña, el fruto más querido de mi vientre, como remedio contra unos vientos contrarios que no dejaban partir las naves. ¡No consideraste entonces necesario desterrarlo en pago de sus culpas! Sin embargo, bien que te eriges ahora en severo juez de mis acciones. ¿Lo haces quizá porque soy una mujer y la venganza por delitos de sangre corresponde a los hombres? 21
Coro.- ¡Qué arrogancia la tuya! ¡Qué altivas son tus palabras! En tus ojos hay un brillo de sangre, como si te hiciera enloquecer este suceso que destila muerte. Pero la venganza llegará: privada de los tuyos, pagarás algún día golpe con golpe.
Clitemnestra.- Aquí yace el que asesinó a su hija y ultrajó a su esposa. Mira junto a él, a su esclava, la adivina, la profeta, la que compartía su cama, su fiel amante, la que sobó con él los bancos de las naves. ¿Ha sido él, mi esposo, quien la trajo? Pues ahora que se la lleve.
Coro.- Ahora que ha caído el más benévolo de nuestros protectores, ¿quién lo sepultará? ¿Te atreverás tú a hacerlo? / ¿Te atreverás a llorar a tu marido después de haberlo matado con tu innoble mano?
Clitemnestra.- No creo que mi mano fuera innoble. Mientras él estuvo diez años ausente en Troya, esta mano de mujer dirigió el reino y aumentó sus riquezas. Mi mano fue noble para gobernar y también lo fue para matar. 22
Coro.- ¿Quién entre llantos de sincero dolor pronunciará sobre su tumba el elogio fúnebre por este hombre divino?
Clitemnestra.- Era más difícil gobernar y lo hice. No me voy a echar atrás ahora por un discurso.
Coro.- No ultrajes su memoria, pues recibirás la misma moneda. El que quita la vida a otro, pierde a su vez la vida;
Clitemnestra.- Esa es la ley que he cumplido
Egisto.- Al fin puedo decir que los dioses desde las alturas supervisan las malas acciones de la tierra y permiten a los hombres su venganza. El rey Atreo, el impío padre de este que veis aquí tendido, fingiendo celebrar un día de sacrificios, ofreció a Tiestes, mi padre, un banquete con la carne de mis dos hermanos mayores. Al descubrir aquella acción aborrecible, da un grito, cae al suelo vomitando la carne descuartizada de sus propios hijos y dando una patada a la mesa del banquete lanza una maldición para que perezcan el rey y todos sus descendientes. Yo era el tercer hijo y acompañé al destierro a mi desventurado padre. Ahora, contemplar al descendiente de Atreo muerto y en un charco de espesa sangre me parece bello.
Coro.- Egisto, no puedo respetar a quien se jacta y presume de sus crímenes.
Egisto.- Me irritas con tus necios ladridos. Como rey consorte te haré prender y entonces...
Clitemnestra.- ¡Basta ya de muertes, no más ensangrentarnos! Ancianos venerables, id a vuestras casas. Veamos si con esta desgracia terminan todos los males de esta casa. Así es como opina una mujer, si a alguien le interesa.
Egisto.- ¿Por qué he de soportar que esa chusma 23 me insulte?
Corifeo.- ¿No pretenderás que adule 24 a un malvado?
Egisto.- Un día de estos vendré a buscarte.
Corifeo.- Orestes sigue vivo en alguna parte y un día de estos, si la suerte le es favorable, también vendrá a buscaros para erigirse en vuestro verdugo. Venga, pavonéate ahora como un gallo junto a su gallina. (Egisto pretende coger la espada. Clitemnestra lo detiene cogiéndolo del brazo)
Clitemnestra.- No hagas caso de estos ladridos inútiles. Tú y yo pondremos cada cosa en su sitio, ahora que somos los dueños de esta casa. (Salen todos. Se prepara el túmulo 25 de Agamenón)
2.- LAS COÉFORAS
(PORTADORAS DE LIBACIONES 26)
ESCENA 1ª: EL REGRESO DE ORESTES
Orestes.- ¡Oh Hermes, dios de los infiernos subterráneos, tú que contemplas el palacio de mi padre, sé mi salvador, ahora que he vuelto! ¡Oh padre, escúchame! Ya que no pude llorar tu muerte, ni extender la mano para tocar tu cadáver, (Se corta dos mechones de pelo) te ofreceré unos bucles de mi cabello en señal de duelo. Pero ¿qué veo? / (Entra el coro de mujeres, con cráteras o vasijas para las libaciones) ¿Qué cortejo de mujeres es éste que avanza con fúnebres velos? ¿Acaso una nueva desdicha se precipita sobre este palacio o ... he de suponer que vienen a ofrecer libaciones a mi padre para aplacar la furia de los muertos? Sin duda no es otra cosa, pues me parece ver a Electra, mi hermana, que se acerca con ellas y con ellas va llorando dolorida. ¡Oh Zeus, concédeme que pueda vengar la muerte de mi padre y sé mi aliado incondicional! Pilades, alejémonos, hasta saber con exactitud qué significa esta procesión de mujeres.
(Orestes y Pílades se retiran a un lado)
ESCENA 2ª: LAS LIBACIONES EN HONOR DE AGAMENÓN MUERTO
Estribillo.- ¡Oh, Madre Tierra, aquí nos ha enviado
esa maldita mujer, con gran empeño,
a rendir homenaje al asesinado,
para que ella pueda conciliar el sueño.
