Vida facil – lucha Muchas personas creen que su vida es una especie de película. Y que en esa banda biográfica pueden poner personalmente en escena todos los cortes, todas las escenas. Realmente se impone la reflexión: ¿por qué dar rodeos en mi vida, por qué esforzarme, ponerme a buscar, ejercitar el autocontrol o ser constante? Es decir, tomar ese difícil camino que los discípulos recorren con Jesús. ¿Por qué la vida no debe ser simplemente fácil?
Eso sólo podrían permitírselo aquellos que despiertan a la vida con la mesa puesta. Eso es una fantasía de las clases acomodadas que no tiene en cuenta que para la gran mayoría de los individuos la vida es lucha. Por eso considero ese hacerse a sí mismo un egoísmo y un deterioro de la vocación.
Quien piensa que en él ya existe todo, y, en consecuencia, puede nutrirse de esa plenitud y disponer de todo, se niega lo que podría dar. En efecto, el ser humano no está sólo para hacerse a sí mismo, sino para aceptar desafíos. Todos nosotros estamos inmersos en la historia y dependemos unos de otros.
Entonces comprendería que la realización no reside en la comodidad, en la facilidad y en el dejarse llevar, sino en aceptar los retos, en el camino duro. Todo lo demás se convierte en cierto modo en aburrido.
Sólo la persona que se «expone al fuego», que reconoce en sí una llamada, una vocación, una idea que satisfacer, que asume una misión para el conjunto, llegará a realizarse. Como ya se ha dicho, no nos enriquece el tomar, el camino cómodo, sino el dar.
Estas bienaventuranzas son un texto de índole muy especial porque difieren mucho de nuestras normas. No se llama bienaventurados a los ricos -y es que hay una diferencia entre bienaventurado y feliz-, sino a los pobres; no a los que no sufren, sino a los que sufren. Recogen el hambre de justicia, la pureza de corazón y muchas cosas más.
El Papa ha afirmado en una de sus encíclicas que las bienaventuranzas son, en el fondo, la autobiografía oculta de Jesús. En efecto, vemos cumplidos en Él los distintos pasajes de las bienaventuranzas. Él es el pobre en Espíritu Santo. Él es quien viene de los pobres. Él es quien se esfuerza por traer la justicia a los demás. Él es el que trae la paz. Él es el que padece por la verdad. Creo que no entendemos bien las bienaventuranzas hasta que las personalizamos en Cristo. Él las vive, y a través de Él se convierten en hitos del camino para nosotros. Aunque, lógicamente, el destino de cada individuo es diferente. Uno puede situar en primer plano una cosa, y en cambio otro, algo distinto. Lo importante es leerlas encarnadas en la persona de Cristo, y vivirlas también en el futuro.
¿Podríamos decir que cada una de las frases de esas bienaventuranzas es una clave para un misterio específico?
Es más bien una llave para entrar en la vida, y entonces sí que desvelan misterios que antes no se habían esclarecido. No se trata tanto de una forma oculta de ilustración o de comunicaciones en clave. Es una mirada a la vida, y cada uno de esos accesos, en el curso del camino, proporciona comprensión y conocimiento (J. Ratzinger, Dios y el mundo)