EL PRINCIPITO
De Antoine de Saint-Exupéry Página 1 Adaptada J. Carlos Romo
AVIADOR.- (al Público)Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina en un libro que representaba una serpiente boa que se tragaba una fiera.
El libro decía: “Las serpientes boas tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse durante los seis meses de la digestión”.
Reflexioné mucho sobre eso y con un lápiz de color hice mi primer dibujo. Era así (muestra un dibujo). Mostré mi obra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les asustaba.
-“¿Por qué habrá de asustar un sombrero?”- Me contestaron.
Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente para que se viera al elefante.
Las personas mayores me aconsejaron que dejara el dibujo y me dedicara a la geografía, la historia, las matemáticas, el lenguaje. Así fue como dejé mi carrera de pintor.
Mas tarde aprendí a pilotar aviones. Viajé por todo el mundo. Me relacioné con gente muy seria. Cuando encontré alguna que me pareció inteligente le mostraba mi lámina primera, la de la boa, pero siempre me respondían:
Es un sombrero - Entonces ya no le hablaba ni de serpientes boas, ni de bosques, ni de estrellas. Le hablaba de lo que estaba a su alcance, de fútbol, de golf, de política, de dinero, de corbatas. Y la persona mayor se quedaba muy satisfecha de haber conocido a un hombre tan razonable.
Viví solo, sin nadie con quien hablar, hasta que tuve este accidente en el desierto del Sahara. Iba con mi avión de España a Sudáfrica, cuando tuve una avería en el motor y realicé un aterrizaje forzoso, no con muy buena suerte como podéis ver. Tenía agua sólo para ocho días y estaba a más de mil kilómetros de la tierra habitada...
Un día apareció un hombrecito. Yo creo que estaba perdido... o quizás mejor... que estaba buscando un amigo. Os voy a contar como le conocí. Estaba yo dormido...
(El aviador hace que duerme y aparece el principito)
PRINCIPITO.- Por favor, dibújame un cordero.
AVIADOR.- (Despertando) ¿Qué?
PRINCIPITO.- Dibújame un cordero.
AVIADOR.- (Frotándose los ojos) Pero... ¿Qué haces aquí?
PRINCIPITO.- Por favor... dibújame un cordero...
AVIADOR.- Yo no sé dibujar.
PRINCIPITO.- No importa. Dibújame un cordero. (El aviador saca la lámina de la boa y se la enseña) ¡No!, ¡No! No quiero un elefante dentro de una boa. Necesito un cordero. Dibújame un cordero. (El aviador le dibuja un cordero y se lo enseña) ¡No! Este cordero está muy enfermo. Haz otro. (El aviador dibuja otro) ¿Ves?... No es un cordero; es un carnero. Tiene cuernos... (El aviador dibuja otro) Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo. (El aviador dibuja una caja)
AVIADOR.- Esta es la caja. El cordero que quieres está dentro.
PRINCIPITO.- ¡Es exactamente lo que quería! ¿Crees que necesitará hierba este cordero?.
AVIADOR.- ¿Por qué?.
PRINCIPITO.- Porque en mi casa todo es pequeño...
AVIADOR.- Te he regalado un cordero bien pequeño. No tendrás problemas.
PRINCIPITO.- ¿Qué es esa cosa? (Señalando al avión).
AVIADOR.- No es una cosa. Vuela. Es un avión. Es mi avión.
PRINCIPITO.- ¿Cómo? ¿Has caído del cielo? (El aviador afirma). ¡Ah! ¡Qué gracioso! (Ríe) Entonces, ¡tú también vienes del cielo! ¿De qué planeta eres?... verdad es que, en esto, no puedes haber venido de muy lejos...
AVIADOR.- ¿De dónde vienes hombrecito? ¿Dónde queda tu casa? ¿Adónde quieres llevar mi cordero?
PRINCIPITO.- Me gusta la caja que me has regalado porque de noche le servirá de casa.
AVIADOR.- Seguramente. Y si eres amable te regalaré una cuerda para atarlo durante el día. Y una estaca.
PRINCIPITO.- ¿Atarlo? ¡Qué idea tan rara!
Aviador.- Pero si no lo atas se irá a cualquier parte y se perderá...
PRINCIPITO.- Pero ¿adónde quieres que vaya?.(Un poco triste) ¡Mi casa es tan pequeña!. No se puede ir muy lejos. (Asaltado por una grave duda) ¿Es verdad que a los corderos les gusta comer arbustos?
AVIADOR.- Sí. Es verdad.
PRINCIPITO.- ¡Ah! ¡Qué contento estoy!. ¿De manera que comen también baobabs?.
AVIADOR.- Los baobabs son árboles gigantescos. Ni una tropa de elefantes puestos uno encima del otro podrían comerse a un solo baobab. (El principito ríe).
PINCIPITO.- (Pensativo) Pero los baobabs, antes de crecer, comienzan por ser pequeños (señala con la mano una pequeña altura del suelo).
