Gipuzkoa y sus relaciones con Nabarra y Castilla en 1200


José Luis Orella Unzué - Historiador



Introducción


Un hecho histórico
Ciertamente que la Historia de Gipuzkoa habría sido radicalmente otra, si las tropas del rey castellano Alfonso VIII, en el invierno de 1200, no hubieran cercado durante meses la ciudad de Vitoria. Gipuzkoa a raíz de esta entrada militar, se entregó con sus tierras y castillos al nuevo reino castellano, abandonando la secular relación que tenía con los vascones pamploneses, desde su aparición por primera vez en la historia, a comienzos del siglo XI bajo el reinado de Sancho el Mayor de Pamplona.

Un suceso histórico
A partir de este acontecimiento, se suscitó entre los habitantes guipuzcoanos, lo mismo que entre los historiadores que narraron la historia de esta región, dos formas encontradas de valorar la historia de este hecho puntual. Unos, los que luego se llamaron Oñacinos, interpretaron lo acontecido como la vuelta a la “casa castellana” de la que los guipuzcoanos nunca debieron haber salido. Escenifica perfectamente esta unión a Castilla la “Bordon Dantza” de Tolosa. Otros, por el contrario, los que luego serán gamboínos, afirmaron que la violencia no pudo crear derecho, por lo que los guipuzcoanos no debieron nunca ser separados de sus vinculaciones lingüísticas, sociales y políticas con los vecinos navarros.

La historia de estos ochocientos años
Las tierras várdulas del centro, unidas a las caristias del valle del Deva, junto con las vasconas orientales del valle de Oyarzun, lograron conformar una unidad territorial, con personalidad política, jurídica y social propia, que se denominó Gipuzkoa.
Los guipuzcoanos de estos siglos (aunque siempre divididos en los dos bandos señalados) colaboraron estrechamente, primero con la Corona de Castilla y luego con la Corona de España. Como descubridores, navegantes, transportistas, ferrones, escribanos, políticos o misioneros, los guipuzcoanos sirvieron fielmente a los reyes de Castilla y se beneficiaron personal y colectivamente de estos servicios. Lo pudieron hacer con generosidad, porque también con generosidad fueron tratados por los reyes y las cortes castellanas. Los reyes ofrecieron a Gipuzkoa ser denominada Reino. Pero este pequeño territorio, por razones complejas, no aceptó el ofrecimiento y se constituyó y denominó únicamente Provincia.

La teoría del Pactismo
Los guipuzcoanos que seguían viviendo en la Provincia, lo mismo que los que servían a la Corona de España en todas sus empresas, estaban satisfechos del tratamiento recibido, se denominaban siempre españoles pero de nación cántabra y de lengua vizcaína, porque fuera histórico o no el pacto que se habría firmado en 1200 entre los próceres guipuzcoanos y el rey Alfonso VIII, de hecho, las relaciones entre ambos pueblos fueron como si hubiera existido un primitivo pacto. De este pacto hablan los Fueros de Gipuzkoa, lo mismo que las reales cédulas como la de Fernando VI. Y de hecho, en la práctica política los guipuzcoanos gozaron de un régimen político propio, con sus Juntas generales y particulares que podían promulgar su derecho público y confirmar sus propias ordenanzas y Fueros. Igual-mente se dieron, por el uso y la costumbre, un derecho privado propio que era distinto del emitido para Castilla en las leyes de Toro. Gozaron de un control económico, fiscal, militar y político que llegó a las cotas más altas de soberanía. Cuando las discrepancias se suscitaron entre la Provincia y la Corona, aplicaron el pase o uso foral del derecho castellano “obedézcase y no se cumpla”, que, en la práctica, suponía enviar embajadores a la corte o recibir enviados regios, para entablar estrechas mesas de diálogo y así encontrar un acomodo válido para ambos intereses contrapuestos.

Derechos históricos
Esta práctica foral suprimida en el siglo XIX, no fue totalmente arrasada por los vencedores castellanos de las guerras carlistas, cuando con la fuerza de las armas lo podían haber hecho, sino que pensaron que era mejor seguir entablando un acomodo de los Fueros en la Constitución. Así nacieron la ley Paccionada de Navarra de 1841 y los Conciertos Económicos vascos de 1878. Del mismo modo ha existido un referente a los derechos históricos vascos ya en la Paz de Utrech de 1713, lo mismo que en todas las Constituciones españolas. Desde la Constitución de Cádiz en 1812, hasta la actual Constitución de 1978, se ha añadido la cláusula o adicional que obliga a una acomodación de los Fueros con el interés general de la Monarquía, expresado en el texto constitucional. Sin embargo, ante las muchas peticiones que en estos dos siglos se han realizado por parte de vascos y de navarros, lo mismo que por parte de muchos españoles, aún no ha llegado el momento en el que los gobiernos de España se sienten en una mesa y decidan cuál debe ser ese acomodo entre los Fueros Vascos-Navarros y las Constituciones Españolas.


  1- El reino de Pamplona en la primera mitad del siglo XII



En la primera mitad del siglo XII se da un proyecto castellano de sucesivos desmantelamientos del poder navarro en las fronteras con Castilla.

A) El testamento de Alfonso I el Batallador
Aben Hud o Zafadola, hijo del rey moro que había perdido el reino de Zaragoza juntamente con Tarazona, con Calatayud y con Daroca en manos de Alfonso I el Batallador, queriendo evitar el desmantelamiento definitivo de su poder, buscó el apoyo de Alfonso VII y en 1131 se hizo vasallo de Castilla entregando como señal al castillo Rueda que fue repoblado con cristianos.

Alfonso I el Batallador tras el fracaso de su ejército ante Fraga en 1134 redactó el testamento por el que dejaba todas sus tierras a las órdenes militares. La muerte del Batallador hizo que se desintegraran sus posesiones en tres reinos distintos el de Aragón, el de Pamplona y el de Zaragoza.
El reino de Aragón lo heredó Ramiro II el monje, hermano de Alfonso el Batallador que ese mismo año 1134 se proclamó rey.

B) García Ramirez: La herencia del Batallador
En el reino de Pamplona se reunieron los nobles y eligieron como rey a García Ramirez, ex combatiente de la batalla de Fraga. Estos nobles reunidos englobaron en el reino de Pamplona juntamente a los territorios de Alava, Vizcaya y Tudela. En efecto el reino de Pamplona disponía de dos zonas ensambladas, cada una de ellas con una trayectoria histórica diferente: a) el núcleo primitivo del reino de Pamplona unido en los últimos años al de Aragón; b) la zona de Vizcaya, Alava-Gipuzkoa y Nájera, ésta última extendida hasta el Ega e incluyendo el castillo de Marañón que en los años anteriores habían quedado incluídas en la monarquía de Alfonso VI. Aunque el proyecto era incluir en el dominio de García Ramirez el reino de Nájera, éste no se incorporó en el de Pamplona por la rápida intervención de Alfonso VII desde su dominio en Rueda.