Estrofa 2.- ¡No caiga en el olvido sangre vertida
a plena luz del día sobre esta tierra!
¡Los gritos de las Furias 27 siempre persigan,
dormidos o despiertos, a los que reinan!
Estribillo.- ¡Oh, Madre Tierra, ...
Electra.- Siervas de palacio, puesto que me habéis acompañado en esta procesión, dadme consejo. ¿Qué diré que le sea grato a mi padre, al derramar sobre su tumba las libaciones? ¿Diré acaso que traigo la ofrenda que su amada esposa envía a su amado esposo? Me falta valor para decir eso. ¿O bien usaré la fórmula tradicional: a quien te ofrece esta libación, devuélvele una digna recompensa? ¿Digna de qué? ¿De sus crímenes?
Corifeo.- Venero la tumba de tu padre como un altar. Mientras haces las libaciones, di: para quienes lo aman...
Electra.- ¿Y quiénes lo aman?
Corifeo.- Tú misma, la primera. Luego, todos los que odian a Egisto. Y finalmente Orestes, tu hermano, aunque esté lejos.
Electra.- Perfecto. Me has dado un buen consejo.
Corifeo.- No te olvides de los culpables.
Electra.- ¿Qué he de pedir para ellos?
Coro.- Que un dios o un mortal los mate.
Electra.- ¿No es irreverente pedir eso a los dioses?
Coro.- Es justo pagar crimen con crimen
Electra.- ¡Oh Hermes, lleva mi mensaje a los dioses del infierno que tienen los ojos fijos en los asesinos!¡Ten piedad de mí y también de Orestes... haz que el poder de palacio pase pronto a nuestras manos! Padre, mientras vierto el agua purificadora, me traiciona mi propia madre, que ha tomado por esposo a Egisto, cómplice de tu muerte. Yo me he convertido en una esclava y Orestes está desposeído de sus bienes. Entre tanto, ellos gozan descaradamente de los bienes que tú conseguiste con tus trabajos. ¡Que surja un vengador de tu muerte y que, en justicia, mueran a su vez tus asesinos! Esta es la petición que acompaña mis libaciones. En tu honor derramo estas ofrendas.
Coro.- En tu honor derramo estas ofrendas
Electra.- Entonad un canto / por la muerte de nuestro rey.
Dejad correr el llanto: / es de justicia y de ley.
Coro.- ¡Ay, ay, Señor, escucha / a las que llevamos libaciones;
ay, ay, espada y lucha / pedimos en nuestras oraciones
Electra.- ¡”Espada y lucha” acabamos de cantar;
yo sé muy bien cómo a mi padre vengar! 28
Electra.- Mi padre ha recibido ya la ofrenda fúnebre; (Recoge el bucle que dejó Orestes) sed ahora partícipes de esta extraña noticia.
Corifeo.- Habla, mi corazón está impaciente por saber de qué se trata.
Electra.- En la tumba he encontrado un bucle recién cortado.
Corifeo.- ¿Es de varón o de doncella?
Electra.- Cabellos de varón, evidentemente, pero si los miras bien se parecen ...
Corifeo.- ¿A los de quién?
Electra.- A los míos.
Corifeo.- Los habrá enviado Orestes, ya que no pudo estar en la ceremonia de duelo.
Electra.- (Orestes y Pílades avanzan casi hasta centro de proscenio) Me anega 29 el corazón una oleada de amargura a la vista de estos cabellos. No pueden ser de mi hermano, pero menos aún de mi madre, la impía asesina. ¡Ay, si estos cabellos pudieran hablar, se disiparían 30 mis dudas y sabría con certeza si debo rechazar estas ofrendas porque provienen de mano enemiga o si son de mi hermano y debo asociarlas con mis lágrimas como homenaje a la tumba de mi padre.
Orestes.- Se van a cumplir tus deseos. Tienes delante a aquel por quien suspirabas.
Electra.- ¿Acaso, extranjero, sabes a quién llamaba, o me estás preparando una trampa?
Orestes.- Suspirabas por Orestes y aquí lo tienes.
Electra.- No te rías de mí y de mis desgracias.
Orestes.- Si así fuera, me burlaría también de mis desgracias.
Electra.- ¿En verdad eres Orestes?
Orestes.- Me estás viendo en persona y no me crees. Antes, con ver el mechón, creíste estar en mi presencia. Colócalo en el lugar donde fue cortado y te convencerás. Toca además esta túnica y contempla estos dibujos que son obra de tus manos. (Lo hace. Se abrazan)
Electra.- ¡Oh esperanza salvadora de esta casa, en tu valor confío para que recuperes el palacio de nuestro padre!
Orestes.- ¡Oh Zeus, sé testigo de esto! Contempla estas crías huérfanas del águila, de un padre que murió entre los lazos y el veneno de una víbora.
Corifeo.- ¡Cuidado, muchachos, no habléis muy alto, no sea que alguien lo oiga y vaya con la noticia a informar de todo a los que ahora mandan en palacio!
