EL NINOT INDULTADO EN LAS FALLAS DE VALENCIA
La problemática de su conservación
(Restauración y Rehabilitación (R&R). Revista Internacional del Patrimonio Histórico.
Instituto de Conservación del Patrimonio. Universidad Politécnica de Valencia. Nº 103. Mayo de 2007.
ISSN: 1134-4571. Depósito Legal: M-23969-1994)
Pocos son los testigos que nos quedan de cada ejercicio fallero y, más concretamente, de los ninots y de las escenas que estas figuras integran como elemento indispensable y básico de las fallas artísticas y monumentales de Valencia. Fotografías y vídeos, libros de fiestas y otros recordatorios nos revelan, siempre de manera indirecta, la crónica de las fallas. No obstante, existe una referencia tangible y explícita que por medio de la práctica del indulto del fuego se convierte en elemento directo de alusión y prueba histórica-artística de lo que significaron, sobretodo por lo que respecta a la técnica y los materiales, las manifestaciones de carácter efímero más importantes de nuestro país.
El ninot indultado supone un objeto artístico de primer orden, porque constituye con los años, con su indulto y salvaguarda, y con independencia de las controversias que esta realidad pudiera suscitar en cuanto que conjuga términos tan contradictorios como los que se desprenden de la conservación del arte efímero, un testigo altamente cargado de significado y simbolismo para quien sabe apreciarlo, preservarlo e interpretarlo. Las concepciones estéticas de antaño; la carga crítica y satírica como consecuencia de las situaciones y vivencias sociales de la época; los procedimientos, técnicas y materiales que posibilitaron su realización son algunos de los aspectos a los que nos remite.
Originariamente y por definición, los ninots se crean precisamente para desaparecer con las llamas. Sin embargo, el substancial desarrollo que sufrieron las fiestas josefinas durante las primeras décadas del XX propició la creación de nuevas actividades con las que intensificar la recién creada Semana Fallera a principios de los años 30´. Fue este contexto el que favoreció la propuesta del reconocido artista Regino Más, que en 1934 presentó una idea a la que denominó L´indult del foc (El indulto del fuego) en la que plantea “una exposición de los mejores ninots que deben figurar en las fallas” de manera que una vez concluida y establecido un veredicto, se indulte una pieza para lo que sería el Museo del Folclore, “para que se conserve allí como una cosa que en un momento formó parte del espíritu popular y del alma de Valencia”. De esta manera, la reiteración anual de este acontecimiento acabaría por configurar una importante colección de lo que fueron las fallas de cada año.
Así fue como ese mismo año se indultó un ninot por primera vez. La ciudad de Valencia decidió salvar del fuego mediante votación popular al grupo formado por una abuela y su nieta, realizado por Vicente Benedito para la Falla del Mercado Central.
Precisamente por pretender eximir de la quema aquello que se ha creado justamente para desaparecer con ella, muchas veces esta absolución del fuego lleva implícita una irremediable sentencia a condena perpetua del ninot indultado, que en muchas ocasiones queda abandonado en el rincón de un casal fallero, amontonado en un altillo del taller de un artista u olvidado en un almacén municipal. Su deterioro es inminente y su estado muchas veces nos hace reflexionar sobre si su incineración para la que originalmente estaba concebido hubiera sido más oportuna que su pésima conservación y olvido.
Es esencialmente su condición de creación efímera la que convierte al ninot indultado en un objeto altamente sensible, condicionado por los materiales empleados en su realización, durante la cual el artista-artesano fallero no suele considerar su potencial como obra museable en lo concerniente a los procedimientos y técnicas que emplea en el taller.
De este modo, la conservación del ninot como subsiguiente estado a su indulto comporta no pocos problemas de permanencia. Los extremadamente delicados materiales que lo constituyen y el deficiente trato al que a menudo se ve sometido lo convierten en un bien cultural en peligro de extinción, al verse lacerados sus valores originales.
No obstante, el principal factor de deterioro al que se expone el ninot indultado continúa siendo, por desgracia, el mismo ser humano, y por extensión y en primera instancia, todo el colectivo fallero. La obra presentada a la exposición del ninot parece reverenciarse en virtud de la consecución de un trofeo, como portadora potencial de un banderín por el que llega a perder todos sus valores iniciales. Una vez transcurrido dicho trámite la figura vuelve a convertirse en pasto de las llamas o, en el supuesto de haber sido galardonada, en la mayoría de los casos es repudiada y desatendida.
La propuesta que sucede a esta situación de abandono debe plantear, en primer lugar, la conservación de toda obra como prueba directa y material de una parte de nuestro pasado. Y es más, la observación y el análisis detenido de estas figuras que se han indultado desde el segundo tercio del XX supone una fuente de información de primer orden en el estudio material, técnico y estético de estas valiosísimas colecciones, tanto por lo que respecta a cada obra en particular como en una lectura conjunta que nos ayudaría a comprender su relación evolutiva.
