LA RESTAURACIÓN DE LOS CABEZUDOS DE ARTANA
(Actas del XVII Congreso de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Castellón 2008)


Antoni Colomina Subiela

Conservación Restauración Bienes Culturales

tonicolomina@hotmail.com

Gema del Castillo Camacho

Representación Actividades Culturales

g_imagine@hotmail.com


RESUMEN


El patrimonio folclórico conforma un conjunto de bienes culturales muy propios de las celebraciones y festividades populares. Por las peculiaridades materiales de este tipo de objetos, especialmente por estar realizados con materiales muy sensibles, sobretodo en lo referente a los soportes empleados (papel, cartón…), presentan una problemática de conservación muy delicada. Además, por el inmerecido trato al que son sometidos en lo concerniente a su conservación, derivado de la falta de concienciación acerca de su salvaguarda, y por los desacertados criterios que se han adoptado habitualmente para su actualización, muestran con los años un aspecto descuidado que se aleja sobremanera de los rasgos que tuvieron originariamente.


Los cabezudos del pueblo de Artana (Castellón) constituyen una pequeña muestra de este tipo de patrimonio. Su acusada degradación responde fundamentalmente a tres factores de deterioro que habrán de considerarse a la hora de efectuar su restauración: en primer lugar, las características del soporte empleado para su elaboración, el cartón-piedra, altamente quebradizo por su extremada acidez; en segundo lugar, el trato al que han estado expuestos derivado de su funcionalidad festiva y procesional; y por último, las desacertadas intervenciones a las que han sido sometidas.


ABSTRACT


The folkloric heritage shapes an ensemble of heritage goods very common in celebrations and popular holidays. Because of the nature of these objects, especially since they are done with materials that are very sensitive, overall concerning to the mediums used (paper, cardboard...) they show a very delicate conservation problematic. As well, for the unfair treatment they are given in what concerns to its conservation, from the absence of awareness of its safeguard, and by the unfortunate criterions which have been adopted regularly for its renovation. As years go by they show a careless aspect which is far away from the features that they originally had.


These large head figures of the village of Artana (Castellóne) constitute a small part of this kind of heritage. Its pronounced degradation obeys basically to thre factors of damage which should be consider at the time to take place the restoration: in first place, the characteristics of the material used for its elaboration, the cardboard, highly brittle because of its extreme thinness, in second place, the treatment they have been exposed to derivative by it feast and processional functionality; and at last, the unfortunate interventions to which they have been submitted to.


INTRODUCCIÓN


Los acontecimientos festivos de carácter popular han existido siempre. Desde el inicio de los tiempos las conmemoraciones y solemnidades, tanto religiosas como paganas, han incorporado en sus rituales, procesiones y desfiles, toda una serie de semblantes formales que han ido enriqueciéndose con el tiempo. Parece ser, según algunas fuentes, que el origen de los gigantes y cabezudos se remonta a la Edad Media. Una de las primeras referencias escritas la encontramos en Pamplona (Navarra), donde desde 1201 algunos monigotes solían salir en la procesión de San Fermín representando a tres tipos de oficios: un leñador, una cocinera y un minero. Más tarde, especialmente a partir del siglo XIV esta tradición se iría vinculando a la fiesta del Corpus, que aprehendería prácticas y ritos paganos y los iría incorporando, no sin algún tipo de modificación, a las celebraciones cristianas.


Es a partir del siglo XVII cuando se manifiesta una personal naturalidad en dotar artísticamente las celebraciones por medio de sorprendentes expresiones, muy a menudo de carácter fugaz, que conferían una aparente magnificencia a cualquier tipo de fasto. Estas manifestaciones se incluirían dentro de las expresiones vinculadas a festejos donde la urbe se presentaba como un escenario contextual donde se daban cita, entremezclándose de una manera participativa, los diferentes estamentos ciudadanos y donde perspectivas fingidas, luminarias, arcos triunfales, carros procesionales, gigantes y cabezudos y todo un elenco de adornos y decoraciones se armonizaban con toda una infinidad de dicciones como la música, la poesía, los jeroglíficos, la danza y el teatro como parte integral de un mismo todo de tipo efímero, no entendido como una obra que desaparece, sino como una expresión de corta duración que cobra sentido en relación con el contexto en el que se desarrolla.


Los cabezudos de Artana fueron realizados a partir de la segunda mitad del siglo XX pero, a pesar de su corta longevidad y con independencia de su calidad artística, se han convertido en uno de los elementos más característicos de la localidad en lo que se refiere a la celebración de sus festejos y han adquirido una serie de valores propios que los relacionan de una manera altamente emotiva con la población a la que pertenecen. Conscientes de esta situación y comprometidos con la heterogénea pluralidad de los bienes culturales que integran el abundante patrimonio histórico-artístico de la Comunidad Valenciana, el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración (IVACOR) incorporó entre sus iniciativas, a petición del propio ayuntamiento del pueblo castellonense de Artana, la protección específica de este tipo de objetos tan característicos de las celebraciones populares.


