OCUPACIÓN DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA DE VALENCIA EN PROTESTA CONTRA BOLONIA
Un buen número de estudiantes de la licenciatura en filosofía llevamos a estas alturas más de una semana ocupando la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat de València, nuestra facultad. Cuando hablamos de ocupación nos referimos justamente al hecho que el lector puede estar imaginando: vivimos aquí, dormimos aquí. Cualquiera que pase por delante de la puerta podrá ver los carteles que anuncian que, desde el lunes 13 de Octubre, los alumnos de filosofía decidimos hacer de nuestro lugar de estudio el centro permanente de operaciones en nuestra protesta contra la implantación del plan de Bolonia.
No es la diversión lo que nos ha llevado a colocar nuestros colchones, tiendas de campaña, mesitas de noche, ropa o libros en el hall de nuestra facultad, ni a dedicar gran parte de nuestro tiempo a organizar todo tipo de actividades, desde discusiones a ciclos de cine pasando por lecturas públicas, asambleas diarias y recogida de firmas. Tenemos exigencias que pretendemos hacer oír. No pretendemos únicamente expresar nuestro rechazo a una implantación concreta de un plan educativo, lo que queremos es defender nuestro derecho a una educación de calidad, una educación crítica e independiente de los criterios económicos o, más bien, mercantiles que cada vez más actúan como guías de nuestro sistema educativo.
Protestamos, en primer lugar, por la nueva configuración de planes de estudio, en la cual la actual licenciatura es convertida en un grado de cuatro años, el primero de los cuales será dedicado a una formación básica (compuesta de asignaturas en principio ajenas a la titulación) destinada a enseñar todo eso que deberíamos haber aprendido en Bachillerato. Como consecuencia, nos encontramos con la práctica desaparición de la optatividad y con la pérdida de la posibilidad de impartir asignaturas monográficas (ambas cosas de vital importancia para, entre otras, nuestra titulación).
Tras el grado viene el postgrado o máster. Éste es uno de los puntos más problemáticos del plan pues, tal y como está todo organizado, un individuo que únicamente esté en posesión del título de grado tendrá unas oportunidades laborales bien reducidas. En teoría es el máster el que permite al estudiante completar su formación especializándose en algún punto y preparándose para el mundo laboral. Primer problema: el precio de un máster es considerablemente más alto que el precio de un curso universitario normal. Segundo problema: los másteres están siendo preparados a coste cero, lo cual quiere decir que el trabajo llevado a cabo por parte de los profesores en la preparación de los mismos no tiene remuneración. De la misma manera, no existe, en principio, financiación para cubrir los costes de las infraestructuras necesarias para este tipo de clases. Como resultado de esto tenemos el tercer problema: la financiación ha de ser buscada en empresas privadas. Asistimos así, por tanto, a la mercantilización definitiva de la educación. Nuestro sistema educativo está destinado a perder poco a poco su autonomía frente a los intereses económicos. Y ahora viene la gran pregunta: ¿qué empresa privada estará dispuesta a financiar un postgrado en filosofía (hay que barrer para casa) o en cualquier otra disciplina perteneciente al ámbito de las humanidades o las ciencias más básicas como la física y las matemáticas? No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que estas ramas del saber están condenadas a desaparecer.
Pero todavía nos encontramos con un cuarto problema en cuanto a los másteres: lo que hasta ahora había venido siendo el Curso de Adaptación Pedagógica (CAP) destinado a preparar a los licenciados para impartir clases en colegios e institutos desaparece para dar paso, a partir del próximo curso, a un máster destinado al mismo fin (recordemos: máster = más dinero). Resultado de esto: los alumnos de humanidades, el destino profesional de la mayoría de los cuales es la docencia, se verán prácticamente obligados a la realización de este postgrado. También los alumnos de física o matemáticas. Si contamos bien, nos daremos cuenta de que, en un futuro no tan lejano, los profesores de secundaria sólo habrán cursado tres años de su titulación propiamente dicha, habiendo dedicado el primero de su estancia en la universidad a conocimientos básicos y el último a estudiar el máster en formación pedagógica.
Como puede verse, tenemos razones de sobra para expresar nuestro desagrado con la implantación de un plan que tiende hacia la desaparición de las humanidades y otras disciplinas siguiendo una línea de creación de ciudadanos pasivos y acríticos y a una formación de menor calidad y destinada a cubrir los intereses particulares de empresas concretas.
Nuestra ocupación, por ello, continuará de manera indefinida hasta que consigamos que se atienda a nuestras demandas. Y esto no es tan descabellado si tenemos en cuenta que en Grecia pararon la implantación del plan. Por el momento, parece que nuestro esfuerzo está surtiendo algún efecto. Un buen número de asambleas de alumnos de esta universidad están sumándose a nuestra causa. Pronto seremos muchos más. Desde aquí pedimos apoyo a todo el que, como nosotros, crea que la educación ha de seguir su propio camino y no rendirse ante la instrumentalización por parte de los intereses del mercado.
E.P.G.
A.E.F.V. (Asamblea de Estudiantes de Filosofía de Valencia)