Ese año de 1134 García Ramirez estableció una paz con Alfonso VII, haciéndose su vasallo por Pamplona y toda la tierra que tenía en la Rioja. El mismo rey castellano igualmente firmó otra paz con Ramiro II que le dió Zaragoza en la que Alfonso VII fue recibido jubilosamente. El emperador dió el reino de Zaragoza en “honor” a Ramón Berenguer IV conde de Barcelona. Ante tanto vasallaje de los reinos y soberanías peninsulares de Pamplona, de Barcelona, junto con Zafadola, lo mismo que de los nobles de Gascuña y de Montpellier, Alfonso VII amparado en la teoría política que concede el imperio al que domina en tres o más reinos y soberanías se proclamó emperador al año siguiente, coronándose en León el 2 de junio de 1135. Ese mismo año 1135 Ramiro II el monje que dada su situación eclesiástica no podría tener sucesión legítima prohijaba al rey de Pamplona García Ramirez. Sin embargo el rey de Aragón buscando una situación más estable para el reino en enero de 1136 se casaba con Inés de Poitiers buscando descendencia legítima para el reino lo que suscitó la reacción contraria del Papa que exigía entregar Aragón a las Ordenes militares.

En estas nuevas circunstancias Aragón necesitaba nuevas ayudas y se acogió a Alfonso VII el cual firmó con Ramiro II una paz y un proyecto de reparto del reino de Pamplona. Reparto que se hacía efectivo en parte al entrar Alfonso VII en Estella. Al tener Ramiro II sucesión legítima en su hija Petronila pudo aprovechar su descendencia para separarse de forma pactada de su mujer y regresar al monasterio. Así el 11 de agosto de 1137 concertó el matrimonio de su hija Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona, al que se le confiaba desde este momento el gobierno del reino aragonés con el visto bueno del emperador, el cual además le encomendaba la defensa del reino de Zaragoza. En el acuerdo de Carrión de 1140 celebrado entre Ramón Berenguer IV y Alfonso VII se repartieron de nuevo el reino de Pamplona.

Garcia Ramirez se encontraba en grave aprieto, ante las presiones exteriores y el acoso en sus tierras por parte del ejército de Alfonso VII y por otra parte no habiendo sido reconocido por la autoridad pontificia como rey, debía hacer frente a las reclamaciones de las órdenes militares. A García Ramirez no le quedaba más remedio que buscarse aliados y entablear una hábil política matrimonial. Así proyectó casar a las hermanas del rey con casas dinásticas vecinas por lo que casó a Margarita con Guillermo rey de Sicilia (1166-1189), a Blanca (+1156) con Sancho III rey de Castilla (1157-1158) y a Sancha con Gastón de Bearne (1154-1170). Del mismo modo se unió diplomáticamente con Alfonso I de Portugal lo mismo que con el rey de Francia en 1137 para de este modo intentar frenar los acosos territoriales castellanos.

Tras unos años de guerra larvada García Ramirez presionado por todas partes no tuvo más alternativa que firmar las paces con Alfonso VII en 1140. Paz que se aprovechó para desposar mutuamente los hijos de ambas dinastías. La paz con Castilla se patentizó en el matrimonio de García Ramirez con Petronila hija de Alfonso VII, ceremonia que se celebró en León en junio de 1144.

Tras la paz con Castilla García Ramirez siguió la guerra con Ramón Berenguer IV al que le tomó Tarazona en 1143. Y tres años después en noviembre de 1146, se celebraron vistas en San Esteban de Gormaz en las que se establecia la tregua entre García Ramirez y Ramón Berenguer IV, que tres años después en 1149 se transformaba en paz duradera y en promesa de matrimonio de doña Blanca (hija de García Ramirez y prometida a Sancho III) con Ramón Berenguer IV.

Este paso diplomático dado por García Ramirez y Ramón Berenguer IV no fue pruedente porque con esta promesa matrimonial quedaban desairados tanto el prometido Sancho III de Castilla, como el futuro de Aragón, porque doña Petronila, la hija heredera de Ramiro II el monje, amenazaba con desposarse con otro arrastrando con su matrimonio el reino de Aragón fuera de la legitimidad del Condado de Cataluña. Esta paz de 1149 se convirtió en un arreglo pasajero pues García Ramirez volvió a la influencia imperial y Ramón Berenguer IV se casó con doña Petronila en 1150.


  2- El reino de Pamplona en la segunda mitad del siglo XII



A) Sancho VI el Sabio (1150-1194)
A la muerte de Garcia Ramirez ocurrida en Lorca en 1150, recibía su hijo Sancho el reino que contaba con las tierras de Pamplona, Estella, Sos, Valdonsella, Tudela, Gipuzkoa, Alava, Vizcaya y las montañas.

Cambio de generación
A mediados del siglo XII se dió un relevo generacional en los reinos peninsulares del Occidente pirenaico ya que entraron a gobernar en los reinos hispánicos unos nuevos reyes como eran Sancho VI el sabio de Navarra en 1150, Alfonso VIII de Castilla en 1159 y Alfonso II de la Corona de Aragón en 1162.

Por otra parte en 1152 Enrique II de Inglaterra se había casado con Leonor, duquesa de Aquitania y Poitou, que venía de romper su matrimonio con Luis VII de Francia. Leonor en 1169 renunció los derechos de su ducado aquitano en favor de su hijo Ricardo Corazón de León y ese mismo año los reyes de Inglaterra concedían la Gascuña a su hija Leonor como dote al desposarla en matrimonio con Alfonso VIII.

El largo reinado de Sancho el Sabio fue fructífero para el reino que por primera vez en la historia tomó el nombre de reino de Navarra. Sin embargo, el reino de Navarra seguía siendo una manzana de discordia ante las apetencias de expansión territorial de los reinos limítrofes de Aragón y de Castilla los cuales como en tiempos de García Ramirez volvieron a repartirse el reino de Navarra.

Aragón unida ya a Cataluña buscaba absorber a Navarra, rememorando los tiempos de Alfonso el Batallador. Castilla por otra parte no podía permitir tal engrandecimiento de Aragón y buscaba la sumisión vasallática del rey Sancho el Sabio. Por parte desde la Santa Sede se sucedieron las presiones y reclamaciones al no conceder al nuevo rey sino el título de dux que mermaba su legitimidad y soberanía.

La sabia política de Sancho le llevó a contentar a Castilla con la firma del vasallaje y a la Santa Sede con la concesión de donaciones a las órdenes militares. Igualmente y siguiendo el ejemplo de su padre aseguró el futuro del reino con una habil política matrimonial por la que relacionó a la casa real navarra con las principales soberanías europeas. El propio rey se casó con Sancha de Castilla (+1179), hija de Alfonso VII, de la que tuvo tres hijos, Fernando (+ 1207), Ramiro obispo de Pamplona (1220-1229) y el futuro Sancho VII el fuerte y tres hijas Berenguela que se casó con el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León (1189-1199), Constanza y Blanca casada con Teobaldo III conde de Champaña (1197-1201).

Sancho el Sabio, además, fue un rey legislador: primero concediendo fueros municipales a San Sebastián, a Vitoria y a Durango con los que quiso reordenar el territorio fronterizo frente a Inglaterra y Castilla; en segundo lugar con sus fueros de recomposición de pechas, con los que saneará los ingresos de la corona y en tercer lugar con la promulgación de sus ordenanzas de obligado cumplimiento que luego entrarán a formar parte del texto jurídico conocido como Fuero Viejo de Navarra prólogo y antecedente del Fuero General de Navarra.

Vasallaje a Castilla (1150-1158)
En enero de 1151 firmaron en Tudején un tratado Alfonso VII rey de Castilla, su hijo Sancho III rey de Nájera y heredero de Castilla y Ramón Berenguer IV conde de Barcelona y rey de Aragón por el que se repartían el reino de Navarra. Según este reparto para Castilla se quedaban todas las tierras limítrofes hasta Estella mientras que Aragón prolongaba la posesión de los valles pirenaicos hasta Pamplona, dividiéndose igualmente entre ambos las tierras de Tudela. Del mismo modo se repartieron la España musulmana quedando para el aragonés el reino de Valencia desde Tortosa hasta el Júcar incluído el reino de Murcia y para el castellano todo lo demás.