Orestes.- ¡Oh, no, no va a traicionarme el poderoso Oráculo de Apolo, que me ordenó en Delfos que persiguiera a los asesinos y les diera muerte si no quería pagarlo con mi vida! Allí me hizo ver los ataques vengativos de las Erinias, de las Furias, que me acosaban 31 como unas perras rabiosas, provocadas por la sangre de mi padre, mientras brillaban sus ojos en la oscuridad. Si no cumplo mi promesa, será a mí, y no a mi madre, a quien persigan las Furias hasta hacerme enloquecer y la ira de mi padre me apartará de las ofrendas que se celebren en su tumba. Seguiré pues las órdenes de Apolo y evitaré que los súbditos de este reino estén sometidos e hipnotizados por dos serpientes.
ESCENA 6ª: EL SUEÑO DE LA ASESINA
Corifeo.- Eso es justamente lo que pedía el muerto, pero ya que vuestro corazón se ha decidido a actuar, deberíais poneros manos a la obra inmediatamente sin levantar sospechas.
Orestes.- Así lo haremos, pero no sin que antes me aclares una duda. ¿Por qué mi madre ha ordenado hacer esta ofrenda, si estas libaciones no pueden curar ya un mal irremediable?
Corifeo.- Lo sé, me lo dijo ella misma: durante tres noches, desde que murió Agamenón, se despierta sobresaltada por culpa de un sueño terrible.
Orestes.- ¿Puedes explicarme el sueño?
Corifeo.- Cree que da a luz una serpiente, la envuelve en pañales y la alimenta con su propio pecho.
Orestes.- ¿Y no le hirió el pecho esa horripilante bestia?
Corifeo.- Sí. Coágulos de sangre se mezclaban con la leche. Al despertarse espantada la tercera noche, ordenó enseguida que se realizaran ofrendas fúnebres para aplacar los remordimientos que bajo forma de Furias la persiguen.
Electra.- (Incitando a Orestes) Tú eres la serpiente; tú debes morder y dejarle el veneno.
Orestes.- (Convencido por su hermana) Sí, yo soy esa serpiente que ha parido y alimentado con sus pechos y yo la mataré como predice el sueño.
Corifeo.- Explícanos qué hemos de hacer. (Electra insinúa algo al oído de su hermano)
Orestes.- El plan es muy sencillo. Electra entrará en palacio y se retirará a sus habitaciones para evitar sospechas. (Electra sale) Yo me acercaré a la puerta de palacio, acompañado de Pílades. Simularemos ser extranjeros. Nos dejarán pasar, cuando le digamos que traemos noticias de Orestes; y, antes de que Egisto pregunte: ¿de dónde sois, extranjeros?, le habré dado muerte. Después apuñalaré a mi madre para que las Erinias, las Furias puedan lamer como perras la sangre que manchará el suelo de palacio y aplacar así su justa sed de venganza.
ESCENA 7ª: UNA TRAMPA PARA LOS ASESINOS
Orestes.- (Orestes y Pílades se acercan a lapuerta central) ¡Guardia! (Pausa) ¡Guardia!
Pílades.- ¿Hay alguien en palacio? ¿Acaso el gobierno de Egisto no sabe recibir a los huéspedes?
Guardia.- ¡Ya va! (Se asoma) ¿A qué vienen esas voces? No os conozco. ¿De qué país sois?
Pílades.- De Daulia. Yo ya he estado otras veces hospedado en este palacio.
Orestes.- Di a los señores de la casa que traemos noticias. (Entra Clitemnestra)
Pílades.- ¡Date prisa! ¡Se nos hará de noche y no tendremos dónde cobijarnos!
Orestes.- ¡Llama a la dueña de la casa!
Clitemnestra.- Supongo, extranjeros, que si queréis molestar a los dueños, será por algún asunto importante.
Pílades.- Muy importante.
Clitemnestra.- ¿De dónde venís?
Orestes.- Venimos de la Daulia. Íbamos a emprender un viaje hasta esta ciudad, cuando se nos acercó un hombre diciéndonos: ¿así que os encamináis a Argos? ¡Qué suerte, me ahorraréis un viaje! Buscad a los padres de Orestes y decidles que su hijo ha muerto. No os olvidéis. Seguro que querrán enterrarlo en el lugar donde nació.
Pílades.- ¿Estamos hablando con alguno de sus parientes? Su madre, al menos, debe saberlo.
Clitemnestra.- ¡Ay de mí, esto es mi ruina! ¡La maldición persigue implacable a este palacio!
Pílades.- Hubiésemos querido traer buenas noticias, pero hubiera sido una impiedad no llevar a cabo este encargo para unos amigos.
Clitemnestra.- Ordenaré al punto que os atiendan. Estaréis rendidos después del largo viaje. (Al soldado) Condúcelos a las mejores habitaciones de los huéspedes. Yo voy a comunicárselo todo al señor de palacio.
(Clitemnestra sale por la puerta central; el soldado, Orestes y Pílades salen por un lateral)
ESCENA 8ª: LA NODRIZA DE ORESTES
Nodriza.- Mi ama me manda a toda prisa que busque a Egisto y le haga sabedor de la noticia. Ella mostraba el semblante triste, pero en el fondo de sus ojos había una sonrisa. 32 Ahora, cuando se lo comunique a Egisto, también él se alegrará. ¡Ay mi Orestes, mi niño al que yo crié. He sido yo su nodriza, quien le vestía y desvestía, la que le lavaba los pañales. Yo recibí a Orestes de su padre y ahora está muerto. Voy a buscar al hombre que es la ruina de esta casa.
Corifeo.- ¿Cómo ha de venir solo o acompañado?
Nodriza.- Debe venir con una patrulla de lanceros.
