Cuerpos en la Movida (1978-1985)
“Pues todo empezó, más o menos, en el 75. los que teníamos el rollo éramos Las Pepis, Tino Casal y unas cuantas modernas que íbamos por los clubs gays y todo ese rollo. Éramos los únicos que dábamos el flash en Madrid. Nadie más que nosotras.”
Fabio McNamara (GALLERO, 1991, 316)
No hacía mucho tiempo que el Dictador había muerto. Madrid a finales de los setenta despertaba de un largo letargo impuesto. Paradójicamente, donde antes hubo sólo vacío, ruinas de una ciudad hecha añicos, se instalaron los cuerpos. Ellas y ellos, campos de batalla (TRUJILLO BARBADILLO, 2005, 42) en los que se libraba la primera apuesta decidida por la libertad de la sociedad española. Acción que fue decididamente política, en tanto representó una trasgresión consciente de los estereotipos esencialistas con los que el franquismo nos había lastrado, decididamente rupturista, al invocar el placer y la alegría de vivir como ejes fundamentales de la existencia. Y fue, sobre todo, sexual, pervirtiendo conscientemente las jerarquías heterosexuales convencionales que habían hecho de nuestros y nuestras protagonistas “peligrosos sociales” (Ley de Rehabilitación y Peligrosidad Social, derogada en 1979). Esto es Madrid, Madriz1. De aquí se va al cielo.
La Movida madrileña, pues, nació como un movimiento cultural underground, vagamente emparentado con el punk y el glam, una subcultura juvenil, como afirma Héctor Fouce, que luego sería capitalizada por el poder como “imagen lúdica del cambio político o través de los medios de comunicación” (FOUCE, 2000). Tuvo su momento de mayor esplendor a principios de los ochenta, para luego morir, algunos dicen que de propia autocomplacencia, hacia 1991. En este pequeño esbozo vamos a analizar sus primeros años desde la perspectiva de la sexualidad y los cuerpos, ya que fue en este momento cuando, sigue este autor, “desaparecida lo dictadura, se da una situación de lucha de cara a establecer un nuevo discurso [cultural] dominante.” La Movida prefiere la noche, y se instala en un presente perpetuo, ahistórico: nada importa sino el hoy, y el máximo placer que se pueda alcanzar.
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“Cada noche los cuerpos ardían en una hoguera de propósitos inciertos, inflamados de palabras, como brazos que se agitan. La seguridad ilusoria del presente se desvanecía, huyendo en relojes de cifra incomprensible. Ni casa ni tierra. (...)”
RADIO FUTURA, De un país en llamas, 1985.
La Movida fue, antes que nada, música: Kaka de Luxe, Radio Futura, la Mode, Parálisis Permanente, Vulpes, Almodóvar y McNamara. Los disidentes sexuales de que habla Rubin (RUBIN, 1989, 157) son ahora los protagonistas de la acción. El sujeto, a la fuerza postmoderno, se llena de aristas, donde cada cara tiene tiene voz. La sexualidad de los límites exteriores (RUBIN, 1989, 139), homosexual (Gran ganga, Almodóvar y McNamara), promiscua (Me gusta ser una zorra, Vulpes), fetichista (No tocarte, Radio Futura)no procreadora (“Lo que no ha quedado es ningún niño. No hemos tenido hijos… (risas)”)2, comercial (Quiero ser mamá, de Almodóvar y McNamara), esporádica (Un hombre de verdad, Alaska y Dinarama), intergeneracional (Muchachita, Radio Futura), sadomasoquista (Quiero ser santa, Parálisis Permanente) se empodera de las letras.
“Si tu me vienes hablando de amor/que dura es la vida cual caballo te guía/Permíteme que te de mi opinión/mira imbécil que te den por culo/Me gusta ser una zorra./Cabrón/Prefiero masturbarme yo sola en mi cama/antes que acostarme con quien me hable del mañana/Prefiero joder con ejecutivos/que te dan la pasta y luego pasa al olvido/Me gusta ser una zorra/Cabrón”
Vulpes, Me gusta ser una zorra, 1983.
