VII
La falsa familia
Los primeros calores primaverales comenzaban a sentirse en el ambiente después de un invierno especialmente duro, lo que mejoraba los ánimos de una comunidad que se levantaba al despuntar el día. Durante los últimos meses se había intensificado la actividad no sólo dentro de la casona, sino en las conexiones con los aliados. Los jóvenes dividían sus jornadas entre el trabajo y el entrenamiento en diversas disciplinas como preparación para lo que serían sus misiones cuando llegara el momento, un plazo que nadie conocía en realidad, pero que a todo el mundo inquietaba.
- ¿Qué te ocurrió en la cara?- fue el saludo de Petra para la joven Hebe aquella mañana, al notar sus pómulos amoratados.
- Me estoy borrando las pecas- respondió sin ánimo
- ¿Set?- Alzó las cejas preocupada.
- No. Es decir, es algo extenuante, pero nada que no pueda soportar-se apresuró en aclarar la muchacha, restando importancia al asunto- Quiero estar a su altura.
Hebe era sin duda una joven valiente. Debía concentrarse en el entrenamiento diario mientras resistía las agresiones de su compañero, tanto físicas como verbales. Más allá del aprendizaje táctico o del fortalecimiento de su cuerpo, ella estaba templando su carácter, y aquello era algo en lo que no estaba dispuesta a desfallecer. Set, por su lado, mostraba avances sorprendentes en el corto período de su estadía. Aunque en principio parecía una fierecilla bruta, su inteligencia y habilidad para captar con rapidez las nuevas tácticas que el maestro le enseñaba le hizo ganar la confianza de las cabezas de la comunidad.
Durante todo ese tiempo, la convivencia le había enseñado mucho sobre lo compleja y sorprendente que es la naturaleza humana. Las muchachas eran, aunque jamás llegara a confesarlo, quienes más le asombraban. Con su imagen de muñequitas, todo el día charlando y riendo mientras hacían las labores del hogar, jamás habría imaginado que se trataba de mujeres entrenadas desde pequeñas en distintas ramas, desde el piloteo de naves hasta el espionaje. Pero finalmente aquello no cambiaba las cosas y su cercanía le resultaba tan irritante como el primer día.
Hasta entonces, y dado el cumplimiento de su palabra de no dañar seriamente a Hebe, Petra había consentido en su deseo de comer en la biblioteca, sólo. Pero dado a que nuevamente sus expectativas de que él mismo rompiera su aislamiento se derrumbaron, aquél privilegio le fue retirado. Set caminaba molesto rumbo al comedor, y aquél desagrado se incrementó en el momento que cruzó la dichosa puerta al descubrirse como el repentino centro de atención de todos los comensales. Buscó a Hebe con la mirada hasta hallarla sola, en una pequeña mesa situada junto a una ventana. Caminó hasta ella mientras todos retomaban sus conversaciones y notó que en la mesa había dos desayunos.
- Es para ti.- Dijo ella sin apartar la vista de la ventana.
Set tan solo se sentó y comenzó a comer en silencio, observándola. Era extraño que, aún con todos sus maltratos, ella no dejara de serle amable. Debía admitir que se estaba acostumbrando, muy a su pesar, a la compañía de aquella pecosa, y seguramente algo en su expresión debió delatar sus pensamientos porque en cuanto se vieron a los ojos ella rompió el silencio.
- Me ha gustado desayunar contigo- susurró obsequiándole una tierna sonrisa.
- No haremos de esto un ritual ¿oíste?
- Claro.
Pocas palabras. Esa era otra cualidad que hacía a la pecosa infinitamente más aguantable que el resto de las habitantes de aquella casa, aquello junto a su carácter apacible pero lo suficientemente firme para mantenerle de pie, luchando por hacerle frente cada día.
Para la comunidad, los meses venideros desfilaron uno tras otro como vagones de un tren interminable, vacíos y sin rumbo, provocando la sensación de estar en una preparación eterna, sin saber si la esperada revolución sería más real que sus sueños de prosperidad, algo que provocaba una creciente preocupación en Marduk. Si el ánimo decaía en su círculo más cercano, sería prácticamente irrealizable levantar un ideal que sumara aliados en el resto del país. Si bien le era imposible determinar el tiempo que restaba para prender el fuego, iniciar el movimiento del grupo con pequeñas misiones era la jugada más propicia, pero aún frente a su propio convencimiento, prefirió consultar la opinión de su maestro.
El traslado del alimento no era de por sí una misión peligrosa, pero siempre cabía la posibilidad de ser detectados por asaltantes, lo cual supondría una excelente ocasión para enfrentar a los jóvenes a una muestra de realidad y de paso probar las condiciones del grupo, por lo que propuso aquello como primera opción.
El señor Fausto no dudó en apoyar la idea, como tampoco tardó en imponer su condición:
- Mi muchacho debe ir también.
No le era habitual contradecir al señor Fausto, pero esta vez Marduk tuvo demasiados reparos ante la orden del anciano.
