En el pueblo de Gurulú había una casa encantada, en ella vivía un brujo que siempre estaba haciendo magia aunque sus magias no siempre funcionaban.

(Golpes en la puerta) Una tortuga llamada Arturo viene a pedir ayuda al brujo:

 

ARTURO: ¡Por favor, por favor, ayúdame a encontrar a Clementina!

 

BRUJO: “Abra cadabra, que suba que suba y que aparezca la tortuga”

Pero la magia no funcionó y, en su lugar apareció un conejo blanco que estaba tranquilo en su huerta cogiendo coles

Cuando el conejo vio al brujo se asustó tanto que dio un salto por la ventana y fue a caer en un agujero

 

CONEJO: ¡Socorro, socorro! Soy el conejo blanco y estoy atrapado en este agujero, quiero volver a mi huerto para recoger coles y hacer un caldo

 

De repente empieza a oír unos pasos que se acercan, el conejo se muere de miedo, tiembla desde el rabito hasta las orejas, acurrucado en el fondo del agujero ve asomar una pata, después otra pata y una cabecita de tortuga que le mira con cariño, era Clementina que en uno de sus paseos había oído los gritos del conejo blanco.

 

CLEMENTINA: ¡Yo te ayudaré!

 

 Consiguió agarrar al conejo por una de sus largas orejas después caminó hacia atrás y haciendo mucha fuerza logró que el conejo saliera del agujero

Cuando el conejo le explicó a Clementina por qué había llegado allí ella pensó que la tortuga que estaba en casa del brujo debía de ser Arturo.

Los dos caminaron hasta la casa y llamaron a la puerta

 

BRUJO: ¡Pase quien quiera que sea!

 

El conejo y Clementina entraron y Arturo quedó patidifuso cuando vio a su querida Clementina

 

ARTURO: ¡Magia, magia! ahora sí que has hecho magia

 

CLEMENTINA ¡Qué magia ni qué mandingas! he venido porque este pobre conejo blanco no encuentra el camino de vuelta a su huerto, este brujo es un brujo de pacotilla que ni hace magia ni nada y tu eres un pesado que no me deja en paz 

 

ARTURO: ¡Por favor Clementina quiero que vuelvas a casa!, te dejaré hacer todo lo que tú quieras!

 

CLEMENTINA No, tú no tienes que darme permiso, entre los dos podemos hacer muchas cosas juntos.

ARTURO: Vale Clementina, creo que tienes razón

 

El mago pronunció unas palabras mágicas:

 

MAGO: ¡Abra cadabra, pasa pasa y cada uno para su casa!

 

Y Ahora la magia sí que funcionó así que todos contentos y la historia terminó