Ágora
Cirilo de Alejandría
Sucesor de su tío al frente del patriarcado alejandrino, su episcopado continuó su feroz lucha de poder entre las sedes de Alejandría y Constantinopla, pero además se caracterizó por un nuevo aumento de la presión contra paganos, herejes y judíos (tras la calma de los últimos años de Teófilo) y sus roces con el poder imperial. Nada más ascender al trono de San Marcos persiguió a los novacianos (a pesar de la existencia de un edicto imperial de tolerancia hacia ellos) e instigó una serie de motines antijudíos, logrando expulsarlos de la capital egipcia. Ello generó una amarga tensión entre el Patriarcado y el representante del poder imperial, el prefecto Orestes.
En 415 ó 416 una turba de cristianos asesinó a la célebre filósofa Hipatia, maestra del prefecto Orestes. Debido a ello, durante siglos se ha acusado a Cirilo de ser el principal responsable de la muerte de la filósofa, aunque no hay certeza sobre su papel en la misma. El propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. En 422 otra turba asesinó al sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto.
Cirilo fue una figura de relieve
por el desarrollo teológico de sus escritos, en especial por su defensa
de la unión entre la divinidad y la humanidad de Jesús, frente a las tesis de Nestorio, que en el año 428 ascendió a la sede de Constantinopla. Cirilo aprovechó el error dogmático
de Nestorio para deponerlo de su sede. Participó activamente en el Concilio de Éfeso (431), convocado por el emperador Teodosio II. Cirilo abrió las sesiones con 154
obispos de su partido sin esperar a que llegaran los obispos antioquenos,
sirviéndose de cuantiosísimos sobornos durante todo el proceso. Sus
regalos fueron tan abrumadores que, de hecho, logró que el emperador
Teodosio II, en principio contrario al patriarca alejandrino, cambiara
de parecer, y acabara por deponer y desterrar a su rival dogmático.[1]
Hipatia (/hy.pa.'ti.a/; Griego: Ὑπατία; Alejandría, 355 ó 370 - Ibidem, marzo de 415 ó 416[1] ) fue una filósofa y maestra neoplatónica romana, natural de Egipto,[2] que destacó en los campos de las Matemáticas y la Astronomía,[3] miembro y líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Seguidora de Plotino, desdeñaba el misticismo y se centró en los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, destacándose entre ellos el obispo de Ptolemaida, Sinesio de Cirene -que mantuvo una importante correspondencia con su maestra-, Hesiquio el Hebreo y Orestes, que era prefecto imperial de Egipto cuando murió la filósofa alejandrina.
Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la historia de la humanidad de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía y mejoró el diseño de los primitivos astrolabios —instrumentos que permiten determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste—, e inventó un hidrómetro.
Hipatia murió a una edad avanzada,
45 ó 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento),
linchada por una turba de cristianos. Su asesinato se produjo en el marco
de la hostilidad cristiana hacia el declinante paganismo y las luchas políticas entre las
distintas facciones de la Iglesia, el patriarcado alejandrino y el poder
imperial, representado en Egipto por el prefecto Orestes, ex alumno
de la filósofa. La fuente antigua más cercana a los hechos (la
Historia Eclesiástica de Sócrates
Escolástico) afirma
que la muerte de Hipatia fue causa de gran oprobio para el Patriarca Cirilo
de Alejandría
y la iglesia de Alejandría. Otras fuentes antiguas insisten en la responsabilidad
del Patriarca y su entorno, por lo que muchos consideran probada la
implicación de Cirilo en los hechos, aunque el debate sobre el tema
sigue abierto.[cita
L a Historia Antigua nos da la nueva oportunidad de acercarnos a ella a través de documentos escritos. Ahora bien, lo que está escrito no es lo que realmente pasó: cada persona tiene sus puntos de vista y sus intereses. Por eso conviene preguntarse sobre el propio historiador que nos hace de fuente cuáles son sus creencias e intereses, qué motivo y con qué finalidad escribe lo que escribe, cuáles son sus fuentes y cómo las utiliza, que distancia le separa de los acontecimientos que narra - ¿es contemporáneo de los hechos?- No olvides hacerte estas preguntas y contestarlas cuando estudies a nuestros historiadores Heródoto, Tucídides y Jenofonte.
Carlos Boyero: crítico
de cine.
“Y vamos con la madre de todas las discusiones: las guerras de religión. Resulta paradigmático que la película, rodada en inglés (el Latín de los tiempos modernos, Amenábar dixit) para favorecer su distribución internacional, no encuentre quién la estrene en EE.UU., supuestamente por lo mal que la película deja a los cristianos, convertidos en unos fundamentalistas de tomo y lomo. Y, sin embargo, para mí que, quiénes peor quedan retratados en la película son… los musulmanes.
En serio. No es una boutade. Aunque Alá y Mahoma todavía no habían hecho su aparición en escena, que el Arcángel San Gabriel aún descansaba cuando Alejandría se veía sumida en el caos; Amenábar ha vestido a los fundamentalistas cristianos de negro riguroso, de forma que, cuando incendian los libros y manuscritos de la Biblioteca, rodados en toma cenita, parecen auténticas cucarachas, idénticas a los chiitas del momento. Y Cirilo, el Pope Negro… ¡si es idéntico al Saladino que nos contaran las películas sobre las cruzadas, más moro que el mismísimo Otelo!
Y créanme que tenía dudas sobre todo esto… que quedan despejadas cuando, al final, antes de matarla y mientras la arrastran por las calles, los hombres del Cirilo cubren a Hypatia con un velo… que es un inequívoco Burka.
O sea, que ”Ágora”
se erige como canto contra la intolerancia y el fanatismo,
sea de los paganos, de los judíos, de los cristianos y, aunque todavía
no existieran, de los musulmanes. Lo que, como declaración de intenciones
está muy bien. Pero dejarlo claro y huir del maniqueísmo requiere
de tantas peleas, lapidaciones, traiciones y encendidos discursos que,
sintiéndolo mucho, termino por desconectar. Me gusta más la recreación
histórica de las calles de Alejandría, del Faro, de la Biblioteca
y del Ágora que las proclamas existencialistas. Y, por lo mismo, el
trabajo de los actores tampoco llega a emocionarme, más allá de la
indudable y serena belleza de Raquel Weisz, un inmejorable acierto de
cásting.”
¿Qué opinión te merece la intolerancia y el fanatismo? ¿Conoces alguna situación actual donde este sea el problema de fondo? ¿Cuál es el antídoto?, es decir, ¿cómo lucharías contra el fanatismo?
“Fanatismo”: defensa apasionada
de creencias, ideologías, opiniones...