Corifeo.- No transmitas esa orden. Dile que venga solo y con el corazón tranquilo y alegre. Únicamente así triunfará nuestro plan.
Nodriza.- ¿Es que te alegras con la noticia?
Corifeo.- A lo mejor, Zeus envía un viento favorable que aleja nuestros males.
Nodriza.- No sé cómo, si Orestes está muerto.
Corifeo.- Tal vez, no del todo. Hasta un mal adivino se da cuenta del engaño.
Nodriza.- ¿Qué dices? ¿Orestes no ha muerto?
Corifeo.- Eso parece, pero tú vete y cumple la orden que te han dado. ¡Ah, no te olvides, que venga solo!
Nodriza.- Obedeceré tus palabras. Voy enseguida. (Sale)
ESCENA 9ª: MUERTE DE EGISTO Y CLITEMNESTRA
Corifeo.- ¡Oh Zeus, pon en sus manos al enemigo que está en casa!
Coro.- El puñal está cada vez más cerca del pecho de Egisto, al que por ahí veo venir.
Egisto.- (Entrando) Vengo, no por propio deseo, sino porque me he enterado que unos extranjeros han traído la terrible e infausta33 noticia de la muerte de Orestes.
Coro.- (Como pensando) Si dijera la verdad, no la llamaría infausta, sino agradable.
Egisto.- ¿Cómo puedo asegurarme de que la noticia es cierta?
Corifeo.- Nosotras hemos oído la noticia, pero los mejor es que te informen los extranjeros.
Egisto.- Tienes razón. Les preguntaré si lo vieron morir o si hablan por un rumor que han oído. Vuelvo enseguida. (Sale)
Corifeo.- ¡Oh Zeus,...
Coro.- ... mis plegarias han sido escuchadas. / Si todo se cumple,/ Orestes está a punto de conquistar el trono usurpado a Agamenón. / ¡Victoria para Orestes!
Egisto.- (Desde fuera) ¡Ayyyy! ¡Ayyyy!
Coro.- Debemos alejarnos; / que no parezca que somos los culpables de estos males. /
Soldado.- (Entrando) ¡Ay de mí! ¡Mi señor está muerto! Egisto ya no existe. ¡Clitemnestra, Clitemnestra!
Clitemnestra.- (Entrando) ¿Qué ocurre? ¿A qué vienen esos gritos?
Soldado.- Digo que... los muertos matan a los vivos. Orestes ha asesinado a Egisto.
Clitemnestra.- ¡Ay de mí! ¡Moriremos como matamos! ¡Búscame una espada! Sepamos si somos vencedores o vencidos.
(Sale el soldado. Entran Orestes y Pílades con el cadáver de Egisto. Lo arrojan a los pies de Clitemnestra. Orestes lleva una red, la que Clitemnestra utilizó para matar a Agamenón)
Orestes.- A ti te busco. Éste ya tiene su merecido. (Clitemnestra se abraza al cadáver )
Clitemnestra.- ¡Ay de mí! Has muerto, Egisto, amado mío.
Orestes.- Amabas a ese hombre, pues yacerás en su misma tumba. (La cubre con la red; levanta el puñal) (Entra Electra que lleva también un puñal. Se coloca a un lado en el proscenio).
Clitemnestra.- ¡Detente, hijo mío!
Electra.- (Muy piano, para ella misma) ¡Mátala!
Orestes.- Hijo tuyo, no; sólo de mi padre. ¿Qué hago, Pílades? ¿Debo matarla?
Electra.- ¡Mátala!
Pílades.- Hiciste un juramento sagrado en Delfos. La Pitonisa te reveló el oráculo del dios Apolo que te ordenaba perseguir hasta la muerte a los asesinos. Más vale tener por enemigos a todos los hombres que no a los dioses. ¡Mátala!
Clitemnestra.- Yo te crié y quiero envejecer contigo.
Orestes.- Yo no podría vivir con la asesina de mi padre.
Electra.- ¡Mátala!
Clitemnestra.- ¿No temes a las Erinias, a las Furias vengadoras de tu madre?
Orestes.- ¿Y cómo escaparé a los incesantes ladridos de esas mismas Erinias que piden la venganza de mi padre si no cumplo lo que prometí a Apolo en Delfos?
Electra.- ¡Mátala!
Clitemnestra.- Me parece que estoy rogando a una tumba.
Orestes.- El destino de mi padre es el que señala tu muerte.
Electra.- ¡Mátala!
Clitemnestra.- ¡Ay de mí, he engendrado una serpiente y la he alimentado.
Orestes.- El remordimiento convirtió tus sueños en pesadillas y adivinó con terror que yo era la víbora que habías parido. Mataste a quien no debías. Sufre ahora lo que no debías.
Electra.- ¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala! (Orestes asesina a su madre Clitemnestra)
Orestes.- Las fieras ya están bajo la red. ¡Que jamás una esposa como ella habite en mi casa! ¡Antes los dioses me hagan morir sin hijos!
ESCENA 10ª: TRIUNFO DE ORESTES
Corifeo.- Al fin han perecido / los viles responsables,
a manos de un león / cual fue profetizado.
Coro.- Del palacio real / se alejan los males;
cayeron las cadenas , / impuestas a la fuerza
a mi querido pueblo / por estos criminales.
Corifeo.- La sangre de Agamenón / ya ha sido vengada;
su injusta deshonra / ha sido lavada.