Este tratado de Tudején fue una soga puesta al cuello del rey navarro que no pudo romperla si no era con la paz y amistad con Castilla. La amenaza de reparto quedó neutralizada con el vasallaje de Sancho el Sabio y con la formalización de un parentesco entre ambas familias regias. Así el 30 de enero de 1151 se celebraba en Calahorra el matrimonio de Sancho III de Castilla con Blanca de Navarra hermana de Sancho el Sabio. En esta ocasión el rey navarro se hizo vasallo del emperador y dos años después era armado caballero por el propio Alfonso VII en Soria el 2 de junio de 1153, mientras en esta ocasión el Emperador le prometía como esposa a su hija Sancha. Con este doble matrimonio real entre ambas familias castellana y navarra quedaba asegurada la paz. Por otra parte en una ladina maniobra castellana la reina viuda de Garcia Ramirez, doña Urraca, recibía un señorío en tierras de Artajona y Larraga.

Se había conseguido impuesta al reino de Navarra una paz castellana ya que al vasallaje del rey había que sumar la existencia dentro del propio territorio real navarro de dos reinos controlados por Castilla: el reino de Nájera regido por Sancho III y el reino de Artajona gobernado por doña Urraca.

El reino de Nájera era el instrumento ideado por Castilla para controlar La Rioja porque ésta era pieza importante en la política de Castilla ya que le servía de puente para controlar el reino de Zaragoza y a la vez para cerrar el camino expansivo de la reconquista al reino de Navarra.

Nájera había sido tomada por Alfonso VI en 1076. En aquella ocasión Castilla instaló en la Rioja al conde de Vizcaya Lope Diaz, hijo del conde Diego Lopez que había sido desposeído del gobierno por Alfonso el Batallador. En 1143 Alfonso VII al recuperar Logroño del rey navarro Garcia Ramirez, creó el reino de Nájera que entregó a su hijo Sancho III. Los castellanos tuvieron en la zona una política de captación de benevolencias: concedieron fueros, se volcaron en donaciones a los monasterios e iglesias, instalaron a familias castellanas en la región y aun asumieron a aquellos nobles navarros que escapaban de la política de Garcia Ramirez o luego de Sancho el Sabio.

El reino de Artajona se extendía por tierras de Artajona, Cebror y Larraga y fue la dote que recibió Urraca, bastarda de Alfonso VII, al unirse en segundas nuncias con Garcia Ramirez. Este territorio fue acrecentándose con Olite y Miranda de Arga. Cuando Urraca reina viuda se retiró a Asturias, este reino de Artajona pasará a ser administrado por el mismo Sancho III.

Como Navarra no podía luchar contra la Castilla de Alfonso VII, pretendió compensarse en su frontera aragonesa y así realizó una expedición de saqueo entrando hasta cerca de Zaragoza en 1156, lo que motivó que Ramón Berenguer forzara a Castilla a un nuevo convenio de reparto de Navarra firmado en Lérida en 1157.

Los intentos navarros de romper esta amenaza de reparto del reino no podían sino seguir la senda señalada por Castilla como era la de renovar el vasallaje de Sancho el Sabio que lo hizo en Soria, en noviembre de 1157, pero esta vez en manos de Sancho III, rey de Castilla ya que su padre Alfonso VII había muerto a su vuelta de la expedición andaluza. Como fruto de la nueva amistad fue la devolución a Sancho el Sabio del reino de Artajona. Por su parte Sancho III recompensó a Ramón Berenguer concediéndole en vasallaje el reino de Zaragoza.

Consolidación de la monarquía navarra: 1158-1168
La muerte de Alfonso VII fue seguida en la misma Castilla con la desaparición de Sancho III en 1158. Estos cambios castellanos dieron tranquilidad al reino de Navarra que aprovechó interesadamente la existencia de estas dos minorías de edad en los reinos vecinos la de Alfonso VIII en Castilla y la de Alfonso II en Aragón a la muerte de Ramón Berenguer en 1162 para fortalecerse y expandirse territorialmente. Como rey protector de ambos infantes, menores de edad, se erigió el rey de León Fernando II. Sin embargo, el desconcierto creado en la política castellana y aragonesa fue el reactivo necesario para la vuelta al servicio de Sancho el Sabio de los nobles navarros Conde Vela Ladrón y Pedro de Arazuri y para que Sancho el Sabio asumiera el título de rey de Navarra.

Aprovechando la coyuntura de debilidad castellana Sancho el Sabio recuperó las tierras navarras irredentas de la Rioja y Castilla la Vieja, entre octubre de 1162 y marzo de 1163.

En efecto, las fronteras occidentales del reino de Pamplona, ya desde el tiempo lejano de Sancho el Mayor, incluían en tierras de Castella Vetula a Grañón, Treviana, Villuércanos, Miranda de Ebro, Ameyugo, Santa Gadea, Salinas de Añana, Portilla y Briviesca, lo mismo que el Duranguesado, Gipuzkoa y Alava con Divina y Estibaliz regidas por don Vela Ladrón. Por el sur La Rioja quedaba articulada en dos tenencias: la norte con Logroño, Entrena, Navarrete, Pazuengos y Grañón (pero no Nájera) en la órbita navarra, mientras que la del sur estaba bajo el control de la familia de Lope Diaz de Haro, que junto con Vizcaya servía al rey de Castilla. Por otra parte y un poco más tarde en esta etapa de expansión la familia navarra de los Ruiz de Azagra se instalará en Albarracín entre 1166-1168.

Es decir entre 1162 y 1167 Sancho VI el sabio entró en la Rioja o reino de Nájera, posesionándose de Logroño, Entrena, Navarrete, Ausejo, Austol y Resa, lo mismo que aseguró la posesión de las antiguas tierras navarras de Durango, Alava, Grañón, Cerezo, Briviesca y otras tierras hacia Burgos y también el castillo de Rueda. Sin embargo, muchos de los nobles riojanos y de tierras limítrofes, encabezados por Pedro Ruiz de Azagra, Pedro de Arazuri, Diego Jiménez, Martín Fernández de Calahorra y el obispo de Calahorra Martín Fernández de Langoreia se pasaron a la corte del rey Alfonso VIII.

Sancho VI el sabio habiendo asegurado sus fronteras dando fueros a Laguardia (1164) y luego a San Vicente de la Sonsierra (1172), en 1167 firmó en Fitero con Alfonso VIII una concordia y tregua por diez años. Del mismo modo al año siguiente, en 1168, Alfonso II y Sancho VI firmaron en Sangüesa una paz por veinte años.

Diferencias con Castilla: 1169-1179
En 1169, al cumplir Alfonso VIII sus catorce años, adquiría la mayoría de edad. Edad semejante tenía el rey aragonés Alfonso II. Ese mismo año ambos reyes adolescentes firmaron la paz. El siguiente paso de ambos reinos fue establecer un pacto de mutua defensa mediante el tratado de Sahagún de 1170. Luego ambos reinos entablaron sus estrategias matrimoniales: Alfonso VIII se desposaba con la hija de Enrique II de Inglaterra, Leonor de Aquitanía que recibía como dote la Gascuña. Por otra parte Alfonso II sometía a vasallaje al vizcondado de Bearne, el cual hasta este momento estaba bajo la influencia navarra. Con esto Navarra quedaba cercada.

