El secreto de la prohibición mundial de drogas

La variedad y los usos de la Prohibición de drogas.


Fuente: The Independent Review, Estados Unidos, 1º de diciembre de 2002.

Autor: Harry G. Levine, profesor de sociología en el Queens College, Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Título original: The Secret of Worldwide Drug Prohibition

http://www.cedro-uva.org/lib/levine.secret.html

Traductor: Guillermo Calderón Devandas
 

¿Qué porcentaje de los países del mundo prohiben drogas? ¿El 100, 75, 50 o 25 por ciento? Hace poco pregunté a muchos conocidos por el porcentaje que supondrían responde a esa pregunta. La mayor parte de los estadounidenses, especialmente los lectores ávidos y los políticamente conscientes, suponen que es un 25 o 50 por ciento. Los más suspicaces aventuran un 75 por ciento. La respuesta correcta es el 100 por ciento, pero casi nadie da con ella. La mayor parte de los lectores de este párrafo nunca habrán escuchado que todos los países del mundo aplican la prohibición de drogas. Aunque parezca sorprendente, casi nadie conoce la existencia de una prohibición de drogas con vigencia planetaria.

Durante la última década del siglo XX, los hombres y mujeres de diversos países adquirieron conciencia sobre su la prohibición. Llegaron a comprender que las políticas sobre drogas de los Estados Unidos y algunos otros países se deben denominar apropiadamente Prohibición de drogas. Pero mientras esta comprensión se extiende, el hecho de que la Prohibición abarca el mundo entero se ha mantenido como un secreto "oculto a simple vista". Ahora, en el siglo XXI, esa situación, también, está cambiando. Al volverse más visible una "Prohibición Global de Drogas", ésta pierde parte de sus poderes ideológicos y políticos.

En este artículo, describiré brevemente la variedad y los usos de la prohibición de drogas y la creciente crisis del régimen planetario de la Prohibición de drogas.
 

La Prohibición es un continuum desde la altamente criminalizada hasta la descriminalizada

Cada uno de los países del mundo tiene una prohibición de drogas. Todos y cada uno de los países criminalizan la producción y venta del cannabis, la cocaína y los opiáceos (excepto para usos médicos limitados). Además, la mayoría de los países criminalizan la producción y venta de más sustancias psicoactivas.

La mayoría de los países criminaliza también la simple posesión de pequeñas cantidades de las sustancias prohibidas (Bewley-Taylor 1999; Nadelmann 1990; y muchas publicaciones de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (traducción oficial del inglés: Oficina Internacional de Control de Narcóticos) en http://www.incb.org).

En la obra El Crack en América (EEUU): Drogas Demoníacas y Justicia Social (1997), Craig Reinarman y un servidor sugerimos que la variedad en las formas de prohibición puede concebirse como un largo continuum. En este artículo, sugiero denominar al extremo más punitivo y criminalizado de la Prohibición "prohibición de drogas criminalizada" y al extremo opuesto "prohibición de drogas descriminalizada".

El mejor ejemplo del extremo criminalizado es la política de drogas de los Estados Unidos. Esta forma de Prohibición usa leyes penales, a la policía y el encarcelamiento para castigar a la gente por usar ciertas sustancias específicas, aunque sea en cantidades minúsculas. En la mayoría de los lugares de los Estados Unidos, las leyes sobre drogas llegan a prohibir incluso el uso médico supervisado del cannabis por pacientes con cánceres y SIDA terminales. La Prohibición de Drogas en EEUU condena a largas penas de prisión por la posesión, el uso o la distribución en pequeña escala de drogas proscritas.

La mayoría de las leyes sobre drogas de los EEUU explícitamente retiran a los jueces la discrecionalidad para sentenciar y no permiten la libertad bajo palabra ni condicional. Los Estados Unidos cuentan hoy en día con más de de medio millón de personas en prisión por violar sus leyes sobre drogas. La mayoría de estos reos son pobres y de minorías raciales. La mayoría han sido encarcelados por la simple posesión de una droga ilícita o por "tener la intención" de vender pequeñas cantidades de ésta. La pena federal obligatoria por poseer 5 gramos de crack, en una primera ocasión, es cinco años de prisión sin derecho a libertad condicional. La prohibición criminalizada es la forma de prohibición de drogas más cruda y punitiva (Reinarman y Levine, 1997).

La política de los Países Bajos sobre el cannabis es el ejemplo más conocido del extremo opuesto del espectro de la Prohibición -una forma descriminalizada y regulada de prohibición de drogas. Varios tratados de las Naciones Unidas (ONU) -especialmente la Convención Única sobre Narcóticos de 1961- requieren que el gobierno de Holanda emita leyes específicas de prohibición de la producción y venta de determinadas drogas. Por lo tanto, la ley holandesa prohibe explícitamente el cultivo o la venta del cannabis. Este régimen sigue siendo formalmente prohibicionista y, de hecho, los Países Bajos procesan a grandes cultivadores, comerciantes e importadores (o "contrabandistas") tal y como le exigen los tratados de la ONU. Pero en Holanda, sin embargo, la legislación y la política nacional limitan el procesamiento penal de determinados cafés, barras de golosinas, y tabernas (llamados "coffee-shops") a los que se otorga licencia para vender pequeñas cantidades de cannabis para uso personal. Se permite a los coffee-shops operar mientras preserven el orden y se mantengan dentro de limitaciones bien definidas que la policía monitorea e impone. A los coffee-shops no se les permite hacer ningún tipo de publicidad del cannabis, y sólo pueden vender cantidades muy pequeñas a adultos. Al igual que otras actividades formalmente ilegales, la venta de cannabis no paga impuestos. Sin un cambio en la Convención Única y otros tratados internacionales, esto es probablemente lo más lejos que un país puede llegar dentro de las estructuras actuales de prohibición global de drogas (Reinarman y Levine, 1997).