Coro.- Del palacio real / se alejan los males;
cayeron las cadenas / impuestas a la fuerza
a mi querido pueblo / por estos criminales.
ESCENA 12ª: LA SANGRE PIDE MÁS SANGRE
Orestes.- (Se adelanta hasta el proscenio)
Amigas, fue Apolo quien prometió
que yo libre de culpa quedaría;
mas recuerdo que mi madre juró
que su desgracia me perseguiría.
Coro.- ¿Qué dices? No murmures entre dientes,
pues has liberado a la ciudad de Argos,
cortando la cabeza a dos serpientes
Orestes.- Los dioses se han vuelto muy exigentes:
una muerte, con otra se ha de vengar.
Corifeo.- Tú hiciste sólo lo que te pidieron,
no te tienes por qué preocupar.
(Orestes, acosado por el remordimiento, confunde a las mujeres del Coro con las Erinias)
Orestes.- ¿Y esas mujeres de negro vestidas
son Erinias contra mí enfurecidas ?
Corifeo.- La sangre en tus manos está reciente:
Las Furias sólo existen en tu mente.
Orestes.- Ya se acercan, ya están aquí delante;
sus ojos manan sangre repugnante. (Pílades y Electra lo sujetan a duras penas)
Corifeo.- Invoca al dios Apolo, al momento;
él te librará de este tormento.
Orestes.- Vosotras no las veis, pero yo sí.
Me persiguen, no puedo quedarme aquí.
(Se libera de Pílades y Electra. Sale gritando enloquecido por fondo izquierdo)
Corifeo.- ¿Cuántas veces soplará el vendaval
sobre los muros del palacio real?
Persigue el destino a sus moradores:
a los de ahora y a los anteriores.
Fue el primero Tiestes que engañado
la carne de sus hijos ha devorado.
Le sigue Ifigenia, sacrificada
para que el viento ayudara a la escuadra.
Después Agamenón sufre un engaño
y es vilmente asesinado en el baño.
Clitemnestra, lo habéis podido ver,
ahora mismo acaba de perecer.
¿Qué ha de ocurrir ahora con Orestes?
¿Qué divinidad pedirá su muerte?
Coro.- Las lenguas de las Furias / van siempre ensangrentadas
¿Alguna vez de sangre / terminarán saciadas?
3.- LAS EUMÉNIDES
(Aparece misteriosamente la Pitonisa -la Profetisa, la Vidente- que habla en nombre de Apolo.
Pitonisa.- Al Oráculo de Delfos / sed bienvenidos.
Si traéis intención / de ver claro lo oscuro
de pedir buena suerte, / de prever el futuro,
acercaos aquí / y seréis complacidos.
Supliquemos a la diosa Tierra / que esté a nuestro lado,
ella fue la primera adivina / de este lugar sagrado.
Enseguida oremos a Febe, / que nos sirva de guía,
pues dio a su hijo Apolo / el don de la profecía.
Ah, y a Palas Atenea, / diosa de ojos turquesa,
amante de las artes, / la virgen guerrera.
Elevo mi oración / a los dioses nombrados:
¡Que seamos atendidos, / que seamos escuchados!
Al Oráculo de Delfos / sed bienvenidos.
Si traéis intención / de ver claro lo oscuro,
de pedir buena suerte, / de prever el futuro,
acercaos aquí / y seréis complacidos.
El dios Apolo habla por mis labios;
no podréis hallar consejos más sabios
(Entra Orestes, puñal en mano y con un ramo de olivo. Mira hacia atrás. Poco después entra el Coro de Erinias, las Furias, persiguiéndolo con una red y dando gritos amenazadores)
Pitonisa ¿Quién es ese infeliz / que huye despavorido?
hundido por el peso / del crimen cometido?
(Las Erinias, lo apresan con la red)
¿Quiénes son esas mujeres / que lo persiguen rabiosas
¡Van con sed de venganza / como perras rabiosas!
Orestes.- (Al verse apresado invoca a Apolo)
¡Apolo Soberano,
tú que la maldad ignoras paciente,
guíame con tu mano;
no dejes que mi mente
la enloquezcan estas Furias repelentes!
Apolo.- (Aparece Apolo) Rugidos de las Erinias
¿No pensarás que voy a traicionarte?
En ser tu Protector he puesto empeño.
Voy a emplear al punto todo mi arte
para rendir a estas Furias de sueño…sueño…. sueño. (Duerme a las Erinias)
Pitonisa.- ¡Ya cesaron al fin de perseguirlo,
el sueño no pudieron resistir!
Ahora que han dejado de seguirlo,
podría aprovecharlo para huir.
(Las Erinias roncan en el suelo alrededor de Orestes que se libera de la red)
Apolo.- Bien, ahora escúchame atentamente.
Escápate al punto, sin dilación.
Te seguirán por todo el continente,
pero tú, hasta Atenas, con decisión.
Busca la estatua de Palas Atenea,
y abrazado a la diosa de la paz
le ofreces el olivo hasta que yo vea
si hay para tu mal, remedio eficaz.
A dar muerte a tu madre te incité;
de estas Erinias, yo te libraré
(Salen Apolo y Orestes y la Pitonisa)
Clitemnestra.- (Entra la sombra de Clitemnestra)
¡Venga a dormir! ¿Para qué os necesito
si estoy de vuestra furia abandonada?
En mis orejas oigo vuestro grito,
pero en las de Orestes no escucho nada.
