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Fuente: = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />Red Metropolitana Arte y Transformación Social / Red Latinoamericana Arte para la Transformación Social ( www.artetransformador.net)
EL PROBLEMA AL QUE QUEREMOS DAR RESPUESTA:
UNA CRISIS ESTRUCTURAL
La crisis que está atravesando la sociedad argentina tiene algunas características sobresalientes; una de ellas es que se trata de una crisis integral. Esto significa que no sólo vivimos el dolor de tener a la mitad de nuestra población en situación de pobreza, sino que esa realidad expresa el agotamiento de todo un sistema político, económico y social, con las consecuencias que esto trae en los valores y la cultura de nuestro pueblo.
Se experimenta cotidianamente la sensación de algo que debe terminar, aunque no veamos con claridad la nueva realidad que debiéramos construir. A diferencia de décadas anteriores, no se trata de que tal o cual estructura ideológica o política “tome el poder” para llevar adelante transformaciones necesarias; sin desconocer ese camino, pareciera que necesitamos, en realidad, un cambio profundo y social, una tarea de fondo, ligada al terreno de los principios vitales cotidianos de una comunidad, sus creencias, sus sueños y su modo de vida.
¿CUAL ES EL APORTE DE LA CULTURA EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD QUE PROMUEVA LA DIGNIDAD HUMANA?
Somos hombres y mujeres...en el mundo.
La cultura es nuestra manera de encontrarnos como hombres- mundo. Es nuestra manera de ser así pueblos.
Antes de la racionalidad e irracionalidad de nuestras acciones diarias están nuestros acuerdos, previos a todo lo que luego construye nuestros pactos explícitos como comunidad.
Cultura es el sentido de nuestro hacer en los gestos compartidos y todo lo que nos permite hablar de algún todo posible en la inevitable parcialidad y singularidad de nuestro YO-HOY.
Dentro de ella, el arte es la usina de producción de nuestros símbolos. No el arte y sus técnicas, no los trazos del arte, sino el trazo que es la marcación del espacio que ritualiza la acción de imaginar juntos.
Hay muchos que han perdido su derecho a ser artistas y entonces a contribuir a componer algo juntos como comunidad humana.
Esa es la verdadera dimensión del arte y la cultura.
Hace ya mucho tiempo, lenta, prolija y perversamente fue modificando ese sentido y convirtiéndose en otras cosas: “erudición” “saber” “excelencia artística”.
¿Qué quedó grabado entonces de esto en nuestro llamado sentido común hoy?
¿Es el acceso a la cultura un derecho básico de la ciudadanía, como el derecho a la educación, la salud, el medio ambiente saludable? No.
¿Creemos que son éstos derechos más fundamentales o prioritarios que la cultura? SI
¿Por qué? Porque de ellos depende la vida HUMANA FISICA Y CONCRETA.
Es el derecho que nos instala en el ejercicio del derecho porque nos instala como productores de sentido.
La definición de nuevos derechos, nuevas leyes y nuevas reglas de juego, provendrá básicamente de la modificación de los modos de producción cultural. Y estos simplemente se verán transformados por el ingreso a la producción de sentido de personas en situación sistemática de exclusión.
¿Exclusión de qué? Sencillamente exclusión del ingreso a la producción simbólica y a sus circuitos de circulación.
Los problemas de inequidad son, además de realidades vinculadas a lo económico, fundamentalmente temas culturales.
La pobreza circunstancial no se llama exclusión y puede ser tranquilamente una circunstancia de la vida económica. La pobreza como construcción, la necesidad de que muchos tengan poco o nada para que pocos tengan mucho, es una construcción cultural y no una vicisitud de la vida económica.
¿Por dónde empezar? ¿Pensamos? ¿Sentimos? ¿Hacemos? ¿Conocemos?
El arte busca por todos esos lados, incluido el del imprevisto.
Hay un lugar para las personas que hoy no lo tienen y éste se construye a través de la singularización de emprendimientos donde ellas puedan expresarse y ser reconocidas por fuera de su capacidad de generar riqueza monetaria. Para superar las barreras de la exclusión deben promoverse ámbitos para la generación de identidades sociales e institucionales que hagan accesible a todas las personas el efectivo uso de sus derechos a la producción de signos o sentidos.
Seguramente la difusión de las producciones artísticas desarrolladas en el marco de programas de transformación social hacia la equidad ayudará a comprender los alcances de una voluntad colectiva puesta atrás de la idea de hacer política como quien hace arte y hacer arte como quien construye políticas.
¿CUAL ES EL POTENCIAL TRANSFORMADOR DEL ARTE APLICADO A LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA?
Arte y Transformación Social son los conceptos “tensores” de esta experiencia, y han significado en la historia concreta de nuestras instituciones la apertura de un nuevo y portentoso territorio de exploración y creación, que nos ha permitido revalorizar al hecho artístico como productor de procesos sociales, y a los procesos comunitarios como creadores de estética, metáforas y emociones.