AVIADOR.- ¡Es cierto! ¿Pero por qué quieres que tus corderos coman baobabs pequeños?. (el aviador está trabajando en el avión y habla sin mirar al principito)
PRINCIPITO.- Mi planeta es muy pequeño y no podría con un baobabs grande. Pero hay muchas semillas de baobabs y cuando nacen, en cuanto se diferencian de los rosales, tengo que ir arrancándolas una a una. Es un trabajo muy fácil, pero muy aburrido. ( Tras una pausa en la que el principito se queda meditando). Si un cordero come arbustos, ¿come también flores? .
AVIADRO.- Un cordero come todo lo que encuentra.
PRINCIPITO.- ¿Hasta las flores que tiene espinas?.
AVIADOR.- Sí, hasta las flores con espinas.
PRINCIPITO.- Entonces, las espinas, ¿para qué le sirven?. (El aviador sigue trabajando sin hacerle caso.) (Pausa) Las espinas, ¿para qué le sirven?. (El aviador un poco enfadado)
AVIADOR.- Las espinas no sirven para nada. Son pura maldad de las flores.
PRINCIPITO.- ¡Oh! (Pausa) ¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas. (El aviador sigue trabajando, enfadado porque no le sale una pieza del motor). ¿Y tú, tú crees que las flores...?
AVIADOR.- Te contesté cualquier cosa. ¡Yo me ocupo de las cosas serias!.
PRINCIPÌTO.- ¡De cosas serias! (Pausa) ¡Hablas como las personas mayores! ¡Confundes todo!...¡Mezclas todo! (Enfadado) Conozco un planeta donde hay un señor colorado. Jamás ha olido una flor. Jamás ha querido a nadie. No hace más que sumas y restas, sumas y restas. Y siempre dice “ soy un hombre serio, soy un hombre serio”. Pero no es un hombre, ¿es un hongo.! (Pausa, se sienta)(Tímido) Si alguien ama a una flor, es ya bastante para ser feliz. Mi flor está allí, en alguna parte. Y si el cordero come la flor, para mi es como si, bruscamente se apagaran todas las estrellas. Y esto ¿no es importante? (se pone a llorar)
AVIADOR.- (Se sienta y se acerca a él y le consuela) La flor que amas no corre peligro... Dibujaré un bozal para tu cordero. Dibujaré una armadura para tu flor... (pausa larga)
PRINCIPITO.- ¿Quieres saber como la conocí?
AVIADOR.- ¿A quién?
PRINCIPITO.- A ella. A Rosa. (El aviador asiente con la cabeza). Estaba preocupado por la extraña planta que había aparecido. En un principio, creí que era otra clase de Baobab. Pero no lo era. Un día comenzó a mostrar su verdadera forma. (Oscuro) (Iluminación distinta. En escena principito y Rosa va saliendo a la vez que sube la iluminación, a un lado casi en penumbra el aviador sigue arreglando su aparato y prestando atención al principito de vez en cuando)
PRINCIPITO.- (A Rosa) Eres hermosa.
ROSA.- (un poco presumida) Ya lo sé. He nacido junto al sol.
PRINCIPITO.- (Al aviador) Si la hubieras visto.
ROSA.-Acabo de despertarme. Espero que me perdones, aún no me he maquillado.
PRINCIPITO.- (al aviador) Es un poco coqueta, pero... es tan guapa.
ROSA.- Creo que es hora del desayuno, ¿Tendrías la bondad de acordarte de mí?
PRINCIPITO.- (Coge la regadera y la riega) Dime una cosa. Sólo una. ¿Qué es lo que tienes sobre tu piel?
ROSA.-Son espinas. Las Rosas tenemos espinas para cuidarnos de las garras de los tigres.
PRINCIPITOS.- En mi planeta no hay tigres. Además los tigres no comen hierba.
ROSA.- Yo no soy una hierba. Y aunque en este planeta no haya tigres, yo no les tengo miedo. A lo único que le temo es a las corrientes de aire... me marchita. ¿No tendrías un biombo?
PRINCIPITO.- ¿Le tienes miedo a las corrientes de aire? (Al aviador) Esta flor es un poco complicada.
ROSA.- Por las noches me meterás en un globo. Aquí hace mucho frío. No hay demasiadas comodidades. Allá de donde vengo... (se dio cuenta de que estaba diciendo una mentira y se puso a toser fingidamente) ¿Y el biombo?
PRINCIPITO.- Lo iba a buscar, pero como me estabas hablando... (Rosa de nuevo tose)
PRINCIPITO.- (al aviador) Me sentí mal. No debí escucharla. Debí juzgarla por sus actos, no por sus palabras. No hay que escuchar a las flores, sólo hay que mirarlas y olerlas. (Pausa) Las flores son tan contradictorias,... Pero yo era tan joven para saber amarla. (A Rosa) Me voy a ir.
ROSA.- ¿Estás disgustado?
PRINCIPITO.- Un poco, sí. Adiós. (Rosa tose)
ROSA.- He sido una tonta. Te pido perdón. Procura ser feliz. (Pausa) Pero, si, te quiero. Olvídate del biombo. No lo quiero.
PRINCIPITO.- Pero el viento...
ROSA.- No estoy tan resfriada como para... además el fresco de la noche me hará bien. Tengo que hacerme dura. Será preciso soportar a las orugas si quiero conocer a las mariposas. Además tengo mis garras (Por las espinas). No te detengas más. Si has decidido partir. Vete.