Las políticas prohibicionistas del resto de los países de Occidente caen en algún punto entre las altamente criminalizadas con respecto al crack de los EEUU y la prohibición descriminalizada y regulada del cannabis en Holanda. Ningún país de Occidente -y pocos en el Tercer Mundo- han llegado a formas de prohibición de drogas tan penalizadoras y punitivas como las del régimen imperante en EEUU, y a partir de la década de 1990 las políticas sobre drogas en Europa, Canadá, Australia y otros lugares se han desplazado claramente, alejándose aún más del extremo penalizador en el continuum de la Prohibición. Todos estos países sin embargo, están obligados por tratados internacionales a tener -como de hecho todavía tienen- una prohibición nacional de drogas real, formal y legal (Andreas 1999; Bewley-Taylor 1999; Reinarman y Levine 1997).
 

La Prohibición de drogas ha sido adoptada por todo el mundo

La prohibición de drogas es un sistema global de poder del Estado. La Prohibición planetaria de drogas es una "cosa", un "hecho social" (para usar el término del sociólogo Emile Durkheim). La prohibición de drogas existe, reconozcámosla o no como tal, y tiene consecuencias reales.

Durante  décadas, los funcionarios públicos, periodistas y académicos raramente describían cualquier ley sobre drogas de los EEUU como una "prohibición". En vez de ello, se referían a la "política sobre narcóticos" nacional e internacional. La organización internacional que continúa supervisando la prohibición global de drogas se llama Oficina Internacional de Control de Narcóticos (INCB, por sus siglas en inglés).

La prohibición nacional de drogas empezó en los años veinte del siglo XX en los Estados Unidos como un subconjunto de la prohibición nacional del alcohol. Los primeros agentes de imposición (enforcement) de la prohibición de drogas fueron agentes de la prohibición del alcohol asignados para ocuparse de los "narcóticos". Los prohibicionistas estadounidenses siempre se esforzaron por convencer a las otras naciones para adoptar leyes de prohibición del alcohol. Durante los años Veinte, algunos prohibicionistas prácticos (espcialmente un oscuro comisionado de la prohibición llamado Harry A. Anslinger) se dieron cuenta de que el éxito de la prohibición del alcohol en Estados Unidos dependía del apoyo de otras naciones a la iniciativa. Sin embargo, la campaña para extender la prohibición estadounidense del alcohol a otros países culminó en un completo fracaso.

Después de 1929 el empobrecimiento, dislocación y desesperanza causados por la Gran Depresión debilitaron aún más el apoyo a la prohibición del alcohol. En 1933, varios referenda estatales sin precedentes revocaron la Decimoctava Enmienda, terminando así con la prohibición nacional del alcohol. La cuestión de la política sobre alcohol fue devuelta a los gobiernos estatales y locales para que obraran de acuerdo con su criterio. Unos cuantos estados retuvieron su prohibición del alcohol durante años, y numerosos condados de los Estados Unidos todavía cuentan hoy en día con ciertas formas de prohibición del alcohol (Blocker 1989; Kyvig 1979; Levine 1984, 1985; Levine and Reinarman 1993; Musto 1987).

La prohibición de drogas siguió entonces un curso completamente distinto. Desde principios del siglo XX, los Estados Unidos se dieron cuenta de que los gobiernos europeos aceptarían con mucha más aquiescencia una legislación antinarcóticos que unas leyes antialcohol. La alianza fundacional de la Liga de las Naciones menciona explícitamente el control de "drogas peligrosas" como una de las preocupaciones de la organización. En 1930 el Congreso separó la prohibición de drogas de la cada vez más desprestigiada prohibición del alcohol y creó una nueva agencia federal para la prohibición de drogas, la Oficina Federal de Narcóticos (FBN, por sus siglas en inglés), encabezada por el voluntarioso prohibicionista del alcohol Harry A. Anslinger. Durante los años Treinta, los Estados Unidos ayudaron a redactar y obtuvieron apoyo para dos convenciones o tratados internacionales antidroga, dirigidos a la "supresión" de los narcóticos y "drogas peligrosas". En 1948, la recién creada ONU hizo de la prohibición de drogas una de sus prioridades, y la Convención Única de la ONU de 1961, ampliada por una serie subsiguiente de tratados antidroga, estableció el actual sistema de prohibición global de drogas (Bewley-Taylor 1999; Epstein 1977; King 1978; McAllister 1999; Musto 1987).

Durante los últimos ochenta años, casi cualquier [organización de] persuasión política o tipo de gobierno ha apoyado la prohibición de las drogas. Las democracias capitalistas la incorporaron, e igual hicieron los gobiernos autoritarios. Los nazis alemanes y los fascistas italianos abrazaron la prohibición de drogas; justo como lo hicieron los políticos estadounidenses. Varios regímenes soviéticos impusieron la prohibición de drogas, como lo han hecho sus sucesores. En China,  mandarines, militaristas, capitalistas y comunistas por igual impusieron regímenes de prohibición de drogas. Generales populistas en América Latina e intelectuales anticolonialistas en África abrazaron la prohibición de drogas. Durante el transcurso del siglo XX, la prohibición de drogas recibió el apoyo de primeros ministros liberales, monarcas moderados, hombres fuertes del ejército y maoístas. Recibió el apoyo de prominentes arzobispos y de curas radicales; de héroes nacionalistas y títeres imperiales; de líderes sindicales y patronos explotadores; de socialistas, trabajadores sociales, científicos sociales y líderes sociales -de todos los tipos de políticos que practican todos los tipos de política en todos los sistemas políticos (véanse las publicaciones de la INCB y el Programa de las Naciones Unidas para el Control de Drogas (UNDCP, siglas inglesas), especialmente los "Boletines sobre Narcóticos" de 1949 a la fecha, en http://www.undcp.org/odccp/bulletin_on_narcotics.html).