En efecto, en 1169, Alfonso VIII intentando recuperar la Rioja y cercar por el norte a Navarra, firmó un pacto de amistad con Aragón y proyectó un matrimonio con Leonor de Inglaterra, niña de doce años que traía como dote la Gascuña y a la que ofreció en arras numerosas poblaciones y fortalezas en Castilla. La embajada castellana fue a concertar el matrimonio a Burdeos pasando por tierras aragonesas. El desposorio entre Alfonso VIII y doña Leonor se celebró en Tarazona.

En 1173 y hasta 1176 Castilla, habiéndose asegurado la alianza con Aragón, entabló la guerra contra Navarra por la recuperación de la Rioja y de Castilla la Vieja. En julio de 1173 Alfonso VIII atacó la Rioja, llegó hasta Artajona y luego hasta Pamplona. Diferentes campañas se sucedieron en los años siguientes. El rey castellano realizó diferentes expediciones en los veranos siguientes hacia la Rioja conquistando Quel y pasando por Navarrete y Entrena. Entre sus acciones una fue la de asediar el castillo de Leguín. Dio privilegios al concejo y al monasterio de Nájera, lo mismo que al monasterio de San Millán. Tenía entre los hombres de su escolta a Pedro de Arazuri, tenente de Calahorra por Castilla, a Gonzalo de Bureba y a García Portales. Por su parte Sancho VI el sabio entró hasta el monasterio de Cardeña. De resultas de estas escaramuzas Castilla se posesionó de Quel, Leguín, Malvecín y Portilla.

Laudo arbitral inglés de 1176
En agosto de 1176 estando Alfonso VIII y Sancho VI cerca de Logroño llegaron a un acuerdo de someter sus disputas territoriales y sus querellas al arbitrio de Enrique II de Inglaterra y si este muriese de Luis VII de Francia. Para el cumplimiento de esta promesa ambos reyes pusieron castillos en fidelidad. Alfonso VIII puso los castillos de Nájera, Arnedo y Celorigo. Sancho VI los de Estella, Funes y Marañón. Se estableció en ese momento una tregua por siete años.

Cada monarca envió sus propios embajadores y ambos a dos igualmente los “fideles” nombrados de común acuerdo y que fueron el obispo Juan de Tarazona, Pedro Arias, Arnaldo de Torrella y Gutierre Pérez de Reinoso.

En la embajada castellana iban el obispo Raimundo de Palencia, Gómez González, Lope Díaz de Fitero merino del rey, el conde García, Pedro Pérez y Gutierre Fernández. En la embajada navarra el obispo de Pamplona Español de Taissonal, Pedro Ramirez y Aznar de Chalez.
También iban dos valientes y probos campeones, uno por cada reino. con el fin de resolver el asunto por duelo en la curia del monarca inglés, si se tomase una decisión en este sentido.

Llegaron ambas embajadas a las fiestas inglesas organizadas con motivo del matrimonio de la reina doña Juana, hija de Enrique II, con Guillermo de Sicilia y que se celebró el 2 de febrero de 1177. Enrique II desde Westminster convocó en Londres a su Curia compuesta de todos los obispos, condes y barones de Inglaterra para el primer domingo de Cuaresma.

Entre los alegatos presentados por las partes castellana y navarra estaban las genealogías de los monarcas lo mismo que las peticiones y reclamaciones de cada uno de ellos. Los alegatos fueron leidos respectivamente por el obispo de Palencia y el obispo de Pamplona.
Las reclamaciones castellanas eran: 1) Restitución de Logroño, Entrena, Navarre-te, Ausejo, Autol, Resa, Alava, Estibaliz, Divina y Durango. 2) Devolución del castillo de Rueda dado a Castilla por Zafadola. 3) Reintegro de las rentas correspondientes a estos años de conquista navarra valoradas en 100.000 marcas. 4) La adscripción a Castilla de Puente la Reina y Sangüesa con todas las tierras que corrían desde ellas al Ebro, por ser tierras de vasallaje a Alfonso VI. 5) La asignación de la mitad de Tudela por derecho de sucesión.

Las reclamaciones navarras eran: 1) Devolución de Cudeiro, Montes de Oca, Oja-castro, Cincovillas, Sierralba hasta Agreda y tierras comprendidas entre estos puntos y Navarra. 2) Restitución de las tierras arrebatas por Alfonso VII tales como Nájera, Grañón, Cerezo, Pancorbo, Belorado, Ce-lorigo, Bilibio, Viguera y Clavijo. 3) Igualmente la restitución de Quel, Ocón, Pazuengos, Grañón, Cerezo, Valluércanes, Treviana, Ameyugo, Mitanda, Santa Gadea, Salinas, Portilla, Malvecín y Leguín conquistadas por Alfonso VIII. 4) Por último los navarros reclamaban también la suma de 100.000 marcas de plata gastadas desde la ruptura castellana de la tregua de 1167.

De estas reclamaciones podemos concluir que la política general de ambas partes era reclamar las fronteras antiguas: Castilla las del siglo XI en tiempos de García de Atapuerca y de Alfonso VI, mientras que Navarra reclamaba las fronteras de Sancho el Mayor de Pamplona.

La curia de Londres encabezada por el arzobispo de Cantorbery restituyó a cada demandante lo que en derecho habían pedido: a Castilla le restituyeron Logroño, Navarrete, Autol y Ausejo; a Navarra le devolvieron Leguín, Portilla y el castillo de Godín. Por otra parte Alfonso VIII debía recompensar a Navarra con 3.000 maravedís anuales durante diez años.

Con la resolución de este laudo arbitral inglés el tema de fondo quedaba sin resolver, ya que sólo se devolvían las conquistas realizadas en tiempo de ambos reyes Alfonso VIII y Sancho VI el sabio. Por lo tanto el arbitraje quedó por el momento sin ejecutarse.

Ejecución del laudo arbitral inglés: 1177-1179
Alfonso VIII terminada la conquista de Cuenca volvió a la Rioja confirmando desde Nájera el fuero de Miranda y dando privilegios a San Millán. Para obligar y amedrentar al rey navarro, los reyes de Aragón y de Castilla, como lo habían hecho antes, firmaron en Cazola dos tratados de reparto de las tierras cristianas y de la Hispania musulmana. Los tratados de Cazola de marzo de 1179 entre Castilla y Aragón señalaban las zonas de expansión reconquistadora de cada uno de los reinos y sellaban la amistad de ambos reinos “pero muy especialmente contra el rey de Navarra”. Alfonso VIII, poco después, pero durante ese mismo año, pasó de nuevo a la Rioja con el ánimo de recuperar esa tierra que él consideraba irredenta para Castilla.