(Oscuro)
(Se vuelve a iluminar como al principio. Están el Aviador y el principito).
PRINCIPITO.- Las personas mayores sois muy extrañas.
AVIADOR.- Por qué lo dices ahora. En que estás pensando.
PRINCIPITO.- Pienso en un Rey. En un Rey que encontré en un planeta . Creo que en la región de los asteroides 325, 326, 327. Comencé a visitarlos para buscar una ocupación y para conocerlos... (Oscuro)(Cambia la iluminación y aparece un rey sentado en un trono)
REY.-¡Ah! Ha llegado un súbdito
PRINCIPITO.-¿Cómo puede saber que soy un súbdito si nunca me ha visto antes?
REY.- Acércate para que te vea mejor. (El Principito acercándose bosteza) Es contrario al protocolo bostezar en presencia del rey. Te lo prohíbo.
PRINCIPITO.-No pude impedirlo. He hecho un largo viaje y no he dormido...
REY.-Entonces, te ordeno bostezar. No he visto bostezar a nadie desde hace años. ¡Vamos¡, bosteza otra vez. Es una orden
PRINCIPITO.- Ahora no puedo hacerlo. Me da vergüenza.
REY.- ¡Hum! ¡Hum! Entonces te... te ordeno que bosteces y que no bosteces.
PRINCIPITO.-¿Puedo sentarme?
REY.-Te ordeno que te sientes.
PRINCIPITO.-Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
REY.- Te ordeno que me hagas una pregunta.
PRINCIPITO.-¿sobre qué reinas?
REY.-Sobre todo.
PRINCIPITO.-¿Y las estrellas te obedecen?
REY.-Obedecen de inmediato. No soporto la indisciplina.
PRINCIPITO.-Entonces, ¿Le puedo pedir un favor?
REY.-Te ordeno que me pidas un favor.
PRINCIPITO.-Ordene que haya una puesta de sol... Deme ese gusto.
REY.- Si ordeno a un general que vuele de flor en flor como una mariposa, o que escriba un libro, o que se transforme en un ave marina, y si el general no puede ejecutar la orden recibida, ¿quién estaría fallando, él o yo?.
PRINCIPITO.- Vos.
REY.- Exacto. Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede hacer. La autoridad reposa sobre la razón (Se toca la cabeza). Si ordenas a un pueblo que se arroje al mar, provocarás una revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.
PRINCIPITO.- ¿Y mi puesta de sol?.
REY.-La tendrás, pero tengo que esperar a que las condiciones sean favorables.
PRINCIPITO.-¿Cuándo serán favorables?
REY.- Al atardecer. Será cerca de las siete cuarenta y cinco.
PRINCIPITO.- (El principito bostezó otra vez.) Voy a partir.
REY.- No te vayas. ¡Te nombraré ministro!
PRINCIPITO.-¿Ministro de qué?
REY.- De... ¡de justicia!
PRINCIPITO.- Pero si aquí no hay nadie a quien juzgar.
REY.- No se sabe. Todavía no he visitado todo mi reino.
PRINCIPITO.- Pero yo sí. No hay nadie.
REY.- Te juzgarás a ti mismo. Es lo más difícil. Es más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás. Si logras juzgarte a ti mismo serás un verdadero sabio.
PRINCIPITO.- Yo puedo juzgarme a mí mismo en cualquier parte. No tengo necesidad de vivir aquí.
REY.- Creo que en este planeta hay una rata vieja. La oigo por las noches. La condenarás a muerte. Así su vida dependerá de tu justicia. Pero la indultarás cada vez que la condenes, para conservarla. No hay más que una.
PRINCIPITO.- A mi no me gusta condenar a muerte a nadie. Y creo que me voy.
REY.-(Como suplicando)No, no desobedezcas las órdenes de tu rey.
PRINCIPITO.- Si vuestra majestad desea ser obedecido, podría darme una orden razonable. Ordéneme partir dentro de un minuto. Me parece que las condiciones son favorables. (El principito esperó un rato) Bien, pues adiós.
REY.-(Muy autoritario) Te hago embajador.(El principito se va hacia el aviador)
PRINCIPITO.- Las personas mayores son bien extrañas. (Oscuro).
(Iluminación de aviador. En escena el aviador y el principito, a un lado el vanidoso que no se le verá hasta que se ilumine su zona. El aviador sigue reparando el avión.)
PRINCIPITO.- En otro momento llegué a un segundo planeta que estaba habitado por un vanidoso. ¿Quieres saber lo que me pasó?.
AVIADOR.- Cuenta, cuenta. No te importará que mientras te escucho siga arreglando mi avión. (Iluminación del vanidoso).
VANIDOSE.- ¡Ah! ¡Ah! ¡He aquí la visita de un admirador!
PRINCIPITO.- Buenos días. ¡Qué sombrero tan raro tienes!
VANIDOSO.- Es para saludar cuando me aplauden. Desgraciadamente, por aquí nunca pasa nadie, así es que no me aplauden.
PRINCIPITO.- ¿Ah, sí?
