Nunca había estado en Roma. Al menos despierta. Es un lugar dónde todo parece más grande, más majestuoso, como si cada paso que diera me transportara más y más atrás en el tiempo. Debían de ser los nervios pero sentada en esas escaleras la espera me pareció eterna. Me pregunté mil veces cómo podía haber accedido a eso, cómo si no me sintiese lo suficiente estúpida como para complicarlo vestida así. La semana antes la idea me había parecido preciosa, una manera más de hacer único nuestro encuentro.

Durante la espera había intentado recordar todas las razones por las que había realizado el viaje, pero sólo me venía a la cabeza una: estaba enamorada, clásicamente enamorada. Y también estaba un poco demente, según mi mejor amiga. Enamorarme de alguien con el que pasé una tarde hace dos años. ¡Recordar esa tarde como la mejor de mi vida! Prometerme no olvidar nunca cada sensación experimentada por mi cuerpo durante esas horas. Darme cuenta de que he saboteado mi vida desde el momento en que me di cuenta de que nadie iba a hacerme sentir así. Recordar, recordar, recordar. Sentir.

Nos habíamos conocido la tarde del 7de agosto, cuando Lucía y yo habíamos ido a ver ensayar a unos amigos. Él era el bajista, familiar lejano del batería y venido desde Boston para pasar unos días en mi ciudad tocando por los diferentes bares. Ese era su último día aquí ya que después del concierto cogería un vuelo de vuelta a casa. Cuando acabó el ensayo mi amiga me pidió que lo entretuviese ya que ella quería estar a solas con el batería y yo había accedido a regañadientes.

Había decidido llevarlo a dar un paseo por el casco antiguo de la ciudad ya que era mi lugar favorito y al menos me sentiría algo más cómoda. Podíamos tomar un café en la pequeña tetería que había en aquella placita escondida y luego caminar un rato por el paseo marítimo de vuelta al local.

pensamientos. – Sid y Nancy fueron los Romeo y Julieta del punk. Ella era una groupie que se enamoró de Sid y lo metió en el mundo de la heroína. Juntos vivieron una de las historias de amor más breves pero apasionadas de la música. Ella pasó a ser el centro del universo de Sid y cuando la encontró muerta en el baño de un motel su vida murió con ella. La policía lo acusó del asesinato de Nancy pero salió libre. A las pocas semanas murió por sobredosis. Lo más curioso de la historia es que encontraron una nota en su chaqueta dónde pedía que le enterraran junto a Nancy. Ante la negativa de la familia de ésta, se dice que la madre de Sid arrojó las cenizas de su hijo encima de la tumba de la que fue el amor de su vida.

canción, love is blindness, I don’t want to see, won’t you drap the night around me?

Después de eso estuvimos hablando de mil cosas pero a la vez de nada. Me contó como era su vida en Boston, me habló de porqué tocaba, de sus gustos musicales, de las películas que le habían marcado, de sus amigos, de la ciudad y de mil historias más. Me preguntó qué cosas me hacían feliz ya que decía estar seguro de que saber los pequeños detalles que hacen feliz a alguien es la mejor forma de hacerse una idea de cómo es esa persona.

Nos sentamos en unas viejas escaleras que quedaban un poco apartadas del tumulto de gente porque quería que escuchara una sus canciones favoritas. Mientras la música sonaba – there's a place in the sun for anyone who has the will to chase one – nuestras miradas se iban encontrando y yo intentaba mirar para otro lado para no delatarme.

Hablamos de la reencarnación. Él creía que íbamos tan perdidos en la vida debido a que debido al crecimiento de la población sólo poseíamos una fracción del alma originaria. Pero que, a la vez, por eso buscábamos tan fervientemente enamorarnos ya que si teníamos suerte podíamos encontrar a la persona que completase el alma primigenia.

Quizás Sid sintió toda su vida que no estaba en el lugar que debía estar hasta que la encontró. ¿Nunca has tenido la sensación de vivir un momento precioso con la persona equivocada? Incluso pensar que el momento no es lo mágico que debía ser porque estás tú ahí, con todo tu bagaje emocional y tu búsqueda incansable de alguien que te complete. Probablemente Sid estaba cansado, hastiado de ser él mismo, de estar siempre consigo mismo hasta que conoció a Nancy. Y sé lo que se siente ya que toda mi vida me he sentido así, hasta ahora. Siento que he nacido para conocerte, en este lugar y en este tiempo.

En ese momento entendí a Nancy. Caminamos en silencio de vuelta al local con la sensación agridulce de que esa tarde no se repetiría. Una parte de mí quería seguirlo a donde fuera, darle una oportunidad a todas esas emociones que había sentido. Pero mi yo racional sabía que era de locos lanzarse a una aventura así. Así que después de esa noche él cogió un vuelo y se fue. Y yo no hice nada por impedirlo.

Es curioso cómo alguien en su sano juicio puede admirar la valentía de una chica heroinómana con final trágico que al menos tuvo la oportunidad de probar la teoría de la reencarnación.

Así que un año más tarde allí estaba, vestida cómo Nancy Spungen apoyada en la pared de delante de esa sala empapada hasta los huesos por esa lluvia incesante.

pensar en ello en todo este tiempo y creo que no deberíamos jugar con estas cosas. Seremos como Sid y Nancy, pero sin las drogas y la parte en qué morimos.