Ante esta amenaza y a mediados de abril Alfonso VIII y Sancho VI tuvieron vistas en su común frontera, entre Nájera y Logroño, llegando a un acuerdo cuyas cláusulas principales fueron: 1) Sancho VI ddaba al rey de Castilla: Logroño, Entrena, Navarrete, Ausejo, Autol y Resa. En conformidad con esta donación Alfonso VIII señalaba como posibles tenentes de estos castillos a Pedro Ruiz de Azagra, a Martín Ruiz de Azagra y a Martín Guillermo para que, a elección de Sancho VI, tuvieran en tenencia estos castillos durante diez años, sin posibilidad de entregarlos al castellano y con una serie de condiciones para salvaguardar la neutralidad de estas plazas y el vasallaje al rey de Navarra. Al cabo de los diez años pasarían al rey de Castilla. 2) El rey navarro dejaba a los alaveses sus heredades, excepto Castellar y Treviño. 3) Alfonso VIII entregaba al rey navarro en primer lugar Leguin y Portilla y el castillo que tenía Godín; en segundo lugar devolvía al reino de Navarra las tierras de Alava y las que corren desde Iciar hasta Durango con excepción del castillo de Malvecín; en tercer lugar entregaba a Sancho VI las tierras desde Zuvarrutia y Badaja hacia Navarra con excepción del castillo de Morellas; en cuarto lugar devolvía las tierras desde Morellas a Oca y desde Oca hacia el Sur por el Zadorra hasta el Ebro; y por último en quinto lugar le entregaba también Alfonso VIII al rey navarro el castillo de Rueda.

En conclusión como resultado de estas mutuas entregas quedaban fijadas las fronteras territoriales entre ambos reinos. Por lo que desde este momento fueron tierras castellanas las de Burgos, las de Castilla la Vieja y sus montañas, la Bureba hacia arriba, la de Soria, Agreda, Cameros y por fín desde Cincovillas hacia el Norte. Por otro lado quedaron como tierras navarras las de Pamplona, Huarte, Leguín, Sangüesa, San Sebastián, Gipuzkoa, Durango, Alava y Divina hacia la frontera castellana.

Asentamiento de la política navarra. 1179-1194
Esta etapa comienza con el tratado de abril de 1179 que representaba la acomodación y ejecución del laudo arbitral inglés de Westminster de marzo de 1177 que daba para Castilla la Rioja, mientras concedía a Navarra el Duranguesado, Gipuzkoa, Alava sin la villa de Salinas, e incluía las villas riojanas de Leguin y Portilla. Quedaba como linea divisoria la marcada por los ríos Nervión y Bayas precisándose que Iciar y Durango quedaban en la zona navarra.

A los nuevos territorios Sancho el Sabio aplicó una política de concesión de fueros y de donaciones. Así dió fueros de frontera y fueros de atracción de francos. Como resultado de estas concesiones de fueros, se siguió el asentamiento en la región de una clase burguesa dedicada al comercio y a las manufacturas, que elevaron el bienestar económico del reino.

1.-El primer fuero navarro concedido fue el que se dió a San Sebastián en 1180 con el fin de afincar la frontera del reino ante los intereses de Inglaterra y concretamente de Gascuña y de Aquitania. Sancho el Sabio tenía estrechas y cordiales relaciones internacionales con la casa de Inglaterra. Pero ésta estaba dividida en facciones y bandos. Ricardo Corazón de León junto con Federico I Barbarroja y Felipe II Augusto organizaron en 1190 la tercera cruzada. Ricardo atravesó el territorio francés para embarcarse en Marsella y de allí realizó la conquista de Chipre colonia de los bizantinos y luego la de San Juan de Acre en 1191. Habiendo roto en medio de la cruzada sus relaciones diplomáticas el rey de Francia Felipe II y Ricardo Corazón de León ambos se volvieron por distinto camino, si bien llegó hasta las puertas de Jerusalén. Ricardo conocedor de los tratos existentes entre su hermano Juan sin Tierra y el rey francés, decidió pactar con Saladino y regresar.

    Navarra apoyaba a Ricardo Corazón de León que acabó contrayendo matrimonio con la infanta navarra Berenguela hija de Sancho el Sabio en mayo de 1191. Ricardo Corazón de León, en consecuencia, renunció al matrimonio que le ofrecía Felipe Augusto, rey de Francia, de casarle con Adelaida la hija del rey de Francia.

    Cuando Ricardo Corazón de León volvía de la cruzada fue hecho prisionero en Viena por el duque de Austria, por lo que el rey de Francia pudo tomar la Aquitania. En estas escaramuzas intestinas intervino Sancho el Sabio por medio de su hijo Sancho el Fuerte que estuvo guerreando en Gascuña desde 1192 hasta 1194.

2.-Igualmente Sancho el Sabio concedió fuero a Durango ya que pretendía atraerse el Duranguesado a la órbita navarra alejándole de las pretensiones vizcaínas. El duranguesado estaba dentro de la órbita alavesa del conde Beila Ladrón.

3.-Del mismo modo concedió fueros a distintas poblaciones de Alava. Los fueros enemistaron al rey de Navarra con la Cofradía de Arriaga, que veía mermado su territorio con la implantación de aquellos islotes de realengo como eran los Fueros de Vitoria en 1181, Antoñana en 1182, Bernedo en 1182 y con la articulación del territorio en tenencias navarras como las de Marañón y Laguardia, la de Aitzorrotz y San Sebastián, la de Vitoria, Treviño, Portilla, Aizlucea, Antoñana, Zaitiegui y Buradón. El fuero de Vitoria, principalmente, asentaba una cuña realenga frente a la frontera castellana que corría por Zubarrutia, Badaya, Oca, hasta el Zadorra y que incluía para Castilla Salinas de Añana.

    La reacción castellano-aragonesa a este fortalecimiento de fronteras navarras se concretó en los pactos antinavarros relizados en 1186 y 1187. Alfonso VIII aspiraba a incorporarse los territorios perdidos en el arbitraje inglés, comenzando por Alava y luego pretendió atraerse la Gascuña al ámbito geopolítico castellano ejerciendo la soberanía en la Gascuña, territorio que había sido ofrecido como dote por el casamiento de Alfonso VIII con Leonor de Aquitania.

B) Sancho VII el Fuerte (1194-1234) El comienzo del reinado
Sancho VII era el primogénito de Sancho el Sabio. Corporalmente era de gran corpulencia ya que medía aproximadamente unos 2,300 metros. Al principio se le denominó Sancho el Craso pero más tarde tras los cuidados recibidos por los médicos árabes la gordura la resolvió en gran fortaleza física que la aprovechó en las diferentes guerras y cruzadas en las que participó.

De su reinado sobresalen algunos hechos más significativos en la historia como la actuación en los bandos ingleses de la Aquitania, la pérdida para Navarra de las tierras de Alava y Gipuzkoa, la participación en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y el encerramiento a que se sometió en la ciudad de Tudela desde la que dominó a los reyes y nobles vecinos ya no con las armas sino con los préstamos a los que les sometió.

Cuando Sancho VII accedió al trono, su hermana Berenguela estaba casada con Ricardo Corazón de León, conde de Poitiers y duque de Aquitania, heredero de Enrique II de Inglaterra (+1189). Sancho VII el fuerte durante su juventud pasó largas temporadas en la Gascuña en la corte de su hermana Berenguela. Las estrechas relaciones de las cortes inglesa y navarra, facilitaría el camino para el asentamiento gascón en las orillas marítimas del reino de Navarra. Cuando Rogerio Hoveden en la parte última de sus Anales escritos hacia 1177, prolonga el territorio del Conde de Bayona hasta el puerto de Huars o Huviars, al que los moradores llaman ahora Oyarzun, indica suficientemente que, en su siglo, el río Bidasoa y el pueblo de Fuenterrabia y asimismo aquella población que se llama Irún-Uranzu, estaban fuera de Gipuzkoa y que pertenecían al Condado o Vizcondado de Bayona.

