I n v e s t i g a c i ó n
 “LA VIOLENCIA ECONÓMICA HACIA LAS MUJERES EN EL SALVADOR”
-Aproximaciones a un problema social invisibilizado -
 
 
 
Preámbulo

 
En el marco del proyecto “Mujeres salvadoreñas protagonistas de Cambios” se realizaron durante el 2007 una serie de encuentros entre mujeres lideresas de distintas procedencias (rural y urbana) y ocupaciones (trabajadoras del sexo, mujeres rurales y mujeres con emprendimientos económicos), que a pesar de las diferencias, tenían algo en común: a todas se les dificultaba acceder a trabajos dignos, eran discriminadas por ser mujeres y tenían que realizar dobles y triples jornadas de trabajo, la mayoría sin remuneración. En definitiva, todas experimentaban Violencia Económica.
Con el fin de hacer oír sus voces y aportar argumentos que permitan posicionar el tema de la violencia económica hacia las mujeres, se realizó una investigación que comprendió una revisión de estudios en la región relacionados con el tema, análisis de estadísticas oficiales y políticas públicas, y la realización de una encuesta de carácter nacional sobre el tiempo que dedican las mujeres en El Salvador al trabajo no remunerado.
 
 
¿A qué se refiere la Violencia Económica hacia las mujeres?
La Organización Mundial de la Salud en su último informe sobre Violencia y salud (2003), reconoce que las personas “que viven y trabajan en condiciones de vulnerabilidad y desventajas, enferman más y mueren más temprano que la gente con una posición privilegiada”. El concepto de violencia no sólo hace referencia a golpes y gritos, comprende todas las acciones donde hay un uso del poder y la fuerza, por parte de personas, instituciones e incluso sistemas sociales, que produce algún daño en las personas, aunque este no sea visible.  Y dentro de las violencias estructurales ejercidas desde los sistemas sociales, se encuentra la Violencia Económica, en la medida en que excluye, discrimina y priva del acceso y control de los recursos a ciertos grupos de la población por ser más vulnerables. Este es el caso de las mujeres.
 
 
 
La pobreza en clave de Género
Aunque la crisis económica que se viene agudizando desde los años ochenta afecta de manera general a toda
la población, recae en particular sobre las mujeres. La desigualdad de oportunidades, el desigual acceso a los recursos y servicios, la discriminación laboral y salarial, así como la desigual distribución del poder y del tiempo entre mujeres y hombres, está poniendo en evidencia que en el actual sistema económico, las mujeres llevan “las de perder”. Desde el sistema patriarcal y el capitalismo imperantes, se define la división sexual del trabajo que asigna a hombres y mujeres cierto tipo de actividades: a los hombres, aquellas relacionadas con lo productivo y lo público, que tienen valor mercantil; y a las mujeres, las relacionadas con lo reproductivo y lo privado, invisibilizadas y carentes de valor. Esta división del trabajo por sexo, se nos presenta natural, aunque es cultural y responde a ciertos intereses sociales.
Aunque las mujeres han tenido que dejar su rol tradicional de amas de casa, para insertarse en el mercado laboral, al actual sistema económico le conviene que continúen realizando de manera “voluntaria” y sin remuneración, el trabajo del cuidado y el trabajo doméstico. De esta forma, el Estado se está ahorrando todo lo que tendría que invertir en el cuidado de personas dependientes y la reproducción de la fuerza de trabajo.
 
Violencia económica = Violación de derechos económicos

A costa del tiempo y el desarrollo integral de las mujeres, se están enfrentando los efectos de la globalización, la flexibilización y la privatización. Para poder conciliar con el trabajo (no remunerado) en sus casas y comunidades y por la discriminación de género, la mayoría de las mujeres se encuentran en el sector informal. Esto se traduce en una violación a sus derechos económicos: dificultad para acceder a créditos, bajos salarios, obstáculos para el acceso y control de sus recursos, dificultad para afiliarse a la seguridad social (salud y pensiones) y como consecuencia de la invisibilización de su trabajo y la doble y hasta triple jornada de trabajo, la violación al derecho fundamental de gozar de un desarrollo integral y una vida digna.
 