VANIDOSO.- Pon tus manos estiradas una frente a la otra. Con las palmas mirándose. Ahora acércalas rápidamente. Que choquen. Que suenen. (El principito golpeó sus manos dos o tres veces). Más rápido. Sigue. Si quieres puedes gritar “Bravo”, “Viva”. (El vanidoso saludó levantando el sombrero. Otra vez el principito aplaude y el vanidoso saluda. El principito ríe. Después de hacerlo varias veces el principito da muestras de cansancio.)
PRINCIPITO.- ¿Y qué hago para que se te caiga el sombrero? (El vanidoso no lo oye)
VANIDOSO.- ¿Me admiras mucho?
PRINCIPITO.-¿Qué significa admirar?
VANIDOSO.- Significa que tú reconoces que yo soy el más bello, el mejor vestido, el más rico y el más inteligente del planeta.
PRINCIPITO.- ¡Pero si en este planeta habitas tú sólo!.
VANIDOSO.- ¡Hazme ese placer!. ¡Admírame de todas maneras.!
PRINCIPITO.- (Se encoge de hombros) Bueno. Te admiro. Pero no entiendo por qué puede importarte. (Se va acercando al aviador que está a oscura mientras se apaga la luz del vanidoso) Las personas mayores son muy extrañas.
(Iluminación del piloto).
PRINCIPITO.- (Hablando con el aviador) En otro planeta me encontré con un hombre muy triste que no paraba de beber. (Iluminación del borracho) (Se acerca al borracho). ¡Hola!. ¿Qué haces?
BORRACHO.- Bebo.
PRINCIPITO.- ¿Y para qué bebes?
BORRACHO.- Bebo para olvidar.
PRINCIPITO.- Para olvidar. ¿Qué cosa tienes que olvidar?.
BORRACHO.- No lo sé. Lo he olvidado.
PRINCIPITO.- Es que las personas mayores son verdaderamente muy, pero que muy extrañas. (Se acerca al piloto)(Se apaga el borracho y se enciende el piloto)(Pausa) En otro planeta me encontré con un hombre de negocios... (Se apaga la luz del aviador y se va encendiendo la del hombre de negocios. Está muy ocupado contando. El principìto se acerca, pero el hombre de negocios no le ve)
PRINCIPITO.- Buenos días. El cigarrillo se le apagó.
HOMBRE.- 3 y 2 son 5. 5 y 7 son 12. 12 y 3 suman 15. Buenos días. 15 y 7 son 22. 22 más 6 son 28. No tengo tiempo de encenderlo. 26 más 5 son 31. Todo suma en total quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
PRINCIPITO.- ¿Quinientos millones de qué?
HOMBRE.- ¿Ah? ¿Sigues ahí? Quinientos millones de... (Parece que se confunde al contar) Ya no sé... ¡Tengo tanto trabajo!. Yo soy muy serio, no me divierto con tonterías. Dos y cinco son siete...
PRINCIPITO.- ¿Quinientos millones de qué?
HOMBRE.- (contrariado por la interrupción) En los 54 años que vivo en este planeta, sólo me han molestado en tres ocasiones. La primera vez, fue hace veintidós años, un abejorro que cayó. Dios sabe de donde. Produjo un ruido espantoso y cometí cuatro errores en mi suma. La segunda vez, hace once años, por un ataque de reumatismo. Me hace falta ejercicio. La tercera vez es ésta. Decía, quinientos un millones...
PRINCIPITO.- ¿Millones de qué?.
HOMBRE.-Millones de esas cositas que se ven a veces en el cielo.
PRINCIPITO.-¿Moscas?
HOMBRE.-No, esas cositas que brillan.
PRINCIPITO.-¿Abejas?
HOMBRE.- ¡No!. Cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes. Pero yo soy muy serio.
PRINCIPITO.- ¡Ah!. ¿Estrellas?.
HOMBRE.- Eso es. Estrellas.
PRINCIPITO.-¿Y qué haces con quinientos millones de estrellas?
HOMBRE.- Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Soy un hombre serio y muy preciso.
PRINCIPITO.-¿Y qué haces con las estrellas?
HOMBRE.- Nada. Soy su dueño.
PRINCIPITO.-¿Y para qué sirve tener estrellas?
HOMBRE.- Para ser rico.
PRINCIPITO.- ¿Y para que te sirve ser rico?
HOMBRE.- Para comprar más estrellas, si alguien descubre otras estrellas.
PRINCIPITO.- ¿Cómo se puede ser dueño de estrellas?.
HOMBRE.- (Un poco enfadado) ¿De quién son?
PRINCIPITO.- No sé. De nadie.
HOMBRE.- Entonces son mías, pues soy el primero en haberlo pensado.
PRINCIPITO.- ¿Es suficiente?
HOMBRE.- Seguro. Cuando encuentras un diamante que no es de nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, es tuya. Cuando eres el primero en tener una idea, la haces patentar, es tuya. Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas.
PRINCIPITO.- ¿Y que haces tú con las estrellas?
HOMBRE.- Las administro. Las cuento y las recuento. Es difícil. ¡Pero soy un hombre muy serio!.
PRINCIPITO.- Yo, si poseo un pañuelo, puedo llevármelo alrededor del cuello. Si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. ¡Pero tú no puedes cortar las estrellas!