- Quiero que salgan para solucionar un problema, maestro, no para meterme en otro. Sugiero que esperemos algo de tiempo para incluir a Set en las misiones.
- Set lleva demasiado tiempo controlándose, aceptando incluso la integración con sus compañeros, algo que realmente le desagrada. Estoy contando los días en espera de que salga de control, y no quiero que sea Hebe quien reciba su furia, ¿entiendes?
Aquellas palabras no eran nada nuevo para Marduk, sino más bien detallaban un temor que no dejaba de rondar en su cabeza. Esperaba que el anciano, con su mayor cercanía al joven hubiese despejado aquellas aprensiones, pero en cambio sólo reafirmaba sus pensamientos. Entre la espada y la pared, no tuvo más salida que aceptar la condición de su maestro.
Después del desayuno, Marduk y el señor Fausto reunieron a los jóvenes en el salón para informarles sobre su nueva tarea.
- Aquí en Sara tenemos algunos aliados fieles que han estado moviéndose entre la ciudad y Dandara para informarnos de todo el movimiento. Dicen que los nobles están algo confiados, pero no dejan de generar agitación, en especial en Fayum ahora que se han dado cuenta de la ausencia de “su demonio”- Dijo aludiendo a Set, quien desvió la mirada hacia el ventanal- Les conviene mantener al pueblo dividido, sin fuerzas para enfrentárseles.
- Nuestros aliados han mostrado su lealtad constantemente, pero también necesitan nuestro apoyo. Enviaremos víveres semanalmente y ustedes serán los encargados de transportarlos. No es una tarea difícil, pero con la situación como está, el alimento es mejor botín que el oro para los asaltantes. De cualquier modo, será la primera vez que se enfrenten a la ciudad y está bien que se vayan acostumbrando. ¿Alguna pregunta?
- ¿Iremos en grupos? Es decir, somos nueve, diez si Set va con nosotros. ¿No es demasiado para ir todos juntos?- preguntó Ellis.
- Esta vez irán todos, incluido Set, que es quien mejor conoce el ambiente en las ciudades. Les servirá como reconocimiento. Después podrán dividirse y hacer turnos, eso lo deciden ustedes. ¿Otra duda?- Ante la negativa de los jóvenes el anciano continuó- Bien, consideren esto como su primera misión… demasiado fácil como para decepcionarme. Ahora, preparen las cosas y salgan en media hora. Petra les dará las indicaciones.
La casona distaba apenas un par de kilómetros de Sara, una pequeña ciudad que lograba subsistir gracias al generoso valle sobre el cual se situaba. Aunque la producción era insuficiente, había permitido a Sara sostenerse en pie con brotes de violencia menores, nada comparables al desastre de Fayum o Dandara. De cualquier modo, entrar a la ciudad siempre era un riesgo, más si eran víveres lo que se portaba.
A poco andar dentro de la ciudad, el grupo comenzó a sentir que les observaban. El trayecto desde un comienzo estuvo cargado de una atmósfera extraña, al mutismo de Set y su semblante carente de emoción hacía desconfiar a sus compañeros, quienes le miraban de soslayo, expectantes del momento en que hiciera algún movimiento extraño. Pero ahora era la ciudad quien se robaba la atención de todos, envolviendo a sus visitantes en una brisa amenazante.
Entonces sucedió. Seis hombres provistos de armas de contacto les cerraban el paso en una callejuela de comercios abandonados, forrados en su corpulencia y sus miradas arrogantes, menores en número, pero evidentemente superiores en agresividad frente al puñado de mozuelos, la mitad de ellos señoritas.
- ¡Déjennos pasar!- gritó Borías, el mayor y líder del grupo, con la intención de infundir seguridad a sus compañeros frente a aquellos hombres.
- No te hagas el valiente chavalito, que no te queda. Mejor dejan las cosas en el suelo, dan la media vuelta y aquí nadie ha visto nada. Los dejaremos marchar sin un rasguño ¿les parece?
- Tanta palabrería me está cansando- Interrumpió Set con una voz ofensivamente calma, mientras se abría paso entre su grupo. Ellos sólo le miraban, incapaces de procesar las intenciones de su compañero. O intentando acallar sus aterradores augurios. Un minuto para despertar.
Moviéndose en una danza mortuoria entre las miradas atónitas de las víctimas del miedo, sin dar espacio ni tiempo al pensamiento, aún menos a la acción. Ligero y grácil, paseó su daga entre las pieles de sus adversarios, salpicando de terror y sangre todo a su alrededor, hasta que no quedó más que uno, un solo hombre arrodillado, no por sus ruegos de misericordia, sino por la brutal fuerza con que Set halaba de sus cabellos obligándole a postrarse.
-¡Ustedes, miren esto!, ¡Miren la cara de este pobre infeliz! Vayan aprendiendo como se ven los hombres antes de morir- Gritó Set reprimiendo una carcajada.
- ¡No me mates, por favor, haré lo que digas, pero no me mates!- Imploraba el hombre, con las palabras quebradas por sus propios temblores.