 
La Violencia económica hacia las mujeres en El Salvador
 
Los cambios del Estado salvadoreño durante las últimas tres décadas, las reformas estructurales de corte neoliberal que propenden por la privatización de los servicios públicos, la caída del sector agrícola, los cambios sociodemográficos debido a la migración (interna y externa), la tercerización de la economía y la reducción del gasto social han afectado a las mujeres -especialmente a las más pobres- en tanto las hace responsables de la manutención de sus familias, sin liberarlas de su responsabilidad en la reproducción social. Tomando como referencia la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (2005 y 2006) y el Informe sobre Desarrollo humano del PNUD (2007-2008), se puede evidenciar esta realidad:
 
 Aunque la tasa de desempleo femenina (4%) es menos de la mitad de la masculina (8.5%), la tasa de subempleo que registran las mujeres es 30% más alta que la de los hombres.

 La tasa de participación económica de las mujeres en el campo es del 32%, lo que hace suponer que se encuentran en el subempleo rural.

 Las mujeres tienen menor acceso a la seguridad social: representan el 42% del total de personas afiliadas al ISSS y el 43% de las afiliadas a algún sistema de ahorro para pensiones.

 Aunque la tasa de matriculación combinada en educación primaria, secundaria y terciaria es similar entre la población masculina (68.1%) y la femenina (67.6%), las mujeres ganan en promedio un 11% menos que los hombres.

 Del total de personas analfabetas en el país, el 59% son mujeres.

 Cerca del 59% de las mujeres consideradas “económicamente inactivas” se dedican al trabajo en sus casas y comunidades (seis veces más que los hombres), sin remuneración.

 El 59% de las jefas de hogar se dedican a los quehaceres domésticos y solo un 8% se encuentran jubiladas. Mientras que el 36% de los jefes de hogar se encuentran jubilados y sólo un 1% realiza quehaceres domésticos.

 Las mujeres están subrepresentadas en los espacios donde se formulan las políticas económicas: constituyen el 16% de los miembros de la Asociación salvadoreña de industriales, el 12% de los de la cámara americana de comercio y el 16% de la cámara de comercio e industria.

 El índice de participación de las mujeres en espacios de decisión y mejor remuneración es
 
    notablemente inferior al de los hombres: constituyen el 19.9% de los concejos municipales, el 28.8% de los puestos ejecutivos y administrativos y el 47.9% de los puestos profesionales y técnicos.

 Si se toma como referencia la Población económicamente activa ampliada (PEA convencional más la población dedicada al trabajo no remunerado) que plantea el último informe de Desarrollo Humano, la participación específica de las mujeres (55%) en el mundo del trabajo  y por lo tanto su aporte a la economía- sería superior a la de los hombres (45%).
 
 
 
El impacto de la violencia económica en la vida de las mujeres
 
La doble y triple jornada de trabajo que asumen muchas mujeres en el país, sumada a la discriminación laboral y la invisibilidad de su aporte a la economía, obstaculiza su independencia económica y en consecuencia su desarrollo integral. Como lo expresaba una mujer rural, la pobreza “nos estresa y nos hace enfermar física y mentalmente”.
Además de afectar su salud, la violencia económica limita el ejercicio de su ciudadanía. El sistema económico y político actual se funda sobre el imaginario de hombres autónomos e independientes que escriben la historia, salvaguardan los intereses de la patria y toman las decisiones “importantes”; y de mujeres sacrificadas y dependientes que a la sombra y en el anonimato, hacen el trabajo doméstico. ¿Pero qué sería de esos ciudadanos supuestamente “autónomos”, sin el trabajo no remunerado que realizan las mujeres?
El carácter doméstico de los cuidados ha sido la base para la exclusión de las mujeres de los derechos ciudadanos. El que las mujeres sigan sobrerrepresentadas entre los pobres y subrepresentadas en la política, se explica en gran medida, por la dificultad de las mujeres de romper el mandato cultural que las obliga a realizar casi exclusivamente el trabajo del cuidado y el trabajo doméstico.
El caso particular de las trabajadoras del sexo
Teniendo en cuenta que en el proyecto en el que se enmarca esta investigación, una parte de la población estaba constituida por trabajadoras del sexo, se decidió realizar una aproximación a algunas de las formas de violencia económica que este sector de la población vive de forma particular.

