LOS OLORES DEL CARNAVAL
Por Helí Herrera Hernández
Recién están terminando las fiestas carnestolendas en Xalapa, y ya están saliendo a relucir todas las quejas que generó, tanto dentro de la estructura organizativa, como fuera de ella.
Ahora sucede que los organizadores se deslindan de los efectos que esta fiesta de la carne trajo, y que son los mismos en todas partes donde realizan los carnavales.
Tanto Ernesto Aguilar Yaramuch, presidente vitalicio de estas fiestas en Xalapa, como el Alcalde, se hacen los occisos de la ira generada por un sector de la sociedad ateniense, que están indignados por las kilométricas cantinas que armo el comité organizador, con el apoyo y la supervisión de las autoridades municipales, en el circuito presidentes, que lograron convertirlo en un mingitorio y zurradero público, cuyas pestilencias no solo afectan las zonas de los berros, de la calle Rebsamen y del campus universitario, sino que con estos malos tiempos que hubo el fin de semana, ya dejan sentir el hedor hasta en la zona centro de la capital del Estado.
¡Las calles huelen a vómito! ¡A materia fecal! Y las fachadas de las casas de los vecinos de esas ruas se amanecieron desde el sábado con la amarga noticia de que sus casas se encontraban grafiteadas, del verbo pintarrajear, con litografía porno, lépera, vulgar. Que nada tienen que ver con el adjetivo calificativo de Xalapa: “”La Atenas veracruzana”.
Y así, los que hoy no admiten sus culpas, por los miles de borrachos que se miaron en esas avenidas, que se metieron al campus universitario, como los perros a dejar su calabaza, y embarrarla en paredes de las facultades de física, ciencias atmosféricas, ingeniería, derecho, biología, agronomía y otras, placidamente afirman que no era su responsabilidad los efectos del carnaval, porque ellos solo lo “”organizan”” (sic), como si la seguridad, la criminal venta de cervezas, licor y drogas no debería estar contemplado como sus responsabilidades.
Hoy nadie sabe nada, y mucho menos quieren hablar del tema del fallecido en los lagos, producto de la borrachera cuata que traía el difunto, y que a punto de cobrar otra víctima más estuvo.
Todo índica que a los organizadores lo único que les interesaba era, al más puro –ese sí—populismo neoliberal, darle pan y circo a los xalapeños y aldeanos circunvecinos, para que se olvidaran en estos tres o cuatro días, de los malos gobiernos que tenemos, que en lugar de fomentar el empleo, han desempleado; que en lugar de generar bienestar social han provocado miseria y hambre; que en lugar de brindar salud gratuita o barata apoyan a los varones monopolistas de los laboratorios farmacéuticos.
Las autoridades que están comprometidos y obligados a combatir los vicios, en esta fiesta de la carne los fomentaron, como si estos nececitaran de ese impulso.
La Atenas Veracruzana y su símbolo: la Universidad Veracruzana fueron mancillados no tanto por los juegos mecánicos, como muchos ciudadanos protestan, sino por las acciones vandálicas, propias de esas gentes que acuden a los carnavales a quitarse la mascara, a salir de los closets y dar rienda suelta a sus sueños de liberación y de vida loca.
La misma parte de la sociedad que acudió en plano de diversión sana, para ver los desfiles y se les olvidara lo que deben al monte de piedad, que no tienen dinero para ir a divertirse a lugares apropiados, para olvidarse que esta crisis financiera los esta ahorcando, protestaron por los miles de borrachos y drogados que se sentían por primera vez hombres, y por primera vez mujeres, y satisfacían así su alter ego, >>valiéndoles madre todo<<, como es su frase favorita.
Pero a los organizadores no les preocupo que precisamente, en el lugar donde esta radicada la ciencia y el arte, la cultura y la educación, todos estos vándalos que de día y de noche andaban más que borrachos, cometieran delitos de “”lesa sociedad””, no contra la infraestructura universitaria, sino contra la esencia de ésta que es la de educar y formar, en lugar de pervertir a gentes que solo, en esos tiempos, son capaces de propiciar la fuga de sus locuras.
El rector Raúl Arias Lobillo tendría que levantar la voz, fuertemente la voz ante el preciso de Veracruz, para que estos actos bochornosos no se vuelvan a cometer en el campus universitario Y si de suyo el carnaval es la fiesta de la carne, de la locura, del desfogue, de los miles de condones que son la prueba reina que hay que hacer el amor con el primero o primera que pase, pues que lo vayan hacer a la zona roja, para que así la sabrina, la tetanic y demás “”artistas””, subrayado esto de artistas, se sientan en su ambiente.
Pan y circo hay que darle al pueblo, decía don Porfirio Díaz como formula para por tres días hacer que el pueblo se olvidara de sus penas; y pan y circo nos dan con estas fiestas de la carne hoy, con el mismo fin.
Se de antemano que mi correo se va a saturar con comentarios adversos a este artículo. Pero se también que la historia se hace con voces disidentes, que no se dejan llevar por el canto de las sirenas.