Me gritáis constantemente: “he matado”,
/ mas a Orestes lo perseguís dormidas.
También el suyo es un horrendo pecado
y son sus manos, manos matricidas.
Coro Erinias.- (Un gruñido)
Clitemnestra.- Sí, sí, sí, gruñid y seguid durmiendo,
mientras él se os ha escapado corriendo.
Coro de Erínias.- (Nuevo gruñido)
Clitemnestra.- Tus gruñidos me sientan fatal.
¿No es, pues, tu misión sembrar el mal?
Coro Erinias.-¡Cogelo, cógelo, cógelo! ¡Cuidado!
Clitemnestra.- Vuestro sueño contra mí se ha conjurado!
No interesa que en sueños lo persigáis.
¡Levantaos! ¿Tan fatigadas estáis?
¡Que le siga vuestro sangriento resuello,
que note, sí, vuestras garras en su cuello!
(Se va Clitemnestra)
Coro de Erinias.- (Mientras se incorporan)
¡Ha roto la red la fiera y ha huido!
¡Habrá sido Apolo / quien nos ha dormido!
Se atreve con nosotras, / con las antiguas diosas,
este dios nuevo / que protege a un matricida.
No es justo que ahora / estén así las cosas
y que no podamos / arrancarle la vida.
(Entra Apolo con el arco tenso y la flecha colocada. Las Erinias lo rodean amenazantes, pero le temen)
Apolo.- ¡Fuera de mi templo, salid de mi morada:
os atravesaré con esta sierpe35 alada!
¡Si no me obedecéis al instante,
os haré vomitar la sangre que antes chupasteis!
Erinia 1.- Debes oírnos: ¡Tú eres el responsable,
tú eres el único culpable!
Apolo.- Eso suena a vana palabrería.
Erinia 1.- Fue un oráculo tuyo quien empujó
a ese hombre a cometer la fechoría.
Apolo.- Que vengara a su padre, mi oráculo pidió.
Erinia 2.- Y protegerlo después aceptaste.
Apolo.- Me pareció del todo necesario.
2.- ¿Por qué nos mentiste y nos injuriaste? 36
Apolo.- No podéis pisar este santuario.
2.- Nuestra misión consiste en / Coro.- dar al asesino sus tormentos
e invadir su mente / con crueles remordimientos.
Nuestra misión consiste / en perseguir al matricida.
Apolo.- ¿Y que pasa con la esposa / que a su esposo quitó la vida?
2.- No llevan la misma sangre / la esposa y su marido.
1.- Y sí que la llevan, la madre y el hijo
Apolo.- Entre esposo y esposa, la unión pactada,
protegida está por ley sagrada.
No es justo que a la madre no la juzguéis
y al hijo, con saña37 lo condenéis.
Coro de Erínias.- Noche y día lo perseguiremos sin pausa.
Apolo.- No dejaré de protegerlo. ¡Ni lo penséis!
¡Que Palas Atenea decida en esta causa!
1.- ¿Palas Atenea? 2.- ¿Has dicho Palas Atenea) Corrillo de las Erinias. Cuchicheos
Apolo.- Sí, eso he dicho
Coro de Erinias- Nos parece bien. ¡Que así sea! (Salen todos )
CUADRO SEGUNDO: EL JUICIO DE ATENEA
Acrópolis de Atenas, ante un templo. Entra Orestes, tira el puñal. Ofrece el olivo, se arrodilla y abraza a Palas Atenea, que hará de estatua hasta que le toque hablar.
Orestes.- ¡Oh Palas Atenea, / acepta a un miserable
que ya lavó con creces / sus manos impuras.
Se borrará al fin / la mancha abominable, 38
si tú estás decidida / a prestarme ayuda. (Aparecen las Erinias sin red, husmeando)
Por mandato de Apolo / vengo a rogarte
que las crueles Erinias / dejen de perseguirme.
1.- Mi olfato detecta la sangre
2.- Aquí, aquí, seguidme.
3.- Ahí está su puñal. Lo recoge del suelo
4.- Si no me engaña la vista / es una buena señal.
Coro de E..- Como perras sedientas / seguimos al asesino;
las gotas de sangre / nos marcan la pista.
Caerá en nuestras manos: / es su fatal destino.
3.- Ahí está, a la diosa inmortal abrazado,
pidiendo que su crimen sea perdonado.
4.- Eso no es posible: / la sangre que cayó en tierra,
no puede nuevamente / regresar a las venas.
Coro de Erinias- ¡La sangre (fluyó, cayó, rodó
en la tierra se perdió!)
Orestes.- (Que no ha visto todavía a las Erinias se separa de la estatua de Atenea)
Una ofrenda en Delfos / sirvió de expiación
para que el sabio Apolo / limpiara mi corazón.
Ahora ofrendo este olivo / ante tu estatua sagrada,
para que también mis manos / queden purificadas.
1.- Ni Apolo ni Atenea / con su fuerza han de librarte (El Coro de Erinias va rodeando a Orestes)
de que bebamos tu sangre / y nos chorree por la boca.
2.- Vivo, así como estás / tendremos que devorarte
o por tu matricidio, / a tu mente volverla loca.
3.- Enlacemos nuestras manos, / que formen una cadena
que espose sin remisión / las manos ensangrentadas,
para que cumpla al instante / su merecida condena.
Coro de Erinias.- No dejaremos que escapes / sin cumplir toda tu pena.