Se encuentran invisibilizadas: las cifras oficiales no dicen nada de las trabajadoras del sexo. Están fuera de la encuesta de hogares, del último censo poblacional y de las estadísticas del ministerio de salud. Por lo tanto no existe ninguna política pública que asegure el cumplimiento de sus derechos como ciudadanas.

Son víctimas de violencia institucional: las mujeres que ejercen el trabajo sexual en plazas y calles son desalojadas y obligadas a pagar multas, bajo amenazas y violaciones a su integridad por parte de algunos agentes del CAM, a pesar de que el Estado salvadoreño no sanciona el trabajo sexual.
 
Debido a la discriminación y a que los gobiernos locales no regulan el funcionamiento de establecimientos donde se ejerce el trabajo sexual (cervecerías, barra-show, etc.), muchas mujeres son víctimas de explotación económica y violencia (física y psicológica) por parte de dueños/as de negocios.
Y en definitiva, el trabajo sexual es y seguirá siendo una opción laboral para muchas mujeres de escasos recursos y bajos niveles de escolaridad, mientras siga existiendo violencia económica hacia las mujeres.
 
 
La economía solidaria: una opción frente a un sistema económico no solidario con las mujeres

El otro sector de la población con la que se trabajó en este proyecto estaba conformado por mujeres en su mayoría dedicadas a sacar adelante sus propios emprendimientos económicos. Debido a la dificultad a acceder a trabajos “decentes”, las mujeres recurren a las redes de apoyo y la solidaridad comunitaria. Enfrentan a diario, la dificultad de acceder a créditos, el desalojo de lugares públicos y la indiferencia de los gobiernos locales, en su lucha por alcanzar autonomía económica, en medio de un sistema económico excluyente basado en la competencia y la explotación de recursos. En ese camino hacia una economía solidaria del cuidado, si las mujeres no cuentan con el apoyo de la sociedad civil, los gobiernos locales y políticas públicas que las respalden, seguirán  viviendo de manera privada, los efectos de un problema de carácter social y político.
 
 
El tiempo que las mujeres dedican al trabajo no remunerado
 
Conscientes de la dimensión del problema de la violencia económica hacia las mujeres y de los límites de esta investigación, se decidió enfatizar en el trabajo no remunerado que realizan las mujeres, por considerarla como una de las formas de violencia económica más generalizada y menos cuestionada.
Para este fin, se realizó una encuesta a 1572 mujeres jefas de hogar en los departamentos de Sonsonate, San Salvador, Santa Ana, Usulután, San Miguel, La Paz y La Libertad, concentrando la muestra en las cabeceras departamentales en un 68% y un 32% en las zonas rurales. Estos fueron algunos de los resultados más relevantes:
 
 El 83% de las mujeres con trabajo remunerado se encuentra entre los 21 y los 50 años.
 
 El 66% de las mujeres que tienen un trabajo remunerado, ha cursado el bachillerato o tiene formación universitaria. Mientras tanto, el 48.8% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado, ha cursado máximo hasta sexto grado.
 
 Sólo el 25% de las mujeres asalariadas, reciben un salario superior a los 300 dólares.
 
 El 100% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado no están afiliadas a ningún sistema de salud y pensiones.
 
 De las mujeres que no tienen un trabajo remunerado, el 33.6% no lo tiene porque debe hacerse cargo del trabajo doméstico, mientras que un 17.1% no lo tiene porque sus compañeros o padres no se lo permiten.
 
 El 69% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado, expresan dedicar tiempo al cuidado de niños y niñas  (hijos/as  - nietos/as). El 45.9% al cuidado del esposo o compañero y un 4.8% dice tener que hacerse cargo de adultos mayores y personas con discapacidad.
 
 La mayoría de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado dedican entre 1 a 3 horas diarias a cocinar (62%), limpieza del hogar (50%) y lavar y planchar (49%). El 73.6% dice realizar de 2 a 4 de estas actividades de manera simultánea durante un mismo día.
 