- Ya tengo a estos otros para obedecerme- Respondió señalando a sus compañeros con un gesto de cabeza, mientras sus labios se curvaban en una sádica sonrisa. Hizo una pausa que pareció eterna y soltó al pobre hombre, mirándole con superioridad- Pero haremos una cosa. No me gustan los comités de bienvenida, ni la gente que se me anda cruzando en el camino ¿sabes? Así que Sara sabrá por ti que el demonio les visita. En tanto no sea molestado, tu vida no correrá peligro. De no ser así, barreré Dandara completa en busca de tus entrañas. ¿Está claro?
-Si... ¡si!
-¡Lárgate ya!
El silencio inundó la callejuela en cuanto hubo desaparecido el bribón. Set reanudó el paso, pero su grupo dudaba en seguirle. Una lágrima que no supo interpretar surcó el rostro de Hebe y una inexplicable y profunda tristeza le nubló el semblante. Set parecía haber borrado en un instante lo acaecido minutos atrás y su rostro se mostraba imperturbable, como siempre. Comenzaron a avanzar. Nadie quería enojarle.
Las provisiones fueron entregadas y regresaron sin más inconvenientes por ese día. Pero aquella simple misión había abierto una zanja que extinguía su juventud inocente en tanto abría una ventana desde la cual ver el mundo con toda su crudeza. La cuenta del día era una sola: un minuto, cinco hombres muertos. Borías se dirigió a la biblioteca con el fin de informar los hechos a Marduk, en tanto el resto del grupo se recogía a las habitaciones después de comer. Hebe y Ellis se quedaron a solas en la cocina recogiendo la mesa. Aquella cena fue la más callada y tensa desde que la comunidad vivía allí, y hasta el momento nadie había hecho comentario alguno, ni de lo sucedido, ni de nada. Ellis dejó el plato que secaba y, sentándose, decidió abrir el tema:
- Set me da miedo. Antes… yo creí que era un engreído poco sociable y violento, pero ahora veo que los rumores son ciertos. Es un animal, Hebe, ese tipo no es humano.
Hebe guardó silencio y abrazó sus rodillas contra su pecho en tanto decidía si hablar o no. Le resultaba muy difícil asimilar lo que había visto aquella mañana después de la cercanía que había logrado con el joven. Las palabras comenzaron a salir de ella casi sin desearlo:
- Me impactó verlo, Ellis. Me impactó tanto como a ustedes, pero no podría decir que me sorprende, porque él siempre me lo está diciendo. Me restriega en la cara lo malvado que puede llegar a ser sólo porque le gusta asustarme. Los moretones que han visto son sólo una pequeña muestra, pero él siempre está diciendo que se controla conmigo, que no le conozco. Y lo peor de todo es que no estoy segura si hoy le conocimos.
- ¿Crees que sea aún peor?
- Lo creo, si.
- Es una bestia.
- Pero esa bestia te salvó el pellejo, Ellis. Se que sonará contradictorio, pero así como le temo, confío en él. Pudo haberme matado hace tiempo, pero desató sus instintos con esos maleantes. Si eso no es una señal para ti, para mí si lo es.
- No te hace daño porque sabe que no puede hacerlo. En un segundo estaría toda la comunidad sobre él.
- ¿Y crees que tiene miedo? Ellis, en todo este tiempo hay algo que comprendí de él. Set nació en medio de la violencia. No puedo saber si alguna vez sintió algo distinto, pero creo que desde pequeño su única forma de contacto con otros seres humanos fue la agresión. Él no tiene nada en la vida, ni siquiera un sueño, por eso no siente nada tampoco, ni miedo, porque no hay nada que perder. Como no conoce otra fuente de emoción, para sentirse vivo recurre a la violencia. Está tan aburrido que arriesgarse a morir por matarme es hasta un buen panorama para él.
- ¿Tú piensas que Set vive el día a día esperando que ocurra algo que lo saque del letargo? ¿Dices que mata porque está aburrido? Por Dios, Hebe, ningún ser humano puede vivir así.
- ¿No decías que es una bestia?
- ¿Y aún así confías en él?
- Como te dije, él sólo conocía la violencia. Pero ahora no está en Fayum, ahora hay al menos dos personas que lo quieren. Estoy segura de que ya se ha percatado de eso y, a su modo, él también está experimentando cierto afecto.
La tensión en la biblioteca era palpable. El joven Borías, de pie, detallaba a Marduk y al anciano Fausto los acontecimientos del día, pidiendo en todas las formas posibles que Set fuese alejado de la comunidad, tal vez devuelto al lugar donde pertenecía.
- Por lo que dices, parece que no les hubiera salvado de una tropa de asaltantes- interrogó el anciano en defensa de su pupilo.
- Set no está dispuesto a ser nuestro compañero, él sólo quiere saciar su sed de sangre sin importar la seguridad del grupo. Les juro que lo vi sonreír mientras enterraba su puñal en la carne de esos hombres. ¡Dios! En un momento eran maleantes que nos atemorizaron y al siguiente parecían muñecos de trapo ante los movimientos de Set. Y la sangre regada en nuestras ropas y rostros. Él estaba disfrutando… de esas muertes y de nuestro horror.
