Introducción
I. El Foro Social Mundial y la lucha por un mundo nuevo
Se puede decir que, por la propia elección de la fecha en que se realizó (1), el Foro Social Mundial fue una operación de contracomunicación (2) al Foro Económico Mundial de Davos. Él afirmó que el “pensamiento único” del capitalismo triunfante –en torno del cual los dueños del mundo se reunían en Davos- podía ser contestado por la utopía de “otro mundo posible”.
Al lanzar esa operación, sus organizadores fueron más lejos: propusieron que la contestación al neoliberalismo pasase a una fase más propositiva. Y fueron más adelante todavía: organizaron el Foro Social Mundial poniendo en práctica una serie de intuiciones políticas que recogían lo que la humanidad venía experimentando durante las últimas décadas para liberarse de todo tipo de dominación (ver anexo 8, “Insurgencia ciudadana contra el orden establecido”).
Esa iniciativa, que atrajo tanto a dirigentes sociales como intelectuales comprometidos y militantes de base de todo el mundo, permitió que tales intuiciones pasasen a consolidarse y aparecer cada vez más precisas. Hoy, el Foro Social Mundial cumple una serie de funciones que solamente él, con su modo de organización, puede cumplir, lo que le da una importancia especial en el horizonte político (3).
En primer lugar, (a) está abriendo espacio para el surgimiento o la consolidación de un nuevo actor político: la sociedad civil, en cada país y a nivel planetario; y (b) está indicando, por el mismo modo de organizar y realizar los Foros, el camino para el fortalecimiento de la sociedad civil: el establecimiento de relaciones horizontales entre las organizaciones que participan de ella, en una práctica de reconocimiento y aprendizaje mutuo, cooperación y articulación, en vez de competición y disputa por la hegemonía.
En segundo lugar, está haciéndonos descubrir que (c) para cambiar el mundo son necesarias acciones políticas diversificadas –más allá de la simple protesta y resistencia y hasta de la propia toma del poder; (d) esas acciones tienen que desarrollarse también y especialmente desde dentro para fuera y desde abajo para arriba en las sociedades, con la participación y la creatividad de todos sus miembros, a partir de sus necesidades concretas; (e) esos cambios ya están en curso, sin necesidad de esperar modelos completos e ideales de sociedad (4) propuestos o impuestos de arriba para abajo; y (f) cualquier cambio sólo será duradero si cuenta también con el cambio interior, de dentro para fuera, de cada uno de los miembros de la sociedad.
En tercer lugar, el Foro Social Mundial (g) está abriendo espacio para el aprendizaje de una acción política que respeta la diversidad y el pluralismo, que no lucha por el poder como poder sino por su ejercicio como servicio, con la certeza de que los medios que usamos moldean los fines que alcanzamos; (h) está haciéndonos recordar que un mundo nuevo no puede construirse con las prácticas del mundo viejo que queremos superar, y que, por tanto, es necesario construir una nueva cultura política.
II. El carácter instrumental del Foro Social Mundial
La enumeración de esas funciones asumidas por el Foro Social Mundial –o más exactamente por el proceso que él lanzó- hace evidente que no será por medio de él mismo como construiremos el “otro mundo posible”. Él no cambiará el mundo; quien lo cambiará será la sociedad. El Foro cumple, en la lucha por el cambio, un papel únicamente intermediario. Para que podamos alcanzar ese objetivo, hace una contribución específica, diferente de aquella que deben hacer los demás instrumentos de acción política. Y esa diferencia lo caracteriza como un medio al servicio de esos instrumentos.
La aceptación de ese carácter intermediario e instrumental del Foro es, en verdad, la condición esencial para que se pueda asegurar su continuidad. No se puede esperar de él más de lo que él es, ni se debe hacer que asuma funciones que no son las suyas. Transformarlo en gran fuerza política capaz de enfrentar el neoliberalismo le obligaría a abdicar de las funciones que cumple, dejando de expandirse y de enraizarse por todo el mundo.
En esta perspectiva, este libro se refiere al Foro Social Mundial, en cuanto Foro Social Mundial, y a su papel en la lucha más general en la que se insiere. No se presentan, por tanto, análisis históricos o coyunturales de las estrategias de los que hoy someten al mundo a sus intereses, ni análisis de la evolución del sistema capitalista, de las condiciones de expansión de su dominación, de los mecanismos que utiliza para mantenerla y aumentarla, de sus consecuencias sociales. Tampoco trata de las formas de resistencia y enfrentamiento de los que se oponen a ese sistema y de las alternativas que van siendo formuladas. No se presenta ni siquiera el contenido de las múltiples propuestas discutidas en los Foros o de las iniciativas que de ellos están emergiendo.
Este libro trata solamente de las condiciones necesarias para que, por medio de los Foros, surja efectivamente –libre y democráticamente- el mayor número posible de propuestas e iniciativas que puedan ayudar a construir el “otro mundo posible” (5).