HOMBRE.- No, pero puedo depositarlas en un banco.
PRINCIPITO.- ¿Qué quieres decir?.
HOMBRE.- Escribo la cantidad de mis estrellas. Y después cierro el papelito, bajo llave, en un cajón del banco.
PRINCIPITO.- Es divertido. Es bastante poético, pero no es serio.
HOMBRE.- ¡Cómo que no es serio!.
PRINCIPITO.- Yo tengo una idea muy diferente de las cosas serias. Yo poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todos las semanas. Incluso limpio el que está extinguido. Es útil para mis volcanes y para mi flor que yo los posea. Pero tu no eres útil a las estrellas. (El hombre iba a contestarle pero no encontraba palabras). (Se hace el oscuro en el lado del hombre mientras que el principito se va donde el aviador y este se ilumina) Decididamente las personas mayores son extraordinarias.
AVIADOR.- Puedes alcanzarme esa herramienta.
PRINCIPITO.- (Coge algo del suelo y se lo da. El aviador sigue trabajando en su avión.) En otro planeta. El más pequeño de todos. Me encontré un farol y un farolero. (Pensativo) Tal vez era absurdo, pero es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el bebedor, y que el hombre de negocios. Su trabajo tiene sentido. Enciende el farol de noche y lo apaga de día. Su trabajo es muy bonito. Te lo cuento... (Se apaga la luz del aviador y se enciende el del farolero) (El farolero es un hombre con un farol en la mano).
Buenos días. ¿Por qué acaba de apagar el farol?.
FAROLERO.- Es la consigna. Buenos días.
PRINCIPITO.-¿Qué es la consigna?
FAROLERO.- Apagar el farol. Buenas noches. (Vuelve a encenderlo)
PRINCIPITO.- Pero, ¿por qué lo enciendes de nuevo?
FAROLERO.- Es la consigna.
PRINCIPITO.-No entiendo.
FAROLERO.- No hay nada que entender. La consigna es la consigna. Buenos días. (Apaga el farol) Mi trabajo es terrible. Antes no era tan terrible. Apagaba el farol en la mañana y lo encendía por las noches. Tenía todo el día para descansar, y el resto de la noche para dormir.
PRINCIPITO.-Y desde ese tiempo, ¿la consigna cambió?
FAROLERO.- No. No ha cambiado. Eso es lo malo. Mi planeta gira cada vez más rápido, pero la consigna es la misma.
PRINCIPITO.- ¿Y entonces?
FAROLERO.- Ahora mi planeta da una vuelta por minuto y no puedo descansar ni un segundo. Enciendo y apago el farol una vez por minuto.
PRINCIPITO.- ¡Qué raro!. En tu planeta los días duran un minuto.
FAROLERO.- No es raro en absoluto. ¡Hace un mes que estamos conversando!
PRINCIPITO.-¿Un mes?
FAROLERO.- Sí, treinta minutos. ¡Treinta días! Buenas noches.(enciende el farol)
PRINCIPITO.-No tienes mucha suerte.
FAROLERO.- No. No tengo mucha suerte. Buenos días.(Apaga el farol). (se apaga la luz del farolero y se enciende la del aviador)
Este hombre es el único que no me parece ridículo. Quizás porque se ocupa de una cosa ajena a sí mismo... Este es el único de quien pude haberme hecho amigo.
AVIADOR.- ¿Por qué no te quedaste?.
PRINCIPITO.- Porque su planeta era verdaderamente muy pequeño y no había sitio para los dos. ¡Pero que bonito! ¡Mil cuatrocientas puestas de sol cada veinticuatro horas!...
AVIADOR.- ¡Pues sí que has viajado tú!. (Vuelve al trabajo)
PRINCIPITO.- El sexto planeta que visité estaba habitado por un anciano... (se apaga la luz del aviador y se va encendiendo la del geógrafo. Este se encuentra leyendo un libro tras una mesa).
GEÓGRAFO.- ¿De donde vienes?.
PRINCIPITO.- ¿Qué es ese libro tan gordo?.
GEÓGRAFO.- Soy geógrafo.
PRINCIPITO.- ¿Y que es un geógrafo?
GEÓGRAFO.- Es un sabio que conoce donde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas, los desiertos...
PRINCIPITO.- Es muy interesante. Es muy bonito vuestro planeta. ¿Tiene océanos?.
GEÓGRAFO.- No puedo saberlo.
PRINCIPITO.- ¿y montañas?
GEÓGRAFO.- No puedo saberlo.
PRINCIPITO.- ¿Y ciudades y ríos y desiertos?
GEÓGRAFO.- Tampoco puedo saberlo.
PRINCIPITO.- ¡Pero eres geógrafo!.
GEÓGRAFO.- Es cierto. Pero no soy explorador. No tengo exploradores. No es el geógrafo el que debe hacer un recuento de las ciudades, de los ríos, de los desiertos, de los mares y montañas. Un geógrafo es demasiado importante para ir a verlos. El Geógrafo no debe abandonar su despacho. En él recibe a los exploradores que le cuentan lo que han visto y él lo va anotando y si le cuentan algo interesante, el geógrafo hace investigaciones sobre la moralidad del explorador.