Durante los últimos ochenta años, cada nación del planeta terminó por adoptar prohibición de drogas. Las prohibiciones nacionales de drogas fueron una de las más ampliamente aceptadas, reputadas y legitimadas políticas gubernamentales de todo el siglo XX. ¿Por qué?

La Prohibición de Drogas resulta útil a todos los tipos de Gobierno

No hay duda de que los gobiernos del mundo han aceptado la prohibición de drogas debido a la enorme presión del gobierno de los Estados Unidos y unos cuantos aliados poderosos, pero el poder de los EEUU sólo no puede explicar la aceptación global de la prohibición. Los gobiernos de todos los tipos, por todo el mundo, han hallado la prohibición de drogas útil para sus propósitos, por varias razones.
 

Los poderes policiales y militares de la Prohibición de Drogas

La prohibición de drogas ha otorgado poderes policiales y militares suplementarios a todos los tipos de gobierno. Las unidades policiales y militares antinarcóticos pueden efectuar operaciones encubiertas para investigar casi cualquier cosa -después de todo, casi cualquier persona podría estar metida en el negocio de la droga. La mayoría de la policía encubierta de los EEUU se sitúa en batallones antidroga, en comparación con cualquier otra rama del trabajo policial. Las unidades antidroga en las policías de las ciudades, condados y estados, son comparativamente grandes y frecuentemente reciben subsidios federales. Estas unidades policiales mantienen contacto regular con informantes, pueden efectuar grabaciones y fotografías secretas, disponen de dinero en efectivo para comprar drogas e información. En los Estados Unidos, a las unidades antidroga de las policías se les permite en ocasiones quedarse dinero, automóviles, casas y otras propiedades que confisquen. Los altos políticos y oficiales del gobierno en muchos países pueden haber creído sinceramente en la causa de la prohibición de drogas, pero otras causas orientadas hacia la salud pública no les hubieran generado tanto poder policial, aduanero y militar (Baum 1996; Gray 1998; Duke y Gross 1993).

Funcionarios gubernamentales de todo el mundo han empleado escuadrones antidroga para efectuar operaciones de reconocimiento y acciones  militares que de otra manera no habrían podido justificar. En muchas ocasiones, estas fuerzas antidroga han sido desplegadas contra objetivos distintos de los vendedores o usuarios de drogas -como sucedió por ejemplo con el equipo especial antidroga de la Casa Blanca del Presidente Nixon, dirigido por ex-agentes de la CIA, que se volvería famoso después como los "ladrones" de Watergate. Nixon fue destituido por los errores de su escuadrón, pero a lo largo de los años las fuerzas antidroga de los gobiernos del mundo han efectuado incontables operaciones exitosas sin relación con drogas (sobre Nixon y otros usos de las fuerzas antidroga en EEUU, véase Baum 1996; Cockburn y St. Clair 1998; Epstein 1977; Gray 1998; King 1972).
 

La utilidad de los mensajes antidroga y de la demonización de las drogas.

La prohibición de drogas ha resultado también útil para gobiernos y políticos de todo tipo  porque ha requerido al menos algunas cruzadas antidroga y lo que se denomina apropiadamente demonización de drogas. Las cruzadas antidroga articulan una ideología moral que presenta a "las drogas" como sustancias extremadamente peligrosas y destructivas. Bajo la prohibición de drogas, los departamentos de policía, los medios de comunicación, y las autoridades religiosas y de salud tienden a describir los riesgos y problemas del uso de drogas en términos extremadamente exagerados. "La drogas" son enemigos peligrosos. "Las drogas" son malas, viles, amenazadoras, y poderosamente adictivas. Políticos y gobiernos lanzan cruzadas contra "las drogas", les declaran la guerra, y las culpan de numerosas condiciones y sucesos tristes o desagradables. Las cruzadas antidroga y campañas para generar el pánico hacia las drogas popularizan imágenes de "la droga" como males invasores y altamente contagiosos. Se emplean términos como peste, epidemia, tragedia y flagelo para describir a ciertas sustancias psicoactivas, al uso de drogas y a usuarios moderados y lúdicos de éstas (Baum 1996; Epstein 1977; Reinarman y Levine 1997).

Los funcionarios de los gobiernos, la prensa y otras autoridades descubrieron que casi cualquiera en cualquier circunstancia puede culpar a la drogadicción, al abuso o hasta al uso de drogas, de problemas de larga data, problemas recientes, o del empeoramiento de casi cualquier cosa o situación. El robo, el asalto, las violaciones, la vagancia, el fraude, la corrupción, la violencia física, el robo en las tiendas, la delincuencia juvenil, la negligencia, la imprudencia, la promiscuidad sexual, la baja productividad, y la irresponsabilidad en general -casi cualquier cosa, en general- pueden ser y han sido atribuidas a "las drogas". Casi cualquier problema social se dice que empeora -frecuentemente que se deteriora muchísimo- por causa de "las drogas" (Reinarman y Levine 1997).

