El valor de los argumentos sanitarios en el debate sobre el cannabis
Stichting Drugsbeleid, Netherlands Drug Policy Foundation
Mayo del 2001

Traducción: ddaa

En un número creciente de países, las ideas sobre el cannabis siguen un curso tal que hay grandes posibilidades de una mayor tolerancia (despenalización o incluso legalización). El argumento más importante para la prohibición de las drogas descansa en la convicción de que el Estado tiene el deber de proteger a la población contra los riesgos sanitarios derivados del uso de drogas, como la toxicidad y la dependencia (adicción). (También se aducen otras razones en favor de la prohibición, como los efectos negativos en terceras personas y las objeciones morales a las sustancias que producen cualquier tipo de embriaguez, incluso si no causan ningún problema, pero este trabajo se centra en los argumentos relacionados con la salud).

Algunos activistas suelen utilizar el argumento de que la legalización del cannabis permitiría concentrar todos los esfuerzos para combatir “sustancias realmente peligrosas”, las llamadas drogas duras. La idea que subyace a este planteamiento es que el cannabis puede ser legalizado porque sus riesgos para la salud son limitados, pero las otras drogas son tan peligrosas que habría que combatirlas con más ahínco.

Dado que los riesgos sanitarios constituyen la base oficial para justificar la prohibición de las drogas, parece lógico contraatacar con el argumento de que en el caso del cannabis este riesgo es muy limitado. En este artículo, la Netherlands Drug Policy Foundation (NDPF) -Fundación Holandesa para la Política sobre Drogas- sostiene que este uso del argumento es erróneo, incluso aunque los hechos sean ciertos. La NDPF afirma expresamente que la legalización del cannabis no debería hacerse a expensas de los usuarios de otras drogas.

A lo largo de los últimos años, se ha ido generalizando un consenso científico en torno a la noción de que los riesgos sanitarios del cannabis son pequeños en comparación con los del alcohol y el tabaco. Teniendo esto en cuenta, lo sorprendente es que todavía haya que andar discutiendo sobre la legalización del cannabis. Cada vez es mayor el número de gente que piensa que la prohibición del cannabis fue un error. Así pues, ¿por qué es un error insistir en la seguridad del cannabis?

1. La afirmación no es totalmente cierta. Si bien los riesgos son notablemente limitados, el cannabis no es una sustancia completamente inofensiva. De hecho, es más bien al contrario. Deberíamos implantar un sistema para regular el acceso al cannabis porque su uso conlleva riesgos para la salud. Si el cannabis fuera completamente inofensivo, podríamos aplicarle el mismo tipo de normas que al té. El cannabis no debería ser accesible para todo el mundo, si bien las condiciones de acceso a esta droga pueden ser muy laxas. Para regular el acceso a otras sustancias se podrían buscar distintas fórmulas (si las experiencias post-legalización hicieran necesario un cambio en la legislación, siempre será más fácil flexibilizarlas que volver a un planteamiento más estricto.)
No sólo es necesario aprender a controlar el propio uso en el caso de las otras drogas; también es necesario en el caso del cannabis, sin olvidar la reducción de daños. Por ejemplo, habría que instar a los consumidores a que abandonen el pernicioso hábito de inhalar profundamente el humo y de mantenerlo en los pulmones durante largo tiempo antes de exhalarlo. Esta práctica se podría explicar en parte por el elevado precio que ahora soporta este producto natural, y también por lo que aún es un entorno de consumo marginalizado o alternativo.

