La tormenta interior

Autor: * Rav Dr. Michael Laitman

Pues, pasó nuevamente. Los huracanes Fay, Gustav, Ike y la tormenta tropical Hanna han dejado decenas de pérdidas humanas y multimillonarios destrozos en viviendas, cultivos e infraestructuras, principalmente en países del Caribe como Haití y Cuba, donde más de un millón de personas han sido desplazadas. Varias ciudades de Estados Unidos también se han visto severamente afectadas.

A causa del huracán Ike, alrededor de cuatro millones de personas se quedaron sin suministro de electricidad en el sudeste de Texas. De acuerdo al vicegobernador de ese estado, David Dewhurst, las pérdidas económicas podrían superar los 100.000 millones de dólares. Por otro lado, el huracán Gustav ocasionó graves inundaciones en diversas regiones de Estados Unidos, donde el impacto económico del desastre se estima que también ha sido cuantioso. El Gobierno de Nueva Orleans tomó todas las medidas para evitar más desgracias, ordenando la evacuación de prácticamente toda la ciudad. Puede que este paso sea suficiente para prevenir desastres como los que hemos atestiguado en el pasado, aunque un momento después de que los vientos hayan menguado, surgirá nuevamente la pregunta: ¿por qué? ¿Qué está pasando? ¿Y qué podemos hacer para prevenir la próxima catástrofe ecológica?

Para responder a estas preguntas, es necesario entender qué es lo que realmente causa el ``calentamiento'' de la Naturaleza.
Una vista más profunda hacia el fondo del sistema de la Naturaleza, nos mostraría que ésta mantiene un equilibrio permanente entre todos sus elementos. Todos éstos están interconectados y son interdependientes, hasta que el mínimo daño infligido a un solo elemento lo saca del equilibrio completo, y perjudica al sistema entero.

El principio subyacente de este equilibrio son las relaciones recíprocas que se expresan principalmente en el reino animal. Y aunque la Naturaleza nos parezca como una fiera por fuera, una vista al fondo nos mostraría que todas las luchas y choques existentes los realiza para lograr su balance interno, contrario a lo que aparenta.
La famosa investigadora de chimpancés, Dra. Jane Goodall, quien ha pasado muchos años de su vida en medio de la Naturaleza, lo confirma basándose en su propia experiencia: ``Sentí que no existe una fuerza mala en la Naturaleza, sólo amor puro''.

El ser humano, sin embargo, es la única criatura que transgrede consistentemente el balance delicado de la Naturaleza. Se preocupa sólo por sí mismo, se aprovecha de su prójimo y se erige sobre la ruina de los demás. Ciertamente no siempre lo hacemos de manera consciente, pero ya sabemos que ``La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento''. Aunque no estemos conscientes de nuestra influencia, somos partes integrales del sistema natural, y cuando tratamos nuestro entorno egoístamente, sacamos el sistema entero de su equilibrio.

Baal HaSulam lo expresa de una manera muy directa en su artículo La Paz:
"Y examinándolo en forma general, debemos dedicarnos a dos preceptos en la sociedad, únicamente. Éstos se pueden denominar como recepción y otorgamiento. Eso implica que cada miembro está obligado por la naturaleza a recibir sus necesidades de la sociedad, y a la vez, está obligado a influir con su labor, para el bienestar de la sociedad. Y si contraviene uno de estos dos preceptos, será castigado sin piedad.

En cuanto al precepto de la recepción, no hace falta examinar excesivamente, porque el castigo se cobra de forma inmediata, lo cual impide su negligencia. Pero, en lo que respecta al segundo precepto, el de otorgar a la sociedad, el castigo no sólo que no llega a nosotros de forma inmediata, sino que se suministra en una forma indirecta. Y por consecuencia, este precepto no se observa adecuadamente.

Y es por eso que la humanidad se está friendo en una pavorosa cacerola, sobre el fuego de la destrucción y el hambre, y sus consecuencias, que no han cesado hasta el momento. Y lo más curioso es que la naturaleza, como un hábil juez, nos castiga de acuerdo a nuestro [nivel de] desarrollo, porque es evidente que cuanto más se desarrolla la humanidad, más incrementan nuestros tormentos y sufrimientos, respecto al logro de nuestro sustento y existencia''.

Si es nuestro deseo solucionar la crisis ecológica, tenemos que aprender cómo funciona el sistema exhaustivo de la Naturaleza y aplicar los mismos principios en los sistemas sociales. En otras palabras, debemos estar conscientes de las razones que han causado la formación de la crisis ecológica en la que nos encontramos en la actualidad, o sea, la infracción continua y extendida de la reglamentación de la Naturaleza. Y al mismo tiempo, entender e internalizar el hecho que la Naturaleza en total constituye un único cuerpo multicelular en el que cada célula está conectada y depende de todas las demás.

Si entendemos que somos una sola sociedad humana, y usamos la fuerza que se encuentra a nuestra disposición para cambiar nuestras relaciones -pasando de la separación a la unión- recuperaremos el equilibrio infringido, y llegaremos finalmente a la paz y la tranquilidad.

* El rabino Dr. Michael Laitman es master en cibernética, doctor en filosofía y Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento, autor de 40 libros sobre Cábala auténtica y fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel.