Dignitas
Personae y la Bioética
Isabel Viladomiu Olivé -
Psicóloga Clínica - Asociación Catalana de
Estudios Bioéticos
El
pasado 12 de diciembre de 2008, la Congregación para la
Doctrina de la Fe publicó un decisivo documento bioético
titulado Dignitas Personae. La bioética siempre es
protagonista en los medios de comunicación tanto por las
propuestas de distintos grupos como por noticias que generan debate:
abuelas-madre por fecundación in vitro o el nacimiento
de niños nacidos por selección embrionaria para curar a
su hermano. Algo distinto ha pasado con esta Instrucción que
ha sido silenciada por los mass media. ¿Por qué?
La respuesta está en la verdad, calidad y mensaje que
proclama. La Iglesia ante el caos bioético actual sale en
defensa de los no nacidos ─llamados
por Benedicto XVI, los más pobres del mundo─,
proclamando que la dignidad es inseparable a la vida de cada hombre.
Este principio no es aceptado por las ideologías dominantes y
ante una verdad incómoda la han dejado pasar sin pena, ni
gloria. Otra causa posible de este silencio mediático es que
disentir de su contenido es posicionarse en contra del hombre y esto
no puede resultar tan evidente para personas y grupos. Muchos
esperarán a nuevos avances técnicos, que casi siempre
siembran la duda por su fin bueno, para cuestionar de nuevo la
dignidad humana o a asignarla a aquellos que ellos decidan.
La
Instrucción Donum Vitae, publicada en 1987, no definió
que el embrión fuera una persona para no pronunciarse
explícitamente sobre esta cuestión filosófica,
ahora sí que lo hace, y declara que el embrión es
persona fundamentándolo en los conocimientos científicos
y en la realidad ontológica de su existencia física:
existe un ser y este ser es un hombre. Su reducido cuerpo personal
está bajo un programa bien definido de naturaleza racional y
corpórea. El principio declarado no deja lugar a dudas, ni
hace excepción: “A cada ser humano, desde la concepción
hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de
persona”. El hombre es persona porque es hombre y así
debe ser tratado desde su origen. No existen cambios en su
naturaleza, ni una gradación de su valor por sus cualidades o
tiempo de existencia.
El respeto incondicional debido a cada ser
humano en su origen exige su no instrumentalización por
terceras personas en laboratorios y por técnicas desarrolladas
para este fin. Éste es otro aspecto central de la Instrucción
que remite a la unión de los esposos, como la única
forma digna para la generación de un hijo. Benedicto XVI
enseña que “la transmisión de la vida está
inscrita en la naturaleza, y sus leyes siguen siendo norma no escrita
a los que todos deben remitirse”. Muy pocos han querido leer en
estas normas no escritas, la gran protección que la naturaleza
otorga al embrión y han escogido otro camino con consecuencias
nefastas. Para ello basta repasar los puntos candentes que uno tras
otro se van analizando en la Instrucción. En las técnicas
de reproducción humana asistida no hay nada ético, ni
humano, cuando se valora la vida de cada embrión como
intocable por su propia dignidad. Al contrario, son una verdadera
amenaza para el hombre y su futuro por su forma violenta y selectiva
de ver y tratar a sus semejantes.
Algunos bioéticos han
sido sembradores de duda y relativismo. Se ha negado desde muchos
foros la realidad de que todos los seres humanos tenemos derechos
inalienables e imperecederos de forma natural, también los
embriones, fetos y niños no nacidos. Con esta Instrucción
la Iglesia sale en su defensa y proclama la verdad. Alienta a los
médicos a buscar soluciones que no vulneren la dignidad de los
esposos, ni la de los hijos ante problemas de infertilidad. Nos
recuerda que todo hombre es un fin en si mismo y nunca un medio para
servir a otros. En definitiva, que el hombre no puede estar al
servicio de la ciencia sino que ésta tiene que buscar el bien
integral de cada persona humana. Su mensaje es muy claro y decidido.
A pesar de algunos modelos bioéticos con gran influencia
sabemos que “la vida vencerá: ésta es para
nosotros una esperanza segura. Sí, la vida vencerá,
puesto que la verdad, el bien, la alegría y el verdadero
progreso están de parte de la vida. Y de parte de la vida está
Dios, que ama la vida y la da con generosidad”.