Rutina, Maldita Rutina




[Sobre “El trabajo doméstico: sus relaciones con la economía mercantil y su función en la reproducción del sistema socioeconómico”, de Cristina Carrasco, UB]


Rosario Ortega Serrano




rutina.

(Del fr. routine, de route, ruta).

1. f. Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas.

2. f. Inform. Secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa y se puede utilizar repetidamente.

Diccionario de la Real Academia Española


Deseaba que llegara el lunes para descansar del sábado y del domingo”1

Grupo de discusión sobre gestión de tiempo particular y laboral. Recogido en MURILLO DE LA VEGA, S. (1995), “Espacio doméstico: el uso del tiempo”, en TOBÍO y PENCHI (Eds) (1995), El espacio según el Género, ¿un uso diferencial?, C. A. M., Madrid


Hablar de la doble o triple jornada laboral de las mujeres, “doble presencia/ausencia” en palabras de Izquierdo, es nombrar, nombrarnos, ponerle y ponernos cara, y cuerpo, y carne y cansancio, a la mayoría de nuestras amigas, madres, hermanas, a nosotras mismas, a nuestras realidades, tan aceptadas como difíciles de aceptar, a nuestras vidas. Nacer en un cuerpo que se sexúa en femenino, por más que sea el género una performance social e históricamente construida, nos ha colocado en una posición desigual, resultado de la opresión patriarcal que tan largamente hemos padecido y padecemos, en clara desventaja con respecto a los que, generados en masculino, nos acompañan en el camino y que han asumido como natural lo que es, cuando menos, un cuestionable agravio comparativo.

La tensión entre todos nuestros tiempos de trabajo (el remunerado, el familiar doméstico, el voluntario) esconde, como indica Carrasco2, “otro conflicto más profundo que está en los fundamentos del sistema social y económico: la tensión existente entre dos objetivos contradictorios, la obtención de beneficios por una parte y el cuidado de la vida humana por otra”. El sistema capitalista ha centrado en la expansión de los mercados y en la maximización de los beneficios el contenido de lo que ha dado en llamar “racionalidad económica”, ¿racionalidad? siempre en tensión con el comportamiento del mercado y las experiencias de la vida real de hombres y mujeres3, invisibilizando de esta manera los trabajos, los tiempos, los cuidados, las emociones, que la reproducción de su fuerza de trabajo exige. Hablamos del Trabajo Familiar Doméstico, “producción de bienes y servicios que tiene lugar en la esfera familiar o que se encauza a través del trabajo no remunerado4 (…)”, consagrado por la división sexual del trabajo como eminentemente femenino. Sus tareas se ubican, principalmente, aunque no sólo, en el hogar, definido por Murillo5 como el “ámbito identificable en virtud de las funciones reproductivas, así como un tiempo sin límites en base a la multiplicidad de tareas rutinarias e inaplazables propias de este ámbito. (…).. Se trata, pues, de ponerse las gafas de género y empezar a usar la cotidianidad como perspectiva de estudio, cotidianidad que “es un tiempo a menudo fragmentado y disperso y, a la vez, rutinario, durante el cual diversas actividades han de realizarse prácticamente de forma simultánea. Los trabajos de cuidado de los demás son vividos como un tipo de trabajo no especifico y que no puede especificarse, cuyos contornos cambian constantemente (…). Porque tratan de dar cohesión a lo que a menudo es fragmentario y desintegrado, sólo son visibles cuando no se realizan (…)6”. Rutina, maldita rutina.

Como un día te relajes, todo pasa al día siguiente y así sucesivamente.

Han sido los estudios feministas en economía los que se han cuestionado la no economicidad del trabajo familiar doméstico, invisible también para otras disciplinas. Irónicamente, la economía nació entre los muros de una casa, cuando Iscómaco enseñaba a su esposa cómo gestionar los trabajos de su hogar7 -oikos en griego-. Como señala Mirón, en un interesante estudio en el que diferencia los objetos de análisis de la oikonomía y de la economía8: “(…), el oikos, entendido como concepto que engloba los de casa, propiedades y familia (nuclear), es un ente constituido para la producción/reproducción de descendientes, así como de los soportes materiales e inmateriales que garanticen el sustento de esta regeneración. (…). Por tanto, la oikonomía era el saber que trataba sobre la administración de esta célula social básica.” Esto es, el objeto de estudio inicial de la economía, en tanto que gobernanza del oikos, estaría más vinculado con lo que, desde postulados feministas, entendemos por trabajo familiar doméstico, ajeno por ende al mercado y a la obtención inmediata de beneficios, y que se ubica en el interior de la unidad doméstica, más allá del andron9. No obstante, en el antes de la hegemonía del mercado, tampoco estas actividades eran reconocidas por el entramado social en las que se imbricaban y al cual daban sentido, viéndose relegadas por una escala de valores que hacía de la presencia pública, del uso de la palabra, lo socialmente reconocido y valorado.

Si hace falta no falla nunca, no ha habido vez que estando enferma no se ponga a cocinar.