En una guerra contra "las drogas", como en otras guerras, definir al enemigo necesariamente implica definir y enseñar sobre moralidad, ética y las cosas buenas que debemos defender. Desde la templanza de las campañas antialcohol del siglo XIX, los mensajes antidroga, especialmente los dirigidos a los niños y sus padres, han tenido cantilenas reconocibles. Hoy en día en los EEUU, estos mensajes antidroga enfatizan la responsabilidad individual por la salud y el éxito económico, el respeto por la policía, la resistencia a la presión de los pares, el valor de Dios o de un poder superior para recuperarse del abuso de drogas, el tamizaje por drogas de los héroes del deporte, las bajas calificaciones como evidencia del uso de drogas, la abstinencia como causa de buenas calificaciones escolares, y la necesidad de que los padres den un buen ejemplo a sus hijos. Casi todo el mundo -policía, políticos, escuelas, autoridades médicas, líderes religiosos- puede encontrar algún valor que se pueda defender o predicar mientras se ataca a "las drogas". (Véase el sitio antidroga patrocinado por el gobierno de EEUU en www.theantidrug.com).

En Estados Unidos los periódicos, revistas, y otros medios encontraron hace mucho que apoyar las campañas antidroga es bueno para sus relaciones públicas. Las prensa apoya regularmente las campañas antidroga del gobierno y cubre favorablemente los esfuerzos antidroga como un "servicio público". Por hacer esto, reciben alabanzas de los funcionarios del gobierno y de prominentes organizaciones. Sin duda muchos directores y editores creen sinceramente en la "guerra contra las drogas" y en la defensa de la tradición criminalizada y centrada en las cárceles de la política de drogas de EEUU. Pero pocas causas apoyadas por la gente de la prensa pueden transformarse con tanta facilidad en buenas historias para las relaciones públicas y, al mismo tiempo, muy buenas para atraer clientes y negocios.

Por lo menos desde los años Veinte, los editores de medios informativos han reconocido un hecho económico de sus empresas: que una alarmante historia antidroga en primera plana probablemente aumentará las ventas de periódicos y revistas, especialmente cuando trate de una potencial epidemia de drogas que amenaza con destruir a adolescentes de clase media, familias, y vecindarios. Los editores saben que una historia espeluznante sobre una nueva, tentadora y adictiva droga atrae más televidentes y radioescuchas que casi cualquier otra clase de noticia, incluyendo las historias sobre drogas sin elementos espeluznantes. En resumen, sean cuales sean sus valores personales, directores, editores y periodistas dan un espacio prominente a terroríficos artículos antidroga porque saben cuales son las historias que venden (Baum 1996; Epstein 1977; Reinarman y Levine 1997).

Consideremos el caso del crack y la aún activa guerra de EEUU contra las drogas. En los ochenta, la prensa popularizó la imagen del crack como "la droga más adictiva conocida por el hombre". Políticos de ambos partidos emplearon más tarde esa imagen para explicar las condiciones del deterioro de las empobrecidas barriadas y escuelas de Estados Unidos. Primeras planas en el New York Times y otras publicaciones advertían que la adicción al crack se extendía rápidamente a los suburbios de la clase media. En los años electorales de 1986 y 1988, los políticos de ambos partidos votaron entusiasmados aumentos importantes en el financiamiento de la policía, las cárceles y el ejército para salvar a los niños de América del crack.

Incluso siendo el crack tan malo como afirmaban republicanos, demócratas y la prensa, probablemente no era capaz de haber causado entonces todos los acuciantes problemas que se le atribuían, pero la verdad sobre el crack es casi tan sorprendente como los mitos. El crack, "la droga más adictiva conocida por el hombre", resultó siendo una droga que muy contadas personas empleaban continuamente durante mucho tiempo. Muchos estadounidenses probaron el crack, pero no tantos continuaron usándolo intensa y continuadamente por un largo período, principalmente porque la mayoría de la gente no es capaz de tolerar físicamente, ni mucho menos disfrutar, de encuentros frecuentes con las brutalmente breves y las extremas subidas y bajadas del crack. El crack no se ha popularizado en ninguna otra parte del mundo. El uso intensivo y a largo plazo de crack atrae únicamente a un reducido número de personas con graves problemas, la mayoría de los cuales se encuentra además en la pobreza. Como el abuso frecuente de la droga es decididamente tan poco atractivo, era extremadamente improbable que una epidemia o peste de adicción al crack se hubiera extendido por los EEUU hasta alcanzar los suburbios y a la clase media.

Sin embargo, las contradicciones entre los mitos de la guerra contra las drogas sobre el crack y la realidad del muy limitado atractivo de la droga no han minado la credibilidad ni la utilidad de los mensajes antidroga, las historias en la prensa, o los discursos de los políticos. A este respecto, la propaganda de la guerra contra las drogas es como la propaganda de otras guerras: las afirmaciones con frecuencia siguen siendo útiles aún cuando sean patentemente falsas o sin sentido lógico. (Reinarman y Levine 1997). En los años Noventa, cuando el crack finalmente dejó de ser un enemigo útil, los políticos estadounidenses, la prensa y la policía no reconocieron sus exageraciones y falsedades sobre el crack. Simplemente proclamaron la victoria, dejaron de hablar sobre el crack, y se enfocaron en otras drogas terroríficas, más recientemente la MDMA ("éxtasis") y los estupefacientes que se venden con receta.
 

Apoyo político e ideológico adicional para la prohibición de drogas

En muchos países, el apoyo popular y político hacia la prohibición de drogas se ha nutrido también de la extendida fe en la capacidad del Estado de penetrar y regular policialmente muchos aspectos de la vida cotidiana en aras del "bien común". Esta visión romántica o utópica del estado coercitivo se volvió especialmente fuerte y penetrante durante el siglo XX. A diferencia de, por ejemplo, los disidentes que insistieron en la Carta de Derechos de EEUU (Bill of Rights) en el siglo XVIII, y a diferencia de los miembros de muchos movimientos políticos del siglo diecinueve, en el siglo XX liberales, conservadores, fascistas, comunistas, socialistas, populistas, izquierdistas y derechistas compartieron esta visión del estado nacional benevolente -en tanto ellos lo tuvieran bajo su control.