- Borías, te agradezco por habernos dicho todo esto. Ahora es mejor que vayas a descansar como tus compañeros- invitó Marduk en tono paternal, a lo que el joven asintió con la cabeza antes de retirarse. Luego, el líder de los defensores se dirigió al maestro- Creí que tendría al mejor aliado, pero Set no es más que una amenaza conviviendo en la comunidad.
- ¡No me vengas con que no sabías quién era cuando lo trajiste acá!- exclamó el anciano furibundo- Hasta ahora no sólo le hemos exigido controlar sus instintos sino además ha debido integrarse y convivir lo más armónicamente que le es posible con el resto de los muchachos a cambio de muy poco para él. Techo y comida jamás le faltaron en Fayum, siempre tuvo todo lo que necesitó y sin embargo ha puesto todo de su parte para cumplir con nuestras exigencias. Ahora es el turno del resto de adaptarse a él. Te recuerdo que cuando se abra el juego será él quien marque el paso, y lo hará a su modo. Marduk, no intentes domesticarlo.
- ¿Entonces qué hago? Tengo una comunidad entera presa del terror gracias a mi gran idea de traer una fierecilla a vivir en esta casa.
- Déjalos que teman hasta el cansancio, hasta es bueno que se vayan acostumbrando a esa sensación, pues parece que se les ha olvidado que nos estamos preparando para la guerra. De Set me encargo yo, pero te aseguro que no será nada difícil. Es bastante obediente para ser una bestia, no puedes negarlo.
- Para ser honesto, debo admitir que hasta ahora ha hecho todo lo que se le ha indicado.
- Es hora de poner firmeza y hacer entender a esos muchachitos que esto no es una guardería. Quien quiera llorar que lo haga lejos de esta comunidad.
Las relaciones se agriaron durante algunas semanas. Para los jóvenes, la decisión de conservar a Set respondía al evidente favoritismo que el anciano Fausto mostraba hacia él, una irresponsabilidad en cuanto a la seguridad del grupo. Pero Marduk había insistido en que actuasen como si nada hubiera pasado. Desgraciadamente las cosas no funcionaron tan bien desde entonces. La noticia sobre el joven que asesinó en un parpadeo a toda una banda se extendió con rapidez y los mercaderes viajeros reconocieron en los relatos de los lugareños las acciones sólo atribuibles al sanguinario personaje del que no había noticias en varios meses. El rumor de que el demonio de Fayum había aparecido en Sara no tardó en expandirse, pero se sabía que esta vez estaba acompañado. La comunidad comenzaba a correr peligro.
El teatro estaba muy bien montado. Con el imperativo de disfrazar las acciones del grupo, la casona se había convertido en una verdadera granja familiar, y con ello, el trabajo se tornaba más arduo, el entrenamiento más extenuante y el descanso más escaso. Pero a Set le parecía bien. El contacto obligado que suponía el compartir actividades con el resto era una excusa perfecta para conocer el carácter de sus compañeros y, a su modo, establecer cierta relación con ellos, que a tales alturas ya no resultaba tan molesta, aunque se redujera a dictar su propia supremacía sobre el resto. Sólo mantenía cierta incómoda tensión con Borías, el joven más cercano a Marduk y quien marcaba liderazgo entre los noveles. Pero la influencia de Set era diferente: sin representar los ideales de nadie ni ser afecto a las palabras, tenía un magnetismo silencioso que arrastraba las voluntades. Menos reticentes en cuestiones de afecto, las mujeres del grupo ya se mostraban frente a Set, aún manteniendo el temor y la prudencia, alguna especie de propensión a mimarle, si cabe, seguramente a raíz del maternalismo que despiertan los sufrientes y abandonados... como él.
El señor Fausto era el abuelo. De ahí hacía abajo, todos jugaban un rol de familiares, criados u obreros de la granja. A Set le asignaron al rol de nieto predilecto, siendo prácticamente recluido en la casona, a la sombra del anciano. Eso disminuyó sus tirantes encuentros con Borías, quien cuidaba de los animales y actuaba de mensajero para Marduk, y en cambio le acercó más a las mujeres, como siempre ocupadas de las labores del hogar.
Los entrenamientos en el exterior de la casa se realizaban antes del amanecer, comenzando a horas después del paso de los últimos viajeros nocturnos, y culminando cuando se avistaban los primeros visitantes matutinos. Después de eso comenzaba la vida de granja y la tarde era para el descanso. Al maestro le gustaba que las "nietas" leyeran los periódicos para él. También Set prefería escuchar el tono melodioso y cantarín de sus "primas" antes de verse obligado a hacerlo él, con lo errática que era aún su lectura. No que no supiera leer; le habían bastado unos meses para hacerse a la mecánica de la lectoescritura, pero en voz alta era otra historia. Esa costumbre vespertina era realmente importante, aunque los periódicos eran más bien pasquines informales de circulación no oficial. Los oficiales provenían de la nobleza y su credibilidad era inexistente, pero al menos podían extraerse señales de los movimientos del enemigo.