La doble y triple jornada de trabajo
 
El 41.8% de las mujeres que no tienen trabajo remunerado le dedican más de 4 horas al día al trabajo del cuidado, mientras que el 42.1% de las mujeres que trabajan con remuneración durante una jornada laboral de  6 a 8  horas diarias, le dedican entre 1 a 3 horas al día.
 
De las mujeres con una jornada laboral de 6 a 8 horas diarias, el 53% dedica entre 1 a 3 horas a cocinar, el 31% a la limpieza del hogar, el 24% a lavar y planchar y el 28% a las compras de la casa.  Además, el 77.6% dice realizar entre 2 y 4 de estas actividades simultáneamente durante un día típico (de lunes a Viernes).
 
Red de apoyo de mujeres
 
 El 67.3% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado expresan no recibir ayuda de nadie. Mientras que aquellas reciben un salario, les ayuda una empleada doméstica (21.8%) u otro familiar (27.6%).

 A la pregunta por el sexo de esta persona que les ayuda, el 90.8% de todas las mujeres encuestadas, respondieron que son mujeres y un  49.4%  expresan que tienen menos de 20 años.
 
El escaso tiempo para sí mismas
 
 Las mujeres que tienen un trabajo remunerado expresan que el tiempo que dedican al trabajo en sus casas, les quita el tiempo para sí mismas (20.5%) o la posibilidad de estudiar o capacitarse (16.1%). Mientras tanto, el 32% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado, expresan que el tiempo dedicado al trabajo del cuidado les ha impedido conseguir un trabajo remunerado y en consecuencia obtener préstamos.
 
 De las mujeres que no tienen un trabajo remunerado, el 78% no asiste a clases de educación formal y el 94.4% no recibe ningún tipo de capacitación para aprender un oficio. Mientras que de las mujeres que tienen un trabajo remunerado, el 16.9% asiste a un promedio de 1 a 4 horas al día en educación no formal y un 33% en educación formal.
 
 El 54.6% de las mujeres que no tienen un trabajo remunerado descansa en promedio entre una y cinco horas a la semana. Por su parte, el 22.1% de las mujeres que tienen una jornada laboral (remunerada) de 6 a 8 horas diarias expresa descansar un día a la semana.
 
 A la pregunta por qué realizan el trabajo del cuidado y el trabajo doméstico sin ninguna remuneración, el 27.3% expresó que no hay nadie más que lo haga, el 26.6% lo hace por amor, el 20.9% porque “ese es el trabajo que les toca a las mujeres” y el 19.7% porque le gusta.
 
Reflexiones finales y recomendaciones
 
 Los efectos de los mercados laborales en problemas y de las políticas públicas en retiro los “pagan” las familias en general y las mujeres en particular. La familia está sirviendo como “amortiguador” de la modernización asumiendo responsabilidades que antaño asumía el Estado y dentro de esta, las mujeres están llevan la mayor carga.
 
 La incorporación de la mujer en el mercado laboral no ha venido acompañada de una redefinición de roles al interior de la unidad doméstica. Esto genera sobrecarga de trabajo y por lo tanto, vulneración de los derechos económicos de las mujeres, deterioro de su salud integral y dificultad para el ejercicio de su ciudadanía.
 
 Para que el tema del trabajo del cuidado se desprivatice y se convierta en un problema social y por lo tanto, tema de políticas públicas, es necesario visibilizarlo.
 
Es preciso diseñar e implementar políticas públicas que renueven paulatinamente “el pacto social” entre hombres, mujeres, mercado y Estado, para que el cuidado de la vida sea una responsabilidad compartida. Para avanzar hacia este fin se recomienda:
 
 Llevar a cabo investigaciones sobre los efectos de la violencia económica en la salud de las mujeres y en el ejercicio de su ciudadanía.
 
 Análisis de políticas económicas y de la Política Nacional de la Mujer PNM, que permitan evidenciar en qué medida se promueven o se refuerza la división sexual del trabajo y la visión “familista” clásica del desarrollo.
 
 Realizar un seguimiento riguroso a la PNM, específicamente del área económica y dentro de esta, lo referido al trabajo del cuidado.
 
 Promover para que se sigan incluyendo preguntas sobre el uso del tiempo en la EHPM de la Digestyc.

Investigadoras:
Gloria María Araque
Adriana María Ospina