Prohibir drogas era una de las pocas cosas en la que todos se podían poner de acuerdo. La prohibición de drogas ha sido parte de lo que considero apropiado llamar el "romance con el Estado" del siglo XX.

Como políticos de muchos países, de un extremo a otro del espectro político, han compartido esta visión positiva del Estado poderoso y coercitivo, todos pudieron acordar la prohibición de drogas como una prudente política gubernamental sin sesgo partidario. En Estados Unidos durante los años 80s y 90s, los demócratas temían y detestaban a los presidentes Reagan y Bush, y los republicanos temían y detestaban al presidente Clinton, pero los partidos se unieron para emprender la guerra contra las drogas. Incluso compitieron a la hora de decretar leyes antidroga más punitivas, construir más cárceles, contratar más policías antidroga, expandir las facilidades militares antidroga, y dar fondos a muchos más mensajes antidroga patrocinados por el gobierno y cruzadas por una América "libre de drogas". Partidos políticos opuestos, en todo el mundo, han peleado por muchas cosas; pero hasta fechas recientes se han aliado para apoyar los esfuerzos para combatir a "las drogas". (Baum 1996; King 1972; Reinarman y Levine 1997).

Finalmente, la prohibición de drogas ha disfrutado de amplio apoyo y legitimidad porque los Estados Unidos han empleado a la ONU como agencia internacional para crear, extender y supervisar su prohibición planetaria. Exceptuando al gobierno de Estados Unidos, ninguna otra organización en el mundo ha hecho más por defender y extender la prohibición de drogas que las Naciones Unidas. Actualmente la ONU identifica "un mundo sin drogas" como la meta de sus esfuerzos prohibicionistas. (http://www.odccp.org/adhoc/gass/ga9411.htm).
 

La extensión de la prohibición de drogas durante el siglo XX

Durante el siglo XX, la prohibición de drogas se extendió desde los Estados Unidos hasta cada país del mundo por varias razones. Primero, la prohibición se extendió con tanto éxito debido al enorme poder económico, político y militar de los Estados Unidos. Segundo, muchos tipos de gobierno distintos apoyaron la prohibición porque hallaron que los recursos policiales y militares que se movilizaban en nombre de la prohibición de drogas podían emplearse para muchas actividades no vinculadas con drogas. Tercero, la prohibición de drogas obtuvo también un apoyo popular sustancial en muchos países gracias a las cruzadas de satanización de las drogas y a la ideología antidroga, que resultaron útiles retórica, política e incluso económicamente para muchos políticos, la prensa, las escuelas, la policía, el ejército, las instituciones religiosas, y algunos elementos en la profesión médica. Cuarto, la extensión de la prohibición de drogas recibió apoyo de las ideologías románticas o utópicas del siglo XX sobre el poder estatal coercitivo, haciendo de la lucha contra "las drogas" el único asunto en torno al cual los políticos de todos los colores podían coincidir. Finalmente, la prohibición de drogas obtuvo gran legitimidad en el mundo porque fue vista como un proyecto de las Naciones Unidas.

Todas las formas de prohibición de drogas, desde las más severas hasta las más benignas, han implicado al menos algo de demonización explícita de las drogas. En general, la satanización de drogas y la prohibición de drogas se refuerzan mutuamente. Pero es importante reconocer que la demonización de drogas existía previa a la prohibición mundial de drogas, y que la demonización de drogas continuará con seguridad por mucho tiempo después de que la prohibición mundial haya sido superada.
 

El lugar de la Reducción de riesgos dentro de la prohibición de drogas

Desde principios de los años ochenta, trabajadores y activistas de la Reducción de riesgos en Europa y progresivamente en otras partes del mundo, han buscado proveer a los usuarios de drogas y a los adictos con un rango de servicios orientados a reducir los efectos dañinos del uso de drogas. En los Estados Unidos, los analistas conservadores y los periodistas liberales han acusado a los defensores de la reducción de riesgos de ser "legalizadores de drogas" disfrazados; pero en muchos otros países destacados políticos, profesionales en salud pública, y oficiales de policía, sin dejar de ser fuertes defensores de la prohibición, han apoyado también los programas para la reducción de riesgos como políticas prácticas de promoción de la salud pública (Heather y cols. 1993). Incluso las agencias de la ONU que supervisan la prohibición mundial de drogas han llegado a reconocer los beneficios para la salud pública de los servicios de reducción de riesgos, dentro de los regímenes de prohibición de drogas vigentes (INCB 2000, 59D 60).

Una mejor comprensión de la variedad y los objetivos de la prohibición mundial de drogas, nos ayuda a ver mejor el lugar que ocupa el "movimiento para la reducción de riesgos" dentro de la historia de la Prohibición. Sugiero que la reducción de riesgos es un movimiento dentro de la prohibición de drogas que desplaza las políticas sobre drogas del extremo criminalizado y punitivo al extremo más descriminalizado y abiertamente regulado en el continuum de la política antidroga. Reducción de riesgos es el nombre del movimiento dentro de la Prohibición que, en la práctica (aunque no siempre en teoría), aleja las políticas sobre drogas del castigo, la coerción y la represión hacia la tolerancia, la regulación y la salud pública. La Reducción de riesgos no es una enemiga inherente de la Prohibición. Sin embargo, en el proceso de alcanzar sus metas en salud pública, la reducción de riesgos busca necesariamente reducir el carácter criminalizado y punitivo de la prohibición de drogas al estilo de los EEUU (Heather y cols. 1993; Reinarman y Levine 1997).