Gascones se instalaron frente a los antiguos poblamientos costeros de Asturiaga y San Sebastián de Hernani, dando luego lugar a las villas burguesas de Fuenterrabía y San Sebastián, cuando fueron fundadas jurídicamente con la concesión del fuero.

Se establecieron unos vínculos familiares y mercantiles entre ambas orillas del Bidasoa que no sólo se ciñeron a estos aspectos sino que forzaron la vinculación religiosa de estas tierras del Pirineo occidental con respecto a la sede de Bayona, vinculación que estaba justificada por la emigración gascona. Hacia 1186-1193 el obispo de Pamplo-na encomendaba al de Bayona el dominio y la honor de San Sebastián y de otras localidades guipuzcoanas.

La fundación de la villa burguesa de San Sebastián en 1180 y poco después la de Fuenterrabía viene a demostrar el interés que tenía el reino de Navarra de delimitar y proteger su salida al mar contra las incursiones gasconas y las pretensiones del Conde de Bayona.

La organización de la frontera riojana: 1195-1196
En 1195 Alfonso VIII fortalecía la frontera castellana en la Rioja dando fuero a Navarrete, un privilegio valioso a Logroño, confirmando los fueros de Pancorbo y dando mercedes a los monasterios de Obarenes y Oña. Ese mismo año Sancho VII edificaba un castillo en Cuervo, cerca de Logroño, y desde allí, devastaba tierras castellanas de Soria y Almazán.

Por otra parte Sancho VII en vistas a defender su reino se aliaba tanto con los leoneses como con los almohades. El pacto navarro con los almohades suscitó una bula de Celestino III de 29 de marzo de 1196 en la que el Papa aconsejaba al rey navarro la necesidad de reformarse y tomar la cruz, de renunciar a las parias y de atacar con una cruzada a los musulmanes. El Papa le daba garantías de retener la parte territorial que le correspondiese tras la reconquista contra los árabes. Parecidas bulas envió el Papa a los reyes hispanos y a los obispos de las diócesis vecinas a Pamplona. En una segunda bula del 22 de abril de 1196 el Papa le ponía a Sancho VII la obligación de acudir a la cruzada pero le daba por primera vez el título de rey. Sin embargo Sancho VII siguió en contacto con los musulmanes cuyos embajadores en 1196 salían de Navarra.

Relaciones internacionales. Excomunión y entredicho papales y reparto político de Navarra; 1198
Las expectativas internacionales eran desfavorables para el rey navarro y muy halagüeñas para el rey castellano.

a) Relaciones navarras con la Santa Sede: Sancho VII rompió las treguas hechas con Castilla por lo que el legado papal, cardenal Gregorio, le excomulgó y puso el reino en entredicho. El nuevo Papa Inocencio III, sucesor de Celestino III (+ enero 1198), envió a Rainerio como nuevo legado en 1198 para que le lanzara el anatema, caso de que Sancho VII pactara con los musulmanes.

b) Relaciones navarras con los árabes.
    Sancho VII no podía contar con una ayuda eficaz de los árabes, pero lo intentó organizando una embajada personal y llegando a Sevilla, desde donde destacó algunos de sus acompañantes como embajadores al nuevo califa almohade de Marruecos con el que quería pactar. En enero de 1199 murió el califa Abu Yusuf Ya`kub sucediéndole su hijo Abu Àbd Allah Muhammad ben Ya`kub ben Yusuf, al que desde la batalla de las Navas de Tolosa se le denominará por los cristianos como Miramamolín. A principios de 1200 Sancho VII seguía estando en tierras de moros pactando un refuerzo bélico de los almohades pero al no conseguirlo no tuvo más remedio que dar el visto bueno para la rendición de Vitoria. El obispo de Pamplona fue el encargado de ir en busca del rey navarro y volvió con el permiso regio de entregar Vitoria. Este intento de paz con los árabes le había costado a Sancho VII la excomunión personal y el entredicho al reino de Navarra, pero los promotores políticos de las penas pontificias no tardaron mucho en pactar con el nuevo califa ya que como poco después así lo hicieron Pedro II de Aragón y el reino de Castilla con Alfonso VIII.

c) Relaciones navarras con el reino de León: Sancho VII no podía contar con el rey de León Alfonso IX que había pactado con la oposición papal el matrimonio con la infanta Berenguela. La boda se celebró probablemente en octubre de 1197. La reina Berenguela era inteligente, piadosa. de gran capacidad política y de extremada fecundidad. Alfonso VIII y Alfonso IX enviaron a Roma una solemne y nutrida legación solicitando del Papa la bendición de este matrimonio. Pero el Papa no la concedió, pero en el entretanto Castilla tuvo como aliado político al reino de León.

d) Relaciones navarras con el reino de Inglaterra:
    Ricardo Corazón de León heredaba de su padre Enrique II además del trono insular grandes posesiones en territorio continental como el ducado de Normandía, de Anjou, Turena y Maine. Por parte de su madre Leonor, el ducado de Aquitania y de Poitiers. El 6 de abril de 1199 moría Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra y cuñado del rey navarro. Pero murió sin hijos de la reina navarra, sucediéndole en el trono su hermano Juan “sin tierra” (1199-1216). Durante la vida de Ricardo Corazón de León, Sancho VII actuó de intermediario y así recibió en 1196 en Olite el homenaje del vizconde de Tartas para que el rey de Inglaterra le reparase los agravios. Igualmente el vizconde Gastón de Bearne acudió a la corte de Navarra para resolver las diferencias contra otros vizcondes vecinos. Además el rey inglés no había quedado satisfecho de las expectativas que tenía al casarse con doña Berenguela, pues no había recibido la dote prometida y que consistía en la entrega de los castillos de Rocabruna y San Juan de Pie de Puerto. Tras la pérdida de las tierras de Alava y Gipuzkoa, Sancho VII siguió en relaciones con Juan sin Tierra con el que firmó un tratado de alianza en Chinon en 1201 y otro en Angulema en 1202 por los que Inglaterra ofrecía a Navarra una salida al mar.

e) Relaciones castellanas con Inglaterra.
    La hermana de Ricardo Corazón de León, Leonor de Aquitania (+1204) estaba casada con Alfonso VIII de Castilla desde 1170, dando a luz a Berenguela en 1171 casada con Alfonso IX de León, Urraca en 1175 casada con Alfonso II de Portugal, Blanca en 1188 casada con Luis VIII de Francia y Leonor casada en 1221 con Jaime I de Aragón. El nuevo rey de Inglaterra Juan “sin Tierra” entabló relaciones con Castilla sobre la Gascuña. En 1199 los reyes de Francia e Inglaterra concertaron treguas sobre la Aquitania aprobadas por el Papa el 26 de marzo de 1199. El 30 de junio de 1199 el rey inglés se dirigió a los embajadores de Alfonso VIII y de doña Leonor con distintas misiones.