- ¡Juno, Ellis!- Saludó Borías a sus compañeras volviendo de llevar un encargo a la ciudad de Sara -¿Cómo ha ido todo en casa hoy?
- Más tranquilo sin ti, créeme- bromeó Juno- aunque, hablando en serio, mientras no se crucen tú y Set por ahí, parece que la atmósfera es más liviana. ¿Por qué tanta aversión hacia él?
- ¿Qué?, ¿Acaso la culpa es mía? Creo que todos en esta casa, partiendo por ustedes, han olvidado que clase de tipo duerme en la otra esquina de este caserón.
- Borías, ¿lo dices por el entrenamiento de la otra noche?- interrogó Ellis.
- ¡Eso fue una pelea real! Ya lo he dicho otras veces y esa pelea lo probó, Set no tiene interés en luchar de nuestro lado, sólo quiere hacer correr sangre. Se suponía que era un entrenamiento, pero el imbécil casi me mata- Borías rememoraba el incidente con una irritación que sólo mostraba en cuanto el tema se refería a Set- Pero esto es algo personal, estoy seguro que sus entrenamientos normales no llegan a ese límite.
- No creas- interrumpió Hebe, quien acababa de entrar- él siempre rebasa los límites de lo que llamamos "entrenamiento", pero eres un exagerado, Borías, no te ibas a morir por unos golpes de más.
Borías quiso replicar, pero Juno se le adelantó:
- No se por qué te sientes tan amenazado. Le tenemos respeto, pero sabemos que entre los dos, tú eres el sensato. Lo que me preocupa es que termines cayendo en enfrentamientos a causa de sus provocaciones. No debes dejar que eso pase.
- No lo haré, Juno, prometo mantener la calma.
- Que bueno, nadie necesita que las cosas se revuelvan en casa más de lo que están. Quería mostrarles ésto- dijo extendiendo un pasquín sobre la mesa de centro- Aquí hablan sobre la gran estabilidad que hay en el desierto. Piensan que desde allá podría generarse un grupo que pueda confrontar a los nobles.
- Dudo que, teniendo tanta estabilidad, quieran arriesgarla metiéndose en una guerra- Intervino Juno- ¿tenemos aliados allá?
- Casi todos allá son contrarios a los nobles, aunque de forma más bien pasiva- respondió Borías- puedes tener razón, Juno, pero es gente que puede ganarse como aliado, y si así fuera, serían aliados poderosos.
- Borías, tú estás más cerca de Marduk, él te cuenta todo, ¿sabes si hay alguien allá que haya pertenecido a Utopía?
- Los hay, Hebe, pero aparte de sus nombres no se nada de esa gente. Ni siquiera sabemos que estén vivos.
- ¿Alguno de ellos será el dueño de este taller? Acá hablan del gran dominio que tiene en la zona por su enorme y famoso taller. Un hombre así nos vendría como anillo al dedo, ¿no crees?
- Déjame ver... Dios Santo, Hebe, estoy seguro que he visto el nombre de ese tal Alberich en las anotaciones de Marduk...
- Estaría muy bueno si puede arreglar las averías que deja Set en los módulos. El otro día se lanzó al ataque ¡sin medir consecuencias! No se cómo salió ileso.
- Es cierto, Juno, debería tener más cuidado.
- Otra vez Set...
VIII
Razón de ser
Ya había pasado a cortar un par de mechones de su revoltosa cabellera con una daga, intentando a duras penas mantener cierta igualdad en ambos lados, cuando Ellis irrumpió en la biblioteca.
- ¡¿Qué haces?!- Exclamó sobresaltada mientras se acercaba a él.
- Esto ya me está molestando.
- Espera, yo… yo lo arreglo.
Set dudó un momento, buscando en Ellis alguna segunda intención, claramente inexistente. Admitió lo obvio soltando un bufido de resignación en tanto dejaba su daga a un lado.
- No hagas nada raro.
- ¿Crees que tendría el valor de hacerlo? Me degollarías en un instante.
- Claro que lo haría.
Permanecieron en silencio mientras ella cortaba mechón por mechón. Dentro de la tensión natural que surgía al permanecer a solas y a menos de un metro del joven, las circunstancias rozaban lo cómico. No podía adivinar si la amarga expresión de Set era por la cercanía o por hallarse en manos de una mujer... Optó por pensar en lo segundo y debió forzarse a reprimir una ligera risita. De cualquier modo, hasta entonces no había compartido tan íntimamente con él y sin embargo lo sentía tan lejano como siempre. Ellis decidió poner fin a la distancia.
- Deberías cuidar un poco más tu pellejo, Set. Se que eres fuerte, pero al verte pelear da la impresión de que te entregas como si fuera lo último que harás en tu vida- hizo una pausa y lo observó unos instantes buscando su permiso para continuar, el cual fue otorgado por el gesto curioso de Set- Vamos a pelear por una causa muy importante y te necesitamos, pero para eso aún falta, quién sabe, uno o dos años.