PRINCIPITO.- ¿Por qué?
GEÓGRAFO.- Porque si un explorador miente se producirían catástrofes en los libros de geografía. Imagínate que está bebido y ve doble. Diría que había dos montañas en lugar de una. Entonces cuando la moralidad del explorador parece aceptable, se hace otra investigación acerca de su descubrimiento.
PRINCIPÌTO.- ¿Se va a ver?
GEÓGRAFO.- No. Es demasiado complicado. Se le pide al explorador que presente pruebas. Si se trata de un descubrimiento de montañas, se le pide que traiga grandes piedras. (El geógrafo se emocionó de pronto) Pero tú, ¡Tú vienes de lejos! ¡Eres explorador! ¡Vas a describirme tu planeta! (Afila el lápiz) Los relatos de los exploradores se anotan con lápiz al principio. Para anotarlos con tinta tiene que haber presentado pruebas. ¿Decías?
PRINCIPITO.- ¡Oh! Mi planeta no es muy interesante, es muy pequeño. Tengo tres volcanes. Dos en actividad y un volcán extinguido. Pero no se sabe nunca. Tengo también una flor.
GEÓGRAFO.- (Que estaba tomando nota) No anotamos flores.
PRINCIPÌTO.- ¿Por qué? ¡Es lo más lindo!
GEÓGRAFO.- Porque las flores son efímeras.
PRINCIPÌTO.- ¿Qué significa efímeras?.
GEÓGRAFO.- Los libros de geografía son los más valiosos de todos. Nunca pasan de moda. Es muy raro que una montaña cambie de lugar. Es muy raro que un océano pierda su agua. Escribimos cosas eternas.
PRINCIPITO.- Pero los volcanes extinguidos pueden despertarse.
GEÓGRAFO.- Que los volcanes estén extinguidos o no es lo mismo para nosotros. Lo que cuenta es la montaña y la montaña no cambia.
PRINCIPITO.- Pero, ¿qué significa efímera?.
GEÓGRAFO.- Significa que está amenazada por una próxima desaparición.
PRINCIPITO.- (Preocupado) ¿Mi flor está amenazada por una próxima desaparición?.
GEÓGRAFO.- Seguramente.
PRINCIPITO.- (Con mucha nostalgia) Mi flor es efímera, ¡y sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra el mundo! ¡Y la he dejado totalmente sola en casa! (Recuperándose) ¿Qué me aconsejáis que vaya a visitar?.
GEÓGRAFO.- El planeta tierra. Tiene buena reputación. (El principito sale mientras se hace el oscuro).
(Se ilumina el aviador que sigue arreglando el avión y el principito le observa).
AVIADOR.-(Deja de arreglar el avión y se limpia las manos. Luego bebe de su cantimplora. Le ofrece al principito que rechaza) No sé si lograré arreglar el avión antes de que se me agote el agua. Deberíamos dedicarnos a buscar agua. Tu no sabrás dónde hay agua ¿verdad? (Sin dejar que le conteste) no claro. Pero, ¿tú has estado en algún otro lugar de la tierra?.
PRINCIPITO.- No pero me informé. Es un planeta enorme. Tiene ciento once reyes sin contar los de las tribus africanas. Tiene siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de bebedores, trescientos once millones de vanidosos, alrededor de dos mil millones de personas mayores. Necesitan un gran ejercito de faroleros. Pero los hombres ocupan muy poco lugar en la Tierra. Si se pusieran de pie uno junto a otro, podría amontonarse toda la humanidad en una pequeña isla. Pero las personas mayores se creen muy importantes. Se creen más importantes que los baobabs.
AVIADOR.- ¡Pero has estado o no has estado en otro lugar de la Tierra!
PRINCIPITO.- Cuando llegué a la Tierra quedé sorprendido. No había nadie. Todo era arena... (Se apaga poco a poco la luz del aviador y se enciende la luz del otro extremo donde hay una serpiente. El principito se acerca)
Buenas noches
SERPIENTE.- Buenas noches.
PRINCIPITO.- ¿En qué planeta he caído?.
SERPIENTE.- En la Tierra, en África.
PRINCIPITO.- ¡Ah!... ¿No hay nadie en la Tierra?.
SERPIENTE.- Aquí es el desierto. En los desiertos no hay nadie. La Tierra es grande. ¿Qué vienes a hacer aquí?
PRINCIPITO.- Estoy disgustado con una flor.
SERPIENTE.- ¡Ah!.
PRINCIPITO.- ¿Dónde están los hombres? Se está un poco solo en el desierto.
SERPIENTE.- Con los hombres también se está solo.
PRINCIPITO.- (Observando a la serpiente) Eres un animal raro. Delgado como un dedo...
SERPIENTE.- Pero soy más poderosa que un dedo.
PRINCIPITO.- No eres muy poderosa... ni siquiera tienes patas..., ni siquiera puedes viajar...
SERPIENTE.- Pero puedo llevarte más lejos que un navío. (Se acerca a los pies del principito) A quien toco, lo vuelvo a la tierra de donde salió. Pero tú eres puro y vienes de una estrella (se aleja). Me das lástima, tú, tan débil, sobre esta tierra de granito. Puedo ayudarte si algún día extrañas demasiado tu planeta. Puedo...