PROCESOS DE ELABORACIÓN Y MATERIALES CONSTITUTIVOS


Estas figuras, al igual que muchos otros elementos empleados en lucimientos festivos, se caracterizan por recurrir en su elaboración a materiales pobres como elemento básico de soporte. En concreto, el denominado cartón-piedra, material utilizado en la realización de los cabezudos de Artana, ha supuesto desde siempre uno de los materiales más importantes en la fabricación de cualquier tipo de representación efímera. Esta clase de cartón procura una maleabilidad excelente, que aumenta todavía más si cabe al humedecerlo, de modo que funciona perfectamente como soporte en la producción de cualquier tipo de caracterización, máscaras y figuras, como base suficientemente rígida para soportar la subsiguiente aplicación de preparaciones, imprimaciones, pinturas y diversos acabados.


Según los procedimientos habituales, el sistema de obtención de los cabezudos se inicia con un modelado en barro de la figura con la finalidad de obtener, a partir de este primer original, un molde de escayola con el que reproducir de una manera indirecta la figura definitiva en cartón. La introducción de este material en el interior de la matriz se realiza en húmedo, empleando la pasta de engrudo para el pegado de los diferentes pedazos de cartón-piedra, un adhesivo elaborado básicamente con harina y agua.


Cada cabezudo se compone de un total de dos fragmentos que, una vez extraídos de sus respectivos moldes, se unieron con la aplicación de acetato de polivinilo en sus bordes. Las juntas fueron repasadas a modo de refuerzo mediante tiras de papel de periódico y masilladas convenientemente. Sobre el cartón se extendieron diferentes estratos de preparación tradicional compuesta por cola animal y blanco panet (carbonato cálcico) que, una vez lijados fueron impermeabilizados con agua-cola para rebajar su excesiva porosidad.


Por último, las figuras se policromaron con una base de pintura plástica sobre la que se ajustaron los matices finales con colores al óleo.


FACTORES DE DETERIORO Y ESTADO DE CONSERVACIÓN


Precisamente, debido de manera especial al material de soporte empleado en la realización de los cabezudos de Artana, el principal problema estructural que presentan viene determinado por la elevada susceptibilidad que demuestra el cartón-piedra frente a los cambios de temperatura y, sobre todo, a las fluctuaciones de humedad. Este tipo de material posee unas características muy concretas como resultado de una elaboración específica. Se trata de una variedad de cartón con un gramaje considerable que se obtiene de acuerdo con un procedimiento especial mediante el cual se reciclan diferentes materiales celulósicos, juntando restos de cajas de cartón, ropa vieja y periódicos usados, que se trituran y mezclan junto con diferentes aditivos hasta conseguir una pasta compacta.


Así pues, nos encontramos frente a un soporte que por su elevada higroscopicidad, esto es, por su alta capacidad para absorber y desprender agua, sufre importantes movimientos de dilatación y contracción que acaban por afectar a las capas que sustenta. Por otro lado, por su composición, presenta una extrema acidez que acaba por originar problemas de flexibilidad, volviéndose quebradizo con el paso de los años.


Muy complicado resulta frenar la oxidación que procura el envejecimiento natural de los materiales constitutivos de estas piezas, cuya actuación no podrá controlarse sino con los medios que nos brinda la conservación preventiva y no poder más que ralentizar su deterioro normal. También, uno de los agentes de alteración más significativos, especialmente activo en las últimas décadas, es la contaminación ácida procedente, sobre todo, de contaminantes como el sulfuro de hidrógeno, que descompone la celulosa del cartón.


Todos estos factores de degradación se ven acelerados o favorecidos por determinadas variables que se muestran junto con ellos. La presencia de engrudos, colas y aceites secantes, además de otro tipo de impregnaciones, o los fenómenos de fotooxidación producidos, sobre todo, por la acción de las radiaciones UV en combinación con el oxígeno presente en el aire, son algunos de los agentes catalizadores más característicos.


Sin embargo, con independencia de las alteraciones proporcionadas por los agentes ambientales sobre unos materiales tan delicados y sensibles, a estos factores congénitos habría que unir las causas de deterioro provocadas por el normal uso de las figuras como elementos protagonistas en desfiles y procesiones, con todos los perjuicios que esta circunstancia puede acarrear como son los inevitables golpes, rozaduras y desgastes ocasionados de manera accidental, sobre todo, por sus portadores.


Según todas estas causas de alteración las piezas presentan un significativo deterioro especialmente perceptible en el soporte de cartón que ha perdido su rigidez y resistencia en determinadas zonas, sufriendo incluso roturas y deformaciones. En otros lugares, la inestabilidad, la fragilidad y los movimientos de los diferentes estratos de cartón-piedra han originado exfoliaciones, agrietamientos y la disminución de consistencia en puntos concretos, con la consecuente pérdida de preparación y película pictórica.