- No puedo esperar tanto tiempo.
- Tienes 17 años, toda una vida por delante.
- Mañana estaré muerto.
- ¿Cómo lo sabes?
- Es tan cierto como decir que estaré vivo. ¿Tú puedes saberlo? La guerra y la vida son la misma cosa. Yo sólo poseo un momento, el ahora, aquí, mientras hablo contigo.
La puerta se abrió dando paso a Hebe y el señor Fausto. Era hora de comenzar a estudiar y dejar las pláticas de lado. Pero algo en las miradas que cruzaron como despedida les indicó que aquello daba pie a algo mucho mayor que un minuto de confianza.
Sin haber tenido intención de escucharle, las últimas palabras de Set habían llegado a oídos del maestro, quien sintióse en deber de responder a su muchacho:
- El tiempo de este anciano es más veloz que el tuyo, Set. Dices que vives el momento y nada más, pero la verdad es que puedes vislumbrar un futuro que a mí no me pertenece. Lo que hagamos en Dandara te afectará más que a Marduk, e indudablemente más que a mí.
La conversación fue para Ellis una especie de tormentosa declaración de principios. ¿Cómo un niño podía vivir con tales expectativas? No, aquello no era lo que más la entristecía. Lo peor de todo era que, sin haberlo jamás declarado, ella compartía aquella angustia. ¿Qué había más adelante? Al menos ella vivía con la esperanza de cambiar su futuro y el de toda su nación. Y más aún, tenía alguien por quien luchar y quien también luchara por ella.
Un nuevo invierno tocaba las puertas de la casona. Si Set comparara su existencia a la de un año atrás no podría reconocerse. Y es que externamente no distaba mucho del joven salvaje que sus camaradas habían conocido. Incluso podía decirse que lucía cada vez más intimidante, pero en su interior, aunque solo él pudiera apreciar su magnitud, los cambios eran innegables.
Petra estaba preocupada. Un viaje de tres semanas de Marduk se había extendido más de un mes y él aún no daba señales. Pero una visita inesperada relajó los ánimos de la mujer y el anciano Fausto.
- ¿La señora de Marius Mitra?
- Soy yo, Petra. Pero... Mi marido desde hace años que no usa ese nombre.
- Oh, mis disculpas señora. Soy Itám y estoy aquí por recomendación de mi padre. El perteneció a Utopía y hace un par de semanas fue visitado por su marido, quien envía esta carta para usted. Pero mi padre es un hombre mayor y está muy enfermo, por eso quiero unirme a la lucha en su nombre.
- Un aliado siempre es bienvenido, por favor, entre- dijo ella mientras entraba con él - Pero dígame, ¿por qué mi marido no ha venido con usted?
- Supongo que él mismo le explica todo en la carta, pero tengo entendido que mi padre le dió señales de otros aliados hacia el sur, así que decidió extender el viaje.
- Itám, aún no hemos almorzado, haré que pongan un puesto para usted. También pediré que preparen un cuarto...
- Es usted muy amable- interrumpió- pero debo volver hoy mismo. Sólo quiero convenir con usted los detalles de mi participación.
- ¿Podría explicarse?
- Junto a unos amigos publicamos el "semanario revolución". Si contáramos con donaciones de otros aliados podríamos ampliar su difusión, y con ello animar a las personas a unirse a nuestro ideal. Petra, habemos muchos por ahí que queremos hacer algo por Dandara, pero mientras creamos que estamos solos no podremos hacer nada. Si el semanario le hace ver a la gente que nos estamos organizando, se que todo esto va a mejorar.
- Estoy de acuerdo, Itám, pero debemos cuidar que la información no caiga en manos equivocadas.
- No publicaré nada que pueda comprometer el anonimato de esta comunidad. Pero los mismos nobles sabrán que ya hay alguien dispuesto a hacerles frente. Y eso es bueno, Petra, los haremos retroceder.
Aquél viaje de Marduk no había sido en solitario. Le interesaba hacerse acompañar de Borías dada la confianza que tenía en él; era eficiente y leal, además de haber mostrado siempre una gran astucia y capacidad de liderazgo. Quería que desde ya aprendiera a ser guía para los defensores, y hasta entonces había partido bien, tenía el respeto de sus compañeros y proyectaba una buena imagen en los aliados. De cierta forma, Marduk se sentía reflejado en él. Con su regreso a la casona, casi un mes después de la visita de Itám, la vida volvió a tomar un curso bastante normal, excepto por el hecho de que, en lugar de enfrentarse cada vez que se veían, ahora Set sencillamente optaba por ignorar a Borías.
- Se puede ver a kilómetros que no te cae nada bien- espetó Hebe para molestarlo un poco ahora que Set le daba ciertas confianzas.
- ¿Le dije algo?
- No hace falta. Tu indiferencia es aún peor ¿sabias?
- Aprendí una nueva cosa acerca de las mujeres.
- ¡¿En serio?!-
- Todo este tiempo me han rogado que deje de enfrentarme a él, y cuando dejo de hacerlo, les parece peor. No hay forma alguna de darles en el gusto.