¿Dónde se halla la causa de esta sempiterna infravaloración de los cuidados y necesidades de la vida humana? Carrasco10 propone la distinción que la filósofa H. Arendt hizo entre labor y trabajo. “Para esta autora”-señala-“la labor guardaría relación con la satisfacción de las necesidades básicas de la vida y corresponderían con aquellas actividades que no dejan huella (…)”, mientras el trabajo tendría un “carácter más duradero y más objetivo”, y gozaría de mayor reconocimiento social. Como señala Arenas11: “La distinción arendtiana entre ‘labor’ y ‘trabajo’ tiene gran importancia. La ‘labor’ supone mantener el proceso de la vida y es indispensable para la existencia del mundo. Se trata de una actividad totalmente necesaria y determinada. Pero el ‘trabajo’ implica la aportación del artificio, la intervención del talento y de la imaginación para invertir esa ‘labor’ y darle una intención estética.” No obstante, y según Comesaña12, “las estudiosas feministas de Arendt, la acusan muchas veces de defender o al menos de no cuestionar la reclusión de las mujeres en el ámbito de lo privado. Esto lo hacen sobre todo, en base a sus afirmaciones acerca de la conveniencia de que cierto tipo de actividades (labor, trabajo específicamente) se mantengan en la esfera de lo privado, debido a su carácter necesario, fútil, e incluso, como ella misma lo dice, vergonzoso”. Y es que, aunque intrínsecamente distintos, labor y trabajo están cruzados por la necesidad. Arendt, que resignificó los conceptos aristotélicos de praxis y poiesis, labor-trabajo la primera, y acción la segunda, creyó que ésta última era la verdadera actividad que hacía del individuo un ser político y libre, al incorporar la acción pública y la toma de la palabra como vehículos de su libertad. Vivir aristotélicamente en la polis. Y, hasta ahora, esto sólo lo han hecho los hombres.

El fin de semana aprovechas para compensar el tiempo que te has pasado fuera trabajando… y haces de todo.

La economía neoclásica, pues, ha excluido de la racionalidad económica comportamientos tales como “el altruismo, la empatía hacia otros, el amor y el afecto, a búsqueda del arte y la belleza por sí mismas13”. La familia no pertenece al sector mercantil.

Pero los afectos devoran tiempos, igual que Cronos devoró a sus hijos. Y así como ya se han hecho estudios de género del uso de los tiempos en Grecia Antigua14, en los que se afirma que las mujeres griegas no tenían, ni podían disfrutar, tiempo de ocio, que todo su tiempo era de trabajo, el análisis de los usos del tiempo en nuestra sociedad han demostrado, como afirma Murillo15, que “es inherente a la mujer medir el tiempo y al hombre consumirlo”. Se impone, entonces, buscar el modo en que los trabajos que se efectúan en la unidad doméstica y que no se pueden valorar a través del mercado salgan a la luz a través de la gestión de los tiempos que se invierten en ellos. La encuestas sobre los usos del tiempo, cada vez más perfeccionadas, son la mejor herramienta para acceder a estos datos; en ellas se confirma que la disponibilidad del sujeto doméstico responsable del mantenimiento de la unidad familiar, casi siempre las mujeres, es total. Incluso si tienen un trabajo remunerado fuera del ámbito del hogar: ya se encarga de ello el sentimiento de culpa.

Nos hablan de conciliar, pero no se trata de eso; llevamos haciéndolo desde que nuestra memoria tiene recuerdos. No es cuestión de repartir “horas”. De lo que hablamos es de empezar a valorar los tiempos de la rutina, ésos que están fuera del mercado y que al no estar monetarizados, no existen para la mayoría de los análisis de la sociedad del bienestar. Tenemos que aprender a considerar la vida como un todo16.

Comprenderás que con mis horarios, en casa también se trabaja en cadena

Subordinar el mercado a objetivos sociales”, como indica Benería17, es el objetivo hacia el que debemos ir. El bienestar de la vida humana, llevar al centro de nuestros trabajos como investigadoras el análisis de la reproducción humana como proceso social “hacer visible toda aquella parte del proceso que tiende a estar implícito y que habitualmente no se nombra”18. Sólo desde esa nueva perspectiva veremos el rostro de nuestras compañeras de viaje, nos sabremos reconocer, y haremos que nos vean aquéllos y aquéllas que aún nos invisibilizan. Rutina, bendita rutina.

BIBLIOGRAFÍA



1 Las citas en cursiva y negrita que hilvanan el texto están tomadas de estos grupos de discusión.

2 CARRASCO, C. (2001), “La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres?”, en Mientras tanto, nº 82, Icaria Editorial, Barcelona.


3 Según Polanyi. Recogido en BENERÍA, L. (1999), “Mercado globales, género y el Hombre de Davos”, en CARRASCO, C. (Ed.) (1999) Mujeres y economía: nuevas perspectivas para viejos y nuevos problemas, Icaria Editorial, Barcelona, pp. 399-430.