“Sin dudar /iré a buscar/quiero
encontrar, sí/un hombre de verdad/Me arrastaré/suplicaré,
sí/un hombre de verdad/No sé qué hacer para
encontrarlo/dónde buscar/no sé qué preguntar/a
veces pienso que no existe/dónde estará
no s si
continuar/Algo realmente masculino/yo quiero algo especial/y no lo
hay/He puesto anuncios en la prensa/no pudo ser,no resultó,
nadie llamó/Sin dudar …”
Alaska y Dinarama, Un hombre de verdad, 1984.
“…No tocarte/no tocarte/no tocarte o quizás/podría devorarte/Súbete a un árbol/rompe tus medias/llora en un rincón/no voy a tocarte/es mejor así/Dame un poco/de leche y de pastel de mamá/no comprendo/tu cara de felicidad/sé que estás pensando/en cuerdas y cuchillos/no voy a tocarte/prefiero no mirarte/No tocarte/no tocarte/no tocarte o quizás/podría devorarte/Ese hombre que mide su tierra con arma de fuego/¿ quién es?¿quién es?/ese tipo que ve tu pecado en el punto de mira/¿quién es, quién es? No tocarte o quizás/podría devorarte…”
Radio Futura, No tocarte, 1985.
“Quiero ser santa/Quiero ser canonizada/Azotada y flagelada/Levitar por las mañanas/Y en el cuerpo tener llagas/Quiero estar acongojada/Alucinada y extasiada/Tener estigmas en las manos/En los pies y en los costados
Quiero ser santa/Quiero ser beata/Quiero ser santa/Quiero ser beata/Quiero estar mortificada/Y vivir enclaustrada/Quiero ser santificada/Viajar a Roma y ver al Papa/Quiero que cuando me muera/Mi cuerpo quede incorrupto
Y que todos los que me vean/queden muertos del susto/Quiero ser santa”
Parálisis Permanente, Quiero ser santa, 1982
Como observó J. Hooper (FOUCE, 2004) periodista, a propósito del revuelo ocasionado con la emisión del concierto de las Vulpes, “oponerse al sexo casi en cualquier forma, excepto el abuso infantil, se ha convertido en un tabú tan grande como antes lo fue el propio sexo (...) Los excesos ocasionales de la revolución sexual española representan una medida de la intensidad de la represión que la precedió.”
… Pero la Movida también significó una revolución en otros lenguajes artísticos, como el cine, el cómic, la moda y la literatura. La Movida fue el reino de la alteridad. Será, sin embargo, en el primero donde la personalidad de Pedro Almodóvar y la singularidad de sus primeras producciones marquen la pauta: las acciones performadas de los cuerpos-personajes que protagonizan sus obras, ninfómanas, homosexuales promiscuos (Pepi, Luci, Boom, y otras chicas del montón, Laberinto de Pasiones, 1982), monjas de los arrabales (Entre Tinieblas, 1983), travestís y gays que pervierten el modelo familiar tradicional (La ley del deseo, 1984), fetichistas toreros (Matador, 1983) son los agentes de la libertad y de la acción política de este creador. La confrontación de lo moderno y lo tradicional es el eje paródico de algunos vídeo-clips (Tatuaje, la Bien Pagá, éste último en Qué he hecho para merecer esto, 1985), en los que Almodóvar se usa a sí mismo como medio de expresión, se traviste para ir más allá, y encarar la duda del espectador ante la performance de su propio ser sexual. Sus mujeres, que tanto y tanto le han dado después, son cuerpos sexuados y sexuales, agentes siempre de sus deseos, en vidas que hasta de perfil nos parecerían rutinarias. Son las marujas hartas de su existencia que se meten a putas, o que tienen encuentros de sexo esporádico con el policía que más tarde investigará la extraña muerte de su marido, representante aquí de la ideología sexual tradicional, el del coito vaginal con penetración, y a ser posible, muchos hijos; son los travestís, los niños con capacidades paranormales… Como afirma el propio director (GALLERO, 1991, 219): “La frivolidad se convertía casi en una postura política, en un modo de enfrentarse a la vida que rechazaba absolutamente la pesadez (...) El petardeo era un modo muy elocuente de ver la vida (…)”
