2. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones.
3. Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.
por Paco Tejedo
(profesor y director de teatro clásico)
Catarsis (Del griego, purga, purificación)
2. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones.
3. Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.
Para entender que es la CATARSIS debemos hablar de espectadores, pero no voy a hablar del espectador de hace 2500 años, contemporáneo de los trágicos griegos y de Aristóteles, que fue quien se sacó de la manga la teoría de la purificación por medio del terror o de la piedad, como hemos visto en la definición de la Real Academia. Me voy a situar, en el aquí y en el ahora, entre los jóvenes espectadores que asisten en número elevadísimo a las representaciones de los Festivales de Teatro Clásico Grecolatino, que se repiten cada año durante los meses de marzo y abril. Y hablaré, con bastante fundamento, creo, de los jóvenes que participan como actores y espectadores en dichas representaciones. Vaya por delante, pués, que la temática del teatro clásico grecolatino y de los Festivales no me es ajena, pues, no en vano, durante mis más de treinta años dirigiendo teatro escolar, he puesto en escena Los siete contra Tebas, Antígona, Agamenón, Prometeo encadenado y La Orestíada (la trilogía entera). Si queréis saber más sobre mis últimos montajes, entrad aquí>>>
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Desde luego al espectador joven que llena las cáveas de nuestros teatros romanos – o los patios de butacas, que viene a ser lo mismo –, las tragedias no le horrorizan porque está inmunizado. ¡Seamos claros! Y no lo está por causa de los efectos distanciadores brechtianos con los que se pretende romper la ilusión escénica (la mayoría de los jóvenes ignora quién es Brecht); los jóvenes espectadores actuales están inmunizados porque el miedo y el pánico del cine de terror que ellos conocen, superan con mucho a los que pueden ver sobre la escena. Y eso que, ahora, las muertes, asesinatos y demás crueldades se representan y el espectador las puede contemplar; no como en la época de los espectadores clásicos que dichas atrocidades debían suceder fuera de escena (eran “obscenas” = fuera de escena) y eran contadas por alguien que las había visto. Vamos, que los jóvenes de hoy están curados de espanto. |
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Como sabréis los que os apasiona el cine y la cultura clásica, los argumentos de la literatura universal son una y otra vez retomados por el cine, unas veces con más acierto y otras con menos. Con todo, me da la impresión que la auténtica catarsis de los jóvenes que asisten a las representaciones de las tragedias grecolatinas hay que buscarla en la liberación que supone la ruptura de la monotonía diaria de asistencia a clases: ese día no hay clase, compartimos unas horas de autobús con los amigos y compañeros del Instituto, vemos un espectáculo teatral y pasamos el día haciendo cosas que rompen la rutina diaria. Esta es la auténtica "catarsis" del día que vamos al teatro: un día de fiesta teatral. |
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Y hasta aquí hablo del espectador. Ahora, como director de escena, hablaré de algo poco frecuente, la catarsis del actor juvenil. Los alumnos que participan en este tipo de actividades de teatro escolar, actores, actrices y músicos (de entre 15 y 18 años de edad), sí que experimentan el terror, el pánico escénico y no porque van a representar una tragedia (el pánico es el mismo si se trata de una comedia) sino porque tienen que dar la cara ante los espectadores. Yo también lo sé porque a los diez años me subí por vez primera a un escenario. Me comentan emocionados, los nervios que sufren momentos antes de empezar la representación, y el subidón de adrenalina cuando ven a más de mil espectadores contemplando la escena, y cómo poco a poco empiezan a disfrutar en escena porque ven que todo está bajo control. Y que esa sensación es indescriptible.
El actor joven sí que experimenta la catarsis, pero en la actuación; y las consecuencias de esa catarsis son el aumento de su autoestima y su crecimiento como persona. Y todavía hay quien piensa que los alumnos que se dedican al teatro o a la música, pierden el tiempo. En otro artículo hablaré de la catarsis de la comedia o de la risa.
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[1] La representación teatral de la tragedia es muy útil porque el espectador ve proyectadas en los actores sus bajas pasiones y sus defectos; y sobre todo porque asisten al castigo que esos fallos (pasiones y defectos) merecen. La compasión o el terror (el miedo al castigo) purifican al espectador de los sentimientos de culpa y lo incitan a no cometer los mismos errores que los personajes de la tragedia.