Consideremos los muchos programas que se identifican como parte de los programas de reducción de riesgos: intercambio y distribución de agujas y jeringas, mantenimiento con metadona, salas de venopunción, clínicas de suministro controlado de heroína, uso médico de la marihuana en pacientes con cáncer y SIDA, educación veraz sobre las drogas dirigida a sus usuarios, servicios de análisis de drogas en las fiestas rave y cosas por el estilo. Los programas de reducción de riesgos han luchado de todas estas maneras a favor de la salud pública y para ayudar a los usuarios a reducir los daños que produce el uso de drogas. Para alcanzar sus metas oficiales, estos programas han requerido que leyes, políticas y financiamientos moderen la rudeza de la prohibición. Las reformas buscan reducir el carácter punitivo de la prohibición, sin necesariamente cuestionar la prohibición misma.

La postura de los defensores de la reducción de riesgos, con respecto a la prohibición de drogas, es exactamente la misma que adoptan con respecto al uso de drogas. La reducción de riesgos busca reducir los efectos dañinos de las drogas, sin exigir de los usuarios la abstinencia total de consumirlas. De la misma manera, busca reducir los efectos destructivos de la prohibición de drogas sin exigir a los gobiernos que abandonen la prohibición en sí.

Las organizaciones de  reducción de daños dicen a los usuarios: "No les pedimos que abandonen el uso de las drogas: únicamente les pedimos que hagan algunas cosas (como usar jeringas limpias) para reducir la peligrosidad del uso de la droga (que incluye la diseminación del SIDA) para ustedes y la gente que vive cerca de ustedes". De idéntica forma estas organizaciones dicen a los gobiernos: "No les pedimos que abandonen el uso de sus prohibiciones de drogas; únicamente les solicitamos que hagan algunas cosas (como permitir la disponibilidad de jeringas limpias o de metadona) para reducir la peligrosidad del uso de las prohibiciones de drogas".

La reducción de riesgos ofrece una aproximación radicalmente tolerante y pragmática tanto hacia el uso de drogas como hacia el uso de prohibiciones de drogas. Se asume que ninguno de los dos usos desaparecerá a corto plazo y se sugiere por tanto que gente razonable y responsable intente persuadir, tanto a quienes usan drogas como a quienes usan la prohibición de drogas, para que minimicen el daño que conllevan sus actividades.
 

Los críticos de la Prohibición Global de Drogas

La prohibición de drogas por el Gobierno Federal en los Estados Unidos comenzó en la década de 1920 como un subconjunto de la prohibición federal del alcohol. La prohibición del alcohol se sostuvo como una política nacional únicamente por 14 años. La prohibición de [otras] drogas, sin embargo, rápidamente ganó mucha mayor aceptación que la que jamás tuviera la del alcohol, y cumple ya más de 80 años, volviéndose con el tiempo más extensa, punitiva y poderosa.

En muchos países, un número creciente de personas con conocimiento de causa -médicos, abogados, jueces, periodistas, científicos, directores de salud pública, maestros, líderes religiosos, trabajadores sociales, usuarios de drogas y adictos a drogas- critican hoy abiertamente las formas más extremas, punitivas y criminalizadas de prohibición de sustancias. La reducción de riesgos es un componente principal de esa tradición crítica. De hecho, se trata del primer movimiento popular e internacional que desafía la demonización de las drogas y las formas más criminalizadoras de su prohibición (Reinarman y Levine 1997).

Como han reconocido incluso los defensores de la prohibición punitiva, los reformistas de las políticas sobre drogas han cambiado el debate. Los días 20 y 21 de agosto del 2001, el principal periódico del Canadá, el Toronto Globe, urgía al país a "Despenalizar todo -así es, todo- uso personal de drogas, para que este sea de ahora en adelante abordado como un asunto de salud, y no como un delito". Un poco antes, el 26 de julio, The Economist, la respetada y conservadora revista británica de negocios, dedicó una edición especial a la discusión informada sobre reformas a la política sobre drogas. Hizo un llamado en favor de la descriminalización, la mayor expansión de las políticas de reducción de riesgos como el mantenimiento con metadona y heroína, y la consideración de la distribución libre de cannabis. También denunció que las publicaciones antidroga del gobierno de los Estados Unidos "están llenas de afirmaciones evidentemente falsas" y que las políticas de drogas de los EEUU "han demostrado ser una desastrosa repetición del intento de los americanos, entre 1920 y 1933, de prohibir la venta de alcohol". Desde entonces, con el apoyo de laboristas y conservadores, el gobierno británico ha iniciado la reforma de sus políticas sobre drogas. Canadá, a su vez, también se aleja valientemente de las políticas punitivas al estilo de los EEUU. No hay que olvidar, sin embargo, que toda esta actividad es relativamente reciente.

Durante la mayor parte de su historia, la prohibición mundial de drogas ha contado con muy pocos críticos. Aún hoy, a pesar del impresionante crecimiento del movimiento para la reducción de riesgos y de las actividades para reformar las políticas antidroga en muchos países, el régimen de prohibición planetaria sigue contando con muy pocos críticos explícitos.

Una razón de esta falta de oposición organizada a la prohibición mundial de drogas, es que muy pocas personas saben tan siquiera que ésta existe. En efecto, la prohibición global ha operado por muchos años en calidad de secreto oficial. Su existencia se comunicaba a quien "necesitara saberlo", y la mayoría de la población, al parecer, no necesita saberlo. De aquí que, por la mayor parte de su historia, la prohibición de drogas rara vez ha sido llamada por su nombre. Esta abstención del uso de la frase “Prohibición de Drogas” (o de "Sustancias") ha ocurrido a pesar de (o tal vez debido a) que la prohibición del alcohol siempre fue llamada prohibición, especialmente por quienes la defendieron. En algunos casos esta prohibición del uso del término "prohibición" ha sido impuesta en importantes publicaciones y agencias del gobierno, que solicitan a sus colaboradores y garantizan a sus lectores que no emplearán ese término.