Ouka Lele, fotógrafa, Herminio Molero… son muchos los artistas, en fin, que pusieron sus cuerpos como actores de este particular movimiento. En mi opinión, la Movida representa un anticipación al movimiento queer en tanto la heterosexualidad se cuestiona como norma obligatoria y régimen político (TRUJILLO BARBADILLO, 2005, 3.4). Siguiendo a MacKinnon (MACKINNON, 1995, 12), lo no permitido reemplaza a lo permitido en el discurso creativo y vital de estos creadores, y la sexualidad va más allá de “lo que le produce erección a un hombre”3. Los disidentes sexuales, que poco a poco habían ido adquiriendo espacios, haciéndose visibles, dejándose ver, esto es, habían ido empoderándose, son los protagonistas, los unos. Sólo el SIDA, y el “pánico moral” que llevó (y aún lleva aparejado), además de la institucionalización e instrumentalización política que de ellos y ellas hicieron las diferentes administraciones y del giro conservador del Ayuntamiento de la capital, pudieron acabar con esta subcultura juvenil, a la que debemos buena parte de nuestra capacidad real de expresión. ¡Qué overdose!4
“Arde la calle al sol de poniente/hay tribus ocultas cerca del río/esperando que caiga la noche/hace falta valor, hace falta valor/ven a la escuela de calor
“Sé qué tengo que hacer para conseguir/que tu estés loco por mi
Ven a mi lado y comprueba el tejido mas/cuida esas manos chico”
Esa paloma sobrevuela el peligro/aprendió en una escuela de calor
Vas por ahí sin prestar atención/y cae sobre ti una maldición
En las piscinas privadas las chicas/desnudan sus cuerpos al sol.
No des un paso, no des un mal paso,/esto es una escuela de calor
Deja que me acerque,/deja que me acerque a ti,/quiero vivir del aire,/quiero salir de aquí/Arde la calle al sol de poniente/hay tribus ocultas cerca del río
esperando que caiga la noche estoy/hace falta valor, hace falta valor
ven a la escuela de calor”
Radio Futura, Escuela de calor, 1984.
BIBLIOGRAFÍA
TRUJILLO BARBADILLO, GRACIA (2005), “Desde los márgenes. Prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español”, en El eje del mal es heterosexual
FOUCE, HÉCTOR (2000) “La cultura juvenil como fenómeno dialógico: reflexiones en torno a la movida madrileña”, CIC Cuadernos de información y comunicación, nº 5, Madrid.
http://www.ucm.es/BUCM/revistas/inf/11357991/articulos/CIYC0000110267A.PDF
FOUCE, HÉCTOR (2004), El futuro ya está aquí: música pop y cambio cultural en España : Madrid, 1978-1985, Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones, 2004
HOOPER, J (1987) Los españoles de hoy. Javier Vergara editor. Madrid, recogido en FOUCE (2004)
MACKINNON, CATHERINE (1995), “Sexualidad”, en Hacia una teoría feminista del Estado, Cátedra, Madrid.
GALLERO, JOSÉ LUIS (1991), Sólo Se Vive una Vez : esplendor y Ruina de la Movida Madrileña, Ardora, Madrid.
RUBIN, Gayle (1989) “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad”, en Vance, Carole (1989), Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina, Ed. Hablan las mujeres, Madrid.
Este trabajo ha sido realizado por Rosario Ortega Serrano
2ª Pregunta: GRACIA TRUJILLO
1 Éste era el nombre de uno de los fanzines de mayor difusión del momento.
2 Fabio McNamara, en GALLERO, 1991, 324)
3 Como ocurría en el Destape, donde el cuerpo de las mujeres era mero objeto del deseo heterosexual masculino, sin agencia.
4 Fabio McNamara, en Laberinto de Pasiones, 1982.