Los intentos por resolver el problema del continuo deterioro de estas colecciones tampoco han resultado del todo alentadores. Si bien es cierto que con la creación de los diferentes museos falleros se ha conseguido paliar y controlar algunos factores de deterioro, también es verdad que no se han llegado a lograr unas óptimas condiciones de exposición y almacenamiento. Y por si no fuera poco, una vez producidos y diagnosticados los daños, su recomposición, incluso colmada de muy buenas intenciones, suele estar en la mayoría de los casos basada en criterios poco apropiados y faltos de unos principios de intervención críticos, en cuanto y tanto consideran casi con exclusividad la vertiente estética de la obra y su actualización en detrimento de la conservación de sus particularidades históricas iniciales. Actuaciones que han consistido en la sustitución de fragmentos originales con nuevas incorporaciones basadas a menudo en un planteamiento teórico violletiano puramente estilístico y de restitución completa. Reproducciones íntegras de ninots, retoques, repintes y reparaciones íntegras y generalizadas encabezan una serie de contrasentidos que, de continuar así, pueden generar con los años el encubrimiento o parcial desaparición de los más relevantes vestigios de lo que fueron las fallas del pasado.
La concienciación, tanto pública como administrativa, sobre la importancia de preservar el ninot indultado como testigo esencial es la primera condición necesaria para abordar con garantías el problema de su conservación. Desde esta premisa arrancarían el resto de actitudes y propuestas en torno a esta realidad inexcusable.
La conservación preventiva incluiría todas aquellas propuestas iniciales encaminadas a garantizar un adecuado mantenimiento de sus particularidades materiales, atendiendo especialmente a los agentes de deterioro más inmediatos como podrían ser los desmesurados parámetros de temperatura y humedad relativa y sus fluctuaciones agresivas, unas condiciones lumínicas inadecuadas o la exposición a condiciones medioambientales y biológicas perjudiciales.
Una vez controlados los principales factores de riesgo resulta igualmente importante la correcta intervención directa sobre el ninot en caso de que se haya producido algún daño. Como en cualquier otro tipo de obra, la cuidada atención y la restauración adecuada deberán atender a unos criterios consensuados que garanticen el máximo respeto hacia los materiales y las características originarias de la figura.
Así, frente a esta circunstancia, el conservador-restaurador ha de conocer todo el amplio elenco de técnicas y materiales que tanto los antiguos artistas y artesanos falleros como los autores y creadores actuales emplearon y emplean en la creación de sus ninots: las diferentes estructuras y armazones internos de las figuras; las técnicas de producción directa y la reproducción indirecta en diferentes materiales como la cera, el cartón, la fibra de vidrio o el poliestireno expandido; la metodología de optimización de resultados, las masillas y estucos, imprimaciones y preparaciones, policromía, pintura y barnizados. Todo este conocimiento como base fundamental para conocer el tipo de obra frente a la que nos enfrentamos conformará una importante fuente documental que condicionará cualquier actuación que podamos llevar a cabo. El hecho de plantearse la conservación y restauración de los ninots indultados supone el conocimiento completo de la totalidad de técnicas y materiales que han surtido este oficio y que a su vez se han enriquecido en gran manera de la tradición artística valenciana en todos sus campos. Conocer sus orígenes e intenciones, su evolución estética y material y el proceso de creación en los talleres falleros son los puntos más significativos que hay que tener en cuenta.
Las técnicas más tradicionales de fabricación cuentan con materiales inmensamente susceptibles a los cambios de temperatura y humedad. El cartón-piedra y la madera, con un alto porcentaje de celulosa en su composición y por lo tanto altamente sensibles por su higroscopicidad, presentan importantes dilataciones y contracciones con la consecuente pérdida de elasticidad. La oxidación de estos materiales implica un aumento significativo de su fragilidad, que se ve acelerada a su vez al entrar en contacto con los adhesivos, preparaciones y pinturas que soportan. Por otro lado, la cola empleada para la introducción del cartón en los moldes y las capas de imprimación que cubren los soportes presentan sustancias completamente naturales, como la harina y la cola animal, que constituyen un interesante atractivo para la aparición de colonias de microorganismos o para la intrusión de insectos y roedores.
BIBLIOGRAFÍA:
- AA.DD. L´indult del foc. Catàleg raonat de la Col·lecció de Ninots Indultats del Museu Faller. 3 Vol. Ajuntament de València. València, 2002-2003-2006.
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- COLOMINA SUBIELA, A. La conservació del ninot indultat. CEIC Alfons el Vell. Gandia (Valencia), 2006.
- PÉREZ CONTEL, R. Ninot de Falla. Albatros. Valencia, 1995.