Casi el Paraiso; Chiapas; Como una negación insistente de pertenecer a lo urbano y evitar ser cómplice del caos que impone la ciudad, decidí avencidarme en el Jobo, que por su paisaje rural ha tomado fama de ser una tierra para sembrar sueños.  Opté por el miniautoexilio antes que pelear cada centimetro de la calle en las avenidas y en los semaforos atascados de coches y peatones de Tuxtla.

 

Un dia había pensado en invitar a Casi el Paraiso a Quincerio (que por cierto, sale en "Huatulqueños", de Leonardo Da Jandra), no para cazar un venado, sino para que contemple el valle central del Jobo, cubierto de arboles envejecidos y de paisajes alfombrados por la neblina desde los acantilados del Cañon del Sumidero, cotidiano como las bahías donde vive. Seguro se sofocaría por el calor incomodo de abril y la polvareda que sacuden los caminos de terracerias. Otro dia, caminaría-bonachon como es Quincerio-con el viejo carretón que lleva a los viejos campesinos a las parcelas. Doblaría por todas las calles-algunas empedradas-hasta toparse con el Higo de la media calle.

 

Casi el Paraiso esta ubicado justo por encima de una de las montañas que conforman el valle central de Tuxtla, antiguamente territorio zoque y después de la revolución con el inicio del reparto agrario se convirtió en uno de los ejidos de Chiapas, junto a copoya. Casi el Paraiso no rebasa los dos mil habitantes, con calles polvorientas en verano. El juego del sol con las montañas, la neblina y el silente aire provocan un verdadero ritual del paisaje en las tardes y en las mañanas, desde gotas de lluvias sutíl acompasado con un arcoiris hasta un alacrán extraviado en medio del pedregal. Asi se cuentan los dias aqui: por lluvias y por sol. Por noches y lunas.

 

Y como decíamos, hasta aqui han llegado a vivir los más extraños personajes, tal vez atraído por lo menos estresante que es la vida acá y por el descanso que puede uno tomar a la hora del té inglés, sin ningún bullicio, más que los pajaros de la milpa vecina. Desde el viejo funcionario de la oficina postal hasta el moderno y democrático fiscal de la policía, que lo mismo inventa cargos a la mafia que encarcela a inocentes. O el neoburocrata que espera impacientemente ser jubilado antes que el calentamiento global lo alcance.

 

El escritor ha optado por el silencio pero ha puesto su semillita para "desacelerar" el calentamiento global. Ha sembrado un planta exótica tailandesa, dos matas de mango, una de mandarina, una de naranja, una de limon, una de guayaba y tres bugambilias, nada más. No puede hacer más, pero eso si, viaja en primera clase hacia el mediterráneo, consume cualquier producto generador de bioxido de carbono y lo peor, pertenece a una ONG fantasma defensora del medio ambiente.

Paisaje desde Casi el Paraiso.(El Jobo, Chiapas). Unas nubes posan por encima de las montaña de los Altos, como parte del juego sútil del paisaje. 

Dia 1.-

Uno puede transitar por las calles de Casi el Paraiso y toparse en la libreria del pueblo con Entrecruzamientos I, II y II  o En el Corazón de un Sol Herido, aunque prefiero Huatulqueños, siempre y cuando Da Jandra me explique el orígen de la llegada de Cavendish o Francis Drake.(No en vano vive en Huatulco). En la misma libreria me anunciaron que en esos anaqueles viejos y empolvados que nadie revisa estaba el disco de Carlos Varela, con la paradoja de Guillermo Tell.

 

Día 2. (Y lo que faltaba)

Cuando don Rafael despertó supo que había llegado a Casi el Paraíso, enmudeció repentinamente.No pudo tomar agua para reponerse del viaje de 2 leguas, ni estirar los pies apretados por el viejo huarache traído de los altos. Apenas pudo restirar los brazos enrojecidos curtidos por el sol. Sacó su vieja linterna china como para calentarlo con el sol.

 

Antiguamente, llegar a Casi el Paraiso tomaba varios dias, sobre todo, en los caminos de veredas y más aun, en tiempo de lluvia. Las yuntas quedaban varadas antes de llegar a las primeras calles del pueblo. Y es que, subir las inclinadas montañas y los caminos antes de toparse con los caseríos forrados de laminas y con paredes de adobe machimbrado resultaba no solo una odisea, sino la búsqueda por salvarse del ajetreo de la gran ciudad.

 

Dia 3.-