La generación de políticas públicas en cada localidad vinculando educación en las artes y gestión comunitaria abre entonces campos complementarios de saberes y competencias posibles para procesos de creación de un campo político a favor de la equidad y la integración social :
a) EL ARTE Y LA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD EN LA COMUNIDAD :
En principio, los saberes ligados a cada una de las disciplinas artísticas y comunicacionales que deben abordarse si se quiere efectivamente enfrentar la problemática en toda su complejidad: la música, el teatro, la danza, las artes plásticas, las letras, pero también la gráfica, la fotografía, el cine, las nuevas tecnologías y los géneros y especializaciones que rodean la realización de hechos y obras artísticas, sus raíces históricas y su potencialidad social y cultural.
b) NUEVOS CIRCUITOS CULTURALES Y ARTICULACIÓN ENTRE ESPACIOS PÚBLICO-PRIVADOS: En segundo lugar, los saberes relacionados con la creación de circuitos y espacios de circulación de esos bienes culturales y su relación con los sistemas políticos, sociales, institucionales y comerciales, y el debate político que se suscita en la medida en que se promueven nuevas formas de democratización y protagonismo social en esos procesos. Caben aquí los debates sobre políticas públicas estatales, pero también sobre políticas sociales (ejercidas desde organizaciones comunitarias o sin fines de lucro) y empresariales, tanto en el ámbito nacional como en el local y en el internacional.
c) INTEGRACIÓN DE LA EDUCACIÓN FORMAL Y NO FORMAL :
En tercer lugar, los saberes vinculados a los elementos conceptuales y las herramientas pedagógicas que se hacen imprescindibles en el desarrollo exitoso de procesos de Arte y Transformación Social. Nos referimos a las cuestiones abiertas por la Educación Popular y también a la formación en torno a sus posibles instrumentos, metodologías y criterios de trabajo especialmente en su relación con nuestro espacio de acción, es decir la obra y el Hecho Artístico.
EL ARTE Y LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL: MISTERIO Y ROMANCE
Existe la creencia de que las transformaciones en el campo de la cultura son “posteriores” en el tiempo a las generadas por la economía y el sistema productivo. Esta visión suele hacernos creer que el rol de la acción cultural se limita a acompañar o resistir procesos económico-sociales; si bien hay algo de cierto en esa afirmación, también es real que las acciones culturales y sociales pueden prefigurar modos nuevos de socialización, de circulación de los bienes comunitarios y de relacionamiento político. A diferencia de otras etapas de la historia, sentimos que la acción de grupos e instituciones que elijan el arte y la cultura como campo de trabajo pueden cobrar una importancia estratégica en la construcción de una nueva sociedad, más justa y democrática. Se trata de imaginar nuestro trabajo como espacio de expresión organizativa y estética de un sistema de valores más generoso, humano e integral que el que la cultura de la delegación nos impone. Y esa es una transformación que pasa por las ideas, pero sobretodo por prácticas concretas en lo local, articuladas en procesos regionales.
Hablar de Arte y Transformación Social habla de desmesura. Y la audacia y la desmesura son actitudes imprescindibles tanto en los procesos de naturaleza artística como en los de transformación social. Ambos convocan a la creación humana, esencialmente relacional y colectiva, y se reconocen en esa tensión eterna entre la indisciplina de las visiones que contienen la potencia de los cambios, y el tránsito necesario por los instrumentos, circuitos y comportamientos que la realidad impone. Dice Alain Badiou que venimos de una tradición que impuso la idea de que la política debía ser hecha como quien desarrolla una tarea científica y que quizá hoy debamos hacerla como quien hace una obra artística. Con él puede decirse que hay algo de naturaleza artística en la fuerza que impulsa las transformaciones sociales, sobretodo cuando éstas avanzan hacia una mayor democratización del destino de la humanidad.
“Arte y Transformación Social” es el nombre de esa zona de la realidad por la que han buceado miles y miles de pequeñas y grandes experiencias en la historia de nuestro país probando, inventando y equivocándose en borradores estéticos y políticos, necesariamente cambiantes. Cada vez que una persona o un grupo de acción cultural puso en discusión los discursos, estéticas, formatos y modos de circulación y socialización del hecho artístico desde un lugar de relativa autoconciencia y problematizando la organización social abonó un proceso de producción de conocimientos invalorable para el conjunto de la humanidad, porque lo hizo en el marco de una secuencia temporal en la que, como muy pocas veces en la historia, los fundamentos mismos de lo que conocemos como “política” y como “arte” están en cuestión, sobretodo cuando se trata de proyectar procesos, acciones (y obras) efectivamente transformadoras.