- Espera, Set... tú... ¿Estabas tratando de darnos gusto?- No podía evitar retorcerse de risa mientras Set fruncía el ceño cada vez más- ¡No lo puedo creer, Set, no lo creo, no!
- No te pases, pecosa- Intentó acallarla apretando su nariz, pero sólo consiguió hacerla reír aún más.
- ¿Qué les pasa a ustedes dos? Parecen preescolares.
- ¡Ellis! Que bueno que viniste. Justo Set me estaba contando algunas cosas...
-¿Qué cosas?
- Nada. Esta pecosa no para de inventar tonterías.
- Ah, bueno... En todo caso, yo venía a darles una noticia. Es... es algo muy importante para mí- Set y Hebe tan sólo la miraron en silencio, ansiosos de conocer la buenas nuevas- Gael me pidió matrimonio y... yo he aceptado.
- Oh, Ellis... ¿Estás segura?
- ¡Hebe! ¡Deberías estar felicitándome justo ahora!- exclamó fingiendo enfado.
- Sólo bromeaba- dijo mientras le tendía un abrazo cariñoso.
Set, en cambio, permanecía callado, algo incómodo incluso. Ellis se percató y le habló primero:
- ¿Tú no me dirás nada?
- ¿Qué te voy a decir? - respondió alzándose de hombros. Pero a cambio de palabras acarició su cabeza cual niña pequeña, un gesto que ella agradeció con una sonrisa sincera, emotiva.
- ¿Tienen fecha?- interrumpió Hebe.
- Gael visitará Sara en busca de un sacerdote. Ya sabes, con lo escasos que están, la mayoría va de una ciudad a otra y no siempre puedes dar con uno. Pero si está, me caso aunque sea mañana mismo.
- Bueno, espero que tenga suerte. Pero que nos de unos días de margen para coserte un vestido al menos.
- Hebe, tú odias la costura.
- Puedo hacer un sacrificio por mi amiga...
El anuncio de boda vigorizó a la comunidad de un modo inesperado. Con los preparativos podían olvidarse en cierto grado del creciente caos del país. También para Set aquella situación era una experiencia nueva y grata, pero a su vez muy difícil de comprender a cabalidad, como un código cuyos signos fueron descifrados con lentitud, inquieto por hacerse del significado, mas reticente a creerse capaz de experimentar sus fervores en todo el sentido de lo que el cariño abarca. Sin embargo, ningún sentido tenía negarse a si mismo que un año de roces y paciencias mutuas había comenzado a dar vida a un alma que creía estéril. No aspiraba a más que haber dejado de sentirse inmune al apego, pero con ello era suficiente para decidir que en su vida había un motivo más trascendente que cualquiera que hubiese podido imaginar para enfrentar cada nuevo desafío. El cariño de hijo que comenzaba a aflorar hacia su maestro y aún el lazo fraternal, más allá del mero compañerismo, que compartía con Hebe y que el último tiempo había despertado también por Ellis, comenzaban a dar sentido a su vacía existencia.
La visita de Itám había sido tan sólo el inicio del trajín. Ya podía decirse con certeza que la casona había pasado de guarida de una comunidad de ilusos a ser el punto neurálgico de un verdadero movimiento revolucionario. Con regularidad asistían todo tipo de bienintencionados colaboradores, previo acuerdo con el mismo Marduk, algunos de ellos mercantes bien informados de cada palabra y silencio de la nobleza.
Set observaba a cada persona que iba o venía, inspeccionando cada gesto del que pudiera desconfiar, grabando cada rostro en su memoria. En algún momento aquello le sería útil y no debía desperdiciar esas alianzas. Pero Marduk no presentaba al muchacho ni él se dejaba ver. Le agriaba el humor que la gente se le acercara con familiaridad, como si tuvieran permiso para hacerlo, así que él mismo impedía cualquier contacto. Incluso era reacio aún a que sus compañeros le incorporasen como uno más del grupo. Si algún pensamiento en común tenía con Borías era sobre su desinterés en luchar junto a sus camaradas. Le hacía ilusión el plan de ir delante de los revolucionarios, como abriendo camino, porque las compañías más bien le estorbaban y no dudaba en hacerlo saber. Tan solo permitía ciertas licencias a Hebe o Ellis, que eran bastante comedidas en cuanto a las confianzas y únicamente con ellas cruzaba palabras, pero parecía haber edificado un muro que le ditanciaba del resto.
- Vi entrar a Gael hace un rato- Comentó Set al encontrarse a Ellis estudiando unos mapas -¿trae buenas nuevas?
- Hay un sacerdote misionero que por estos días se queda en Sara. Gael y yo queremos aprovechar su presencia, así que nos casaremos en tres días. Es pronto, pero no hay muchas opciones.
- Está todo listo, pero no deja de ser pronto- había algo en la inflexión de su voz que no parecía habitual. ¿Estaría preocupado acaso?
- Me quiere y le quiero también.
- ¿Sabrá cuidarte?