III. “Aprender a desaprender” (6)
Este libro está cargado de un optimismo que puede llevar a creer que el camino del Foro Social Mundial es tranquilo. En realidad, la lucha para que él pueda desempeñar el papel que le cabe es continua y ardua. Continúan vivas en las cabezas, en los corazones y en las angustias las prácticas políticas hasta ahora utilizadas en las luchas desarrolladas, a lo largo del siglo pasado, para superar la dominación del capital (7). Llamarlas prácticas del “viejo mundo” puede incluso ser una falta de respeto en relación con muchos que dedicaron sus vidas, hasta el sacrificio personal, a reflexionar y a actuar para intentar destruir el monstruo capitalista, en medio también de muchas y dolorosas sombras creadas en ese mismo proceso de lucha.
Pero, efectivamente, todo pasa como si debajo de la mesa sobre la cual se diseñan las ideas para la organización del Foro Social Mundial, o se apoyan los codos para escuchar con atención otras ideas que van siendo expuestas, estuviese escondido un enorme pulpo. Alimentado por las prácticas del “viejo mundo”, sus largos y fuertes tentáculos reaparecen continuamente de todos los lados de la mesa, intentando llevarse para abajo lo nuevo que se intenta crear. Su preocupación parece ser evitar que crezca y prospere todo lo que pueda llevar a su debilitamiento. Sus tentáculos resurgen en cada instante, repitiendo mil veces la misma maniobra con colores aparentemente nuevos.
Es necesario convivir con ese pulpo, intentando disminuir su apetito o haciéndolo menos agresivo. Tenemos todavía mucho que aprender de todo lo que se dijo y se hizo, de lo positivo y lo negativo, en la larga lucha del siglo pasado. Pero si bajamos la guardia, cediendo aquí y allí, todo irá a parar debajo de la mesa, dejando el vacío, hasta darle la vuelta a la mesa y dejarla patas arriba, llevándonos de vuelta al pasado.
Que el pulpo nos perdone esta aparente ingratitud, pero estamos casi obligados a cortar sus tentáculos cada vez que reaparezcan, como se tiene que cortar, inapelablemente, un cordón umbilical. El siglo terminó con una acumulación de frustraciones y decepciones. Estamos moralmente obligados a intentar superar todo lo que pueda haber causado ese fracaso. Si el Foro Social Mundial puede contribuir para dar más fuerza y una eficacia realmente transformadora a la acción política rumbo a un mundo nuevo, necesitamos defenderlo permanentemente de los tentáculos del “viejo mundo” (8).
¿Qué futuro tendrá de hecho el Foro Social Mundial? Lo que pude responder a un diario indio [8] que me hizo esa pregunta, en diciembre de 2003, fue lo siguiente:
No sé cuál será el futuro del Foro Social Mundial. Pero me gustaría que éste continuase expandiéndose por todo el mundo, que continuase despertando cada vez más conciencias, que continuase profundizando la experiencia de una nueva cultura política, que continuase produciendo cada vez más movilizaciones, iniciativas concretas y propuestas para cambiar el mundo.
Completo ahora con una frase de Vaclav Havel: “Un hecho es innegable: el cambio político no es la causa del despertar de la sociedad, sino que es su consecuencia final” [7].
IV. El contenido de este libro
Este libro fue escrito a partir de mis artículos y entrevistas publicados a lo largo de cinco años en los que participe en la organización de todas las ediciones del Foro Social Mundial, así como acompañando la realización de otros Foros Sociales, regionales, nacionales y locales, como miembro del Comité de Organización del Foro Social Mundial, que después se ha convertido en el Secretariado (9) de su Consejo Internacional, y como miembro de ese Consejo.
Inicialmente, presento la Carta de Principios del Foro Social Mundial, que es su referencia general. Esa Carta –de cuya elaboración y de cuyo sentido trato en el capítulo 1:5 (“Surge la Carta de Principios”) de este texto (ver también capítulo 3:6, “Carta de Principios - dudas y cuestiones”)- constituye, de hecho, su documento básico, al cual deben referirse todos los Foros que se pretendan organizar, integrados a la propuesta del Foro Social Mundial, a cualquier nivel. El respeto, en la forma y en el espíritu, a los principios en ella enunciados garantizaría las condiciones necesarias para la superación del desafío apuntado en el título de este libro.
Después, organizo, en el capítulo 1 (“Los primeros tiempos”), algunas informaciones de naturaleza histórica sobre los pasos iniciales, desde antes del primer Foro Social Mundial; y en el capítulo 2 (“Opciones básicas para la organización de Foros Sociales”), como su propio nombre indica, las principales opciones que los organizadores de los Foros fueron asumiendo en su trabajo. Son esas indicaciones las que espero que sean útiles para quien se disponga a organizar Foros Sociales de acuerdo con el modo de ver presentado en este libro.