Además, una vez ocasionados estos daños, las piezas han venido sufriendo intervenciones anteriores que, aunque seguramente han sido llevadas a cabo con la mejor intencionalidad, no han considerado determinados criterios básicos de intervención principalmente en referencia al máximo respeto hacia las cualidades y valores originales. De este modo, encontramos amplias zonas de repintes que encubren la pintura original o retoques efectuados de una manera azarosa, formalizados al parecer con la finalidad de enfatizar determinadas zonas, fundamentalmente concretados en los ojos de los cabezudos.


Por último, sobre la superficie de las obras se extiende una notable capa de suciedad superficial que, aunque no distorsiona de modo significativo la apreciación cromática de las piezas, les configura una apariencia ligeramente sórdida y deslustrada.



PROCESO DE INTERVENCIÓN


Considerando las causas de alteración y el estado de conservación de las figuras se procedió a acometer su proceso de restauración conviniendo que el principal problema de los daños producidos sobre éstas radicaba en la propia naturaleza del cartón, por su extremada acidez y su sensibilidad frente a los agentes ambientales. De modo que la primera operación a realizar consistió en la estabilización del soporte con su desacidificación y consolidación.


Aunque controlar de manera perfecta la acidez propia del cartón-piedra resulta una tarea complicada, es posible conferirle una cierta reserva alcalina con la pulverización de hidróxido de calcio al 0,2% en agua en el interior de las piezas.


Para devolver la estabilidad estructural a los cabezudos y corregir al mismo tiempo las deformaciones se confeccionó un consolidante a base de carboximetilcelulosa al 4% en agua. A este adhesivo base se le adicionó una pequeña proporción de dispersión acrílica con la finalidad de aumentar sus propiedades de pegado, incorporando 1 parte de Plextol B-500 por cada 10 volúmenes de éter celulósico. La zona a tratar se humectó con anterioridad con agua destilada para reblandecer ligeramente el soporte y facilitar la inyección del consolidante, que se introdujo entre las capas de cartón hasta henchir los estratos desadheridos y dotarlos de una mayor resistencia mecánica y dureza. Para sujetar la región inyectada hasta su secado total se recurrió al empleo de diferentes sistemas de presión, como la aplicación de pesos de arena, pinzas o pequeños puntales, dependiendo de las peculiaridades de cada zona a tratar.


Una vez afianzado el soporte de cartón se procedió al sentado de color de los estratos pictóricos que se realizó con cola de conejo (1:8) sobre papel japonés, con la pertinente aplicación de calor por medio de espátulas calientes hasta el secado de la cola y la correcta fijación de la pintura. Una vez concluido el tratamiento se eliminaron los papeles humedeciéndolos ligeramente con agua templada.


De forma muy localizada, dos de las piezas presentaban pérdida total del cartón, de modo que se completó la morfología dañada mediante la inclusión de un agregado celulósico cuya formulación se inspira en una masilla muy común empleada en la fabricación de este tipo de figuras y que combina ingredientes como el blanco panet (carbonato cálcico), la raspadura de cartón-piedra, la cola blanca y el engrudo de harina (8:4:1:4). En este caso, en aras a conseguir un material más óptimo e inalterable se sustituyó la raspadura de cartón por pasta de celulosa (Arbocel), la emulsión vinílica por una dispersión acrílica (Plextol B-500) y el engrudo por carboximetilcelulosa. Se realizaron moldes con plastilina no grasa y se extendió la masilla hasta conseguir la completa reconstrucción de los faltantes.


Para la limpieza de la superficie se empleó una solución quelante como el citrato de triamonio al 4% en agua destilada. Se levantaron en este momento a punta de bisturí los repintes que cubrían los ojos de las figuras y se dejaron al descubierto los fondos originales. A continuación, se extendió una primera capa de resina cetónica disuelta en white spirit (1:5) como barnizado de proceso.


Las zonas que presentaban pérdidas de preparación y película pictórica se estucaron con masilla tradicional de cola de conejo (1:10) con blanco panet (carbonato cálcico) que, tras su nivelación, se mancharon con acuarela. Después de extender una segunda capa de barniz cetónico se ajustó el retoque de color con pigmentos al barniz (Maimeri) y se efectuó un barnizado final pulverizado para matizar el aspecto de la superficie.


La restauración de estos cabezudos supone un importante avance en cuanto a la concienciación acerca de la conservación de este tipo de objetos, elementos fundamentales del patrimonio cultural del pueblo de Artana, como seña de identidad en su vertiente más popular. Su recuperación no hubiera sido posible sin la inestimable colaboración de profesionales como Gema del Castillo, María Jesús Martínez, María José Prieto y Rosa Borredá.


BIBLIOGRAFÍA


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