2. Si el argumento a favor de una mayor laxitud legislativa se basara en la inocuidad del cannabis, estaríamos justificando la prohibición de las sustancias que conllevan mayores riesgos para la salud. Sin embargo, la experiencia acumulada a lo largo del siglo XX nos muestra que la guerra contra las drogas no reduce los riesgos para la salud, sino que los incrementa. Por ejemplo, el recurso a vías de administración menos seguras, la adulteración de las sustancias y los patrones de uso innecesariamente peligrosos afectan claramente tanto a la la toxicidad como a la posibilidad de dependencia.
Son precisamente estos riesgos sanitarios los que ponen en evidencia la irresponsabilidad de los gobiernos al prohibir las drogas y de esta forma regalar este lucrativo tráfico a delincuentes.
La NDPF opina que los riesgos para la salud no son en absoluto un argumento a favor de la prohibición de las drogas. A la hora de disminuir y controlar estos riesgos serían más eficaces otro tipo de medidas, medidas que se concentrarían en el estímulo de las normas informales y del control personal del uso de drogas.

3. Las diferencias entre los distintos tipos de drogas no son absolutas, sino graduales. Los argumentos en favor de la legalización del cannabis se aplican con aún más motivo a las demás drogas ilegales: su prohibición sólo contribuye a aumentar los riesgos sanitarios y pone su comercio en manos de delincuentes.
Todo riesgo derivado del uso de una droga ilegal supone un refuerzo para la defensa de la regulación legal de su producción y venta. En otras palabras, lo importante a la hora de decidir si algo se prohibe o se legaliza no es saber hasta qué punto es peligrosa una sustancia. Con esto no queremos decir que los riesgos sanitarios no sean relevantes, sino que habría que abordarlos en otro momento de la discusión, en concreto cuando estas regulaciones se establezcan con más detalle.
Esta línea de razonamiento a favor de la legalización de todas las drogas ahora ilegales es general y coherente, y no implica que la NDPF vaya a abandonar la distinción entre drogas duras y blandas. Sin embargo, esta es una distinción gradual, no absoluta. La política de drogas holandesa, actualmente orientada a separar mercados en medio de un sistema tolerante pero aún prohibicionista, tiene muchas e importantes ventajas. En un sistema regulado no son necesarias estas divisiones estrictas. La disponibilidad de las sustancias de diversa potencia se puede regular de forma muy parecida a como la que se utiliza ahora con las bebidas alcohólicas.
Y si se demostrara en un futuro que el cannabis produce daños más graves que los que conocemos ahora ¿sería este un motivo para su prohibición? No. Sólo reforzaría el pensamiento favorable a un sistema de regulación legal.

4. La dinámica de los cambios políticos exige que se llegue a acuerdos, especialmente en el caso de asuntos tan polémicos. La insistencia de algunos países en presentar al cannabis como una sustancia extremadamente peligrosa, especialmente los EEUU, en total contradicción con lo que la ciencia y la experiencia práctica indican, podría verse como un anticipo de lo que nos espera con el debate de otras drogas. Incluso los prohibicionistas más recalcitrantes se han dado cuenta de que la legalización del cannabis no tiene vuelta de hoja, pero están cobrándose un precio: la intensificación de la persecución de las demás drogas.

Conclusión
Ya va siendo hora de legalizar el cannabis, pero no a expensas de los usuarios de otras drogas ilegales. ¿Qué hemos aprendido con la experiencia de la política de drogas blandas holandesa? Tras la despenalización virtualmente absoluta del uso y del tráfico a pequeña escala del cannabis, el consumo se ha ido normalizando enormemente, y la naturaleza y la gravedad del uso problemático no han sido mayores que en los países de nuestro entorno. En otras palabras, hemos refutado las tesis en las que se basan los prohibicionistas, por lo que no hay motivo para intensificar la guerra contra las otras drogas. Es necesaria una reflexión. Todas las drogas conllevan riesgos para la salud, unas más que otras, y es necesario un sistema que reduzca estos riesgos al mínimo y los haga controlables. Las conferencias internacionales sobre el cannabis que se han venido anunciando no deberían ser una cortina de humo que impida el debate sobre la cuestión de fondo: ¿Cómo va a lidiar la sociedad con las drogas en el siglo XXI?

Fredrick Polak, M.D., Psiquiatra
Fundación Holandesa para una Política de Drogas
(Netherlands Drug Policy Foundation)

Artículo original en:
http://www.mildgreens.com/reports/CNBvsotherdrugs.htm