    Cuando Alfonso VIII reclamó la herencia de Gascuña, la población del ducado se escoró en dos bandos. Los burgueses de Bayona y Burdeos juntamente con el rey Juan sin tierra eran favorables a los intereses del navarro y así Bayona firmó un convenio con Sancho VII el Fuerte. Mientras los nobles acudieron a San Sebastián en octubre de 1204 a jurar vasallaje a Alfonso VIII y juntamente con ellos tropas castellanas entraron en Gascuña y la ocuparon, pero pronto se convencieron de la imposibilidad de la empresa por lo que los castellanos tuvieron que evacuar la Gascuña en 1208.

f) Relaciones castellanas con Francia.
    Cuando Alfonso VIII vio viable la conquista de las tierras navarras y su posibilidad de asomarse a la dote de su esposa en la Gascuña, pensó en un acercamiento a Francia. En 1200, nos dice Suarez Fernandez, con ocasión de la paz firmada entre Felipe Augusto de Francia y Juan sin tierra de Inglaterra, fue igualmente acordado el matrimonio el heredero del soberano francés, Luis, con una nieta de Leonor de Aquitania, hija de Alfonso VIII, Blanca de Castilla que será la madre de San Luis.

g) Relaciones castellanas con el señor de Vizcaya.
    El rey castellano aprovechó los años de amistad leonesa para realizar su objetivo oriental de conquistar y apropiarse de las tierras de Alava y de Gipuzkoa. Para este fin necesitaba en primer lugar contentar a la Cofradía de Arriaga la cual estaba molesta por la actuación de los reyes de Navarra que le recortaban su territorio con la creación de villas burguesas. A este fin impartiría un severo correctivo a la villa de Vitoria. En segundo lugar necesitaba ganarse al señor de Vizcaya don Diego López de Haro. Para atraerle más a su órbita política castellana Alfonso VIII el 15 de diciembre de 1198 le dio un privilegio y le prometió entregarle en tenencia las tierras que conquistara a Navarra. Pero Diego López de Haro no se contentaba con estas pequeñas porciones territoriales y aspiraba a suplantar a la Casa de Lara y al no conseguirlo en 1201 se desnaturalizó del rey castellano poniéndose bajo la obediencia navarra, pero Alfonso VIII asoló los dominios vizcaínos y sitió a su señor en Estella en 1202. La tregua subsiguiente no impidió el destierro de Diego López de Haro entre sus parientes leoneses.

h) Relaciones castellanas con Aragón:
    Alfonso VIII por su parte volvió a la política que tan buenos resultados le había proporcionado en tiempos anteriores y así en mayo de 1198 pactó en Calatayud con el rey aragonés Pedro II el reparto de las tierras de la reconquista árabe y del reino de Navarra. En este reparto de Navarra quedaban para Castilla Corella, Milagro, Funes, Peralta, Falces, Miranda de Arga, Larraga, Mendigorría, para más tarde añadir Artederreta, Noain y Bodozta, la mitad de Pamplona, Valderro y Roncesvalles hasta el puerto. Quedaban por el contrario para el reino aragonés Cortes, Fontellas, Ablitas, Monteagudo, Tudela, Arguedas, Valtierra, Alsues, Caparroso, Olite, Tafalla y Artajona. Tras el pacto del reparto comenzaron la guerra y este mismo año 1198 los ejércitos castellanos y aragoneses tomaron el Roncal, Burgui y Aibar para el aragonés, mientras que Inzura y Miranda de Arga se las apropió el castellano.

    Tras estas conquistas Pedro II ofreció al navarro una tregua y le pidió como esposa a la hermana del rey Sancho VII doña Teresa. Pero el Papa por bula del 11 de febrero de 1199 prohibió este matrimonio como incestuoso por ser Pedro II y Teresa nietos de Alfonso VII.

Ganancia castellana de Vitoria y Gipuzkoa: 1199-1200
Alfonso VIII en mayo de 1199 se encaminó a Pancorbo y desde allí atacó Ibida (Treviño) y Alava y puso cerco a Vitoria. El cerco de Vitoria contó con la presencia puntual y personal del rey el 31 de agosto de 1199. Desde el mismo cerco el rey entabló relaciones con las tierras de Treviño, de Alava y de Gipuzkoa que las adquirió. El cerco seguía el 22 de diciembre ya que ese día Alfonso VIII también estaba presente en el mismo. Poco después. a comienzos de 1200, el rey castellano tomó posesión de la ciudad y de las otras tierras señaladas. Una vez tomadas estas tierras Alfonso VIII puso la tenencia de las mismas en manos de don Diego López de Haro.

Esta guerra transformó la frontera oriental castellana. El 11 de octubre de 1200 la documentación de Alfonso VIII dice reinar en Castilla, Alava, Campezo, Marañón, Gipuzkoa y San Sebastián. Era en esta misma fecha Diego López de Haro tenente en Soria, Nájera, Marañón y San Sebastián.
Tras el expolio se firmaron unas treguas entre Alfonso VIII y Sancho VII. Estas treguas se realizaron en 1200 o antes de marzo de 1201, ya que entre el rey de Castilla y el de Navarra se realizaron intercambios de Inzura y Miranda de Arga tomadas en 1198 por Alfonso VIII por Treviño y Portilla que ahora redondeaban sus adquisiciones.

Gipuzkoa es castellana desde el año 1200
El primer autor que nos narra el paso de Gipuzkoa a Castilla es Ximenez de Rada, sin que se decante ni por la conquista ni por la entrega voluntaria.
Jimenez de Rada en su “De vita et gestis Alfonsi”, cap. XXXII narra el incidente con estas palabras:
    “Obtinuit itaque Rex nobilis Aldefonsus Victoriam, Ibidam, Alabam et Guipus-coam, et earum terrarum munitiones et castra praeter Trevennium quod fuit postea communatione Inzurae darum sibi. Mirandam etiam dedit commutatione simili pro Portella, Sanctum Sebastia-num, Fontem Rapitum, Beloagam, Zeguitagui, Aizcorroz, Asluceam, Arzorro-ciam, Victoriam Veterem, Maranionem, Aussam, Athavit, Iruritam, Sanctum Vicentium adquisivit”.

Según Ximenez de Rada Castilla obtuvo en esta campaña 1) Vitoria, Ibida (menos el castillo de Treviño que luego cambió por Inzura) Alava y Gipuzkoa; 2) San Sebastián (en el valle de Hernani), Fuenterrabia (valle de Oyarzun), Beloaga (valle de Oyarzun), Aircorroz (valle de Leniz) y los castillos de Ausa, Athavit o Ataun y Arzorrocia (Mendicute) situados en tierras limítrofes entre Gipuzkoa y el reino de Navarra, lo mismo que Zequiategui, Arlucea, Azprocia, Vitoria la vieja, Marañón, Elousa, Irurita, San Vicente y Santa Cruz. Luego redondeó su estado adquiriendo Treviño y Portilla a cambio de las conquistas tomadas en 1198 que eran Inzura y Miranda. Quedaría por lo tanto en el año 1200 sin configurar como unidad territorial la futura provincia de Gipuzkoa, ya que subsisten todavía individualizadas la tierra de Gipuzkoa y los territorios limítirofes a la misma, tanto el oriental como el occidental.

Aclaración del suceso histórico de 1200
Dos hechos hay que conjugar para entender la conquista de Alava y de Gipuzkoa: la resistencia al ataque armado castellano de Treviño, Portilla y Vitoria y el descontento que la cofradía de Alava tenía con respecto a la monarquía navarra ya que había limitado sus tierras y cercenado sus intereses con la masiva fundación de villas burguesas.

Alfonso VIII puso al frente de los territorios conquistados a Diego López de Haro que el el 11 de octubre de 1200 era tenente en Soria, Nájera, Marañón y San Sebastián, mientras que el rey dice reinar en Castilla, Alava, Campezo, Marañón, Guipuzcoa y San Sebastián. Una vez más en la historia, las tierras de Vizcaya, Gipuzkoa y San Sebastián quedaban unidas a las tierras de la Gascuña hasta Bayona, pero esta vez en manos castellanas.