4.- Ya desde el nacimiento / nos fue asignado un destino:
de la sangre de los muertos / implacables vengadoras,
debíamos perseguir / con saña a los asesinos.
Coro de Erinias.- No dejaremos que escapes / sin cumplir todo el castigo.
2.- Sabemos que nos desprecian / por procurar malos sueños,
3.- por torturar los ánimos, / por crear mil pesadillas,
4.- por causar remordimientos, / por causar remordimientos
Coro de E.- No dejaremos que escapes / sin sufrir estos tormentos.
(Enlacemos nuestras manos, / que formen una cadena…)
(Atenea le hace un gesto a Orestes para que deje de abrazarse a sus piernas)
Atenea.- Atenta he escuchado / de Orestes la plegaria
y las crueles funciones / de estas Furias sanguinarias. (Murmullos de las Erinias)
1.- Cumplimos con el trabajo / que se nos ha encomendado.
Atenea.- Algo tendrá que alegar / Orestes como acusado.
Orestes.- Maté a mi madre, eso es cierto; / pero yo no soy culpable.
De que cometiera el crimen / Apolo es el responsable,
pues me amenazó con penas / e innumerables desgracias,
si la sangre de mi padre / no obtenía su venganza.
Atenea.- Estimo del todo justo / que diera muerte a su madre. Gesto de aprobación de Orestes.
y que las Furias persigan / cualquier delito de sangre. Gesto de aprobación de las Erinias
1.- Por eso te confiamos / el juicio de este pleito.
Atenea.- Si aceptáis el resultado / prestad sacro 39 juramento.
Parece el caso demasiado grave
para que lo resuelvan unos mortales
La causa que habéis expuesto / requiere un sabio jurado.
Buscad testigos y pruebas; disponed el tribunal..
Yo misma elegiré a los jueces. ¡Que esté todo preparado
para empezar el juicio! / ¡Qué todo sea legal!
Todos.- Que todo sea legal.
(Atenea les hace bajar las manos y sale un momento para buscar a los jueces)
Erinia 3.- Si triunfa este matricida / triunfará la subversión:
no valdrán antiguas leyes / y estaremos obligadas
a cumplir extrañas normas / de la nueva religión.
Erinia 4.- ¿Quién deberá ejecutar, / decid, Furias vengadoras,
nuestra sagrada misión / de atormentar al culpable
Erinia 2.- Esa misión desde ahora / resultará abominable.
Erinia 4.- ¿Ni siquiera torturar / al asesino podemos
con crueles remordimientos / que no le dejen vivir.
Erinia 2.- Aunque pensemos que es justo, / eso se va a prohibir.
Erinia 1.- ¿Y saciarnos con su sangre / para vengar otra sangre
que antes ellos derramaron / de forma tan desalmada? 40
Erinia 1.- Pues de ahora en adelante, / no podremos hacer nada.
Erinia 4.- ¿No infundiremos terror / que detenga al asesino?
Coro.- Eso estará prohibido. Coreuta 4.- ¿Y al malvado disuadir / con nuestros horrendos gritos?
Coro.- Eso estará prohibido.
Erinia 4.- ¿No podremos ejercer / ni justicia ni castigos?
Coro.- Eso estará prohibido. Eso estará prohibido.
(Entra Atenea con cuatro jueces y un grupo de testigos. Se quedan en pie. Atenea en el centro)
Atenea.- Suene el pregón del heraldo, 41 / la penetrante trompeta
y dé comienzo enseguida / la sesión del consejo
que, en asuntos criminales, / ha de dictar leyes nuevas
que nos digan lo que es justo / en este nuevo derecho.
(Airadas protestas y pataleo del Coro)
No pienso que esos murmullos / se deban tolerar;
¡No permitiré altercados / en este tribunal!
(Aparece Apolo)
2.- ¿Qué asunto te trae aquí / a esta causa criminal?
Apolo.- Vengo a prestar testimonio 42 / que impida un error fatal.
Yo, del crimen lo he lavado / y no puede ser culpado.
Atenea.- Concederé la palabra, / primero, a la acusación.
Erinia 1.- Aunque somos muchas, será breve / nuestra intervención.
Erinia 2.- (A Orestes) Contesta a nuestras preguntas.
¿Mataste a tu madre?
Orestes.- Todo el mundo lo sabe.
1.- Considere el tribunal / que acaba de afirmarlo.
Orestes.- No voy a negarlo.
2.- ¿Y cómo hiciste / ese acto criminal?
Orestes.- Le segué la garganta / con un puñal.
Mi madre doble crimen cometió:
mató a su esposo y a mi padre mató.
2.- Sin embargo, tú vives y ella ha muerto.
Orestes.- ¿No la acosasteis cuando vivía ¿cierto?
1.- Los esposos no comparten la misma sangre.
Orestes.- ¿Acaso comparto yo la sangre con mi madre?
1.- ¿Reniegas de la que te llevó en sus entrañas?
Orestes.- Soy hijo de mi padre, la otra sangre me es extraña
Atenea.- Prosiga la acusación de las Furias.
1.- Es suficiente. No habrá más preguntas.
Coro.- Culpable se ha declarado. / Él sólo se ha condenado.
Atenea.- Hable ahora la defensa.
Orestes.- (A Apolo) ¿Asesiné a mi madre justamente?
Apolo.- Por lo que yo entiendo, / evidentemente.