Como casi nadie sabe que existe una prohibición mundial de drogas, casi nadie se opone a ella. Y aún menos gente comprende actualmente que con la revocación o incluso la modificación de la Convención Única de 1961, la cuestión de la política nacional de drogas podrá regresar al ámbito de competencias de los gobiernos de cada país y, finalmente, al de los gobiernos locales, que podrán modificarla como lo crean conveniente. Los defensores de la Prohibición Mundial de Drogas gustan de evocar una conspiración internacional de "legalizadores de las drogas", pero nadie hasta el momento ha tratado de lanzar ni siquiera una tímida campaña internacional con consignas como "Revoquemos la Convención Única" o "Terminemos con la Prohibición Global de Drogas".

Y sin embargo, bien pudiera ser que la Convención Única guarde con la Prohibición Mundial una relación muy similar a la que tenían la Decimoctava Enmienda a la Constitución [de Estados Unidos] y la Ley Volstead [llamada "Seca" por el pueblo] con la prohibición del alcohol en EEUU. Una vez que desapareció la Decimoctava Enmienda, los gobiernos estatales y locales se vieron libres para determinar su política local al respecto. Una vez que se haya revocado o modificado la Convención Única, los gobiernos nacionales de todo el mundo se verán libres (o más libres) para legislar y aplicar leyes y políticas diseñadas para sus condiciones particulares, incluyendo prohibiciones si así lo desearan.

En años recientes, los críticos de las políticas antidroga de diversos países han venido descubriendo, para su asombro, lo que he venido contando hasta aquí: que ninguna nación del mundo tiene actualmente un poder efectivo para retirarse de la prohibición mundial de drogas. Debido a tratados internacionales y a las sanciones políticas y económicas que adhieren a los países a esos tratados, muchos países (y muchos más gobiernos locales o regionales) están reformando sus leyes de prohibición de drogas de manera independiente y haciéndolas menos punitivas. En el momento actual, sin embargo, ningún país del mundo puede terminar formalmente con su régimen nacional de prohibición sin encarar masivas consecuencias políticas y económicas.

En años recientes, los guerreros antidroga del mundo también han descubierto, para su preocupación, que ellos también encaran sus propios obstinados hechos sociales durkheimianos. Lo que más les alarma, es que descubrieron que no serán capaces de forzar a los cientos de millones de usuarios de cannabis que hay en el mundo a abandonar esta droga. Y también han hallado que no pueden hacer callar a los críticos de la prohibición criminalizada de drogas. En los informes de la INCB y en otras publicaciones, las más reconocidos defensores de la prohibición advierten año tras año de que el cultivo y el consumo de la marihuana aumentan en todos los continentes y que se otorga cada vez más legitimidad a los críticos de la prohibición. Estos defensores de la prohibición global reconocen que los proponentes de una prohibición de drogas descriminalizada -y las fuerzas políticas, económicas y culturales detrás de éstos- cobran fuerza con el paso del tiempo (véase, por ejemplo, INCB 2000).
 

El futuro de la Prohibición Global de Drogas

La prohibición global de drogas se halla en crisis. El hecho de que después de tanto tiempo se empiece a volver visible es un síntoma de esa crisis. A largo plazo las formas más criminalizadas y punitivas de la prohibición de drogas están casi con certeza condenadas a desaparecer. A corto plazo, los crecientes movimientos por la reforma de las leyes y políticas sobre drogas hacen probable que la prohibición criminalizada de drogas sea confrontada por nuevos oponentes. (Esta predicción se vuelve ya una realidad en Suiza, Australia, Alemania, Portugal, Canadá, los Países Bajos, España, el Reino Unido, los Estados Unidos y otros países).

En el siglo XX, por razones ideológicas y prácticas específicas, las naciones del mundo construyeron un sistema global de prohibición de drogas. En el siglo XXI, debido a la extensión de la democracia, el comercio y la información y por otras razones prácticas e ideológicas, los pueblos de la tierra probablemente desmantelarán y acabarán con la prohibición planetaria de drogas.

Pero es importante comprender que este proceso de desmantelamiento de la prohibición global no acabará con las prohibiciones de drogas locales. El fin de la prohibición global no va a (no puede) terminar con todas las prohibiciones nacionales. Abogar por el fin de la prohibición planetaria de drogas no es lo mismo que abogar por la legalización planetaria de las drogas prohibidas.

Aún mucho después de la desaparición de la Convención Única de la ONU, las comunidades, regiones y algunas naciones democráticas elegirán seguir conservando algunas formas de prohibición de drogas. Muchos países continuarán también promoviendo vigorosas cruzadas antidroga.

Sin embargo, al irse difundiendo información adecuada sobre los efectos de las drogas y las alternativas a las políticas de drogas, un número creciente de países, especialmente si son democráticos, elegirán probablemente no mantener prohibiciones de drogas radicalmente criminalizadas. La mayoría de países desarrollará con el tiempo una variedad de formas locales de regular el cultivo con fines personales y el uso de las plantas y sustancias que una vez estuvieron prohibidas. Muchos lugares llegarán también a permitir ciertas formas de producción comercial y venta de cannabis, en primer lugar y por encima de todas, porque es por mucho la droga ilegal más extensamente cultivada, vendida y consumida del mundo.