En los capítulos 3 (“Cuestiones y desdoblamientos”) y 4 (“Perspectivas”), así como en las notas a pie de página, doy una serie de informaciones sobre situaciones concretas vividas en el proceso de organización de los Foros, a título de ilustración de las dificultades que surgen y de las posibilidades que se abren. Esos capítulos y notas retoman muchas veces cuestiones ya trabajadas en los capítulos iniciales. Consideré, empero, que pueden tener interés –especialmente cuando reproducen trechos de entrevistas publicadas- porque sitúan el abordaje de las cuestiones que se presentaban en el contexto de las dudas que fueron surgiendo.
En los anexos transcribo, completo o en parte, en la forma en que fueron publicados, algunos de los artículos más significativos que escribí desde el inicio del proceso de organización de los Foros. Con excepción del primero de ellos –“Notas para el debate sobre el Foro Social Mundial”- , que tiene una importancia especial para aprehender el principal desafío que el Foro enfrenta, esos textos son presentados en orden cronológica de publicación.
Quien se aventure a leer este libro podrá hacerlo comenzando simplemente por los anexos. Los artículos que en ellos están reproducidos retoman, de forma diferente, casi todas las cuestiones tratadas en el texto principal. La elección dependerá del objetivo que se tenga: usar el libro como instrumento de trabajo (para lo que puede ser útil el texto principal) o conocer el Foro a partir de lo que se discutía a lo largo de su configuración (para lo cual los anexos serán posiblemente suficientes).
En la presente edición de este libro, que se publica a finales de 2005, he agregado, un cierto número de notas, complementos de información sobre el Foro Social de 2005, realizado en Porto Alegre después de la primera edición del libro en portugués. He incluido también, como anexo, un artículo ya tratando del Foro de 2005, escrito en el correr de ese año para el Anuario 2005-2006 de la “London School of Economics”, de Londres. Con eso pretendo dar datos más actuales sobre las discusiones ahora en curso sobre el Forum Social Mundial.
En cualquier hipótesis, todo el libro no es más que un material de reflexión sobre la enorme tarea de cambiar efectiva y urgentemente el mundo.
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Notas a la Introducción:
(1) En 2001, 2002 y 2003, el Foro Social Mundial se realizó exactamente en las mismas fechas del Foro Económico Mundial de Davos. En 2004, en India, se realizó algunos días antes, para no coincidir con el día nacional de ese país. Pero, en 2005 volvió a realizarse en la fecha del Foro de Davos. Y aún en 2006, en que se realizan tres Foros simultáneos en Venezuela, Mali y Paquistán, también se realizarán en la misma fecha de Davos.
(2) En conferencia celebrada en el “Mutirão” (encuentro para trabajo colectivo y voluntario, ndtr) Nacional de Comunicadores, promovido por la Pastoral de la Comunicación de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), en julio de 2003, en Salvador, estado de Bahía, en Brasil, tuve la oportunidad de afirmar: “Hacer en la misma fecha [de Davos] un Foro centrado en la persona humana y no más en el mercado fue una estrategia de comunicación. El FSM, por el número de participantes que reunió, cerca de 100.000 en su última edición, fue un éxito de comunicación”. [1]
(3) Los organizadores de los Foros tienen conciencia de sus propias limitaciones y de las consecuentes limitaciones del instrumento que crearon. Amit Sen Gupta y Probir Purkayastha, miembros del Comité Organizador del Foro Social Mundial en la India, lo indicaban con claridad, en un texto escrito antes de la realización de ese Foro [2]: “De ninguna manera ese proceso es perfecto. Pero, talvez, si esperásemos un proceso perfecto que se nos presentase en una bandeja, esperaríamos en vano. Tratemos de trabajar para hacerlo cada vez más inclusivo, y cada vez más capaz de enfrentar el desafío colocado por la globalización imperialista”.
(4) Esos modelos son lo que se acostumbra llamar como “proyecto político”, cuestión que especialmente los periodistas insisten en abordar, como en la entrevista que di al semanario brasileño Caros Amigos, durante el Foro de 2003 [3]. Pregunta: “Pero, ¿no falta un proyecto político?” Mi respuesta: “Mira, los periodistas siempre quieren saber cuál es la propuesta concreta, cuál será el documento final. No perciben que el Foro es un proceso que crea otros foros alrededor del mundo, que articula los movimientos en redes, que continúa creciendo, como prueban esas cien mil personas que están aquí”.