La verdadera política se construye en un proceso social antes, durante, después, por fuera y por dentro del Estado. Y el arte y los artistas comprobamos, entre otras cosas, que la belleza de una obra está esencialmente determinada por las condiciones en que los grupos humanos se encuentran a través de ella, perciben y experimentan emociones, con lo cual las raíces sociales, la concepción del espacio en el que la obra se comparte, el estilo de diálogo que se establece con los que se emocionan con la “obra”, el modo de socialización de sus contenidos estéticos e ideológicos y la relación con el futuro y la transformación de la realidad son tan importantes como la obra en sí, aunque desde la visión tradicional no formen parte de ella. Podría decirse que el Arte se realiza en un proceso social antes, durante, después, por fuera y por dentro de la Obra. Ambas afirmaciones ponen en crisis todo un sistema de ideas en torno a lo que hacemos porque, en síntesis, si la política no termina en la “llegada al estado” y el arte no culmina en “la obra” ¿cuáles son los elementos que signan uno y otro proceso y le dan eficacia en la transformación de las percepciones, las emociones y las estructuras de la realidad?
Crisis de la idea de “política”, crisis de la idea de “arte”, crisis de las instituciones, categorías, formatos y circulaciones que fueron eficaces hasta ayer y un sinnúmero de realizaciones y actores que seguramente estén dando forma a una matriz de categorías nuevas y superadoras de la inercia y el simulacro en todos esos campos, pero con pocas posibilidades de componerla en conjunto con otros; éste parece ser el desafío.
CLAVES DE CRECIMIENTO E IDENTIDAD
En ese camino tan enmarañado, cinco grandes ideas nos han orientado a caminar.
1- EL ARTE COMO CREACIÓN DE LA COMUNIDAD HUMANA: Contra lo que habitualmente se proyecta como imagen del arte (el artista “inspirado”, poseído por un don que lo hace “distinto” y “superior” a los otros hombres y mujeres), el arte tiene su origen en la comunidad humana, en las relaciones que permiten que la gente cree imágenes y relatos para emocionarse y crecer.
2- LA OBRA COMO PARTE DE UN PROCESO EN LA CREACIÓN DE BELLEZA: Nos referimos a que compartir un momento de emoción “estética” es siempre un hecho social y comunitario, cuyo marco es construido desde valores e ideologías que también influyen en su “belleza”. El local de un grupo de teatro comunitario también es parte de su “obra”, así como la relación que hay con el barrio y su historia y su posición frente al mundo. Y ésta debe traducirse en realizaciones que ofrezcan el grado más alto de belleza y calidad que las comunidades humanas sean capaces de producir, no sólo por su impacto estético, sino por su raíz política.
3- LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA COMO CONTINENTE DE UN PROYECTO CULTURAL: Creemos que un proceso cultural distinto nos lleva imprescindiblemente a imaginar modos nuevos de organización social y comunitaria que sean efectivamente la traducción de nuestros valores y nuestros sueños. No hay un verdadero proceso de arte y transformación social sin organización comunitaria que opere en el barrio, en el territorio concreto, con sus vínculos cotidianos y su problemática.
4- UNA RELACIÓN CREATIVA CON EL CONFLICTO SOCIAL: Habitualmente, los medios de comunicación presentan una imagen “demonizada” del conflicto social y sus actores movilizados. Desde el Arte, sabemos que el conflicto puede ser el origen de una superación comunitaria, de un crecimiento en la igualdad. En este sentido, los activistas en un conflicto no son los “enfermos” de una sociedad sino que, por el contrario, exhiben más señales de “salud” que los que ven pasar el futuro por la pantalla de la tele. Sin embargo, aportamos mucho cuando inventamos un modo distinto de intervenir en esas realidades que superen el llamado “arte de protesta” y creamos efectivamente un modo creativo e integral de relacionar lo artístico con el conflicto social, con las realidades de la pobreza y la exclusión, desde un lugar de propuesta de una nueva sociedad.
5- LA MEMORIA, EL PRESENTE Y EL FUTURO COMO MATERIALES DE TRABAJO: La cultura dominante se encarga de diluirnos la memoria y con ello la identidad, de distraernos de los elementos preocupantes del presente y de vendernos un futuro modelado y definido. Un proyecto cultural emancipador debe integrar al poder del arte y la emoción en una visión que recupere la memoria, ayude a interpretar y transformar el presente y, por último, convoque a discutir y construir el futuro. La temporalidad en relación a la transformación de la realidad es un elemento fundamental, que el arte y las acciones culturales pueden volver a situar al alcance de las comunidades y las personas. Otro mundo es posible, si lo hacemos aquí y ahora.
INÉS SANGUINETTI
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
- Bajtin, M. (1971). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Barcelona: Barral Editores S. A.
- Boal, A. (1974). Teatro del oprimido y otras políticas. Buenos Aires: Editorial de la Flor.
- Bourdieu, P. (1998) La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Ed. Taurus.
- Freire, P. (2004) La educación como práctica de la libertad. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
- García Canclini, N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados. Barcelona: Gedisa S.A.
- Morin, E. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro [en línea]. Disponible en http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf
- Ortiz, R. (1997) Mundialización y cultura. Buenos Aires: Alianza Editorial.
- Sen, A. (2000) Desarrollo y libertad. Madrid: Ed. Planeta.
- Touraine, A. (1995) Producción de la sociedad. México: Ed. UNAM.