Pero en este territorio que hoy conocemos como la Provincia había una pluralidad de entes políticos. Lo que ciertamente no podemos pensar es que se diera un único pacto con los guipuzcoanos, ya que éstos estaban articulados en diferentes tierras y castillos y aun existía un tenente navarro en la zona, con el que ciertamente no pactaron las fuerzas castellanas. La misma distinción entre Gipuzkoa por una parte y San Sebastián y Fuenterrabia por otra viene reflejada tanto en el poema provenzal de Guillermo de Anneliers, como en la Crónica general de España del siglo XIII, en la cual se dice que Alfonso VIII retuvo once castillos que fueron estos: “Fuenterrabia, San Sebastián, e la villa de Vitoria, Lucnuena e Campezu, e Santa Cruz, e toda Alava e Lepuzcoa”. La documentación es terca en señalar la diferencia existente entre las tenencias de Gipuzkoa y de San Sebastián. Esta última abarcaría, sin duda alguna hasta Fuenterrabía que viene también citada independientemente con cierto protagonismo.
Según José María Lacarra la ocupación por Alfonso VIII de Alava y Gipuzkoa tenía como finalidad abrir una nueva via terrestre de comercio, que había de enlazar las nuevas tierras adquiridas con el núcleo comercial de Burgos, librando a Castilla de los portazgos que se pagaban en Navarra, comenzando por Vitoria centro neurálgico de la futura Hermandad de las Marismas. Por eso Alfonso VIII se apresuró a confirmar los fueros de los gascones que se habían instalado en San Sebastián (1202) y a extender el fuero donostiarra a las villas de Guetaria (1201), Fuenterrabia (1203) y San Vicente de la Barquera (1210).

Sancho VII resolvió la pérdida de estas tierras con dos medidas políticas la primera estabilizando la nueva frontera que se le había impuesto con una primera linea de castillos (Buradón, Toloño, Herrera, Toro. Marañón, Punicastro, Monjardín, Lana, Orzorroz) y luego más al interior con la fundación de nuevas villas o con el fortalecimiento de las ya existentes: San Vicente de la Sonsierra, Laguardia, Labraza, Inzura (1201), La Burunda (1208), Los Arcos y Estella. Como segunda medida política buscó una salida al mar, que fuera estable y cómoda. A este fin Juan sin Tierra y Sancho VII firmaron el tratado de paz el 14 de octubre de 1201 por el que Bayona quedaba constituída como la ciudad comercial de Navarra. En efecto, Sancho VII desprovisto de la salida al mar por San Sebastián, se esforzó en apoyar a los burgueses de Bayona y marcó una ruta terrestre aprovechando el territorio que su cuñado Ricardo Corazón de León le había entregado a su cuidado en la vertiente norte del Pirineo. No podemos tampoco olvidar las buenas relaciones que el rey de Navarra sostenía con ciertos nobles norpirenaicos. Por ejemplo desde 1196 Arnaldo Ramón, vizconde de Tartas y Dax, señor de Mixa y Ostabaret, hacía homenaje de sus tierras a Sancho el Fuerte. Otros señores como Pedro Arnaldo de Luxa no se doblegaron tan facilmente, y aunque en un principio fortificó a Ostabat, más tarde, en 1228, reconoció la soberanía del rey de Navarra. Ostabat era una importante encrucijada de caminos en la ruta de Santiago y en las vias comerciales de Ultrapuertos.

Por su parte Alfonso VIII en 1202, confirmaba los fueros de San Sebastián y aprovechaba el viaje a la Gascuña para crear nuevas villas en Gipuzkoa de las que la primera fue Fuenterrabía en 1203. En su viaje a Gascuña el rey castellano se atrajo a muchos nobles y caballeros descontentos del rey inglés, reivindicó el título de señor de Gascuña, emprendió una expedición de conquista en 1205 que la repitió al año siguiente, pero pronto renunció al proyecto. Alfonso VIII no tuvo en Gascuña el éxito que pretendía. La dote de su esposa fue reclamada pero no adquirida. Tampoco consiguió el título de Señor de Gascuña. En la campaña militar del año 1205 ocupó algunas plazas como Blaye y Bourgs, pero no pudo llegar ni a Bayona ni a Burdeos. La siguiente espedición de 1206 no tuvo mejor éxito. Según J.M. Leizaola una flota guipuzcoana conquistó en 1212 la ciudad de Bayona, pero fue rápidamente devuelta a la soberanía inglesa.

La conquista de estas tierras no la vieron los contemporáneos como definitiva, ya que durante todo el siglo XIII hubo intentos de reforma fronteriza y de devolución de ciudades por parte de los reyes castellanos. El propio Alfonso VIII en su testamento de diciembre de 1204 decía: “Prometo también que si Dios me da salud, restituiré al rey de Navarra todo lo que tengo desde Ponte de Araniello hasta Fuenterrabía y Santa Cruz de Campezo, la villa de Antoñana y el castillo de Atauri y de Portilla de Corres, pues sé que todo esto que digo debe ser del reino de Navarra y a él le pertenece, a condición, sin embargo, de que el rey de Navarra me dé absoluta seguridad de que jamás ha de procurar mi daño ni el de mi hijo”.
Estas diferencias con los reinos vecinos se saldaron con respectivos tratados de paz con Castilla en Guadalajara en 1207 y con Aragón en Monteagudo en 1209.

Intentos navarros por recuperar la zona vasco-guipuzcoana
En efecto, aun tras conquistada Gipuzkoa por Castilla, repetidas veces aparece una distinción entre Gipuzkoa y San Sebastián. Y cuando hablamos de San Sebastián nos estamos refiriendo a la tenencia de San Sebastián que se extendía a todo su alfoz, es decir desde el río Oria al Bidasoa.
Una vez conquistada Gipuzkoa por el rey castellano en 1200 veremos que San Sebastián viene incorporada en la documentación castellana en frases asimilables a esta “regnante rege Aldefonso cum uxore sua domna Alienor regina, in tota Castella et in Toleto et in Extremadura et in Alava et in Ypusqua et in Sancto Sebastiano”. De modo especial en la venta que hace doña Toda, abadesa de Cañas el 11 de octubre de 1200 se especifica que el rey Alfonso reina en Castilla, Alava, Campezo, Marañon, Ypuscua y San Sebastián. Concreta además que Diego Lopez es señor en Soria, Najera, Marañón y San Sebastián. A iguales resultados llegaríamos estudiando la documentación de 26 de marzo de 1202, 10 de noviembre de 1202, 26-31 de diciembre de 1202, 29 de junio de 1203, noviembre de 1203, marzo-mayo de 1204, mayo 1205.

Durante el resto de su vida Sancho VII el fuerte intentó repetidas veces recuperar las tierras de Alava y Vizcaya que le habían sido arrebatadas y cuya devolución había quedado consignada en el testamento de Alfonso VIII. Pero ni este rey, ni su hijo Enrique, ni tampoco su nieto Fernando III el santo procedieron a dar ningún paso firme en tal devolución graciosa.

Poco después, muerto Sancho el Fuerte en 1234, su sobrino, el nuevo rey navarro, Teobaldo I de Champaña, buscó recuperar la tierra vascona perdida a través de los enlaces matrimoniales. No hizo ningún amago por recuperar la zona guipuzcoana, quizás porque ya la controlaba de alguna manera por ser territorio de la diócesis de Pamplona. Menos aún se interesó por recuperar la tenencia de Aircorroz o Aitzorrotz en el valle de Leniz.

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