PRINCIPITO.- Te he comprendido muy bien, pero ¿por qué hablas con enigmas?
SERPIENTE.- Yo los resuelvo todos. (La serpiente sale) (Entra una flor).
PRINCIPITO.- Buenos días.
FLOR.- Buenos días.
PRINCIPITO.- ¿Dónde están los hombres?.
FLOR.- ¿Los hombres?. Creo que existen seis o siete. Los he visto hace años. Pasaban con una caravana. Pero no se sabe nunca donde encontrarlos. El viento los lleva. No tienen raíces. Les molesta mucho no tenerlas.
PRINCIPITO.- Gracias. Adiós flor.
FLOR.- Adiós.
(El principito sigue caminando y caminando y aparecen unas rosas)
PRINCIPITO.- (Muy extrañado) ¿Quienes sois?.
ROSAS.- Somos rosas. No conoces las rosas.
PRINCIPITO.- (Con pena) Si que las conozco pero creí que sólo había una Rosa.
ROSAS.- Una sola (las rosas se miran y ríen) No somos muchas las rosas. Somos de muy diferentes colores. (El principito se tumba en el suelo y se pone a llorar). (las rosas salen)
ZORRO.- (Sin salir). Buenos días.
PRINCIPITO.- (Mirando a todos los lados) Buenos días. (Sale el zorro pero no se acerca). Quien eres.
ZORRO.- Soy un zorro.
PRINCIPITO.- Ven a jugar conmigo. Estoy muy triste.
ZORRO.- No puedo jugar contigo. No estoy domesticado.
PRINCIPITO.- ¡Ah! Perdón. Pero que significa domesticar.
ZORRO.- No eres de aquí. ¿Qué buscas?.
PRINCIPITO.- Busco a los hombres. Que significa domesticar.
ZORRO.- Los hombres tienen fusiles y cazan. También tiene gallinas. ¿Buscas gallinas?.
PRINCIPITO.- No. Busco amigos. ¿Qué significa domesticar?.
ZORRO.- Significa crear lazos. (Gesto del principito de no enterarse).para mi no eres más que un muchachito igual a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tu tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro igual a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, si creamos lazos, tendremos necesidad el uno del otro. Seré par ti el único zorro del mundo...
PRINCIPITO.- Empiezo a comprender. Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
ZORRO.- Es posible, en la Tierra se ven toda clase de cosas.
PRINCIPITO.- ¡Oh! No es en la Tierra. Es en mi planeta.
ZORRO.- ¿Hay cazadores en tu planeta?
PRINCIPITO.- No.
ZORRO.- ¡Es interesante! ¿Y gallinas?.
PRINCIPITO.- No.
ZORRO.- No hay nada perfecto (suspiro). Mi vida es monótona. Cazo gallinas. Los hombres me cazan. Todos los hombres se parecen y todas las gallinas se parecen. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos diferentes a otros. Los otros pasos me dan miedo y me escondo. El tuyo me sonará a música y me hará salir de la madriguera. Y además ¿Ves, allá, los campos de trigo? Pues los campos de trigo no me recuerdan nada. Pero si me domesticas, me recordarán el color de tus cabellos. ¡Será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. ¡Por favor domestícame!.
PRINCIPITO.- Bien lo quisiera. Pero no tengo tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
ZORRO.- Sólo se conocen las cosas que se domestican. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
PRINCIPITO.- Que hay que hacer.
ZORRO.- Hay que ser paciente. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo pero no dirás nada. Las palabras son fuente de malentendidos entre nosotros. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca... (lo hacen) al día siguiente un poco más cerca, (lo hacen) Y así hasta que estemos cerca (se acercan del todo) (Se abrazan).
PRINCIPITO.- Bueno ahora me tengo que marchar.
ZORRO.- ¡Ah!, No te vayas. Me harás llorar.
PRINCIPITO.- Tuya es la culpa. Yo no quería hacerte mal pero quisiste que te domesticara... ¡Pero vas a llorar!
ZORRO.- Sí
PRINCIPITO.- Entonces, no has ganado nada.
ZORRO.- Gano, tu recuerdo en el color del trigo. Si ahora vuelves a ver a las rosas comprenderás que la tuya es única en el mundo.
PRINCIPITO.- Claro. Las rosas que vi no eran parecidas a la mía. Nadie las había domesticado. Eran como tu antes, un zorro entre cien mil zorros. Pero nos hicimos amigos y ahora eres único en el mundo.
ZORRO.- Los hombres han olvidado esto. Pero tu no debes olvidarlo. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
PRINCIPITO.- Soy responsable de mi rosa... (Se hace el oscuro en el zorro y se ilumina el aviador.)
AVIADOR.- ¡Ah! Tus recuerdos son muy hermosos; pero aún no he arreglado mi avión y no me queda agua para beber.
PRINCIPITO.- Mi amigo, el zorro, me dijo...
AVIADOR.- Mi buen hombrecito, ya no se trata del zorro. Vamos a morir de sed.
PRINCIPITO.- Es bueno haber tenido un amigo, aún si uno va a morir. Me siento feliz de haber conocido a mi amigo, el zorro... Yo también tengo sed..., busquemos un pozo... (andan).
