EN MI ENCUENTRO

Mi nombre es Elsi, tengo cuarenta y tres años y acabo de dejar a mi marido en un hotel en la ciudad de Bruselas. He tomado esta decisión porque nuestra relación llevaba demasiado tiempo muerta. Tenemos una hija, Mercedes, con la que apenas tengo una relación, aunque estoy intentado que esto cambie; ella tiene veintidós años y se ha quedado embarazada, quizás es la oportunidad que me brinda la vida para retomar una relación que hace años está apagada. Intento dar un vuelco a mi vida, cambiar la vida que hasta ahora he llevado porque pensándolo fríamente, no soy feliz. Ahora mismo estoy en la vieja casa de mi madre, sentada en la cama de la que una vez fue mi habitación; he encontrado en uno de los cajones de mi mesita de noche unas cartas que un día un hombre, cuyo nombre no recuerdo, me escribió al perder, de pequeña en el parque, mi muñeca Brígida. Apenas lo recordaba, mi madre al crecer de vez en cuando me leía alguna de estas cartas y me explicaba cómo aquel hombre se hizo pasar por un cartero de muñecas y durante diecisiete días me escribió diecisiete cartas explicándome los maravillosos viajes que hizo mi muñeca.

Hoy sentada en mi vieja cama he releído estas cartas y he tomado una decisión, me voy en busca de mi muñeca. Puede parecer una locura y realmente la expresión merece tal atención, pero lo que realmente quiero decir es que me voy a todos los lugares que tan maravillosamente ese hombre describió, me voy a vivir mis propias aventuras, en las cuales espero reencontrarme. Necesito tiempo y desintoxicarme, no sé cuando volveré ni cómo iré, pero inicio este viaje tan necesario para encontrarme a mí misma.


Continuo escribiendo esta aventura que conforma mi nueva vida. He pasado tres días en Londres; mi avión aterrizó en esta húmeda ciudad hace tres días, la escogí como primera destinación ya que es dónde Brígida decidió viajar primero. Me he hospedado en el céntrico hotel St Giles Hotel & Leisure Club. En estos días he disfrutado de las vistas que me ofrecía el Tamesis en barco. Al pasear por Picadilly Circus me pareció estar en una de esas películas americanas que te llevan al centro de Nueva York, he ido a comer a un restaurante en el Soho, y, además no he perdido la oportunidad de ir a ver el musical The Phantom of the Opera en Her Majesty’s Theatre y We Will Rock You en el Dominion Theatre. Como no, también me he dedicado a comprar en el Harrods y no he perdido la oportunidad de tomarme una copa de helado en el Häggen Dazs. Esta es la última mañana que paso en esta ciudad, de la que me hubiera gustado ver más cosas, pero no me apeno por ello, ahora iré al museo de cera y me haré varias fotos con los diversos personajes de élite ¡qué no se diga que nunca he estado con George Cloney!


He pasado dos días en España, tras los cuales he iniciado mi viaje hacia París. Al igual que Brígida me he hospedado en una habitación del Hotel George V. Esta vez estaré cinco días.

Vengo de visitar el Louvre, me ha encantado, la Mona Lisa es mucho más pequeña de lo que me imaginaba, como no he podido hacer fotos he comprado unas cuantas postales. Ahora comeré en el restaurante del hotel y por la tarde iré paseando por los Campos Eliseos hasta la Torre Eiffel, quiero tomar fotos de las vistas que me ofrecerá para un álbum que he decidido hacer de estos viajes.

Estoy muy cansada, apenas he podido escribir cuatro líneas desde que estoy aquí. Ya he cerrado la maleta y, ahora que tengo unos minutos, escribo estas líneas antes de irme de nuevo a España. Estos días que he estado en París he ido a cenar al Maxim’s, he ido a la Ópera, una maravilla de edificio; y, por supuesto, también he cenado en el Moulin Rouge y he visto excelente espectáculo. Lo único que no he podido hacer ha sido navegar por el Sena, quizás en un futuro. París, simplemente, me ha encantado. El Moulin Rouge es mucho mejor que la película. De este viaje me llevo un grato recuerdo, además de maravillosas experiencias.

Reanudo este pequeño diario, por llamarlo de alguna forma, desde Madrid, llegué ayer de París y he decidido tomarme unos días de descanso, pero ya estoy planeando mi próximo viaje a Viena. Quiero ir a la Ópera, el Parlamento, el malecón de Francisco José y a las Catatumbas, y ya he reservado habitación en un moderno hotel, el Novotel Wien City.

Acabo de llegar de este viaje que ha sido más tranquilo que los dos anteriores. Parezco una adolescente, siento de nuevo ese cosquilleo en el estómago, estoy reviviendo sensaciones, sentimientos que con mi marido hacía mucho tiempo que no vivía. Siento que he vuelto a la vida. El por qué, es sencillo, he conocido a Mario en Viena. Es un hombre maravilloso, culto y me ha enseñado sitios increibles de esa ciudad. Se dedica a las finanzas y se hospedaba en el mismo hotel que yo, estaba de viaje de negocios. Lo conocí en el restaurante del hotel, era el segundo día y tras ir a hacer mi pequeña ruta turística matinal llegué al hotel. Dejé el bolso, la cámara de fotos y algunas bolsas con pequeños recuerdos y bajé al restaurante. Me senté cerca de su mesa ya que era una de las pocas libres que quedaban para una o dos personas; aún me parece todo un poco turbio y no sé bien por qué fue que empezamos a hablar, creo que porque le oí decir algo en español y le pregunte de dónde era. Hemos vuelto juntos de Viena, le he explicado cómo empecé esta aventura y quiere acompañarme a Venecia, ya que se la conoce bastante bien y quiere enseñármela. Además, coincidencias de la vida, tiene que ir allí por negocios.