Ella no dudó primero / en asesinar al rey. /
Que a ella la asesinaran, / era, en justicia, de ley.
Yo di órdenes a Orestes / de que debía matarla.
La orden era mía. / Él no hizo otra cosa que ejecutarla.
para salvar a su pueblo y a su gente
y evitar que del rey el poder
pasara a manos de una mujer
Por lo que entiendo es inocente.
La defensa ha terminado
Atenea.- Sabiamente ambas partes / habéis argumentado.
Bien, que se acerquen los jueces / y depositen su voto.
(Los jueces van a depositar su voto)
Erinia Jefa.- Que respetéis mis derechos / os aconsejo, ancianos.
Apolo.- Yo os invito a respetar / el oráculo sagrado.
Atenea.- ¡Eh, eh, nada de consejos; / dejad ya de intimidar 43 a los jueces!
Erinia 3 Que se cumpla la venganza: / eso queremos lograr.
Apolo.- No tenéis ningún derecho, / salvo el de protestar.
Coro Erinias.- Somos el antiguo orden, / la sagrada tradición.
Atenea.- ¡El recuento de los votos / dé fin a esta discusión!
Veamos el resultado / de los votos depositados. (Saca las tablillas de la urna)
Culpable… inocente… inocente…. culpable.
Orestes.- (A Apolo)¿Qué pasa en caso de empate?
Apolo.- Ahora lo procedente
es emitir la sentencia: / el reo no es condenable
por falta de mayoría y … / te declaran inocente.
Atenea.- La cuenta de los votos / en empate se ha resuelto:
del delito de sangre / este hombre queda absuelto
Orestes.- ¡Oh Atenea, has salvado / mi hogar, mi patria perdida!
¡Tu ciudad y tu templo / defenderé con mi vida!
Erinia 3.- ¡Vosotros, nuevos dioses, / nos habéis pisoteado:
nuestra misión de venganza / nos habéis arrebatado!
Erinia 4.- Destilaremos veneno / que empape bien esta tierra
y la convierta en estéril, / fruto de peste y de guerra.
Atenea.- ¡No, no habéis sido vencidas, / ni habéis sido deshonradas.
De las urnas ha salido / un fallo con igualdad.
De una vez por todas / la venganza abandonad
y os prometo que en esta tierra / por siempre seréis honradas.
Retirad la maldición / que lanzasteis a esta tierra:
que no cese 44 de florecer / ni se pierdan las cosechas.
Erinia 3.- ¿Qué ganamos si obedecemos / y retiramos la maldición?
Atenea.- Os ofrezco un templo nuevo / donde se os rendirá culto y veneración
Erinia 4.- ¿No serán esas promesas una engañosa mentira
para calmar nuestro enfado / y burlaros de nuestra ira?
Atenea.- De palabra no prometo
nada que no pueda cumplir.
Erinia 4.- ¿Dónde tendremos el templo?
Atenea.- En la Acrópolis vais a vivir.
Aceptad ya mi oferta. / Generosa es y cierta.
Erinia 2.- ¿Cuál será nuestra misión?
Atenea.- No habrá felicidad en las casas
sin vuestra bendición.
Erinia 3.- ¿Tan grande será nuestro poder?
Atenea.- Mayor todavía lo puedo hacer
si para la ciudad y tierras lindantes45
hacéis un oráculo propicio46.
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Erinia 1.- ¡Que no sople nunca más /
Coro.- …el terrible maleficio47
de tormentas y huracanes, / destructores de cosechas!
¡Qué el calor abrasador / no arruine los sembrados,
ni destruya el crudo invierno / los frutos con frías flechas!
¡Que eternamente estén verdes / los pastos para el ganado!
¡Que el polvo abrevado / con sangre de ciudadanos,
no busque represalias48 / que causan la ruina de las ciudades!
¡De vuestras tierras expulso / los destinos inhumanos
que matan a los hombres / antes del tiempo prefijado.
Atenea.- De vuestros horribles rostros / veo surgir el afecto;
lo que antes era ruina / se torna49 ahora provecho.
A decir vuestro nombre / casi nadie se atreve
porque os llamáis las Furias, / Erinias destructoras.
Desde ahora en adelante / os llamaréis Euménides.
Coro.- ¿Euménides? ¿Benévolas, Bienhechoras?
Atenea.- Así se os conocerá a partir de ahora
(Se forma el cortejo)
Vayamos a vuestro templo / donde honras recibáis.
Yo guiaré el cortejo50 / para que no os perdáis.
Cortejo.- La luz de las antorchas / guíe a las nuevas diosas,
antes con sed de sangre , / ahora bondadosas.
Dejad paso al cortejo / de estas antorchas ardientes;
antes, rabiosas Erinias; / ahora, dulces Euménides;
antes, de los crímenes vengadoras;
ahora, Benévolas, Bienhechoras:
Euménides, Euménides, Euménides.
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Grupo de teatro escolar TEAMUS del Complejo Educativo de Cheste (Valencia) dedicado al montaje de obras de teatro clàsico grecolatino como por ejemplo: Prometeo encadenado, Asamblea de las mujeres, La Olla, La Orestíada). Dirección escénica: Paco Tejedo Dirección musical: Manolo Carrascosa (música en directo) Dossier fotogràfico de La Orestíada Blog de Paco Tejedo Katharsis Correo electrónico: Paco Tejedo |