Estos cambios llevarán su  tiempo. Los prohibicionistas y los cruzados antidroga de todos los países combatirán tenazmente por preservar sus regímenes locales, y un poder inmenso se ejercerá para prevenir la revocación o modificación de la Convención Única de 1961 y sus tratados relacionados. Debido a esto, en los años por venir veremos por todo el mundo una discusión y debate público aún mayor sobre la prohibición de drogas, las políticas de drogas criminalizantes, y sobre el movimiento global que desde la prohibición lucha por despenalizar la posesión y el uso de cannabis, cocaína, heroína y otras sustancias.

Como parte de ese proceso de conversación y debate, muchas más personas descubrirán -con frecuencia con un considerable asombro- que han vivido por décadas dentro de un régimen de prohibición planetaria de drogas. Esa creciente comprensión empujará por sí misma a la prohibición global hacia su fin. Todavía en este siglo XXI, podría resultar que la fuerza más poderosa detrás de la prohibición global de drogas fuera el secreto de su existencia.
 

Apéndice: Investigación sobre la Prohibición Global de Drogas

Debido a la práctica invisibilidad de la prohibición global de drogas, el campo de lo que se podrían denominar estudios de la prohibición de drogas no existe en realidad como una entidad organizada o tan siquiera como literatura coherente.

El término prohibición global de drogas fue empleado por primera vez por Ethan Nadelmann en 1990 en su artículo pionero "Global Prohibition Regimes: The Evolution of Norms in International Society" . El mejor estudio sobre el desarrollo de la prohibición global de drogas es The United States and International Drug Control 1907-1997 (publicado en 1999) de David Bewley-Taylor.

Véase también el buen libro reciente de William McAllister Drug Diplomacy in the Twentieth Century: An International History (1999) y el clásico Gentlemen´s Club de Bruun, Pan y Rexed (1975).

Prácticamente todos los países de todos los continentes son signatarios de alguno de los principales tratados antidroga de la ONU, y la mayoría lo son de dos o más. Una pequeña cantidad de países no habían firmado para el 2000, pero todos tenían políticas de acuerdo con (o más criminalizadas que) las que los tratados requieren; la mayoría eran además signatarios de tratados antidroga locales.

Peter Andreas del Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard ha resumido bien  por qué ningún país hasta el momento ha sido capaz políticamente de retirarse de la prohibición global de drogas:

El abierto abandono del régimen de prohibición de drogas tendría... severas consecuencias: colocaría al país que abandonara en la categoría de un "narcoestado" paria, generaría repercusiones materiales en la forma de sanciones económicas y recortes de ayuda, y dañaría la reputación moral de ese país ante la comunidad internacional.

Aunque sus esfuerzos de control tengan un limitado impacto en el comercio de drogas, los líderes de diversas partes del globo repetidamente proclaman su adhesión a la batalla contra las drogas. Sin importar si son "verdaderos creyentes " o si sólo intentan pacificar a los críticos internacionales, el que los países exportadores de drogas se retiraran abiertamente adoptando una postura oficial en favor de la legalización de las drogas prohibidas sería impensable, no solo porque desataría la ira de los Estados Unidos sino porque su propuesta sería universalmente condenada y violaría abiertamente su compromiso de respetar los acuerdos antidroga de la ONU. (1999, 127-28)

Como resultado de esto, ningún país del mundo, signatario o no del tratado de la ONU, se encuentra fuera del territorio en que rige el régimen de prohibición global. Considérese lo diferente que es esta situación con respecto a la de los años 20 del siglo XX, cuando los Estados Unidos estuvieron virtualmente solos en su intento de defender y expandir su prohibición nacional y constitucional del alcohol. La prohibición del alcohol parece enana comparada con la prohibición de drogas, en radio de acción y poder.

La agencia de la ONU que imaginó la prohibición planetaria de drogas y la Convención Única -la que significa una sola ley de prohibición de drogas para el mundo entero- y que llegó a ponerla en efecto es la INCB. La INCB ha puesto recientemente muchos de sus documentos históricos en la World Wide Web (Red Planetaria). Los reportes anuales de la INCB, el texto de la Convención Única y de otros tratados, comentarios a diversos tratados de la ONU, un índice de leyes sobre narcóticos nacionales, y muchas otras publicaciones en esa línea se pueden encontrar en: http://www.incb.org y en http://www.indcp.org/odccp/ne ws_and_publications.html. Especialmente interesante resulta la publicación periódica de la INCB, Bulletin on Narcotics (Boletín sobre Narcóticos), desde su primer ejemplar en 1949 al de 1999 (http://www.undcp.org /odccp/bulletin_on_narcotics.html ). Cualquier persona con acceso a Internet puede ahora aprender sobre la redacción de la Convención Única y la extensión de la prohibición global de drogas, de la misma gente que la creó y que hasta el día de hoy celebra sus triunfos y advierte sobre sus debilidades.
 

Otros sitios en la Web con información valiosa:

CEDRO (Center for Drug Research at the University of Amsterdam)
Centro para la Investigación de Drogas, de la Universidad de Amsterdam:

La DEA
(Drug Enforcement Administration) Oficina de Imposición sobre Drogas o Administración para el Cumplimiento de las Leyes Antidroga, de los Estados Unidos. 

The Schaffer Library of Drug Policy Research
Un tesoro de material, que incluye documentos históricos y libros completos (en inglés)

The Drug Text country pages
Páginas por país de textos sobre drogas. Incluye alguna información sobre la situación legal y política de varios países

Drug Policy Alliance
Alianza sobre políticas de drogas


Referencias:

Andreas, Peter. 1999. Cuando las políticas chocan: Reforma de mercado, prohibición de mercado, y la narcotización de la economía mexicana. En The Global Economy and State Power (Economía Global y Poder del Estado), editado por Richard Friman y Peter Andreas, 125 - 41. New York: Roman and Littlefield.