(5) En entrevista concedida en 2004 a la revista Clark, de Francia [4], me preguntaron: “¿A qué se parecería, concretamente, ese otro mundo que ustedes proponen?” Mi respuesta tuvo que ser larga, aunque simple: “No es difícil imaginar ese mundo nuevo que todos nosotros queremos. Será un mundo de paz –por tanto sin guerras ni violencias; de amistad, colaboración y cooperación entre los seres humanos –por tanto sin competiciones que nos puedan matar o desgastar; de relaciones respetuosas con la naturaleza –por tanto, sin deterioro o destrucción del medio ambiente que no tenga en cuenta el futuro del planeta; un mundo donde todos aquellos a los que encargamos de administrar los intereses colectivos –los políticos- sirvan a esos intereses y no a sus intereses particulares; un mundo en que todos –y no solamente una minoría- tengan qué comer todos los días y cómo responder, al menos, a sus necesidades esenciales; un mundo en que nuestros modos de vida y nuestras propias vidas no estén determinados ni manipulados por los intereses de ese instrumento de cambio inventado por el ser humano y que actualmente lo domina –el dinero; un mundo sin prejuicios, desprecio y discriminaciones raciales, religiosas, culturales, de género, etc.; un mundo en que las personas no estén dominadas por la necesidad de consumir y de poseer cada vez más bienes materiales, sino que busquen ser cada vez más humanas en su dignidad y en el respeto a la dignidad de los otros, superando el concepto actual de riqueza y miren a otros valores menos materiales; un mundo en que ciudadanos con todos sus derechos no sean substituidos por consumidores que dispongan de diferentes niveles de poder adquisitivo; etc., etc., etc.; en síntesis, un mundo en que todos podamos vivir sin miedo, en la alegría y el amor de unos por los otros. Se trata, evidentemente, de una utopía total. Pero, de hecho, todos nosotros soñamos con ese mundo, sabiendo que es prácticamente imposible llegar allí. Ahora, si mantenemos incluso así la esperanza de poder, por lo menos, caminar hacia ese mundo, paso a paso, cambiando estructuras y comportamientos –los grandes cambios ya han demostrado que son ineficaces- o construyendo pedazos o islas de ese mundo nuevo por lo menos dentro de nosotros mismos y alrededor nuestro, eso ya es muy bueno. Seremos más felices, haremos que los que están a nuestro alrededor lo sean también un poco, y poco a poco nos aproximaremos a esa utopía…”.
(6) Tomo prestada la expresión “aprender a desaprender” de Alain Bertho, participante de la organización del Foro Social Europeo y de foros sociales locales como el de Saint Denis, en Francia, donde vive. Él la utilizó en un taller en el Foro Social Local de Bures-sur-Yvette, Francia, el 7 de febrero de 2004. Esa expresión dice bien cuál es el tipo de esfuerzo que se exige de quien se integra en ese proceso. En realidad, durante más de un siglo fuimos formados de acuerdo con una visión de la política y de formas de hacer políticamente que están siendo profundamente cuestionadas. Es necesario desvestirse de viejos esquemas y hábitos si queremos efectivamente construir un mundo nuevo. Es necesario aprender a desaprender lo que nos enseñaron durante tanto tiempo.
(7) En un texto sobre el Foro Social Mundial para la Agenda Latino-Americana de 2004 [5], insistí en la imagen de Bertho: “La simple participación en este tipo de encuentro ya es una práctica política que nos reeduca, ayudándonos a desaprender lo que nos enseñaron durante todo un siglo –o mucho más de un siglo…”. Y en un artículo escrito en 2004 para el libro FSE 2003: crónica de un encuentro ciudadano [6], aclaré todavía más: “En los Foros se nos invita a reeducarnos, en nuestros comportamientos y en la organización de nuestras acciones, para cambiar el mundo. Un mundo nuevo no se construye con los métodos políticos del mundo que queremos superar”.
(8) En la acción política es engañoso pretender que se haya encontrado la verdad. El Foro Social Mundial crea dinámicas complejas, que no siempre conseguimos comprender. Pero, aunque estemos en el camino cierto, tenemos que tener en cuenta lo que decía Vaclav Havel, expresidente de la República Checa, al hablar de aquellos que, en el largo drama político que vivió su país, fueron capaces de vivir “dentro de la verdad” y proteger su dignidad humana: “Es, naturalmente, difícil saber cuándo y por cuáles caminos invisibles y llenos de cruces éste o aquel acto o toma de posición, conducidos por la verdad, intervinieron sobre la realidad, y de qué manera el virus de la verdad se expandió progresivamente y corroyó el tejido de la ‘vida dentro de la mentira’” [7].
(9) El Secretariado del Consejo del Foro Social Mundial ganó en 2004 un carácter internacional, pasando a estar compuesto por los miembros del antiguo Comité brasileño de Organización del Foro y por los miembros del Comité de Organización del Foro Social Mundial realizado en ese año en Bombay, India. Con la expansión del proceso se está buscando una estructura que tenga en cuenta esa expansión y el funcionamiento del Consejo en Comisiones.