Ayer llegué de mi viaje por Venecia con Mario, ha sido fantástico. Nos hospedamos en el Hotel Danieli, como Brígida. Realmente hacer más o menos lo mismo que mi muñeca me resulta un tanto cómico, pero me lo he pasado genial. Hemos visitado la Basílica de San Marcos, hemos ido en vaporetto y, por supuesto, no podía faltar ese paseo en góndola. Además nos desplazamos hasta la región de Veneto para ver La Fenice en Venecia. Tengo muchas fotos.

A veces, me parece que esté viviendo una segunda juventud, sin preocupaciones, sin nada de qué preocuparme; pero sé bien que la realidad es otra. No viajaré tanto como Brígida, sé que eso era una historia para una niña. El estar fuera de mi casa viendo otras cosas, otras ciudades, empapándome de cosas nuevas y el encontrarme con Mario me han hecho reflexionar sobre muchas cosas; como en mi marido que en unos días dará paso a ser mi exmarido y mi hija Mercedes. Sobretodo he pensado en ella, en cómo ir a verla, cómo ir a buscarla…sé que romper el hielo entre nosotras dos será difícil y me inquieta bastante esta cuestión, sé que el distanciamiento ha creado una barrera entre nosotras. Una amplia y robusta barrera, que sólo espero que el amor que sé que aún tenemos la una por la otra sea capaz de romperla…sobretodo en este momento tan especial para ella y, en cierta medida, también para mí, porque el hecho de convertirme en abuela sé que cambiará aún más la visión sobre mí misma y sobre la realidad…sé que mis ojos percibirán las cosas de forma diferente. Ni si quiera sé si Mario durará mucho, si es algo serio o no…mi mirada se enturbia ante estos pensamientos, dejo la escritura para otro momento.


Acabo de llegar de casa de Mercedes, salí esta tarde de casa sin rumbo fijo cuando me di cuenta que estaba en su portal, mi propio inconsciente me engañó. Llamé, era una buena oportunidad, vi cómo le sorprendió mi visita, estaba sola y me hizo pasar al comedor. Me ofreció un café y nos sentamos en el sofá de piel. No negaré que estaba nerviosa, era algo evidente en mi mirada inquieta, la postura de mi propio cuerpo y el traqueteo de mi pie. Frente a mi hija, mirándonos a los ojos, en silencio, ella esperaba que le diera el motivo de mi visita y yo no sabía qué decirle. Hacía demasiado tiempo que entre ella y yo sólo había una relación de cortesía, donde los lazos materno filiales habían quedado relegados a un segundo término. Intento recordar cómo hemos llegado a esta situación, cómo dejamos que simplemente nos percibiéramos como unas conocidas sin lazo alguno de unión.

Después de mirarla a los ojos, pasé a mirar el suelo y empecé a hablar y es extraño porque ni si quiera ahora, que es reciente, puedo recordar qué dije con exactitud, fue todo muy rápido…sé que mis sentimientos brotaron en mí en forma de explosión; de un momento a otro me encontraba llorando, no esperaba que me consolara ya que nuestra relación, como ya he comentado no es la más cariñosa. Pero ha ido mejor de lo esperado, ella también se puso a llorar y me contó cosas que desconocía, como ella de mí, podría decirse que ha sido una tarde de confesiones. Somos personas adultas, somos madre e hija y las dos anhelamos esta relación. Sé que se necesita tiempo, ella también lo sabe, pero me basta con la esperanza de saber que ambas lo vamos a intentar, sobretodo en este momento tan especial para ella. Que al igual que yo, se va a convertir en madre y sé que su visión, al igual que la mía, cambiará y quizás también entienda mucha de las cosas que me ha reprochado durante años.

Mi relación con Mario sigue, me siento aún un tanto extraña, ya que a mis cuarenta y tres años no esperaba vivir una segunda historia de amor, si puede decir así. Él es mi medicina, me da la alegría que necesito y me lleva lejos de las preocupaciones. Me gusta su compañía, pero me da miedo desarrollar una especie de dependencia hacia él, ya que aún gustándome estar con él, una parte de mí, me dice que debo aprender por mí misma a salir adelante, a apartar las preocupaciones de mí, disfrutar de la vida y cuando sea el momento enfrentarme a ellas, pero no pensar en ellas constantemente, como también me dice que la alegría debo ponerla también yo y no deberla a otra persona. Estoy esforzándome porque él no se lleve todo el mérito de mi alegría y, me gusta participar en esta tarea, ya que me ayuda a demostrarme que yo, por mí misma, también puedo. Y es lo que buscaba y he encontrado: a mí misma, a mi capacidad de salir adelante, a mi capacidad de amar de nuevo, a mi capacidad de arreglar las cosas o, por lo menos, intentarlo. Quizás no lo he hecho de la mejor forma, pero estoy contenta de cómo lo he hecho.

Pongo punto y final a este diario, viaje, aventura, reflexiones o como quiera o pueda llamar a estás líneas que durante este tiempo he estado escribiendo.



Elsi.