A qué sabe la alegría, la ilusión, la felicidad
Paula Casaña Carabot
¿A qué sabe la alegría, la ilusión, la felicidad? ¿Y donde podemos encontrarla?
En muchas ocasiones, a lo largo de nuestras vidas se nos habrán presentado situaciones en que habremos podido disfrutar de ese sabor único, incluso sin ser conscientes de ello.
Muchos imaginan que esa, es una alegría pasajera, que uno se hace mayor, y esa alegría se va perdiendo, se pierden las ilusiones, uno se olvida de lo que significa ser feliz, libre... pero hemos podido comprobar que no es así, e invito a todos a que se animen a descubrirlo.
Nos propusimos ir a las Hermanitas de los Pobres ha hacer visitas, a ayudar, a compartir con los ancianos un poquito de nuestra felicidad, de nuestra juventud.
El día 29 de Marzo de 2008, subimos por primera vez, siempre en grupos de 5 ó 6 jóvenes. Llegamos con mucha ilusión y con muchas ganas. Desde entonces no hemos fallado más que por la etapa de exámenes.
Ahora lo hemos retomado. Y ahora que ya sabemos a que sabe la alegría os lo puedo explicar.
El primer día encontramos un grupo de ancianos y ancianas, que nos miraban desde sus sillas, sin decir nada. Eran simplemente “ellos”. El primer sentimiento fue triste, nos sentimos con ganas de ayudarlos, de escucharles, de alegrarlos, de hacerles descubrir que aún podían ser felices si querían. ¡Qué poco sabíamos!
Poco a poco nos encontramos personalmente con cada uno de ellos. Personas alegres, simpáticas, con ganas de conocernos, con mucho pasado y mucho ejemplo que darnos. Se esforzaban por aprenderse nuestros nombres, y por recordar de donde éramos y porqué veníamos.
Muchos de ellos esperan a que lleguemos el sábado con muchas cosas que contarnos, y los que no pueden hablar, con muchas sonrisas que dedicarnos.
Ahora cada uno tiene su nombre, y podría escribir páginas y páginas de todos ellos. Les hemos cogido cariño y ellos también a nosotros.
Nos regalan las tardes de los sábados con ilusión. Y nos dan su alegría ellos a nosotros. Hemos encontrado gente sorprendente allí dentro: me asombra la fortaleza con que afrontan las tristezas de la vida; nos muestran los medios que les da Dios para ser felices con tanta sencillez; y nos brindan a nosotros la oportunidad de acompañarlos. Una y otra vez, cada sábado, nos sorprende la alegría con que cuentan cosas que son cotidianas, las cosas insignificantes que les hacen sonreír, lo importante que es para ellos poder trabajar, o poder salir todavía por su propio pie a dar vueltas por el patio. Son personas inmensamente agradecidas con lo que tienen y con lo que se les da, aunque sea poco.
Muchos están solos y enfermos, y nos muestran día a día su fortaleza y su valentía.
Lolita, una de las ancianitas en silla de ruedas se ha hecho una ficha de cada uno de nosotros, para acordarse de nuestros nombres, saber nuestros teléfonos, nuestros exámenes, y rezar por nosotros.
Creo que todo el mundo debería tener la suerte de conocer a estas personas, de recibir esta felicidad que nos dan gratuitamente. Seguimos subiendo para ayudar, pero la mayoría de nosotros afirma que recibimos mucho más de lo que damos. Son gente generosa y lo único que tienen nos lo dan, su cariño, su fe y su alegría.
No me lo quiero quedar para mi sola, y por ello os animo a que lo probéis.
Subiremos cada sábado –también durante el verano- de 5 a 7 de la tarde. Cuando nos quedamos a darles la cena nos quedamos hasta las 8.
Si estáis interesados podéis llamarme a este móvil: 661564063 o contactar conmigo por e-mail: paula_108k@hotmail.com