PRINCIPITO.- Lo que embellece al desierto es el pozo que se oculta en alguna parte.
AVIADOR.- Ya se trate de una casa, de las estrellas o del desierto, lo que los embellece es invisible.
PRINCIPITO.- (Descubren un pozo que podría estar tapado con algo) Aquí hay un pozo, se nos acabará la sed.
AVIADOR.- (es un pozo de construcción) Es raro que todo esté listo: la roldana, el cubo, la cuerda,...
PRINCIPITO.- Te daré agua...
AVIADOR.- Déjame que yo lo haga. Es demasiado pesado para ti. (le da de beber)
PRINCIPITO:- (después de beber) En tu tierra, los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín y no encuentran lo que buscan... (aviador bebe)
AVIADOR.- Y...
PRINCIPITO.- Y, sin embargo, lo que buscan podría estar en una sola rosa o en un poco de agua. (Afirma el aviador con la cabeza). Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón
PRINCIPITO.- Es necesario que cumplas tu promesa.
AVIADOR.- ¿Qué promesa?
PRINCIPITO.- No te acuerdas..., un bozal para mi cordero y una protección para rosa. ¡Soy responsable de mi flor!.
AVIADOR.- Te los dibujo ahora... Tienes proyectos que desconozco.
PRINCIPITO.- Sabes... mi caída a la tierra... mañana se cumple un año. Caí muy cerca de aquí.
AVIADOR.- Entonces, ¿No fue casualidad que hace ocho días, la mañana que te conocí, estuvieras paseándote sólo, a mil millas de cualquier región habitada? ¿Acaso volvías al lugar de tu caída? ¿Tal vez, por el aniversario...? (El principito se pone con un gesto vergonzoso) ¡Ah!... Tengo miedo de...
PRINCIPITO.- Debes trabajar ahora. Ve a revisar tu máquina, yo te espero aquí. Vuelve mañana por la tarde. (El aviador se va hacia el otro lado del escenario donde está su avión en oscuro.)
(El principito se queda sentado al lado del pozo, aparece la serpiente)
SERPIENTE.- No te acuerdas de mí. Hoy es el día, pero no es exactamente aquí.
PRINCIPITO.- ¿Tienes buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho tiempo?.
SERPIENTE.- Yo cumplo mi trabajo a la perfección. (Y se arrastró hasta el principito y le mordió en una pierna y se fue).
(Se acerca al aviador. Ahora se ilumina también la parte del aviador, queda todo iluminado) (El principito anda un poco mareado). (Cuando llega junto al aviador este se da cuenta de su estado y le sujeta para que no caiga. Se apoyan en el suelo y le da de beber)
AVIADOR.- ¿Pero, qué te ha hecho esa serpiente?
PRINCIPITO.- Estoy contento de que hayas encontrado lo que le faltaba a tu máquina. Vas a poder volver a casa... (habla con pocas fuerzas). Yo también vuelvo hoy a mi casa... Es mucho más lejos... Es mucho más difícil.... Tengo tu cordero. Y tengo la caja para el cordero. Y tengo el bozal...
AVIADOR.- Tienes miedo hombrecito.
PRINCIPITO.- Tendré más miedo esta noche...
AVIADOR.- Hombrecito... quiero oírte reír otra vez...
PRINCIPITO.- Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará exactamente sobre el lugar donde caí el año pasado... Por las noches mirarás las estrellas. No te puedo mostrar cual es la mía porque es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Te agradará mirar todas las estrellas. (ríe)
AVIADOR.- ¡Ah!, Hombrecito me gusta oírte reír.
PRINCIPITO.- Ese será mi regalo. Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. Tu tendrás estrellas que saben reír. (ríe de nuevo). Y reirás conmigo... y tus amigos al verte reír te creerán loco. Te habré hecho una mala jugada... (ríe)... Esta noche... sabes... no vengas.
AVIADOR.- No me separaré de ti.
PRINCIPITO.- Parecerá que me muero. No vale la pena que lo veas... Te lo digo también por la serpiente. Las serpientes pueden morder también por placer... (se va oscureciendo la luz hasta parecer de noche).
¡Ah! Sigues ahí... Has hecho mal. Vas a sufrir. Parecerá que me he muerto y no es verdad... Comprendes... Es demasiado lejos... No puedo llevar mi cuerpo allí. Es demasiado pesado. (Se intenta levantar) Déjame dar un paso, solo. ¿Sabes?.... mi flor... soy responsable de mi flor... ¡Es tan débil!... Tiene cuatro espinas para protegerse contra el mundo... (dio otro paso y cayó).
AVIADOR.- (Al público) Me olvidé agregar la correa de cuero al bozal. (Mira al cielo) Qué habrá pasado en el planeta... Quizás el cordero se comió a la flor... Seguramente no. El principito encierra la flor todas las noches bajo un globo de cristal y vigila bien a su cordero... Me siento feliz. Y todas las estrellas ríen dulcemente. Mirad al cielo. Preguntad: ¿el cordero, sí o no, se ha comido a la flor? . Ninguna persona mayor comprenderá jamás que tenga eso tanta importancia.
(oscuro)
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