4 CARRASCO, C., DOMÍNGUEZ, M., ALABART, A., y MAYORDOMO, M., (2001), “Hacia una nueva metodología para el estudio del trabajo: propuesta para una EPA alternativa”, en CARRASCO, C. (Ed.) (2001), Tiempos, trabajos y género, Publicacions de la Universitat de Barcelona, Barcelona.

5 MURILLO DE LA VEGA, S. (1995), op.cit, p. 133.

6 GLEZ. MARCÉN, COLOMER Y PICAZO, M (1995), “Towards an Archaeology of Marginality: maintenance activities and the reproduction of social groups”, en Congreso de Arqueología Peninsular, Santiago de Compostela. (Inédito).

7 El Económico de Jenofonte (s. IV a.n.e.).

8 MIRÓN PÉREZ, Mª D. (2004), “Oikos y oikonomia: El análisis de las unidades domésticas de producción y reproducción en el estudio de la economía antigua” en Gerión, nº 22, pp. 61-79.

9 Habitación de la casa griega tradicional (al menos, desde mediados del s. VI a.n.e.), aislada del resto, en la que se celebraban los symposia, celebraciones en las que se producía un consumo conjunto de bebidas y que estaban reservadas tradicionalmente a los hombres.

10 CARRASCO, C. (2001), op. cit., p. 6

11 ARENAS-DOLZ, F. (2006), Reseña de ARENDT, H (2005), Ensayos de comprensión 1930-1954: escritos no reunidos e inéditos de Hannah Arendt, Ed. Caparrós, traducción de A. Serrano de Haro, Barcelona 2005, en Biblio 3W: Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, nº 625.

12 COMESAÑA SANTALICES, G. (2001), “Lectura feminista de algunos textos de Hannah Arendt”, en Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, nº 18, pp. 125-142


13 BENERÍA, L. (1999), op. cit., p. 404.

14 Véase Mirón y sus artículos en Arenal.

15 MURILLO DE LA VEGA, S. (1995), op.cit, p. 139

16 CARRASCO, C. (2001), op. cit., p. 24

17 BENERÍA, L. (1999), op. cit., p. 423

18 CARRASCO, C. (2001), op. cit.


O como señala Trujillo sobre la obra de Butler: “El género es una performance y las parodias de género constituyen actos corporales subversivos (…). Pero no sólo se trata de una cuestión estética, de un quita y pon de ropa y actitudes de mujer o de hombre, y ya está, (…) sigue un guión cultural, y está normalizada de acuerdo al contexto (las reglas heterosexuales).” En TRUJILLO BARBADILLO, G. (2005), “Desde los márgenes. Prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español”, en El eje del mal es heterosexual

El concepto “invisibilidad” es frecuentemente utilizado, desde perspectivas feministas de estudio de las ciencias sociales, para aludir al olvido al que éstas han relegado el análisis de los espacios, trabajos, tiempos, de las mujeres. Me permito, sin embargo, disentir en prte, puesto que en el ser invisible la acción puede ser entendida como ejercida voluntariamente por el sujeto, en este caso las mujeres, las de antes y las de ahora, mientras que, creo, si hemos sido invisibles es porque no nos han querido ver, en una acción harto interesada. Como dice el refrán, no hay mejor ciego

En arqueología e historia, disciplinas académicas en las que me he formado, trabajan desde hace unas dos décadas un grupo de estudiosas, entre las que se cuentan Marina Picazo, Elisenda Curià, Sandra Montón, y que han definido la categoría Actividades de Mantenimiento para referirse a lo que en este trabajo denominaremos Trabajo Familiar Doméstico (siguiendo a Carrasco en los escritos aquí citados). Así: “En muchas sociedades, pasadas y presentes, el trabajo femenino ha estado predominantemente relacionado con las actividades de mantenimiento. Con este término proponemos denominar las actividades relacionadas con el sostenimiento y el bienestar de los miembros de un grupo social, así como las tareas relacionadas con el reemplazo generacional. Forman parte integral de los procesos por los que las sociedades humanas se reproducen y mantienen la salud física y mental de sus miembros y de su fuerza de trabajo. Las actividades de mantenimiento incorporan la esfera de la reproducción de los individuos y están relacionadas con el nivel tecnológico y con los sistemas de producción, distribución y consumo, así como con los valores y normas específicos que actúan en cada sociedad. El análisis de este tipo de actividades en las ciencias sociales, las ha consignado, frecuentemente de forma precipitada, al dominio de lo “doméstico”. (…) “Las actividades de mantenimiento se relacionan con los artefactos y los espacios de la vida diaria, donde se realizan las tareas de sostenimiento de la comunidad humana. Son tareas relacionadas fundamentalmente con el cuidado: de niños, ancianos, enfermos y, en cierta medida, de todos los miembros del grupo. Implican la habilidad de llevar a cabo de forma autónoma una amplia serie de tareas, de diferente nivel de dificultad.” Recogido en GLEZ. MARCÉN, COLOMER Y PICAZO, M (1995), “Towards an Archaeology of Marginality: maintenance activities and the reproduction of social groups”, en Congreso de Arqueología Peninsular, Santiago de Compostela. (Inédito).