Preocupación. Realmente se trataba de eso. Y es que con el reciente descubrimiento del afecto, Set comenzaba a experimentar sus primeras pérdidas. O al menos de ese modo interpretaba la unión de Ellis a su otro compañero, sabiendo que más temprano que tarde se marcharían a buscar un lugar para ellos.
- Si no lo hace te tendré a ti para que le des un golpe.
- Le doy diez.
Ellis le sonrió por despedida cuando llegó el maestro llevándose al joven a la biblioteca. Hebe ya les esperaba para una de sus tantas sesiones de estudio de los manuales que el mismo anciano había escrito durante su estancia en Dandara, en aquel teatro que habitaba. La obra había resultado realmente útil como un compendio ordenado de todo lo que Fausto creía importante que sus discípulos aprendieran y, por supuesto, ellos sabían sacarle provecho a toda esa sabiduría.
Con el matrimonio de Ellis la organización cambió un poco en la casa. Su partida para vivir en Sara convirtió a la pareja en el contacto más directo con los aliados en la ciudad. De paso, capturaban toda la información que rondara entre los viajeros mercantes. Otros dejaron la casona para comenzar a cumplir tareas específicas, principalmente de monitoreo. Juno contaba entre los que comenzaban a moverse de ciudad en ciudad. No cambió de residencia, pero en la práctica pasó alrededor de seis meses fuera reclutando nuevos jóvenes para formar un pequeño ejército de elite. No se trataba de novatos, sino especialistas en manejo de armamento, expertos en vuelo, conocedores de sistemas de seguridad, genios de la tecnología... ninguno de ellos demasiado difícil de hallar entre las bandas de asaltantes. La única condición que la joven debía observar con especial cuidado era su lealtad a la causa. Así, el verano siguiente encontró la casona con aires renovados. Aunque con ello se hacía casi imposible ocultar las verdaderas actividades que se realizaban, y más difícil mantener el ritmo de trabajo con la granja. Debido a ello, Hebe y Set se integraron a las labores del campo.
El explosivo aumento de habitantes de la casa era una fuente de ansiedades para Hebe. Cercana al carácter de su compañero, ya parecía ser la vigía del comportamiento de los recién llegados. Nada debía incomodar a Set más de lo que ya estaba. Aún cuando él mismo dejaba en claro el desatino haciendo gala de su exigua amabilidad, era ella la que finalmente se llevaba el desquite de su mal humor. Por fortuna no estaba destinada a soportar por demasiado tiempo la convivencia en tales cincunstancias, puesto que Marduk tenía otros planes para ella y Set. Finalizaba el verano cuando ambos muchachos fueron llamados por el maestro:
- Ustedes durante casi dos años han estudiado y entrenado sin descanso para enfrentarse a la nobleza abusiva en nombre de la dignidad de nuestra nación. Pero nada de eso tiene sentido si no conocen el país por el que están luchando.
- ¿Qué quiere decir, maestro?
- Hebe, tú, Set y yo emprenderemos un viaje tan largo como interesante en el que recorreremos Dandara de punta a cabo. Probarán sus habilidades y me demostrarán que están listos para llevar el estandarte de nuestra lucha. Cuando esté convencido de que son capaces, el mismo Marduk moverá cada una de nuestras alianzas para dar pie a nuestra revolución- La joven no podía esconder su impacto, mientras Set sostenía la mirada casi con solemnidad- Dime hijo, ¿aceptas la responsabilidad que estoy depositando sobre ti? ¿Ambos la aceptan?
Hebe sólo miró a su compañero, pero al ver la determinación con la que asintió, decidió que no sería ella quien diera un pie atrás. Ahora, el inicio de la revolución dependía de su madurez.
Por su parte, Set estaba feliz. Después de tanto tiempo en la incertidumbre, actuando en función de las desiciones de otros, las cosas volvían a su control y aquello lo estimulaba. No le intimidaba el desafío, pues ni siquiera daba cabida a la posibilidad de no cumplir su cometido. Para quien nació luchando y siempre venció, la guerra era poco más que un juego a gran escala. Una partida que pensaba saborear antes de dar el último golpe. Iba a mostrar a su maestro que no era en vano todo lo que había aprendido, y a los nobles quién era el demonio de Dandara. Pero por sobre todo, protegería lo que ahora tenía valor para él.
- Confío en ti, Set, ciegamente- le dijo Hebe antes de subir a la pequeña nave en la que viajarían.
- Hebe... - Set miró a su compañera buscando las palabras para continuar- Nunca entendí muy bien por qué acepté la petición de Marduk para venir aquí y luchar por una causa que entonces no sentí mía. Pero una cosa puedes tener clara. Mi motivo ahora es protegerlos, a ti, al maestro...- Hebe no daba crédito a lo que oía - Voy a protegerlos. Sé que para eso debo vencer y juro que saldremos victoriosos- Se acercó a la muchacha y palmeó la mano sobre su hombro- Confía en mi, Hebe, es mi promesa.
Historia Original de Claudia Rocco.
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