El mito de Prometeo en la Teogonía de Hesíodo

Y efectivamente, cuando los Dioses y los hombres mortales disputaban en Mecona, Prometeo

mostró un gran buey que adrede había repartido, queriendo engañar al espíritu de Zeus.
De una parte, las carnes y las entrañas crasas la metió en la piel, recubriéndolas en el vientre del
animal; y por otro lado, con una treta diestra, dispuso hábilmente los huesos blanco del buey y
los recubrió con buena grasa. Y entonces le dijo el padre de los Dioses y de los hombres:
–¡Yapetionida, él más ilustre de los príncipes, oh caro ¿qué has hecho de las partes desiguales?
Así habló Zeus, siempre lleno de prudencia. Y el sagaz prometeo le respondió, sonriendo para sí,
pues no había olvidado su astucia:

— Gloriosísimo Zeus, el más grande de los dioses eternos, escoge de estas partes la que tu
corazón te persuada a escoger.
Habló así, con astutos pensamientos, pero Zeus, en la sabiduría eterna, no se menosprecio y
advirtió el fraude, y en su espíritu preparo calamidades a los hombres mortales, Y estas desdichas
debían cumplirse. Con una y otro mano quito la blanca grasa, y se irritó en su espíritu, y el cólera
invadió su corazón en cuanto vio los huesos blancos del buey encubiertos mañosamente. Y de
aquel tiempo data el que la raza de los hombres queme para los Dioses los huesos blancos sobre
los altares perfumados entonces, muy irritado, le dijo Zeus, el que amontona las nubes.
— ¡Yapetionida, habilísimo entre todos, oh caro! No has olvidado tus tretas diestras.
Y habló así, lleno de cólera, Zeus, cuya sabiduría es eterna y desde aquel tiempo, acordándose
siempre de este fraude, rehusó la fuerza del fuego inextinguible que brota del roce de los maderos
de encina a los míseros hombres mortales que habitan sobre la tierra.
Pero todavía le engaño el hijo excelente de Yapeto, robándole una porción espléndida del fuego
inextinguible, que oculto en una caña hueca. Y fue mordida en el fondo de su corazón Zeus, que
truena en las alturas, Y la cólera conmovió todo su corazón en cuanto vio resplandecer entre los
hombres el brillo del fuego. Y acusa de este fuego, los hirió con una pronta calamidad.
Y el ilustre Cojo hizo con barro, por orden del Cronida, una forma semejante a una casta virgen.
Y Atenea la de los ojos claros la adorno y la cubrió con una blanca túnica. Y la cabeza le puso un
velo ingeniosamente hecho y admirable de ver; luego también le puso en la cabeza palas Atenea
una guirnalda de variadas flores frescas. Y al rededor de la frente le fue puesta una corona de oro
que había hecho por sí propio el ilustre cojo, quien le había labrado con sus manos por complacer
al padre de Zeus. Y en esta corona estaba esculpido numerosas imágenes, admirable a la vista, de
todos los animales a quienes alimentaban la tierra firme y el mar. Y de estas imágenes brotaba
una gracia resplandeciente, admirable, y parecían vivas.
Y cuando hubo formado esta hermosa calamidad, a cambio de una buena obra, condujo donde
estaban reunido los dioses y los hombres a aquella virgen adornada por la diosa de los ojos
claros, nacido de un padre poderoso. Y la admiración se apoderó de los dioses inmortales y de los
hombres mortales, en cuanto vieron esta calamidad fatal para los hombres. Porque de ella es de
quien procede la raza de las mujeres hembras, la más perniciosa raza de mujeres, el más cruel
azote que existe entre los hombres mortales, porque no se adhieren a la pobreza sino a l a riqueza.
Y lo mismo que las abejas, en sus colmenas cubiertas de techos, alimentan al os abejones, que no
hacen más que daño y trabajan, madrugadoras durante todo el día hasta declinar Helios, y hacen
sus blancas celdas, mientras los abejones penetran en las colmenas cubiertas de techos,
llenándose el vientre con el fruto de un trabajo ajeno; así Zeus que truena en las alturas dio esas
mujeres funestas a los hombres mortales, esas mujeres que no hacen mas que daño.
Y también les envío otra calamidad a cambio de una buena obra. Aquel que, rehuyendo el
matrimonio y la preparación penosa de las mujeres, no tome esposa, si llega a la vejez
abrumadora sin hijos, se verán privados de los ciudadanos que se tienen con los ancianos; y si no
vivió pobre al menos, a su muerte sus bienes serán repartidos entre sus parientes lejanos. Por lo
que respecta aquel a quien la Moira haya sometido al matrimonio, aunque tenga una mujer casta
y adornada de prudencia, no se mezclarán menos en su vida el bien y el mal; pero, por lo que
respecta a quien se haya casado con una mujer mala por naturaleza tendrá en su pecho un dolor
sin fin y su alma y su corazón serán presa de un mal irremediable; Por que no es lícito engañar a
Zeus, y no se escapa a el.